Monarquía

La monarquía (del latín monarchĭa, y este del griego μοναρχία [monarchía]) es una forma de Estado (aunque en muchas ocasiones es definida como forma de gobierno) en la cual un grupo integrado en el Estado, generalmente una familia que representa una dinastía, encarna la identidad nacional del país y su cabeza, el monarca, ejerce el papel de jefe de Estado. El poder político del monarca puede variar desde lo puramente simbólico (monarquía parlamentaria), a integrarse en la forma de gobierno: con poderes ejecutivos considerables pero restringidos (monarquía constitucional), hasta lo completamente autocrático (monarquía absoluta).

En una monarquía, la jefatura del Estado o cargo supremo es:

El término «monarquía» proviene del griego μονος mónos ‘uno’, y αρχειν arkhein: ‘mandar, guiar, gobernar’, interpretable como «gobierno de uno solo». A ese único gobernante se le denomina monarca o rey (del latín rex) aunque las denominaciones utilizadas para este cargo y su tratamiento protocolario varían según la tradición local, la religión o la estructura jurídica o territorial del gobierno (véase sección correspondiente).

El Estado regido por un monarca también recibe el nombre de monarquía o reino.

El primer precedente europeo de esta institución, bajo el término concreto de «reino» (regnum), se dio tras la llegada de los suevos a la provincia romana de la Gallaecia (noroeste de Hispania) en el año 409, cuando acuerdan un foedus con Roma en el 410, por el que se establecen en la provincia y se otorga a su caudillo Hermerico (409-438) el título de rey (rex), aceptando como superior la autoridad del emperador de Roma. Así, en la Gallaecia, como primer reino (regnum) de Europa con tal denominación, se consolida el primer paso hacia la estructuración del poder político en el espacio europeo medieval en reinos bajo la autoridad moral, cada vez más meramente teórica, de un emperador.

World Monarchies
     Monarquía constitucional / parlamentaria      Monarquía de la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth)      Monarquía semiconstitucional      Monarquía absoluta      Entidad monárquica a nivel subestatal

Situación actual

European Union member states by head of state
Sistemas de estado en la Unión Europea      Monarquía      República

Suele insistirse en la idea de que el mantenimiento de la monarquía en la actualidad obedece a su papel como símbolo de la unidad nacional frente a la división territorial y su poder arbitral frente a los distintos partidos políticos. Cuando es el caso que el régimen político es democrático, reconociéndose la soberanía popular, el monarca pasa a ser la figura en la que se encarna el cargo de Jefe del Estado de forma vitalicia y hereditaria, con lo que su papel es fundamentalmente simbólico y representativo.

Esta definición es la que se suele identificar con las monarquías europeas, entre las que están las monarquías parlamentarias del Reino Unido, España, Noruega, Suecia, Dinamarca, los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo. También existen tres microestados con monarquía (Liechtenstein, Mónaco y Andorra) y una monarquía electiva teocrática (Ciudad del Vaticano). Entre los países árabes las monarquías tienen distintos grados de apertura a la representación popular, mayor en Marruecos o Jordania y muy restringida en Arabia Saudita o los emiratos del Golfo Pérsico (Kuwait, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Omán), Malasia (con monarquía rotatoria entre los diferentes sultanes) y Brunéi; excepto los dos primeros, todos ellos países que pueden calificarse de petroestados,[1]​ y muchas veces tildados de plutocracias. Bután es la única monarquía del Subcontinente Indio, tras la reciente abolición de la monarquía en Nepal (2008); Japón (equiparable a las monarquías europeas), Tailandia y Camboya son las restantes monarquías de Extremo Oriente. En algunos pequeños estados africanos (Lesoto y Suazilandia, enclavados en la República Sudafricana) siguen manteniéndose monarquías tradicionales.

Un papel especial en las relaciones internacionales es el que cumple la monarquía británica, que mantiene un vínculo personal con la Commonwealth, de varios de cuyos estados miembros continúa siendo el jefe de estado titular a pesar de que sean estados independientes. El papel del rey de España en la Comunidad Iberoamericana de Naciones y las periódicas reuniones denominadas Cumbre Iberoamericana no es comparable, pues en rango protocolario es equivalente a los demás jefes de estado.

Un rasgo de las monarquías europeas (a veces considerado como una actualización o búsqueda de legitimación popular) ha sido la incorporación de plebeyos a las familias reales, y la continuada presencia en los medios de comunicación de masas, incluyendo los escándalos propios de la prensa del corazón, desde la glamurosa boda de Grace Kelly con Raniero III de Mónaco (1956) y los espectaculares matrimonio, divorcio y muerte de Lady Di (1981-1997). Otro ha sido la reconsideración del papel de la mujer en la monarquía, para equipararla con el varón en la sucesión, reforma que han iniciado las monarquías nórdicas. En España se ha llegado a consultar al Consejo de Estado la conveniencia de alterar la línea de sucesión al trono regulada por la Constitución de 1978.

Kings of Sweden

Los reyes de Suecia Carlos XVI Gustavo y Silvia. La ley sucesoria sueca ha impuesto la plena igualdad de varones y mujeres, con lo que la princesa heredera es la hija mayor, Victoria de Suecia, precediendo a su hermano varón de menor edad Carlos Felipe de Suecia, en contra de la tradicional prelación del varón en las sucesiones dinásticas.

Salman bin Abdull aziz December 9, 2013

Salmán bin Abdulaziz, rey de Arabia Saudita, una monarquía islámica resistente a todo tipo de modernización, aparte de la financiera.

Cumbre Iberoamericana 2007 - Foto oficial

Cumbre Iberoamericana 2007, en la que Juan Carlos I, entonces rey de España, participó como Jefe de Estado con igual rango protocolario que los demás dirigentes.

Monarquía y religión

King Mohammed VI Morocco 23 April 2002
George Bush y Mohamed VI, rey de Marruecos, se considera descendiente del profeta Mahoma (23 de abril de 2002).

En algunas monarquías, sobre todo en las antiguas, dotaban al monarca (y también a su dinastía) de carácter divino, por ejemplo, los faraones de Egipto o los emperadores romanos. Lejos de esta concepción del rey como dios, incluso en el 2007, aunque los Estados sean aconfesionales, algunas monarquías parlamentarias, siguen vinculadas a una determinada religión. Por ejemplo, España y Bélgica al Catolicismo, Reino Unido y Países Bajos al Protestantismo. Hay otros muchos ejemplos, actuales e históricos, como el de los zares, que hasta antes de la Revolución rusa que acabó con la dinastía Románov, estaban ligados a la Iglesia Ortodoxa. En el Islam, el Califato otomano constituyó una monarquía sustentada socio-políticamente en el Islam, al igual que las actuales monarquías de Arabia Saudita y Marruecos. A diferencia de otros casos de monarquías, aún hoy en día existen sectores que defienden la idea de un retorno al califato, lo que abre la posibilidad y discusión acerca del restablecimiento de las monarquías en el Medio Oriente.[2]

En la Antigüedad, el cambio de una monarquía a una república poco tenía que ver con el aspecto religioso, o el cambio de religión oficial con el cambio de forma de gobierno. Ni siquiera en la edad moderna con todos los movimientos en el terreno religioso: la Reforma, la Contrarreforma, el luteranismo, el calvinismo, etc.

Tipos de monarquías

Según la teoría política[cita requerida] se pueden entender varios tipos de regímenes monárquicos:

Monarquía absoluta

La monarquía absoluta es una forma de gobierno en la que es el monarca quien ejerce el poder sin restricciones en términos políticos, y en la mayor parte de los casos, también en los aspectos religiosos, o al menos con un gran componente espiritual. El lugar y el periodo histórico en que surge el modelo que se designa con ese nombre (Europa Occidental durante el Antiguo Régimen, particularmente la monarquía francesa de Luis XIV en torno a 1700) no impide que puedan considerarse rasgos muy similares en otros momentos y lugares, y con otros títulos de realeza (emperador en distintas entidades políticas, basileus en el Imperio bizantino, zar en Imperio ruso, etc.).

Rasgo distintivo de la monarquía absoluta es la no existencia de división de poderes: el Soberano es a la vez cabeza del gobierno, principal órgano legislativo (su voluntad es ley) y cúspide del poder judicial ante el cual se puede solicitar la revisión de los jueces inferiores. Como justificación ideológica, se entiende que la fuente de todo poder (Dios, según la teoría del derecho divino de los reyes) se lo transmite de forma completa. Sin embargo, en términos prácticos, no significaba realmente que un rey absoluto pudiera ejercer un poder absoluto entendido como ejercicio total del poder en toda circunstancia y sin intermediación. Estrictamente hablando, no hubo monarquías absolutas a partir de Carlo Magno, pues en casi todos los reinos de Europa, los reyes mismos estaban supeditados a las Leyes del Reino. En España se les llamaban fueros. Con el advenimiento de los parlamentos estamentales medievales, que empiezan precisamente en España con las Cortes de Castilla, primer parlamento continental europeo mucho antes de la Carta Magna inglesa, las monarquías ven sus poderes reducidos en favor de los estamentos municipales.

Crown of Italy
Ejemplo de corona real, uno de los símbolos de monarquías europeas.

Monarquía constitucional y monarquía parlamentaria

Históricamente, las limitaciones al poder de los monarcas surgen en Europa a partir de la crisis del Antiguo Régimen, que en algunos casos condujo a la supresión de la monarquía y la constitución de repúblicas (caso de Francia durante la Revolución francesa entre 1791 y 1804 o de Inglaterra durante la Revolución Inglesa entre 1649 y 1660) mientras que en otros (por ejemplo monarquía polaco-lituana 1569-1795) el rey acepta ceder parte de su poder y compartirlo con representantes elegidos. Si la cesión es por la mera voluntad del rey, no se considera una verdadera constitución, sino una carta otorgada (caso de Francia en la Restauración entre 1814 y 1830). Las verdaderas monarquías constitucionales son aquellas en que se define el principio de soberanía nacional, aunque se la haga residir no el pueblo (soberanía popular) sino, por ejemplo en las Cortes con el Rey (constitución española de 1845 y de 1876). El rey retiene así gran parte del poder, determinando un reparto de funciones en las que, principalmente, controla el poder ejecutivo. La primera moderna monarquía constitucional en el mundo fue República de las Dos Naciones con la primera Constitución en Europa de 3 de mayo de 1791[3]​ .[4][5]

En la monarquía parlamentaria, el gobierno es responsable ante el Parlamento, que es inequívocamente el depositario de la soberanía nacional. Aunque el rey mantenga algunas competencias (más bien formales), como la capacidad de designar un candidato a la presidencia del gobierno, que no obstante no alcanzará el nombramiento hasta no obtener la confianza del parlamento. El rey sigue siendo el jefe de estado, inviolable e irresponsable en el ejercicio de su cargo, y ostenta la más alta representación de la nación en las relaciones internacionales, aunque sus poderes son prácticamente simbólicos. Suele resumirse en la expresión el rey reina, pero no gobierna (expresión debida a Adolphe Thiers).[6]​ Cualquiera de sus actos oficiales ha de ser respaldado por el gobierno, sin cuyo consentimiento no puede efectuarlos. El ejemplo clásico de monarquía parlamentaria es el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (desde la Revolución Gloriosa de 1688), que además no posee una constitución codificada sino un corpus de leyes y prácticas políticas que conforman su constitución. Se han dado algunos casos que comprometen las funciones de un rey en una monarquía parlamentaria, como fue la objeción de conciencia de Balduino I de Bélgica (que suspendió temporalmente sus funciones para no firmar la ley del aborto en 1990), o la intervención de Juan Carlos I para impedir que la mayoría del ejército se sumase al Golpe de Estado en España de 1981 (en un momento en que tanto el Gobierno como el Congreso de los Diputados estaban secuestrados). La Constitución Española de 1978 (que define el sistema político como monarquía parlamentaria) reserva al rey la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas de España. En algunos textos se habla de la existencia de un poder arbitral que sería el que ejercería el rey.[7]

Monarquías híbridas

A lo largo de la historia han existido sistemas de gobierno a medio camino entre la monarquía absoluta y la constitucional, en donde el monarca se ve obligado a ceder parte de su poder a un gobierno en ocasiones democrático, pero sigue manteniendo una importante influencia política. La evolución ha sido muy diferente según los países, y depende del derecho comparado. Sin embargo, los monarcas de países árabes tales como Marruecos siguen ostentando casi todo el poder en sus manos. En dos pequeños países europeos como Mónaco y Liechtenstein, ambos principados, se da este sistema híbrido. ambos príncipes conservan bastante poder político, en especial el soberano de Liechtenstein, que hizo un referendum en 2003 para conservar y aumentar sus poderes, en el que salió exitoso, consolidando una cosoberanía entre el príncipe y el pueblo y teniendo el poder de vetar cualquier ley del parlamento y poder disolverlo cuando quiera.

Además de eso, existen monarquías de otros momentos históricos como la de los regímenes feudales, en las cuales el monarca es un señor feudal más. Su poder se limita a su feudo y a las relaciones de vasallaje existentes con nobles inferiores. En estos casos la monarquía se asemeja a una aristocracia, por la disolución del poder entre la nobleza.

Tratamiento protocolario

El cargo de monarca se denomina rey (o reina si el cargo lo ocupa una mujer). Reina también se llama a la esposa del rey (la reina consorte), mientras que el esposo de una reina que sea reina por derecho propio no suele recibir el tratamiento de rey, sino el de consorte de la reina.[8]​ La palabra rey es la propia del idioma español, pero se suele aplicar de forma general a cualquier monarquía, aunque es muy habitual que se utilice, en vez de rey, el nombre original de ese título, castellanizado o no, sobre todo para los de culturas lejanas. En cambio, no se suele utilizar el nombre del título en otras lenguas romances o en las germánicas. La denominación del título que ostenta un rey (cuyo valor protocolario suele ser considerado muy importante a efectos políticos y sociales) tiene una gran variación en el tiempo y en el espacio; utilizándose denominaciones muy diversas según la tradición local, la religión o la estructura jurídica o territorial del gobierno. Estos son los títulos regios más utilizados históricamente en distintas partes del mundo:

En Europa:

Por regla general, se considera que un emperador o rey de reyes es un monarca de un imperio, es decir, de una estructura política de gran extensión; que, o bien es supraestatal (por encima de varios estados, cada uno de los cuales puede tener su propio rey, que en algunos casos, como era corriente en el feudalismo, son vasallos del emperador), o bien es supranacional, es decir, que extiende su soberanía sobre varias naciones. No obstante en las relaciones internacionales modernas (desde los Tratados de Westfalia, 1648) es muy habitual que el título imperial, vacío de la mayor parte de su contenido antiguo o medieval, se utilice simplemente como un título pretencioso, que la cortesía diplomática consiente en utilizar, pero sin que implique un mayor poder (véase Poderes universales).

En el mundo islámico:

  • malik (en árabe, equivalente a rey)
  • califa (en árabe, con el significado de sucesor -del profeta Mahoma-, máximo líder político y religioso)
  • emir (en árabe, que comenzó siendo un gobernador provincial para pasar a designar a un gobernante independiente en la práctica véase emirato de Córdoba, primero dependiente y luego independiente, hasta que se convirtió en Califato de Córdoba)
  • sultán (en árabe, aplicado sobre todo en el Imperio otomano, donde el gobierno efectivo se ejercía por un visir)
  • rajá (nombre oficial del soberano de Perlis, uno de los Estados malayos)
  • yang di-pertuan agong (nombre oficial del Rey de Malasia; una variante es el de yang di-Pertuan besar, nombre oficial del soberano de Negeri Sembilan, uno de los Estados malayos)

En África:

En Asia:

  • wang (en chino, equivalente a rey)
  • tianzi (en chino)
  • huangdi (en chino, equivalente a emperador)
  • tennō (en japonés, equivalente a emperador -antiguamente, mikado; aunque el gobierno efectivo se ejercía por un shōgun, que en sus relaciones con el Imperio chino se aplicaba a sí mismo el título chino de wang -rey- lo que al mismo tiempo le proporcionaba al shogun un rango regio y preservaba la superioridad e independencia protocolaria del tenno y el imperio japonés frente a China -'véase sinocentrismo-)
  • gran kan (en el Imperio mongol)
  • gran mogol (en la India)
  • majarash o rash (en sánscrito e hindi)
  • sah (en persa, los emperadores de Persia se denominaban shāhān shāh -rey de reyes-)

En Oceanía:

En Canarias y América prehispánica:

Otros títulos nobiliarios, pueden a veces, según la circunstancia histórica, llevar consigo la consideración de soberanía y equipararse a la realeza:

Los tratamientos protocolarios de la monarquía suelen incluir distintas variantes del término majestad, y en algunas ocasiones el de alteza, aunque este último suele aplicarse a los miembros de la familia real.

Cronologías de monarquías

África

América

Asia

Europa

Oceanía

Véase también

Otros subtipos de Monarquía

Referencias

  1. EEUU ya no es el gigante imprescindible, en Negocios.com, 02/04/2008, consultado el 11 de junio de 2008: El autoritarismo parece inherente a los “petroestados”, que se independizan económicamente de sus ciudadanos al no necesitar de sus impuestos para financiarse... A 100 dólares el barril, el valor de las reservas probadas de crudo de los países exportadores de petróleo es de 104 billones de dólares, una cifra equivalente al valor conjunto de todas las acciones y bonos cotizados en las bolsas del mundo. Unos 48 billones pertenecen a los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudí, Qatar, Omán, Kuwait, Bahrein y Emiratos Árabes Unidos).
  2. Shaij Nazim al-Qubrusi: Sultanes, Reyes, Monarquía y Democracia Monarquismo e Islam.
  3. John Markoff describes the advent of modern codified national constitutions as one of the milestones of democracy, and states that "The first European country to follow the U.S. example was Poland in 1791." John Markoff, Waves of Democracy, 1996, ISBN 0-8039-9019-7, p.121.
  4. Madison, James (Nov de 1987). The Federalist Papers. Penguin Classics.
  5. Blaustein, Albert (Jan de 1993). Constitutions of the World. Fred B. Rothman & Company.
  6. Thiers en artehistoria
  7. El poder del Rey • ELPAÍS.com
  8. Por ejemplo, en la Constitución española de 1978, artículo 58.
  9. El Papado desde el reconocimiento "de las donaciones Constantinas" y sigue siendo la unica monarquía absoluta en Europa ya que todos los miembros de la jerarquía le deben voto de obediencia al Papa y el es quien crea comisiones y secretariados sin que medie un cuerpo que legisle a tal efecto

Enlaces externos

Absolutismo

Absolutismo es la denominación de un régimen político, una parte de un periodo histórico, una ideología y un sistema político (el 'estado absoluto'), propios del llamado Antiguo Régimen, y caracterizados por la pretensión teórica (con distintos grados de realización en la práctica) de que el poder político del gobernante no estuviera sujeto a ninguna limitación institucional, fuera de la ley divina.​ Es un poder único desde el punto de vista formal, indivisible, inalienable, intrascendente y liberal.

Los actos positivos del ejercicio de los poderes (legislación, administración y jurisdicción) se apoyaron en la última instancia de decisión, la monarquía. Del monarca emanaban todos los poderes del estado, no estando por encima sino por debajo del mismo;​ lo que implica la identificación de la persona del rey absoluto con el propio Estado:

No debe confundirse con el totalitarismo, concepto propio de la Edad Contemporánea. En el régimen del totalitarismo el poder se concentra en el Estado como organización, siendo que a su vez dicho Estado es dominado y manejado en todos sus aspectos por un partido político; este a su vez impone a la comunidad una ideología muy definida que penetra en todas las actividades sociales (el arte, las ciencias, la economía, los hábitos de conducta). En el absolutismo no hay un «Estado» propiamente dicho (y menos aún un partido político) sino que el Estado se identifica con un individuo que ejerce autoridad sin necesidad de ideología alguna; de hecho al absolutismo no le interesa imponer su control e influencia sobre todos los aspectos de la vida social sino que le basta fijar una autoridad omnímoda a quien los gobernados sólo deben obedecer y jamás cuestionar.

El oscuro origen etimológico del término «absolutismo» incluye (además de su relación con el verbo absolver)​ la expresión latina princeps legibus solutus est (‘el príncipe no está sujeto por la ley’), original de Ulpiano, que aparece en el Digesto, y que fue utilizado por los juristas al servicio de Felipe IV de Francia «el Hermoso» para fortalecer el poder real en el contexto de la recepción del derecho romano durante la Baja Edad Media. Algo más tarde, el jurisconsulto Balde (Baldo degli Ubaldi, discípulo de Bártolo), usa la expresión poder supremo y absoluto del príncipe en contraposición al poder ordinario de los nobles.​ La utilización del término se generalizó en todas las monarquías, independientemente de su poder efectivo, como ocurría en la débil monarquía castellana de Enrique IV «el Impotente», cuya cancillería emitía documentos redactados de forma tan pretenciosos como ésta: E yo de mi propio motu é ciencia cierta é poderío real absoluto...​

Según Bobbio, en términos kantianos, el poder absoluto consiste en que «el soberano del Estado tiene con respecto a sus súbditos solamente derechos y ningún deber (coactivo); el soberano no puede ser sometido a juicio por la violación de una ley que él mismo haya elaborado, ya que está desligado del respeto a la ley popular (populum legis)». Esta definición sería común a todos los iusnaturalistas, como Rousseau o Hobbes.​

A pesar de que la autoridad del rey está sujeta a la razón, y justificada en último extremo por el bien común, explícitamente se niega la existencia de ningún límite externo ni ningún tipo de cuestión a sus decisiones; de modo similar a como la patria potestad se ejerce por el pater familias (el rey como «padre» de sus «súbditos» —paternalismo—). Tales justificaciones imponen de hecho el carácter ilimitado del ejercicio del poder por el rey: cualquier abuso puede entenderse como una necesidad impuesta por razón de Estado.

El absolutismo se caracteriza por la concentración de poderes; no hay ninguna división de poderes como la que definirá la monarquía limitada propia de las revoluciones liberales. El poder legislativo, el poder judicial y el poder ejecutivo son ejercidos por la misma autoridad: el rey como supremo magistrado en todos los ámbitos. Rex, lex (o, en francés le Roi, c'est la loi, a veces expresado como ‘la palabra del rey es la ley’); sus decisiones son sentencias inapelables, y al rey la hacienda y la vida se ha de dar.​

El poder tiene un carácter divino, tanto en su origen como en su ejercicio por el propio rey, que queda sacralizado. La teoría del derecho divino del poder real (monarquía de derecho divino o absolutismo teológico) nació en el último cuarto del siglo XVI, en el ambiente de las guerras de religión de Francia. Aunque en Europa la divinización del monarca nunca llegó tan lejos como en el despotismo oriental (que identificaba al rey con el mismo Dios), el rey siempre tuvo cierto poder sobre las iglesias nacionales; no sólo en las surgidas de la Reforma protestante, sino en las monarquías católicas, que supeditan en gran medida a la propia Iglesia católica a través del regalismo, aunque las relaciones ente Iglesia y Estado son altamente complejas.

Temporalmente, la época del absolutismo es la del Antiguo Régimen, aunque no puedan identificarse totalmente como monarquías absolutas las de finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, para las que la historiografía utiliza el concepto de monarquía autoritaria. El modelo más acabado de absolutismo regio fue el definido en torno a Luis XIV, rey de Francia a finales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII. La Ilustración del siglo XVIII convivió con un absolutismo que fue definido como despotismo ilustrado. El absolutismo sobrevivió a las revoluciones burguesas o revoluciones liberales de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, hasta que la revolución de 1848 acabó con la Santa Alianza que desde el Congreso de Viena (1814) había impuesto la continuidad de los reyes «legítimos» restaurándolos en sus tronos incluso contra la voluntad de sus propios pueblos («Restauración» del absolutismo). El Imperio ruso mantuvo la autocracia zarista hasta la Revolución de febrero de 1917.

Corona británica

La Monarquía británica es una monarquía compartida en cuatro naciones constituyentes. Este artículo describe la Monarquía desde la perspectiva del Reino Unido . En los otros reinos de la Mancomunidad Británica de Naciones, su papel constitucional es similar, pero el significado histórico y cultural puede variar. Para mayor información, véase Otros reinos abajo

La Corona británica es una institución monárquica del tipo constitucional, cuyo titular, el monarca británico o soberano, es el jefe de Estado del Reino Unido y de los territorios británicos de ultramar. El monarca británico es también el jefe de Estado de otros quince países, cada uno de los cuales formaron alguna vez parte del Imperio británico —éstos, juntos con el Reino Unido, son conocidos como los Reinos de la Mancomunidad Británica de Naciones—. La monarquía británica actual puede remontar su linaje ancestral al período anglosajón y, por último, más atrás a los reyes de los anglos. Durante el siglo IX, el reino de Wessex dominó a los demás reinos de Inglaterra, especialmente como resultado de la extinción de líneas rivales durante la primera Era de los vikingos. Hacia el siglo X, Inglaterra quedó unificada. Las coronas inglesa y escocesa fueron unidas en la persona de un solo monarca hacia 1603, cuando Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra accedió al trono. Los reinos de Escocia e Inglaterra se convirtieron en un solo Estado por el Acta de Unión de 1707 y los parlamentarios escoceses se integraron en el nuevo parlamento británico para constituir el Reino de Gran Bretaña.

Los poderes de la monarquía, conocidos como la prerrogativa real, siguen siendo muy amplios. Muchos de ellos no los ejerce personalmente el monarca, lo hacen ministros que actúan bajo su voluntad. Ejemplo de lo antedicho lo constituye el poder para regular el servicio civil y el poder para expedir pasaportes. Algunos poderes mayores los ejerce nominalmente el propio monarca, actuando bajo consejo el primer ministro y el Gabinete del Reino Unido, y conforme a las convenciones constitucionales. Un ejemplo es el poder para disolver al Parlamento. De acuerdo con un informe parlamentario,​ "La Corona no puede crear nuevos poderes prerrogativos".

Se ha establecido desde hace bastante tiempo, en la constitución no codificada del Reino Unido, que el poder político es ejercido en última instancia por el Parlamento, dentro del cual el soberano no es un componente partidario, junto con la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes, así como por el Primer Ministro y el Gabinete. De este modo, como la monarquía británica moderna es constitucional, el papel del soberano en la práctica se encuentra limitado a funciones no partidarias (como la de ser fuente de honor). Este rol ha sido reconocido desde el siglo XVII, desde la Revolución gloriosa; Walter Bagehot identificó a la monarquía como la "parte digna" más que como la "parte eficiente" del gobierno en The English Constitution (1867). El poder político es ejercido en la actualidad a través del Parlamento, el Primer Ministro y el Gabinete. El soberano también posee el título de Gobernante Supremo de la religión oficial, la Iglesia de Inglaterra, aunque en la práctica el liderazgo espiritual de la Iglesia corresponde al arzobispo de Canterbury.

La actual soberana es la reina Isabel II, que ha reinado desde el 6 de febrero de 1952. El heredero legal es su primogénito, el príncipe Carlos, príncipe de Gales y duque de Rothesay (en Escocia). El príncipe de Gales se encarga de varias funciones ceremoniales públicas, como lo hace el marido de la reina, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo. Hay otros miembros de la Familia Real, además de los ya mencionados, incluyendo los otros hijos, nietos y primos de la reina.

El monarca británico es también el jefe de la Mancomunidad, y el monarca de otros quince reinos mancomunitarios, cada uno —incluyendo al Reino Unido— son soberanos e independientes de los otros.

Corte noble

Por corte, generalmente real o noble (Del lat. cors, cortis, o cohors, cohortis, cohorte), se entiende a la familia y otras personas que acompañan habitualmente al rey o al noble.​ En realidad, es un instrumento de gobierno más amplio que una corte de justicia, pues comprende un extenso grupo de personas centradas en un patrón que los gobierna por la ley. Un regente o virrey puede encargarse de la Corte por motivos de ausencia, minoridad o vacante de un soberano hereditario, e incluso un jefe de Estado electo puede desarrollar un entorno de tipo cortesano a través de asesores y "compañeros" no oficiales, elegidos personalmente, una posición elevada a estatus semioficial en el entorno de Alejandro Magno, basado en las convenciones persas. (Fox, 1973)

Los "compañeros" del rey en Inglaterra y Francia eran quienes "compartían el pan" y la mesa, y de hecho la Corte es una extensión de la "familia" de un gran personaje. Allí donde los miembros de la "familia" (no ligados forzosamente por lazos de sangre) y los burócratas de la administración coinciden en cuanto a personal, se puede hablar de una "Corte", bien sea en la Persia aqueménida, la China de la Dinastía Ming, la Sicilia normanda o el Papado antes de 1870 (véase Curia) o el Imperio austrohúngaro. Un grupo de individuos dependientes del patronazgo de un gran hombre, como ocurrió de forma clásica en la Roma antigua, forma parte del sistema de "clientelismo", discutido en el artículo sobre vasallaje.

Cada gobernante difería mucho en cuanto a gustos e intereses, así como en habilidades políticas y situaciones constitucionales. En consecuencia, algunos fundaron elaboradas cortes basadas en nuevos palacios, para que sus sucesores se retiraran a castillos remotos o a nuevos y prácticos centros administrativos. Retiros personales podían surgir lejos de los centros oficiales de la Corte.

La etiqueta y la jerarquía florecen en ambientes con una Corte altamente estructurada y pueden dejar rasgos conservadores a través de las generaciones.

Flor de lis

La flor de lis es, en heráldica, una representación de la flor del lirio. En la heráldica francesa es un mueble heráldico muy difundido. Es una de las cuatro figuras más populares de la heráldica, junto con la cruz, el águila y el león.

Se suele representar en color amarillo sobre un fondo azul. Tradicionalmente, se ha representado un campo de flores de lis, dispuestas de forma ordenada. Desde la Edad Media es considerada un símbolo de la realeza francesa.

Forma de gobierno

Forma de gobierno, forma política, régimen de gobierno, régimen político, sistema de gobierno, sistema político,​ sistema de gobierno, modelo de gobierno o modelo político son algunas de las diversas maneras de nombrar un concepto esencial de la ciencia política y la teoría del Estado o derecho constitucional. Hace referencia al modelo de organización del poder constitucional que adopta un Estado en función de la relación existente entre los distintos poderes. La manera en la que se estructura el poder político para ejercer su autoridad en el Estado, coordinando todas las instituciones que lo forman, hace que cada forma de gobierno precise de unos mecanismos de regulación que le son característicos. Estos modelos políticos varían de un estado a otro y de una época histórica a otra. Su formulación se suele justificar aludiendo a muy diferentes causas: estructurales o idiosincrásicas (imperativos territoriales, históricos, culturales, religiosos, etc.) o coyunturales (períodos de crisis económica, catástrofes, guerras, peligros o "emergencias" de muy distinta naturaleza, vacíos de poder, falta de consenso o de liderazgo, etc.); pero siempre como plasmación política de un proyecto ideológico.

La denominación correspondiente a la forma o modelo de gobierno (además de referencias a la forma de Estado, que indica la estructura territorial) suele incluso incorporarse al nombre o denominación oficial del estado, con términos de gran diversidad y que, aunque proporcionan cierta información sobre lo que proclaman, no responden a criterios comunes que permitan definir por sí solos su régimen político. Por ejemplo: Estados Unidos Mexicanos, República Bolivariana de Venezuela, Reino de España, Principado de Andorra, Gran Ducado de Luxemburgo, Federación Rusa, República Popular Democrática de Corea, Emiratos Árabes Unidos o República Islámica de Irán. Entre los doscientos estados, sólo hay dieciocho que no añaden ninguna palabra más a su nombre oficial, como por ejemplo: Jamaica; mientras que once sólo indican que son "estados". La forma más común es república, seguida de la monarquía.

Hay muy distintas nomenclaturas para denominar las distintas formas de gobierno, desde los teóricos de la Antigüedad hasta la Edad Contemporánea; en la actualidad suelen utilizarse de forma habitual tres tipos de clasificaciones:

El carácter electivo o no de la jefatura de Estado define una clasificación, entre repúblicas (electiva) y monarquías (no electiva).

El grado de libertad, pluralismo y participación política define otra clasificación, entre sistemas democráticos, autoritarios, y totalitarios, según permitan en mayor o menor grado el ejercicio de la discrepancia y la oposición política o bien niegan más o menos radicalmente la posibilidad de disidencia (estableciendo un régimen de partido único, o distintos tipos de regímenes excepcionales, como las dictaduras o las juntas militares); a su vez el sistema electoral por el que en los sistemas participativos se expresa la voluntad popular ha tenido muy diversas conformaciones históricas (democracia directa o asamblearia, democracia indirecta o representativa, sufragio censitario o restringido, sufragio universal masculino o de ambos sexos, diferentes determinaciones de la mayoría de edad, segregación racial, inclusión o no de los inmigrantes, y otros), así como muy distintas maneras de alterarlo o desvirtuarlo (burgo podrido, gerrymandering, fraude electoral, pucherazo).

La relación existente entre la jefatura del Estado, el gobierno y el parlamento define otra clasificación más, entre presidencialismos y parlamentarismos (con muchos grados o formas mixtas entre uno y otro).Estas tres clasificaciones no son excluyentes, sino que se complementan, de modo que una república puede ser democrática (Estados Unidos o Sudáfrica) o no democrática (China o Corea del Norte); una democracia republicana puede ser parlamentaria (Alemania o India), semipresidencialista (Francia o Rusia) o presidencialista (Argentina o Corea del Sur); y una monarquía puede ser democrática y parlamentaria (España, Reino Unido o Japón), no democrática (Arabia Saudita o Ciudad del Vaticano) o situarse en posiciones intermedias (Marruecos), muy habitualmente calificadas de forma más o menos anacrónica con términos propios de las formas históricas de la monarquía (monarquía feudal, monarquía autoritaria, monarquía absoluta).

Imperio Persa

El Imperio Persa (en persa: شاهنشاهی ایران , transliteración: Šâhanšâhiye Irân, literalmente: Irán imperial) se refiere a cualquiera de una serie de dinastías imperiales que se centraron en la región de Irán (Persia) desde el siglo VI a. C. Era del Imperio aqueménida hasta el siglo XX en la era de la dinastía Pahlavi. En 1979, después de la revolución iraní, la monarquía iraní fue reemplazada por la República Islámica.

Imperio austrohúngaro

El Imperio austrohúngaro, o simplemente Austria-Hungría (oficialmente, Monarquía austrohúngara; en alemán: Österreichisch-Ungarische Monarchie; en húngaro: Osztrák-Magyar Monarchia), fue un Estado europeo creado en 1867 tras el llamado Compromiso austrohúngaro, el cual equiparó el estatus del Reino de Hungría con el del Imperio austríaco, ambos bajo el mismo monarca. El nombre oficial completo del Imperio se traduce como: «Los Reinos y Territorios representados en el Consejo Imperial y los Territorios de la Santa Corona Húngara de San Esteban».​

El soberano gobernaba como emperador de Austria sobre el oeste y el norte, la llamada Cisleitania, y como rey de Hungría sobre la Transleitania. Aunque suele describirse en la actualidad como un solo Estado, cada uno de estos territorios fue administrado independientemente, con sus propios parlamentos, gobiernos y tribunales, e incluso no existió una ciudadanía común. Solo en temas de defensa nacional y relaciones exteriores, el Imperio austrohúngaro actuó como una entidad unificada.

En 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial que lo llevaría a su disolución, el Imperio tenía una extensión de 675 936 km² y una población de 52 800 000 habitantes, siendo considerado una de las grandes potencias europeas y mundiales,​ destacando especialmente por su prestigio cultural, artístico e intelectual.

Tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, surgieron diversos movimientos nacionales que promovieron la disolución del Imperio y la formación de Estados-nación que acogieran a los diversos grupos étnicos existentes en la región. En 1919, Austria-Hungría fue disuelta, dando origen a los estados de Austria alemana, el Reino de Hungría, Checoslovaquia, el Estado libre de Fiume y el Estado de los Eslovenos, Croatas y Serbios, mientras algunas regiones fueron anexadas por los países vecinos.

En la actualidad, el antiguo territorio del Imperio austrohúngaro se extiende a lo largo de 13 países europeos: Austria, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia (las regiones de Voivodina y el Banato Occidental), Montenegro (Bocas de Kotor), Italia (Trentino-Alto Adigio y Trieste), Rumania (Transilvania, el Banato Oriental y Bucovina), Polonia (Galitzia occidental y Silesia) y Ucrania (Galitzia oriental y la Rutenia Transcarpática).

Islas Salomón

Las Islas Salomón​ (en inglés: Solomon Islands) son un país insular independiente situado en Oceanía, en la Melanesia tradicional. Forma parte de la Mancomunidad Británica de Naciones. Su territorio está formado por más de 990 islas repartidas entre dos archipiélagos: el archipiélago homónimo, al sureste de Papúa Nueva Guinea, y las islas Santa Cruz, situadas al norte de Vanuatu. Su capital y ciudad más poblada es Honiara, ubicada en la isla de Guadalcanal.

Monarca

Se conoce como monarca al jefe de Estado de un país cuya forma de organización recibe el nombre de monarquía; ejerce normalmente la más alta representación del Estado y arbitra y modera el funcionamiento de sus instituciones.​

Aunque también puede referirse al jefe de una etnia (zulúes, maoríes, etc.), normalmente lo es de un país (en la actualidad cuarenta y seis Estados y una institución de derecho internacional elevada a la categoría de Estado —Orden de Malta—, reconocidos por la ONU). Uno de esos jefes de Estado, en concreto la reina del Reino Unido, ostenta el papel de cabeza de la Mancomunidad de Naciones, organización que comparte lazos históricos con el Reino Unido.

Quitando unos poquísimos casos, que son elegidos por un cónclave (Ciudad del Vaticano), asamblea (Orden de Malta), por decisión papal (copríncipe eclesiástico de Andorra) o por elección democrática del pueblo francés (presidente de Francia y copríncipe de Andorra), tal y como señala la Constitución de este Estado pirenaico, es un título hereditario y, en principio, vitalicio (de nuevo, la excepción la marcan los copríncipes de Andorra o el rey de Malasia).

Aunque tradicionalmente han actuado como autócratas (en el sentido de ejercer por sí sola la autoridad suprema de un Estado, caso del emperador o zar de Rusia) también han podido ser figuras de carácter ceremonial sin ningún poder real (caso del emperador de Japón), con el poder restringido a sus territorios patrimoniales (caso del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico o el rey de Francia en la Edad Media antes de que extendiera su autoridad a la totalidad del país), o con unos poderes más o menos limitados por una constitución, en cuyo caso se habla de monarca constitucional (caso del estatúder en los Países Bajos, el rey de España o la reina de Inglaterra).

Habiendo estado extendidos por casi toda la tierra, el origen de los distintos regímenes monárquicos es a veces un tanto incierto, sobre todo por la antigüedad de muchos de ellos y por la carencia de fuentes relevantes que lo refieran; en estos casos, es relativamente común que la monarquía se asocie a alguna leyenda de carácter mítico, usualmente asociada a una intervención divina, (caso del emperador en Japón, supuesto descendiente de la diosa Amaterasu; y también de los emperadores julio-claudios de Roma, que decían descender de la diosa Venus). En muchos otros casos, existen abundantes fuentes documentales que describen la aparición de la monarquía, como por ejemplo en el advenimiento del régimen imperial romano y de su directo descendiente el Imperio bizantino, en el establecimiento del Sacro Imperio Romano Germánico. De todas formas, dentro del contexto de las monarquías cristianas (que van desde el Bajo Imperio romano y el Imperio bizantino hasta los reyes de Francia, Inglaterra, Austria, España, entre otras) se extendió como había sido en la Edad Antigua, a modo de justificar el régimen, el concepto de monarquía divina, en virtud del cual el rey lo era por la gracia de Dios (derecho divino de los reyes), lo cual confería un carácter sagrado a la monarquía. Conceptos parecidos se empleaban en el Imperio chino, donde el emperador (el 'Hijo del Cielo'), ostentaba el llamado "mandato del Cielo", que lo habilitaba para gobernar.

La monarquía es mayoritariamente hereditaria y presuntamente perpetua, excepto en casos excepcionales como en la Ciudad del Vaticano, donde el monarca es un pontífice elegido por inspiración divina, por un grupo cerrado de personas que conforman el Colegio Cardenalicio. El modo de herencia más común ha sido de padres a hijos, por línea paterna; las monarquías matrilineales han sido algo excepcional. En algunas dinastías, las mujeres han podido gobernar, bien porque no hubiera ningún hermano varón, bien porque ellas fueran las primogénitas; ello, empero, dependía de las tradiciones de la propia dinastía: por ejemplo, la dinastía Capeto de Francia, se regía por la Ley Sálica que impedía gobernar a las mujeres, mientras que la Casa de Trastámara de Castilla no lo hacía, y algunas mujeres pudieron llegar al poder.

Los monarcas pueden recibir distintos títulos, como rey/reina, emperador/emperatriz, gran duque/gran duquesa, príncipe/princesa, papa (con dignidad religiosa), rara vez se les denomina caudillo; en algunas civilizaciones americanas cacique (sobre todo de carácter tribal), pishin (en las culturas mayas), inca (en el Imperio inca). Existen además términos específicos para los monarcas de algunos estados, derivados de los idiomas locales o de adaptaciones lingüísticas, como zar (de Rusia, de Bulgaria), faraón (de Egipto), sah (de Persia), kan (o khan, para los pueblos tártaros). Los monarcas de los estados gobernados por la ley islámica eran llamados sultanes, y si estaban investidos de la suprema autoridad religiosa, califa (que significa algo así como "representante del profeta" o comendador de los creyentes). En la antigua Grecia, los monarcas recibían el título de tirano o basileo; este último fue retomado por los emperadores bizantinos. Los términos príncipe y princesa provienen del latín princeps, primer ciudadano; fue el título empleado durante el Alto Imperio romano por los emperadores (a su vez, emperador viene del latín imperator, título militar equivalente a "soberano" o jefe del Ejército). Algunos monarcas soberanos, sobre todo de Italia, mantuvieron el título de príncipe, y en ciertos países como en Francia fue empleado como título nobiliario; en otros casos se destinó a los hijos, descendientes o herederos del monarca (príncipe de Asturias, príncipe de Gales, príncipe de Orange, entre otros). Nótese que en algunos países europeos, asiáticos y africanos un "rey" es el jefe de Estado de una nación-estado, pero en otros países, el rey puede que sea el jefe de una tribu, y que no se corresponda con un Estado independiente.

Antiguamente, y aún en algunas naciones monárquicas actuales, solían atribuirse al monarca, poderes divinos (por ejemplo, los monarcas ungidos de Israel, e Inglaterra o Francia, supuestamente podían curar a los enfermos imponiendo las manos), como una muestra de que eran elegidos o enviados de Dios para gobernar.

Monarquía Española

El término Monarquía Española designa la organización política del Gobierno y del Estado en España, y cuya trayectoria va desde la unión dinástica de los reinos peninsulares en los descendientes de los Reyes Católicos, reformándose durante el nuevo régimen hasta la actualidad en España, interrumpida únicamente en los períodos de la Primera República (1873-1874), la Segunda República (1931-1939) y parte del régimen franquista (1939-1975), donde España volvió a constituirse en Reino tras la aprobación de la quinta Ley fundamental sobre la Sucesión en la Jefatura del Estado.

Monarquía Hispánica

Monarquía Hispánica, históricamente denominada Monarquía Católica​ o Monarquía de España,​ se refiere al conjunto de territorios con sus propias estructuras institucionales y ordenamientos jurídicos, diferentes y particulares, y que se hallaban gobernados por igual por el mismo soberano,​ el monarca español, a través de un régimen polisinodial de Consejos. El soberano español actuaba como rey —y en su caso con el correspondiente título nobiliario—, según la constitución política de cada Reino, Estado y Señorío,​ y por tanto, su poder formal variaba de un territorio a otro, pero actuaba como monarca de forma unitaria sobre todos sus territorios.​

La Monarquía incluía las Coronas de Castilla —con Navarra y los territorios de Indias— y Aragón —con Sicilia, Nápoles, Cerdeña y el Estado de los Presidios—, Portugal y sus territorios ultramarinos entre 1580 y 1640, los territorios del Círculo de Borgoña excepto 1598-1621 —Franco Condado, Países Bajos, más aparte Charolais—, el Milanesado, el marquesado de Finale, las Indias Orientales Españolas y el África española.​​

Su extensión temporal es utilizada de forma diversa según la voluntad del autor que use la expresión: usualmente entre el comienzo del reinado conjunto de los Reyes Católicos​​ en 1479 —también puede retrasarse su comienzo al inicio del reinado de Felipe II—​ y el final con los tratados de Utrecht y Baden (1713-1714) y los Decretos de Nueva Planta (1707-1716),​ que produjeron una ruptura en el sistema implantando una mayor homogeneidad y centralización política, relegando el sistema polisinodial.​​ Desde entonces, la denominación de Monarquía Hispánica ha permanecido para designar a la Monarquía Española durante el Antiguo Régimen, a lo largo del siglo xviii.

Monarquía absoluta

La monarquía absoluta es una forma de gobierno en la que el rey tiene el poder absoluto. En ella no existe la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial). Aunque la administración de la justicia pueda tener una autonomía relativa en relación al rey, o existan instituciones parlamentarias, el monarca absoluto puede cambiar las decisiones o dictámenes de los tribunales en última instancia o reformar las leyes a su voluntad (La palabra del rey es ley). Nombra y retira a sus asistentes en el gobierno a su voluntad. La unidad de todos los poderes suele considerarse justificada por estimar que la fuente del poder es Dios y que los monarcas ejercen la soberanía por derecho divino de los reyes. No hay mecanismos por los que el soberano (que no reconoce superiores) responda por sus actos, si no es ante Dios mismo.

La monarquía absoluta se desarrolla históricamente en la Europa Occidental a partir de las monarquías autoritarias que surgen al final de la Edad Media con la crisis de las monarquías feudales y el predominio que adquiere el rey en relación a todos los estamentos.

Monarquía constitucional

Monarquía constitucional, por oposición a la monarquía absoluta, es una forma de gobierno en el cual existe separación de poderes, donde el monarca ostenta el Poder Ejecutivo nombrando al gobierno, mientras que el Poder Legislativo, lo ejerce una Asamblea o Parlamento, habitualmente, electo por los ciudadanos.

La ciencia política distingue entre monarquía constitucional y monarquía parlamentaria. En las monarquías constitucionales, el rey conserva el Poder Ejecutivo. En cambio, en las monarquías parlamentarias, el Poder Ejecutivo proviene del Legislativo, el cual es elegido por los ciudadanos, siendo el monarca una figura esencialmente simbólica.

Aunque las actuales monarquías son en su mayoría parlamentarias, históricamente no siempre ha sido así. Muchas de las monarquías han coexistido con constituciones fascistas (o en la práctica fascistas) como en Italia (desde 1861, una monarquía constitucional regida por el Estatuto albertino de 1848, pero que a partir de 1922 convivió con el régimen dictatorial de Benito Mussolini) o Japón (la Constitución japonesa de 1889 atribuía amplios poderes militares y políticos al emperador), o con dictaduras de Gobierno militar como en Tailandia, en 2007.

Monarquía romana

La monarquía romana​ (en latín, Regnum Romanum) fue la primera forma de gobierno de la ciudad-Estado de Roma, desde el momento legendario de su fundación el 21 de abril del 753 a. C. hasta el final de la monarquía en el 509 a. C., cuando fue expulsado el último rey, Tarquinio el Soberbio, instaurándose la República romana.

Los orígenes de la monarquía son imprecisos, si bien parece claro que fue la primera forma de gobierno de la ciudad, un dato que parecen confirmar la arqueología y la lingüística. La mitología romana vincula el origen de Roma y de la institución monárquica al héroe troyano Eneas, quien navegó hacia el Mediterráneo occidental huyendo de la destrucción de su ciudad hasta llegar a Italia, donde fundó la ciudad de Lavinio. Posteriormente, su hijo Ascanio fundó Alba Longa, de cuya familia real descenderían los gemelos Rómulo y Remo, los fundadores de Roma.​

Regencia (política)

La regencia es el Gobierno de un Estado monárquico durante la menor edad, ausencia o incapacidad del legítimo titular de la Corona.​

Republicanismo

El republicanismo es una ideología y una teoría política.

Como ideología, pretende gobernar una nación con una república, o sea, como una "cosa pública" o un asunto que compete a toda la ciudadanía y no solo a una determinada clase social o a unas élites. El republicanismo, como ideología, no es necesariamente antimonárquico, pero sí radicalmente antidespótico y opuesto a la aristocracia, la oligarquía y la dictadura. Busca también un sistema político que protege la libertad y especialmente se fundamenta en el derecho, en la ley como expresión de la voluntad soberana del pueblo y a la que no puede sustraerse nunca un gobierno legítimo. Como teoría política, el republicanismo propone y defiende la república como el modelo de gobierno óptimo para un Estado. En sentido estricto, la república se define naturalmente en oposición a la otra forma actual de gobierno en los países occidentales: la monarquía.

Se ha escrito mucho sobre qué tipos de valores y comportamientos deben tener los ciudadanos de una república para su desarrollo y éxito; se suele hacer énfasis generalmente en la participación ciudadana, valores cívicos y su oposición a la corrupción.

En principio, la noción de república en cuanto forma de gobierno no es en sí misma sinónimo de democracia, al menos en el sentido dado al término en la Edad Contemporánea. Han existido repúblicas autoritarias y despóticas. Pese a apoyarse en el principio hereditario para la designación de la Jefatura del Estado, una monarquía puede ser considerada democrática en la medida en que los miembros de los poderes legislativo y ejecutivo sean elegidos directa o indirectamente por voluntad popular...

Restauración borbónica en Francia

Tras la caída de Napoleón Bonaparte en 1814, los aliados restauraron a la Casa de Borbón en el trono francés. El periodo que sobrevino se llamó la Restauración, caracterizada por una aguda reacción conservadora y el restablecimiento de la Iglesia católica como poder político en Francia. Pero los gobiernos de Luis XVIII (entre 1814 y 1824) y Carlos X (1824-1830) debieron aceptar algunas realidades surgidas con la Revolución francesa, como la monarquía constitucional, el parlamentarismo, la redistribución de la tierra realizada durante las convulsiones de fin del siglo XVIII y la desaparición de los antiguos gremios artesanales.

Este período estuvo caracterizado por una profunda transformación de la vida política y social en Francia, que transcurrió más en el seno social que en la superficie del Estado. Los sectores monárquicos buscaron liquidar todo vestigio de la Revolución francesa, mientras que la burguesía trató de superar un período de 25 años de catástrofes y re elaborar un programa político y económico viable que, a la vez, recuperase algunos elementos útiles de la revolución.

Virrey

El virrey o visorrey fue la figura administrativa durante el Imperio español responsable de administrar y gobernar, en representación de la Monarquía española, un Reino. El título de virrey lo encontramos en el siglo XIV en un documento en latín de Pedro el Ceremonioso (1381).​ A mediados del siglo XVI, se introdujo en la Corona de Aragón la palabra virrey derivada de la palabra "visrei" ya utilizada al menos en el siglo XV​ y del catalán pasaría al castellano "visorey".​ En los documentos de la Corona de Aragón del siglo XV (1428), redactados en latín, se empleaba el término "vice rex" para referirse al virrey de Sicilia.​​

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