Levantamiento de Solís

Se conoce como los Mártires de Carral a los militares sublevados en varios lugares de Galicia en 1846 contra el presidente Ramón María Narváez, que fueron ejecutados en la villa coruñesa de Carral.

Ramon Maria Narvaez
El general Ramón María Narváez. Vicente López Portaña. (Museo del Prado).

La revuelta

Durante el reinado de Isabel II, la Década Moderada (1844-1854) fue un periodo en el que el Partido Moderado ejerció el control del régimen político, desarrollando una versión conservadora del liberalismo. El general Narváez fue el hombre fuerte de la década, caracterizada por el recorte de las libertades y los derechos, así como por la centralización administrativa.

El 2 de abril de 1846 se sublevó en Lugo el segundo batallón del Zamora, dirigiendo la sublevación el coronel Miguel Solís y Cuetos, el cual proclamó la disolución del Consejo Provincial y la Diputación. Cuando la situación ya estaba bajo el control de los insurrectos en Lugo, Solís dirigió una arenga a sus soldados. En esta alocución la intención del alzamento se encuentra claramente expresada al final del discurso:

Gallegos: españoles todos: ¡Viva la Reina libre!, ¡Viva la Constitución!, ¡Fuera extranjeros!, ¡Abajo el Dictador Narváez, ¡Abajo el sistema tributario!

La represión de la revuelta

Otras plazas se sumarían en los días siguientes. A la sublevación se unirían los denominados provincialistas. El 15 de abril se constituye en Santiago de Compostela la Junta Superior del Reino de Galicia, que reclamó las libertades y derechos que Narváez había abolido y un trato más justo para Galicia; en la Universidad de Santiago de Compostela se reconstituye una vez más el Batallón Literario, que se había alzado en otras ocasiones, la última de ellas en la Guerra de la Independencia.

El general Narváez, presidente del Consejo, ministro de Estado y de la Guerra, envió tropas bajo el mando del general La Concha, capitán general de Castilla la Vieja, para reducir la sublevación. El día 23 comenzó la "batalla de Cacheiras" (concretamente en el espacio situado entre las casa del río y la cima de un monte, cerca),[1]​ en las afueras de Compostela, entre las tropas enviadas por el gobierno y los sublevados, que fueron derrotadas. La gran superioridad de las tropas de La Concha hizo inútil la resistencia, llevando a cabo estas tras la victoria, el saqueo y pillaje de Compostela, tal como se les prometió.

Solís, que se había refugiado en el monasterio de San Martín Pinario, se entregó aquella misma tarde. Tres días después, un juicio sumarísimo lo condenó la muerte en Carral. Este juicio no fue celebrado en Santiago de Compostela ni en La Coruña por miedo a los simpatizantes del coronel que había en estas ciudades.

Al amanecer, el coronel Solís fue llevado al atrio de la iglesia de la parroquia de Paleo, en la villa coruñesa de Carral, donde fue fusilado. El comandante Víctor Velasco y diez oficiales más fueron pasados por las armas en el bosque de Rin, a medio camino entre Carral y Paleo, pues ya anochecía, y fueron enterrados en el día siguiente en el cementerio de Paleo. Aún se pueden ver sus tumbas sin inscripción ninguna. El párroco, que presenció el fusilamiento, en el acta de defunción añadió: "Espectáculo horroroso. Triste Memoria"...

Estos militares ejecutados serían conocidos como Mártires de Carral. Diez años después, ya durante el Bienio Progresista, el gobierno declararía "Beneméritos de la Patria" a los doce fusilados. Las Cortes les concedieron la "Cruz del Valor y la Constancia" y decretaron la erección de un monumento, que no se llevó a cabo hasta 1904, cuando, por iniciativa de la Liga Galega da Coruña, se erigió el actual, que está construido en granito de las canteras de Illó (Pontevedra) y que fue diseñado por el arquitecto lucense Juan Álvarez Mendoza. Se puede ver el escudo de Galicia y una inscrición que dice: "Aos mártires da libertade mortos o 26 de Abril de 1846. Liga Galega na Cruña" ("A los mártires de la libertad muertos el 26 de Abril de 1846. Liga Gallega de La Coruña"). Este monumento, aunque no se pueda considerar en sí un crucero, reúne la motivación y las formas de tal motivo. Además, la estructura de la obra tiene forma de cruz. Este recordatorio físico sería escenario de varios homenajes, como el celebrado el 26 de abril de 1931 y del que se conserva una fotografía en la que se ve a Manuel Lugrís Freire dirigiéndose a los asistentes.

Según la interpretación de Murguía, en esa corta primavera de 1846 afloraron 24 días de ilusión y progresismo contra el gobierno de Narváez, que a pesar de definirse como liberal y moderado, tenía en contra suya a la mediana y pequeña burguesía, a muchos universitarios y bastantes profesionales próximos al republicanismo. Aquella constituiría la primera generación galleguista, formada por personas que confiaban en que si Solís tenía éxito sería posible mejorar la situación de Galicia con una manera distinta de hacer política, sin ser una "colonia de la Corte", en palabras de Faraldo.

Véase también

Notas y referencias

  1. A batalla de Cacheiras

Bibliografía

  • GRAN ENCICLOPEDIA GALEGA, s. v. Carral.

Enlaces externos

Antonio Romero Ortiz

Antonio Romero Ortiz (Santiago de Compostela, 24 de marzo de 1822-Madrid, 18 de enero de 1884) fue un político, abogado y periodista español, ministro de Gracia y Justicia durante el Gobierno Provisional del Sexenio Democrático y ministro de Ultramar en gobiernos de Zabala y Sagasta, en las postrimerías de la Primera República. Tuvo una notable importancia dentro del movimiento conocido como provincialismo gallego.

Batallón Literario

En el marco de la Guerra de la Independencia Española (1808-1814), un movimiento patriótico surgido de la Universidad de Santiago de Compostela dio como resultado la creación de una compañía, formada por estudiantes que, alzados contra la invasión francesa, se dieron en llamar Batallón Literario.

Una reunión celebrada en los claustros de la universidad, presidida por Rafael Múzquiz Aldunate, arzobispo de Compostela, vio nacer el acuerdo que determinó la colaboración de la universidad con el movimiento patriótico que sacudía el país.

Se buscó a un hombre con experiencia militar para ponerse al frente del batallón, y se acordó colocar a Juan Ignacio de Armada Caamaño Ibáñez de Mondragón y Salgado de Sotomayor, marqués de Santa Cruz de Rivadulla. La financiación se logró con las muy generosas aportaciones populares unidas a la del propio marqués, que dieron como resultado una suma considerable. Alfonso Armada y Comyn, actual marqués de Santa Cruz de Rivadulla, recuerda que «para que pudiera mandar a los alumnos universitarios lo hicieron doctor en todas las facultades», título que fue concedido con carácter hereditario. El batallón se formó en 42 días, dándosele órdenes para su incorporación a filas, lo cual se llevó a cabo tras el acto de bendición de la bandera, en el cual tuvo lugar una arenga del arzobispo de la archidiócesis.

Esta bandera se conserva en la sala de juntas de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela. Lleva dos escudos: los del antiguo reino de Galicia y el escudo de armas de la universidad, ambos cubiertos por una corona real, además de la siguiente inscripción:

Los soldados portaban además una cinta, con un breve poema, que aludía a la unión entre la cultura y el mundo militar en aras de la defensa nacional: «Por rescatar a Fernando y acabar con Bonaparte, unióse Minerva a Marte».

El 18 de julio de 1808 salió el batallón a incorporarse a las tropas del general Blake, donde formaron la vanguardia junto a los voluntarios navarros. Uno de los múltiples episodios recordados fue el de entrar de incógnito en la ciudad de La Coruña a reconocer las baterías, a pesar de estar tomada esta por el mariscal Ney.

En 1810, el general Castaños dio la orden de disolución del Batallón Literario, otorgando a los pocos que quedaron con vida, el rango de oficiales en los cuerpos militares.

En la plaza de la Quintana en la ciudad de Santiago de Compostela, llamada también de los literarios, una placa recuerda la gesta, con el siguiente tenor literal:

El Batallón Literario ya se había constituido previamente en 1663, ante los ataques portugueses a la villa de Monterrey, tras la sublevación de Portugal contra España en 1640. Se volvió a formar en 1665 y posteriormente, en 1846, durante el Levantamiento de Solís o Revolución de 1846, aunque la gesta más recordada es la ocurrida en 1808, en el marco de la Guerra de la Independencia Española.

Benito Losada Astray

Benito Ramón Hipólito Losada Astray, (Santiago de Compostela, 19 de noviembre de 1824- San Mamede de Ribadulla, 11 de septiembre de 1891), fue un médico, militar y escritor español.

Miguel Solís Cuetos

Miguel Solís Cuetos (San Fernando, Cádiz; 27 de marzo de 1816 - Carral, La Coruña; 26 de abril de 1846) fue un militar y noble español.

Rexurdimento

Se denomina Rexurdimento (en castellano, resurgimiento) a la etapa cultural de la historia de Galicia que se desarrolló a lo largo del siglo XIX y que tuvo como característica principal la revitalización de la lengua gallega como vehículo de expresión social y cultural. Se trata de un periodo simultáneo y similar al de la Renaixença catalana.

Se reavivó el espíritu regional y la identidad subjetiva de las regiones españolas. La consideración de las lenguas no oficiales cambia y se revalorizan, contra la horma universalista de la Ilustración, las tradiciones, lenguas y dialectos autóctonos. En Galicia, chocan la lengua castellana, urbana y favorecida por la burguesía, y la lengua gallega, que se consideraba rural y campesina y que se encontraba sin cultivo literario y sometida a una gran diglosia. Aparece una conciencia nacional y se reivindica el idioma gallego como distintivo de la personalidad de Galicia.

San Fernando (Cádiz)

San Fernando​​ —denominada hasta el año 1813 como Villa de la Real Isla de León y llamada coloquialmente como La Isla— es un municipio y ciudad española situada en la provincia de Cádiz, en Andalucía. La localidad pertenece, junto a Cádiz, El Puerto de Santa María, Chiclana de la Frontera, Puerto Real y Rota, a la Mancomunidad de Municipios Bahía de Cádiz.​ Además, forma parte del área metropolitana de la Bahía de Cádiz-Jerez, aglomeración urbana polinuclear de la que forma parte junto a Cádiz, Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María, Chiclana de la Frontera y Puerto Real, siendo la tercera área metropolitana de Andalucía, por detrás de las de Sevilla y de Málaga, y la duodécima de España.

Según el INE, la localidad contaba en el año 2016, con 95.949 habitantes,​ lo que la convierte en la cuarta ciudad más poblada de la provincia gaditana, tras Jerez de la Frontera, Cádiz y Algeciras, la decimotercera de Andalucía y la sexagésima quinta de España. La densidad de población es considerablemente elevada, debido al número de habitantes y a su reducido término municipal. Su extensión superficial es de apenas 32 km², una de las más bajas de la provincia. Sus coordenadas geográficas son 36º 28' N, 6º 12' O. Se encuentra situada a una altitud media de 8 metros y dista aproximadamente 14 kilómetros de la capital de la provincia.​

La mayor parte del municipio se encuentra enclavada en la llamada Isla de León, característica por su escasa altitud, y en la que destacan por altura el Cerro de los Mártires y el Cerro de Torre Alta. También pertenece a San Fernando el pequeño Islote de Sancti Petri. La localidad limita geográficamente con Puerto Real (al norte y al este), con Cádiz (al oeste) y con Chiclana de la Frontera (al este y al sur); limita geográficamente con el Caño de Sancti Petri (que separa a La Isla de Puerto Real y Chiclana), con la Bahía de Cádiz, con el océano Atlántico y con el caño de Río Arillo (que la separa de Cádiz). La ciudad cuenta con dos playas, la atlántica y arenosa Playa de Camposoto, extensa playa virgen que es el extremo sur del municipio, y la Playa de la Casería, pequeña playa fangosa situada en aguas de la bahía, al norte del término municipal.

A pesar de estar habitada desde la Prehistoria, como lo atestiguan los numerosos yacimientos arqueológicos descubiertos en la urbe,​ no fue hasta la llegada de los fenicios, que construyeron en la Isla Sancti Petri el Templo de Hércules​ e introdujeron actividades tan importantes para la ciudad como la salazón, cuando se asentó un núcleo de población en la isla. A partir de la llegada de este pueblo, que fundó la ciudad de Cádiz,​ se inicia la dependencia de San Fernando de la capital de la provincia. Posteriormente llegaron los cartagineses, que continuaron rindiendo culto al templo;​ los romanos, que establecieron industrias alfareras y construyeron un acueducto sobre el que más tarde se edificó el Puente Zuazo, vía de acceso a San Fernando y, por lo tanto, a Cádiz;​ los visigodos​ y los árabes.​ En esta época se edificó el Castillo de San Romualdo, en torno al cual creció la futura ciudad de San Fernando. En el año 1264 el rey castellano Alfonso X el Sabio arrebató la región gaditana a los árabes.​

Tras la creación del Real Carenero,​ durante el reinado de los Reyes Católicos, se inicia un periodo de bonanza para la localidad, favorecido por el intercambio comercial con América. El establecimiento de la Marina fue un hecho decisivo para la ciudad, ya que, debido a la llegada de nuevos pobladores, supuso un importante progreso para la urbe, tanto en lo demográfico como en lo económico y lo cultural.​ A los militares se debe buena parte de los monumentos isleños: el Real Instituto y Observatorio de la Armada, el Arsenal de la Carraca y el Panteón de Marinos Ilustres, entre otros. Durante los siglos XVII y XVIII se edificaron otros importantes edificios de la por entonces villa: la imponente Casa consistorial (uno de las más grandes de España), la mayor parte de las iglesias (entre las que destacan la Iglesia Mayor, la Iglesia del Carmen y la Iglesia de San Francisco), el Castillo de Sancti Petri y el Real Teatro de las Cortes.​​

Y es en el Teatro de las Cortes, por aquel entonces llamado Teatro Cómico, donde se dio lugar al acontecimiento más importante de la historia de San Fernando, acaecido a principios del siglo XIX, durante la Guerra de Independencia Española: la redacción de la primera constitución liberal española y la tercera del mundo, la Constitución Española de 1812.​ Durante el periodo que va desde septiembre de 1810 hasta febrero de 1811, mientras la Isla de León era sitiada por las tropas napoleónicas y era, junto con Cádiz, el único bastión de la resistencia española frente al invasor, se reunieron en el Teatro de Comedias los diputados que elaboraron el texto constitucional que finalmente se promulgó en Cádiz, y por lo tanto la capitalidad de España se situó en San Fernando. Gracias a este hecho, la localidad obtuvo el título de Ciudad y el nombre de San Fernando, en honor al entonces monarca Fernando VII.​

En 1823, a la caída del Trienio Liberal, la ciudad fue invadida por tropas francesas al servicio del absolutista Fernando VII, conocidas como los Cien Mil Hijos de San Luis, permaneciendo hasta 1828. Posteriormente la ciudad fue escenario de acontecimientos relevantes para el conjunto de la nación, como los hechos acaecidos durante la Revolución de 1868 (La Gloriosa), cuando el almirante Juan Bautista Topete se pronunció contra el gobierno de Isabel II, o durante la Primera República, tras la proclamación del Cantón de Cádiz, cuando se produjeron graves enfrentamientos en la localidad entre marinos y republicanos.

El siglo XX comienza con un periodo oscuro para la economía isleña, debido a la crisis de la industria naval, motivada por la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Este hecho propició el cierre temporal de los astilleros de La Carraca. Además, a la crisis naval se unieron las de las salinas y las almadrabas, actividades que perdieron su anterior importancia y ya no la recuperaron. Los dos sucesos de más importancia para la ciudad en la primera mitad del siglo XX fueron la construcción de la nueva sede de la Capitanía General, en 1917 y el establecimiento en el Arsenal de la Carraca, en 1942, de la Empresa Nacional Bazán. En la segunda mitad del XX y la primera década del siglo XXI el crecimiento demográfico de San Fernando ha sido bastante notable, pasando de los 30.000 habitantes que tenía a principios de siglo hasta los 110.000 con los que cuenta en la actualidad; a pesar de ello la situación económica de la ciudad es mala, debido a la crítica situación del sector naval y a la inexistencia de otras industrias.​

En 2008, con la aprobación de la Ley 8-08/PL-000003, San Fernando fue incluido entre los municipios de gran población de Andalucía,​ que se encuentran sometidos a un régimen de organización especial de acuerdo con la Ley de Grandes Ciudades de España.​

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