Edad del Bronce

La Edad del Bronce es el período de la prehistoria en el que se desarrolló la metalurgia de este metal, resultado de la aleación de cobre con estaño. El término, que acuñó en 1820 el arqueólogo danés Christian Jürgensen Thomsen para clasificar en tres edades las colecciones de la Comisión Real para la Conservación de las Antigüedades de Copenhague, sólo tiene valor cronológico en el Próximo Oriente y Europa, puesto que a la metalurgia se llegó a través de procesos distintos en las diferentes regiones del mundo. Su estudio se divide en Bronce Antiguo, Bronce Medio y Bronce Final. Aunque, generalmente, al bronce suele precederle una Edad del Cobre y seguirle una Edad del Hierro, esto no siempre fue así: en el África subsahariana, por ejemplo, se desarrolló la metalurgia del hierro sin pasar por las del cobre y bronce.[1]

La tecnología relacionada con el bronce fue desarrollada en el Próximo Oriente a finales del IV milenio a. C.,[2]​ fechándose en Asia Menor antes del 3000 a. C.; en la antigua Grecia se comenzó a utilizar a mediados del III milenio a. C.; en Asia Central el bronce se conocía alrededor del 2000 a. C., en Afganistán, Turkmenistán e Irán, aunque en China no comenzó a usarse hasta 1800 a. C., adoptándolo la dinastía Shang.

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Mapa de la difusión metalúrgica durante el Bronce Antiguo

Contextualizando la Edad del Bronce

La metalurgia del bronce fue, al igual que pasó con la del cobre (véase Calcolítico), una innovación más entre todas las que se produjeron en tales períodos. La gran diferencia es que la primera se desarrolló en contextos desprovistos de minerales, mientras que la segunda lo había hecho en regiones ricas en yacimientos de cobre.

La división tripartita de la Edad de los Metales prima el cambio tecnológico por encima de los de tipo social o económico, al contrario de lo que sucede con el Neolítico. Ello está basado en el supuesto de que la metalurgia provoca la transformación de las sociedades que la utilizan, generando una intensificación del comercio a larga distancia, una cierta especialización laboral y el aumento de la diferenciación social.

Tal innovación es fácilmente reconocible en el registro arqueológico, pero es de menor importancia para la aparición de las primeras civilizaciones urbanas que, por ejemplo, el desarrollo de los símbolos pictográficos e ideográficos que formarían las protoescrituras iniciales. Los jeroglíficos en Egipto, el cuneiforme en Sumeria o el lineal A (todavía sin descifrar) en Creta, convirtieron en una realidad la comunicación escrita de los incipientes estados. Y con la escritura la región entró en la Historia.

La Edad del Bronce es claramente histórica en buena parte del Próximo Oriente,[3]​ pero, al no haber ningún tipo de ruptura entre las sociedades prehistóricas e históricas de esta parte del mundo, en este artículo se incluye también una síntesis de los procesos que se dieron en ella.

Edad del Bronce en Mesopotamia

Fue en Sumeria donde comenzó a usarse el bronce a finales del IV milenio a. C. Esta región es considerada frecuentemente como la cuna de la civilización,[4]​ ya que (basándonos en los datos actuales) en ella se produjo la intensificación agrícola, se desarrolló el primer sistema de escritura, se inventó el torno cerámico, se establecieron los fundamentos de la astronomía y las matemáticas, se crearon gobiernos centralizados y códigos legislativos, apareció la estratificación social, el esclavismo y la guerra organizada. Todo lo cual llevó a la formación de las primeras ciudades estado conocidas, que después se convertirían en reinos más extensos y desembocaron finalmente en imperios.[cita requerida]

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Hachas planas de bronce

Las grandes ciudades de Mesopotamia acogían varias decenas de millares de personas y estaban gobernadas por un rey-sacerdote, máximo representante del dios local y dueño de todas las tierras. El templo era su centro neurálgico, donde se concentraba el poder religioso, político y económico. La sociedad estaba jerarquizada en clases bien diferenciadas: sacerdotes, funcionarios, artesanos, campesinos y esclavos. La centralización administrativa, facilitada por la escritura, permitía la gestión de los recursos a largo plazo y la planificación de grandes obras. Se utilizaba un calendario de doce meses, el día se dividía en 24 horas y el círculo en 360 grados.[5]

Uruk fue la ciudad sumeria más grande conocida en la transición del IV al III milenio a. C., con una superficie de 5,5 km² y varios templos de carácter monumental, entre los que destacaba el dedicado al dios An y a la diosa Inanna. Conocían ya la rueda, el arado, la navegación, el sello cilíndrico y la escritura.[6]

Posteriormente prevaleció, durante siglo y medio, el Imperio acadio. Tras su caída se produjo un renacimiento sumerio durante el cual la III dinastía de Ur tuvo un papel dominante. Los soberanos de Ur fueron considerados reyes de las cuatro regiones, creando un potente aparato burocrático que controlaba los tributos de todas las provincias y ciudades sometidas. Durante esta época se levantó el enorme zigurat de Ur.[7]

Babilonia la reemplazaría durante el Bronce final. La referencia más antigua sobre Babilonia procede de una tableta datada en el siglo XXIII a. C., correspondiente al reinado de Sargón I de Acad. En el siglo XVIII a. C., durante el reinado de Hammurabi, Babilonia alcanzó su máximo esplendor: utilizando la fuerza y la diplomacia extendió sus dominios a toda Mesopotamia, que administró de manera centralizada mediante una compleja burocracia y un completo código legislativo (Código de Hammurabi).[8]​ Para esta época, la lengua de uso oficial era el acadio, de origen semítico, mientras que el idioma sumerio se usaba ya sólo para ritos religiosos y actividades científicas. Babilonia jugó un papel fundamental como centro cultural durante todo el Bronce y el Hierro inicial, continuando así incluso cuando cayó bajo dominio externo.

Edad del Bronce en el Próximo Oriente

Del Levante mediterráneo destacaron dos ciudades-estado cuya economía fue básicamente comercial: Ebla y Ugarit. La primera, situada en el norte de la actual Siria, es famosa por las veinte mil tablillas cuneiformes halladas en un palacio de los siglos XXV-XX a. C. escritas en eblaíta y en sumerio. Su desarrollo estuvo ligado al comercio con Mesopotamia, aspecto en el que rivalizó militarmente con Mari. Fue destruida por los acadios durante el siglo XXIII a. C. pero resurgió de sus cenizas viviendo un nuevo período de esplendor entre los siglos XIX-XVII a. C.

Aunque de Ugarit hay evidencias neolíticas, la primera fecha datable de su existencia es fruto de sus contactos con Egipto: un abalorio de cornalina identificado con el faraón Sesostris I, el segundo de la dinastía XII (1956-1911 a. C.). La ciudad portuaria de Ugarit mantuvo estrechos lazos comerciales no sólo con Egipto, sino también con Siria, Anatolia y Chipre (denominada por entonces Alasiya).

A partir del siglo XVIII a. C. Anatolia vio surgir el imperio hitita, que tenía su capital en el norte de la península, en Hattusa. Hacia el siglo XIV a. C. llegó a su clímax, abarcando todo el centro anatólico, el sudoeste de Siria hasta Ugarit y la alta Mesopotamia. Simultáneamente, las confederaciones de Arzawa y Assuwa reunieron, respectivamente, a una serie de reinos anatólicos del sur y del oeste que, a lo largo de todo el período, unas veces se enfrentaron y otras fueron reducidos a vasallaje por los hititas. A su vez, Mitani fue un estado que ocupó el sudeste de Anatolia y el norte de Siria entre el 1500-1300 a. C., estableciendo alianzas alternativas con sus principales rivales, Egipto y los hititas, aunque fue sometido a vasallaje finalmente por los asirios.

El Mediterráneo oriental se convirtió en una importante vía de comunicación y comercio entre Anatolia, Siria-Palestina, Egipto y el mar Egeo. Así lo atestiguan la relevancia de ciudades costeras como Ugarit o Biblos y pecios como los de Ulum Burum y Gelidonya (sur de la actual Turquía), datados hacia el Bronce final. La primera embarcación, de 17 m de longitud, contenía varias toneladas de lingotes metálicos y en la segunda, de 10 m, se halló cerca de una tonelada de lingotes, productos ya acabados como hachas o punzones y abundantes herramientas de herrero, lo que hace suponer que se trataba de una especie de taller flotante.[9]

Edad del Bronce en África

En el Antiguo Egipto el bronce comenzó a usarse durante el Protodinástico, hacia el 3150 a. C., aunque nunca llegó a sustituir del todo a la piedra como elemento básico para la fabricación de artefactos (debido a la escasez de materia prima).[10]​ Poco tiempo después, sobre el 3100 a. C., se produjo la unificación del Alto y el Bajo Egipto, dando comienzo la Época Tinita que comprende la I y II dinastías. La capital se trasladó de Nejen (Alto Egipto) a una nueva ciudad, Menfis, edificada en los límites entre el Norte y el Sur. Fue en esta época arcaica cuando se adoptaron los símbolos y se establecieron los mecanismos administrativos que se reprodujeron como una constante a lo largo de toda la historia egipcia.

El Magreb recibió algunas influencias de los grupos culturales del Bronce europeo, como lo demuestran los hallazgos relacionados con las tradiciones del vaso campaniforme encontrados en Marruecos. A pesar de ello, la región no produjo su propia metalurgia hasta la colonización fenicia (hacia el 1100 a. C.).

El África subsahariana, como se ha dicho más arriba, permaneció ligada a las formas de vida neolíticas hasta que se desarrolló la metalurgia del hierro en la cuenca del río Níger (sin pasar por las del cobre y bronce)... Al menos eso se creía hasta antes de las excavaciones arqueológicas del inglés Thurstan Shaw en los yacimientos de Igbo Ukwo, Igbo Richard, e Igbo Isaiah en Nigeria en 1959; donde halló multitud de bronces (collares, cráneos y figuras de leopardo, rostros escarificados, entre muchas otras) elaboradas su mayoría con la técnica de la cera perdida. Tales hallazgos se dataron más o menos hacia el siglo IX o X d. C.

Edad del Bronce en Europa

Bronce Antiguo en el Egeo

Hacia la mitad del III milenio a. C. en el ámbito del mar Egeo se detecta una clara continuidad con el período anterior, el Calcolítico o Edad del Cobre. La población ocupaba promontorios costeros y elevaciones rocosas, en asentamientos que ya existían anteriormente, aunque, debido al continuado aumento demográfico fueron fundados otros nuevos, algunos de los cuales llegaron a alcanzar grandes dimensiones, con sólidos bastiones y fortificaciones.

El estudio del Egeo se ha subdividido tradicionalmente en tres zonas bien diferenciadas pero interrelacionadas entre sí:

Las red de intercambios calcolítica siguió propiciando el desarrollo conjunto de toda la región egea. Se mejoraron las técnicas constructivas navales, lo que permitió aumentar las capacidades de carga y la autonomía de los viajes. Estas mejoras condujeron a la colonización de islas con pocos recursos y a la creación de emporia, en los cuales la riqueza acumulada provocó la aparición de grupos privilegiados que la acapararon para su disfrute y perpetuación como tales. Así, una serie de ciudades-estado independientes comenzaron a imponer sus reglas del juego a las comunidades agrarias periféricas, esquema que se mantuvo durante el posterior desarrollo clásico del Egeo. Sobre el 2500-2400 a. C., muchos asentamientos fueron destruidos por incendios, tras los cuales, solo los de Creta consiguieron mantener su nivel de complejidad anterior, mientras los centros cicládicos y continentales comenzaron a estar supeditados cada vez más a los minoicos.[11]

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Doble hacha de bronce minoica. Ajuar del Tholos abovedado de Messara, Creta (Grecia)

La civilización minoica hundía sus raíces en el Neolítico preindoeuropeo. Su economía era mixta, agraria y comercial, basada en los cereales, la arboricultura (olivo y vid) y una ganadería de ovicaprinos. Sus divinidades eran mayoritariamente femeninas y no se han encontrado estructuras defensivas en sus asentamientos; ambos datos nos indican que se trataba de una sociedad poco beligerante. Asimismo, la ausencia de defensas y la abundancia de elementos religiosos en los palacios ha llevado a interpretarlos como monasterios-capital, en los cuales conviviría el poder religioso y el secular. Es una de las primeras culturas europeas con evidencias de escritura: pictogramas similares a los egipcios (pero sin descifrar) en estos primeros momentos.[12]

Hay principalmente dos tipos de tumbas en Creta:

  • Tumbas de planta rectilínea.
  • Tumbas de planta circular.

Aparecen también los tholoi, que son construcciones de planta circular, cubiertas por una bóveda o una falsa cúpula. Mientras, en las islas Cícladas se usaban cistas con forma trapezoidal, con inhumación individual y en Grecia continental, el rito funerario consistía en la inhumación colectiva en tumbas de cámara.

En el Egeo se estableció un área de intenso comercio con el metal de Chipre, donde existían minas de cobre; el estaño se traía incluso de las islas británicas. Según algunos autores, hasta el 2300 a. C. no se consiguió en Creta producir verdadero bronce, la aleación del cobre con el estaño.[13]​ Con respecto a la cerámica, en las islas Cícladas predominaban las decoraciones impresas e incisas, mientras que en Grecia continental la cerámica llevaba un engobe rojo y en Creta la decoración más frecuente era la pintada.

Bronce Antiguo en la península ibérica

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Mapa del Bronce medio ibérico (c. 1500 a. C.) mostrando las culturas más significativas, los dos asentamientos principales y la ubicación de las minas de estaño.
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Enterramiento en cista típico de la primera fase de la cultura de El Argar, final del Bronce Antiguo.

El tránsito entre el Calcolítico y el Bronce se manifiesta a través de unos signos de crisis que se producen durante la segunda mitad del III milenio a. C. y que son, entre otros:

  • Abandono de asentamientos (con finales violentos en algunos casos) y construcción de otros nuevos. Los Millares entraron en clara decadencia, recluyéndose su ya pequeña población en la parte más alta de la fortificación.
  • Sustitución de los enterramientos colectivos por otros individuales, que pasaron a situarse en el interior de los poblados.
  • Aumento de la riqueza y de la diferenciación social.

El Bronce antiguo (2250-1900 a. C.) se constata inicialmente en el sureste peninsular: Almería, Murcia, altiplano de Granada y alto Guadalquivir, áreas en las que comienza a desarrollarse la denominada cultura argárica, una de las que alcanzaron mayor relevancia en Europa durante la Edad del Bronce. Los asentamientos argáricos se emplazaban normalmente en lugares estratégicos y de fácil defensa, lo cual hacía poco necesarias las estructuras defensivas, aunque también se han encontrado poblados en llanos. La producción de cada poblado estaba especializada y, así, se han excavado explotaciones mineras, agropecuarias y poblados orientados hacia la metalurgia, siendo muy homogéneos los artefactos cerámicos y metalúrgicos en todo el territorio argárico.

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Copa argárica en terracota procedente del sureste de la península ibérica. II milenio a. C. (Bronce Pleno).

Todo ello prueba la existencia de un alto grado de especialización laboral y de una compleja organización de la distribución de la producción, unidas a un acceso desigual a la riqueza, constatado en los ajuares funerarios. Estos, durante el Argar A, aparecen en enterramientos individuales en covachas o cistas rectangulares excavadas en el piso de las mismas viviendas y presentan una gran diversidad tanto cuantitativa como cualitativa, lo que ha permitido establecer la existencia de varias clases sociales y de asentamientos que funcionarían como centros directivos (El Argar, por ejemplo).[14]

La utilización del vaso campaniforme como objeto de lujo y ligado al mundo funerario perdura durante estos momentos iniciales del Bronce aunque su uso es más frecuente en el norte que en el sur de la península.

En La Mancha destacó la denominada cultura de las Motillas, contemporánea del mundo argárico y cuya particularidad diferenciadora fue la construcción de fortalezas formadas por una torre central rodeada de lienzos amurallados concéntricos.[15]​ Estas construcciones estaban situadas siempre cerca de acuíferos, dedicadas a la explotación intensiva de los cereales de secano y con una importante ganadería. En ellas se han encontrado abundantes objetos de marfil, pero escasos artefactos metálicos, que suelen ser de cobre. Los enterramientos se efectuaban en el interior del recinto y no denotan estratificación social.

Bronce Antiguo en el resto de Europa

En estas etapas iniciales el bronce se usaba poco, predominando todavía la metalurgia del cobre. La agricultura y la ganadería seguían siendo las bases económicas principales. La producción se incrementó con el uso del carro y del arado, lo que aumentó los excedentes. Gran parte del comercio se desarrollaba en canoas que remontaban los cursos fluviales y las costas, relacionando las regiones del norte de Europa con las mediterráneas. Los asentamientos solían ser de dos tipos, según su localización geográfica:

  • En el este y el sur, eran hábitats situados estratégicamente, a veces con sistemas defensivos.
  • En el oeste, eran poblados muy pequeños y sin defensas, posiblemente estacionales.

Europa Central

El bronce fue introducido hacia el año (1800-1600 a. C.). Destacan dos grupos culturales: Unetice o Aunjetitz y Otomani.

Los grupos de Unetice abarcaban el área de la actual República Checa, Alemania centro-sur y oeste de Polonia. Basaban su economía en la cría de bueyes, caballos y cerdos, así como el cultivo de cereales. Explotaban minas de cobre, estaño y oro, y establecieron amplios contactos comerciales que abarcaron desde el Báltico hasta la Grecia micénica y las islas británicas. Vivían en aldeas situadas sobre colinas y rodeadas de empalizadas de madera. Practicaban la inhumación individual en fosas y cistas generalmente, pero también en tinajas o en túmulos.

Los grupos de Otomani se desarrollaron en los Balcanes, Hungría y Eslovaquia. Sus poblados presentan grandes fortificaciones y sus ajuares tienen una mayor proporción de armas que de útiles, lo cual les confiere un claro carácter guerrero. Parece que disponían de una gran movilidad, facilitada por el uso del caballo y el carro. El rito funerario era inicialmente de inhumación individual bajo túmulo.

Europa Atlántica

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Capa de oro de Mold, hallada en Mold, Flintshire, Norte de Gales. Realizada entre 1900-1600 a. C.

Ésta ha sido tradicionalmente una zona rica en minerales. En ella destacan las cronoculturas de Wessex y de los Cultura de los Túmulos armoricanos.

Los grupos de Wessex (2000-1400 a. C.) constituyeron la principal cultura arqueológica del centro y sur de Inglaterra, relacionándose ampliamente con otros del actual Benelux y con los de los Túmulos armoricanos,[16]​ siendo prototípicos del grupo campaniforme del Rin medio. Wessex I (2000-1650 a. C.) está asociado a la construcción y uso de las últimas fases de Stonehenge, así como de multitud de henges más, considerados ya desde el Neolítico como elementos delimitadores de los territorios asociados a cada jefatura. Inicialmente inhumaban bajo túmulos a sus muertos pero durante la fase II (1650-1400 a. C.) pasaron a incinerarlos, a menudo acompañándolos con ricos ajuares. Importaban ámbar del Báltico, oro de Bretaña y joyas de Alemania, así como espadas y abalorios de la Grecia micénica. Esta amplia red comercial, su capacidad para construir grandes monumentos y la riqueza de los ajuares funerarios nos indican la existencia de una jerarquizada y poderosa organización social.

La cultura de los túmulos armoricanos, muy ligada a la anterior, se desarrolló en la Bretaña, Francia. Sus asentamientos se situaban a cierta distancia de la costa. El utillaje doméstico era, básicamente, de sílex y piedra pulimentada. Las sepulturas eran individuales, de inhumación y aisladas entre sí, siendo la mayoría bastante sencillas, aunque se han encontrado una minoría con ajuares muy ricos.

Bronce Medio o Pleno

Comenzó a predominar el bronce sobre el cobre, aumentando la elaboración de adornos, armas y utensilios. Este metal se relacionaba ya con actividades cotidianas.

Egeo

Durante el Bronce Medio la civilización minoica vivió un desarrollo espectacular, su momento de máximo esplendor. Este periodo es denominado en Creta Minoico medio, Neopalacial o de los segundos palacios (1700-1400 a. C.). Se creó una verdadera talasocracia, intensificándose los contactos comerciales y los intercambios por todo el Egeo, Próximo Oriente y Egipto, donde se fundaron colonias como la de Acrotiri (Santorini). A la primitiva escritura pictográfica de influencia egipcia le sustituyó otra denominada Lineal A, de carácter no indoeuropeo y también sin descifrar. Hacia 1450 a. C. los asentamientos cretenses resultaron destruidos y abandonados; cuando volvieron a ser ocupados lo fueron con características micénicas.[12]

Península Ibérica

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Vaso trípode argárico, hallado en el yacimiento de El Oficio, en Cuevas del Almanzora, Almería.

Durante el Bronce Medio o Argar B los enterramientos siguieron efectuándose dentro de las casas, pero depositando los cadáveres dentro de pithoi. Los ajuares denotan una mayor jerarquización que en la etapa anterior, habiéndose llegado a establecer hasta cinco clases sociales. Se ha comprobado la generalización de la herencia y una mayor esperanza de vida para las clases sociales superiores.

A partir del 1650 a. C. se ha constatado una desestabilización de la sociedad argárica en la cual confluyeron factores como el agotamiento de los campos y bosques, la modificación de los sistemas productivos y posibles conflictos internos. Todo ello condujo a una decadencia irreversible y el abandono de los poblados hacia 1500 a. C.[17]

También los yacimientos ligados al Bronce Manchego tienden a desaparecer a partir del 1500 a. C. Se ha supuesto que los grupos meseteños de Cogotas tuvieron algo que ver, ya que se ha encontrado cerámica de ellos en las fases finales, pero es posible que también se produjera un deterioro climático.

Europa central

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Armas típicas del Bronce Medio de la Cultura de los Túmulos:
• Espada de lengüeta
• Punta de lanza tubular
• Hacha de talón.

El bronce medio abarca en esta región entre 1600-1200 a. C. y se identifica con la cultura de los Túmulos, caracterizada por los enterramientos individuales bajo túmulos. Estos solían ser casi siempre de inhumación, aunque también hay constatadas incineraciones, y denotan un alto grado de estratificación social. Esta costumbre funeraria se extendió desde el Rin hasta los Cárpatos occidentales y desde los Alpes al mar Báltico, ocupando aproximadamente el área de los anteriores grupos de Unetice, de los cuales son herederos. Los asentamientos excavados son poco abundantes, ya que estaban construidos con madera y materiales perecederos, por lo que no se ha conservado casi nada. No eran muy grandes y estaban situados tanto en zonas altas con defensas naturales como en el llano. A veces, los primeros se encuentran rodeados de murallas de madera y tierra, con uno o más fosos, siendo sus viviendas de planta rectangular o trapezoidal. Los túmulos tenían planta redonda u ovalada, y estaban rodeados exteriormente por un círculo de piedras. Los ajuares estaban claramente diferenciados por sexos, siendo de armas para los hombres y con adornos para las mujeres, casi siempre en bronce. Es frecuente encontrar depósitos de restos óseos animales en los enterramientos, al igual que la existencia de enterramientos dobles.[18]

Europa nórdica

La explotación del ámbar permitió conseguir, a través de las redes comerciales que existían desde el Neolítico el cobre y el estaño necesarios. Existen algunos talleres locales de fundición y recibieron influencias funerarias de los grupos de los Túmulos: las sepulturas son tumulares, agrupadas en necrópolis y situadas a veces a lo largo de vías naturales de comunicación. Los ajuares funerarios son ricos y en ellos prevalecen claramente las armas.

Mediterráneo central

Se pueden destacar, en la península itálica, la Cultura de las Terramaras y la Apenínica.

La primera se desarrolló en el norte de la actual Italia entre 1500-1100 a. C. Su denominación proviene del hecho de que construían sus cabañas sobre pilotes levantados en la tierra firme. Fueron pastores y agricultores con una pequeña metalurgia local. La cerámica es de color negro, decorada. Sus muertos eran enterrados en recintos comunales

La segunda se sitúa geográficamente en el centro, entre 1350-1150 a. C. Su economía estaba basada en la agricultura y una ganadería trashumante. La cerámica está grabada con motivos geométricos, excisos. Tenía algunos contactos con el Egeo.

Europa Atlántica

Los ajuares son más pobres que en épocas precedentes. En Francia la producción metalúrgica fue de poca entidad, destacando la fabricación de hachas. Las Islas Británicas mantuvieron una relación intensa con el continente; en ellas el rito funerario era de incineración en urnas con escasos metales en los ajuares.

Bronce Final, Reciente o Tardío

El Bronce final se desarrolló, aproximadamente, entre el 1300 y el 800-700 a. C., caracterizándose por dos hechos fundamentales:

  • Primeros contactos directos entre sociedades plenamente históricas y comunidades prehistóricas del mediterráneo occidental.
  • Cambio en el comportamiento funerario con la incineración de los cadáveres y su deposición en enormes necrópolis conocidas como campos de urnas. Este hábito se extendió desde Centroeuropa hacia el resto del continente y fue más allá del periodo que nos ocupa, continuando durante la I Edad del Hierro (Hallstatt C).[19]​ Las grandes diferencias sociales que se detectaban en los ajuares del periodo anterior desaparecen dando paso a unas ofrendas más normalizadas y homogéneas.[20]
  • El cataclismo producido por la llegada de los Pueblos del Mar tuvo como consecuencia, a finales del Bronce Reciente, que el Mediterráneo oriental experimentara cambios que afectaron a los Imperios, Estados, reinos y ciudades desde el Mediterráneo central hasta la Alta Mesopotamia, al mismo tiempo que aparecían pueblos como los Filisteos, Arameos, el asentamiento de Israel, los reinos de Moab y Edom, etc., que tendrán un mayor protagonismo en los siglos posteriores.[21]

Egeo

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Espadas de bronce micénicas (1300-1100 a. C.)

El Bronce final correspondería con el auge de la civilización micénica en la Grecia continental (Heládico reciente) y en todo el Egeo, llegando a controlar la isla de Creta a partir del 1400 a. C. (Minoico postpalacial).

Los micénicos, de raíces indoeuropeas y considerados como protogriegos, eran de carácter belicoso y habitaban en ciudadelas fortificadas sobre colinas, en cuya parte superior existía un palacio, el megaron, que funcionaba como centro administrativo y redistribuidor de los excedentes agrarios (Micenas, Atenas, Tirinto, etc.). Tenían una economía agropecuaria basada en los cereales y los ovicaprinos. Escribían en tablillas de arcilla en un idioma denominado Lineal B, ya descifrado e identificado como un griego arcaico. Las élites guerreras se hacían enterrar en tumbas individuales distribuidas en el interior de círculos funerarios inicialmente y después en espectaculares tholoi, con ricos ajuares.[22]

Estos ajuares, con abundantes metales preciosos, nos hablan de una élite poco numerosa, que acumulaba la riqueza en sus manos y era la clase dominante. La sociedad micénica estaba muy jerarquizada, con una clara diferenciación en las sepulturas de soberanos, aristocracia, trabajadores y artesanos. La cerámica se caracteriza por tener pintura brillante de colores rojo o negro sobre fondos claros.

Hacia el 1200 a. C. esta sociedad desapareció bruscamente y con ella todo rastro de escritura, entrando la región entera en la llamada Edad oscura. Pero no hay una ruptura, ya que se puede establecer una clara continuidad cultural con las época arcaica y clásica posteriores sobre la base de documentos como la Ilíada y la Odisea, cuyos argumentos remiten directamente al mundo micénico del II milenio a. C.[22]

Península ibérica

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Cerámica decorada con boquique relleno de pasta blanca, San Román de Hornija, Valladolid (Cogotas-I, 1100-800 a. C.)

En algunos asentamientos ocupados por los grupos argáricos se ha constatado la continuidad poblacional entre el 1300 y el 1000 a. C., aunque las estructuras constructivas son menos sólidas que anteriormente y más heterogéneas, desapareciendo cualquier tipo de defensas.[23]

Tras el declive de los grupos del Argar y Las Motillas en la etapa anterior, durante el Bronce Tardío destacó en la Meseta la cultura de Las Cogotas, sociedad fundamentalmente ganadera (bóvidos y ovicápridos) y con una cerámica decorada con boquique y escisiones, cuyo uso fue extendiéndose paulatinamente a la periferia mesetaria. Aunque los asentamientos no son bien conocidos, denotan una clara continuidad desde finales del Neolítico, estando situados cerca de los ríos, en sus cuencas medias y bajas. Se supone que debían estar formados por cabañas hechas con materiales perecederos, que dejan pocas huellas arqueológicas, y albergarían unas pocas decenas de individuos. Los enterramientos se efectuaban en fosas o silos localizados en el mismo poblado y eran individuales, dobles o triples, con ajuares que incluían ofrendas animales.[24]

Europa Central

A partir del siglo XIII a. C. comenzó a extenderse la costumbre funeraria de la incineración, con el consecuente depósito de las cenizas en unas características urnas de cerámica, que se enterraban en hoyos practicados en la tierra, formando extensas necrópolis. Estos rasgos fueron típicos de los grupos de los campos de urnas, que llegaron a difundirse desde el Danubio y el Báltico, por oriente, hasta el mar del Norte y el nordeste de la península ibérica en occidente. Pero estos grupos no formaron ningún ente cultural homogéneo, sino que simplemente asimilaron una moda, manteniendo en muchos casos sus estrategias económicas y sociales anteriores.[25]

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Objetos de la Edad del Bronce y del Hierro procedentes de Rumanía.

En su área central de distribución solían vivir en poblados con defensas artificiales o naturales; en ocasiones ambas. Las casas se realizaban mayoritariamente en madera y barro, con forma rectangular y trapezoidal. Lo común era el rito de incineración, aunque hubo también otras variantes:

  • Hoyo excavado en la tierra, en el que se deposita la urna
  • Sin urna, directamente en el hoyo
  • Urnas cubiertas por círculos de piedras, cistas, etc.
  • Túmulos planos rodeando la fosa
  • Fosas grandes

La deposición y orientación de los cuerpos inhumados es también muy variada. Los ajuares eran muy sobrios y homogéneos en comparación con las épocas anteriores y posteriores, consistiendo en cerámicas o metales, que, como mucho, alcanzaban las seis unidades. A veces, una o varias urnas estaban delimitadas por fosos, creando unos recintos de planta circular o cuadrangular que se suponen rituales.[26]

Se han encontrado en abundancia molinos de piedra, azuelas de bronce y hoces, así como algunos graneros. Se detecta una clara proliferación de oficios y cierta especialización artesanal. Con respecto al comercio, se intensificaron las relaciones comerciales y mejoraron los transportes, con el uso del carro y del caballo como animal de tiro. Se comerciaba con la sal y se inició la producción de vidrio. La cerámica y la orfebrería experimentaron un gran auge, multiplicándose también los centros metalúrgicos.

Europa nórdica

Esta región se la ha identificado con los grupos de Montelius, continuadores de las tendencias anteriores. Los poblados se ubicaban a veces en zonas de fácil defensa, estando formados por casas de barro o de madera, con planta oval o rectangular. Los enterramientos se agrupaban en grandes necrópolis, generalizándose el rito de incineración. Se han encontrado vasos y otros objetos de oro.

Europa Atlántica

Aunque se acentuó la influencia de los campos de urnas, sobre todo en las armas, también se han detectado diferencias regionales, así como ciertas influencias fenicias. La economía era agrícola y los caballos tenían una doble función: como elementos de prestigio y como animales de tiro.

Mediterráneo Central

En el sur de la península itálica se dio un importante comercio con Grecia y con el norte de la propia península. Hay necrópolis de incineración, con cremaciones individuales. Los asentamientos solían situarse en lugares elevados que se fortificaban mediante murallas. La cerámica estaba hecha a mano.

Crisis del Bronce Final

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La puerta de los leones; principal entrada a Micenas.

Hacia el 1200 a. C. la sociedad micénica colapsó, siendo abandonadas (tras incendios) la mayoría de las ciudadelas y desapareciendo completamente la escritura (el Lineal B). Hay signos de una desestabilización generalizada en todo el Mediterráneo oriental, que aparece registrada en los documentos escritos de las culturas históricas de la época. El Imperio hitita se derrumbó bruscamente alrededor del 1180 a. C., siendo destruida completamente su capital, Hattusa. La antaño floreciente Ugarit fue abandonada y hay constancia de ataques armados en la costa fenicia, en Israel (por parte de los filisteos) y en Egipto, donde fueron rechazados los denominados pueblos del mar.[22]

Mientras, la guerra de Babilonia contra Asiria y Elam provocó la disolución de la dinastía casita en 1154 a. C.; unas décadas después, Elam volvió a desaparecer de la historia tras el saqueo de Susa, su capital. Hacia 1050 a. C., Asiria también se sumió en el silencio durante más de un siglo. Los escasos testimonios finales hablan de interminables escaramuzas fronterizas mientras los reyes intentaban contener las migraciones masivas de arameos y mosji.

Los sucesos son conocidos solo a partir de un puñado de fuentes, como las Cartas de Ugarit y los relatos egipcios sobre los "pueblos del mar". Pasado el año 1050 a. C., desaparecen los escritos, y todo el período de 1050 al 934 a. C. es considerado como una época oscura. Pero tal colapso habría que redefinirlo, ya que una época oscura es básicamente un período de tiempo durante el cual la élite social deja de producir monumentos y documentos escritos.

Edad del Bronce en Asia del sur y oriental

En el subcontinente indio los objetos de bronce aparecieron con la eclosión de la cultura del valle del Indo, durante la cual los habitantes de Harappa y otras ciudades de la región desarrollaron nuevas técnicas metalúrgicas que les permitieron fundir cobre, bronce, plomo y estaño. La cronocultura de Harappa (entre 1700-1300 a. C.) coincide en parte con la transición a la Edad de Hierro (Periodo védico), por lo que resulta difícil datar el Bronce adecuadamente.

Gefuding Gui
Gefuding gui, bronce con dos asas correspondiente a la dinastía Shang (1600–1046 a. C.).

Tampoco se ponen de acuerdo los investigadores con su datación en China. La aleación de bronce apareció durante el período Erlitou, el cual ciertos investigadores incluyen dentro de la dinastía Shang, hacia mediados del II milenio a.C.[27]​ Pero otros creen que pertenecería a la dinastía Xia, su predecesora. De cualquier manera, el uso del bronce adquirió una gran importancia en la cultura china y su desarrollo fue ajeno a las influencias externas.[28]

En la actual Tailandia (en Ban Chiang) han sido descubiertos artefactos de bronce datados hacia el 2100 a. C.[29]​ En la península de Corea el bronce apareció hacia el 1000 a. C. por influencia de las culturas de Manchuria, aunque consiguió adoptar caracteres específicos en tipologías y estilos, sobre todo en los artefactos rituales.[30]​ También han salido a la luz tambores de bronce pertenecientes a la cultura Dong Son, originada alrededor del delta del río Rojo, abarcando el norte de Vietnam y sur de China, donde se produjeron a partir del 600 a. C.

En Japón se introdujeron el bronce y el hierro simultáneamente, a finales del período Jomon, hacia mediados del I milenio a. C. Los conocimientos metalúrgicos llegaron desde Corea y sirvieron para fabricar herramientas (de hierro) y artefactos rituales o ceremoniales (en bronce).

Edad del Bronce en América

En América la metalurgia no parece haber tenido implicaciones socio-económicas, solamente técnicas, y su datación también está sujeta a controversias.

Algunos investigadores afirman que durante todo el Horizonte Medio andino se usó el cobre arsenical y que en la cultura Tiahuanaco ya se utilizaba ampliamente (hacia el 600 d. C.) una aleación de cobre, arsénico y níquel, considerada por tales autores bronce, que habría sido sustituida hacia sus fases finales por el bronce auténtico (sobre el 800 d. C.).[31]​ Otros, en cambio, retrasan hasta la época Chimú (a partir del 900 d. C.) la utilización del cobre arsenicado, siendo para ellos los Incas los que generalizaron en sus dominios el uso del bronce.[32]

La posterior aparición de una limitada producción metalúrgica de bronce en el oeste de México sugeriría la existencia de contactos con las regiones andinas o un descubrimiento tardío de tal tecnología.

Véase también

Referencias

  1. Fullola y Nadal, 2005, p. 173.
  2. Margueron, 2002, «Las primeras utilizaciones de los metales».
  3. Fullola y Nadal, 2005, p. 171.
  4. Lara Peinado, 1994, p. 5.
  5. Kinder y Hilgemann, 2000, pp. 17,27.
  6. Lara Peinado, 1994, p. 13.
  7. Lara Peinado, 1994, pp. 18,24-28.
  8. Lara Peinado, 1994, pp. 90-92.
  9. Blasco, 1993, p. 115.
  10. Fullola y Nadal, 2005, p. 172.
  11. González Marcén, Lull y Risch, 1992, pp. 51-52.
  12. a b Fullola y Nadal, 2005, pp. 186-189.
  13. Delibes y Fernández-Miranda, 1993, pp. 73-78.
  14. González Marcén, Lull y Risch, 1992, pp. 129-130,155-156,182-183.
  15. González Marcén, Lull y Risch, 1992, p. 156.
  16. The Armorican Tumuli of the Early Bronze Age, A Statistic Analysis for Calling the Two Series into Question, Mareva Gabillot et al.
  17. González Marcén, Lull y Risch, 1992, p. 183.
  18. González Marcén, Lull y Risch, 1992, pp. 196-198,216-218,238-239.
  19. Fullola y Nadal, 2005, pp. 198-200.
  20. Eiroa, 2010, p. 776.
  21. Pérez Largacha, Antonio (2003). «El Mediterráneo Oriental ante la llegada de los Pueblos del Mar». Gerión. Revista de Historia Antigua (Universidad Autónoma de Madrid) 21 (1): 27. ISSN 1698-2444. Consultado el 7 de agosto de 2017.
  22. a b c Fullola y Nadal, 2005, pp. 190-191.
  23. Blasco, 1993, pp. 151-152.
  24. Blasco, 1993, pp. 150-151, 155.
  25. Fullola y Nadal, 2005, pp. 200-201.
  26. Blasco, 1993, pp. 65-71,79-81.
  27. Chang, 1982, pp. 6–7.
  28. Shang and Zhou Dynasties: The Bronze Age of China Heilbrunn Timeline Consultado 13-05-2010
  29. Museum.upenn.edu (ed.). «Bronze from Ban Chiang, Thailand: A view from the Laboratory». Archivado desde el original el 27 de abril de 2011. Consultado el 17 de enero de 2010.
  30. http://daegu.museum.go.kr/museum/english/body_02/body02_1_03.htm (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
  31. El bronce y el horizonte medio
  32. Eiroa, 1996, p. 12.

Bibliografía utilizada

  • Blasco, Mª Concepción (1993). «El Bronce final». Madrid (primera edición) (Editorial Síntesis). ISBN 84-7738-195-X.
  • Chang, K. C. (1982). Studies of Shang Archaeology. Yale University Press.
  • Delibes, Germán; Fernández-Miranda, Manuel (1993). «Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en el Viejo Mundo». Madrid (primera edición) (Editorial Síntesis). ISBN 84-7738-181-X.
  • Eiroa, Jorge Juan (1996). «La Prehistoria. La Edad de los Metales». Madrid (primera edición) (Ediciones Akal). ISBN 84-7600-981-X.
  • — (2010). Prehistoria del mundo (primera edición). Barcelona: Sello Editorial. ISBN 978-84-937381-5-0.
  • Fullola, Josep Mª; Nadal, Jordi (2005). «Introducción a la prehistoria. La evolución de la cultura humana». Barcelona (primera edición) (Ed. UOC). ISBN 84-9788-153-2.
  • González Marcén, Paloma; Lull, Vicente; Risch, Robert (1992). «Arqueología de Europa, 2250-1200 A.C. Una introducción a la "Edad del Bronce"». Madrid (primera edición) (Editorial Síntesis). ISBN 84-7738-128-3.
  • Kinder, Hermann; Hilgemann, Werner (2000). «Atlas histórico mundial. (I) De los orígenes a la Revolución Francesa». Madrid (vigésima edición) (Ediciones Istmo). ISBN 84-7090-005-6.
  • Lara Peinado, Federico (1994). «Historias del Viejo Mundo, nº 5. El nacimiento de la civilización». Madrid (primera edición) (Historia 16. Cultura y publicaciones). ISBN 84-7679-100-3.
  • Margueron, Jean-Claude (2002). «Las primeras utilizaciones de los metales». Los mesopotámicos. Fuenlabrada: Cátedra. ISBN 84-376-1477-5.

Bibliografía adicional

  • Lull, Vicente; González Marcén, P.; Risch, R. (1991). Arqueología de Europa, 2250-1200 A.C.: Una introducción a la Edad del Bronce. Madrid: Editorial Síntesis, S.A. ISBN 978-84-7738-128-0.
  • Hernández Alcaraz, Laura; Hernández Pérez, M.S., eds. (20 al 22 de abril de 2002). «La Edad del Bronce en tierras valencianas y zonas limítrofes». Jornadas celebradas en Villena. ISBN 9788477844402.
  • Historia de Bolivia (5ª edición). Gisbert.
  • Hart-Davis, Adam (ed.). Historia, La Guía Visual Definitiva. p. 79.

Enlaces externos

Prehistoria del Viejo Mundo
Edad de Piedra Edad de los Metales
Paleolítico Mesolítico
Epipa-
leolítico
Neolítico Edad del Cobre
(excepto África subsahariana)
Edad del Bronce
(excepto África subsahariana)
Edad del Hierro
Paleolítico inferior Paleolítico medio Paleolítico superior
Bronce

El bronce es toda aleación metálica de cobre y estaño, en la que el primero constituye su base y el segundo aparece en una proporción del 3 al 20 %. Puede incluir otros metales.

Las aleaciones constituidas por cobre y zinc se denominan propiamente latón; sin embargo, dado que en la actualidad el cobre se suele alear con el estaño y zinc al mismo tiempo, en el lenguaje no especializado la diferencia entre bronce y latón es bastante imprecisa.

El bronce fue la primera aleación de importancia obtenida por el hombre y da su nombre a la Edad del Bronce. Durante milenios fue la aleación básica para la fabricación de armas y utensilios, y orfebres de todas las épocas lo han utilizado en joyería, medallas y escultura. Las monedas acuñadas con aleaciones de bronce tuvieron un protagonismo relevante en el comercio y la economía mundial.

Cabe destacar entre sus aplicaciones actuales su uso en partes mecánicas resistentes al roce y a la corrosión, en instrumentos musicales de buena calidad como campanas, gongs, platillos de acompañamiento, saxofones, y en la fabricación de cuerdas de arpas, guitarras y pianos

Bronce Manchego

Bronce Manchego es la denominación historiográfica genérica de una subdivisión espacial y temporal de la prehistoria en la península ibérica también conocida como Cultura de las Motillas.​ Grupos humanos sedentarios, que basaban su sustento en la ganadería y la agricultura, ocuparon el territorio actualmente conocido como La Mancha (gran parte de la provincia de Ciudad Real, prácticamente toda la de Albacete y parte de las de Toledo y Cuenca) a partir del Calcolítico,​ constituyendo uno de los sustratos indígenas que dio origen a la cultura ibera.

Esta cultura arqueológica se caracterizó, principalmente, por la construcción de asentamientos fuertemente fortificados que han dado origen a topónimos locales: motillas, morras y castillejos. De entre éstos, las denominadas "motillas" son eminencias topográficas que destacan sobre la llanura manchega. Su excavación ha demostrado que estaban formadas por viviendas apretadas dentro de cinturones de murallas concéntricas en varios niveles escalonados, dando una apariencia de cerro artificial al asentamiento que facilitaba su defensa frente a las invasiones y el control efectivo del territorio circundante (de manera similar a los tell del Oriente Próximo).

Castro (fortificación)

Un castro es un poblado fortificado celta, por lo general prerromano, aunque existen ejemplos posteriores que perduraron hasta la Edad Media en Europa y propios de finales de la Edad del Bronce y de la Edad del Hierro. Se encuentran con frecuencia en la península ibérica, en particular en el noroeste con la cultura castreña y en la meseta con la cultura de las cogotas.

La palabra castro proviene del latín castrum, que significa "fortificación militar" (de ahí viene la palabra española castrense, "relativo a lo militar").

Otro nombre con el que se conoce a los castros es oppidum (en plural oppida), en particular cuando son de gran tamaño.​

Cultura argárica

La cultura argárica es una manifestación y expresión de los poblados del sudeste de la península ibérica en la Edad del Bronce, que formaron una de las sociedades de mayor relevancia en la Europa del III y II milenios a. C. y de las mejor estudiadas gracias al excelente estado de conservación de los restos arqueológicos. Este complejo cronocultural es considerado indicativo de los procesos de jerarquización sociales que se extendieron por Andalucía oriental y el Levante español. Debe su nombre al yacimiento epónimo de El Argar, en el municipio de Antas, Almería.

Esta cultura arqueológica fue descubierta y definida a finales del siglo XIX por los hermanos Siret. Se caracteriza por la existencia de poblados situados en áreas de difícil acceso y/o fortificados, casas de planta cuadrada construidas con piedra y adobe, enterramientos en cistas, tinajas o covachas bajo el suelo de las propias viviendas, una clara uniformidad material, la abundancia de armamento militar y una progresiva estratificación social. Se extiende por el sudeste peninsular, ocupando las provincias de Almería y Murcia, así como parte de Granada, Jaén o Alicante.

Su pervivencia fue de unos 800-900 años, entre mediados del III y mediados del II milenios a. C., distinguiéndose al menos dos fases, durante las cuales se produjo una continua jerarquización social interna y una expansión externa sobre las regiones colindantes. Hacia 1500 a. C. la sociedad argárica desapareció bruscamente.

Cultura castreña

La cultura castreña fue una cultura que se desarrolló, desde finales de la Edad del Bronce hasta principios de nuestra era, en el noroeste de la península ibérica, dentro de una zona que abarcaría el norte del actual Portugal desde las riberas septentrionales del río Duero, Galicia, las zonas central y occidentales del Principado de Asturias, provincia de León y la provincia de Zamora (también delimitada al sur por el río Duero).

La problemática de los límites estriba en fenómenos de aculturación en el caso de los astures lo que hace que esta visión esté desfasada. En el caso de Asturias los límites de la cultura castreña se han desplazado en la actualidad hasta la zona centro-oriental, donde encontramos castros como el de Noega (Gijón) o Camoca (Villaviciosa) junto a Llagú (Oviedo) cuya fundación parte de al menos el siglo VIII y no presenta diferencias notables con los de la zona occidental de Asturias y Galicia, y al menos son igual de antiguos o más que los de esa zona. y por el problema de la definición de la provincia romana de la Gallaecia. Los límites más aceptados son el río Navia por el este y el Duero al sur (área que posteriormente formaría la provincia romana de Gallaecia) desde finales de la Edad del Bronce (siglo IX o VIII a. C.) hasta el siglo I con menciones que podrían identificar castros tardíos durante las razzias de los suevos dirigidos por Hermerico (409-441). Así, en las regiones interiores de Gallaecia, en el año 430 Hidacio dice:​

Svevi, svb Hermerico rege, medias partes Gallæciæ deprædantes, per plebem, qvæ castella tvtiora retinebat, acta svorvm partim partím cæde, partim captivitate, pacem qvam rvperant familarvm qvæ tenebantvr redhibitione restavrant.

Su característica más notable son los poblados fortificados conocidos como castros (de la forma latínizada castrum), de los que toma el nombre, no obstante se desconoce el término original en lengua indígena para definir a los castros.

Se desarrolló durante la Edad del Hierro sobre un fuerte sustrato indígena directamente ligado al periodo del Bronce Final Atlántico (1200-700 a. C.) el cual se vio prontamente mezclado con elementos europeos desde esta edad de bronce. A este componente precastreño se sumaron influencias culturales europeas atlánticas, y, en menor medida, mediterráneas.

En el lento período formativo, que duraría hasta el siglo V a. C., se cree que los castros se fueron extendiendo de sur a norte y de la costa hacia el interior por ser los castros meridionales y costeros (no confundir con castro marítimo que hace referencia a la actividad económica y a la situación geográfica como el de Baroña) los de mayor tamaño y densidad. Esta cultura se desarrolló a continuación durante dos siglos y comenzó a ser influenciada por la cultura romana desde el siglo II a. C., continuando en forma de cultura galaico-romana después de la conquista y hasta los siglos III o incluso IV y con ejemplos de castros tardíos en el siglo V ya en plena ocupación sueva.

La economía castreña tenía una base agrícola (cereales como el trigo, el mijo, la avena y la cebada, leguminosas como las alubias y los garbanzos, berzas, nabos, etc.) y ganadera-pastoril (vacas, caballos, ovejas, cabras y cerdos), pero también se practicaban la caza (ciervo y jabalí), la pesca (pescadilla, maragota, jurel), el marisqueo y la recogida de frutos (avellanas, bellotas). Existía la minería (oro, estaño, cobre, plomo y hierro), la metalurgia y una cerámica regional, la cerámica castreña con claros componentes de la orla celta atlántica. La orfebrería tiene raíces en la Edad del Bronce y fue recibiendo influencias centroeuropeas y mediterráneas. Las alhajas más características son los numerosos torques, los cuales llegan a componer importantes colecciones tipológicas; también son bien conocidos los brazaletes, los pendientes y los anillos. La escultura estaba muy extendida y conoció un especial florecimiento en los territorios meridionales. De entre las armas destacan las espadas cortas y los puñales "de antenas", raros en número por ser hasta la fecha un territorio que no facilita la conservación de los metales en especial el hierro y por desconocerse la naturaleza de los ritos funerarios al punto de que se desconocen entierros o campos de incineración, suele usarse entre los arqueólogos que estudian la prehistoria del noroeste la siguiente cita: "En la edad del bronce la gente moría pero no vivía y en la edad del hierro la gente vivía pero no moría" en referencia a la ausencia de evidencias de asentamientos de la edad del bronce en relación a sus numerosos túmulos de incineración conocidos como "mamoas" contrastando con la edad de hierro donde se constata la abundancia de asentamientos con la ausencia casi absoluta de cementerios ya sea de inhumación o de cremación, así como la escasez de armas en relación a la proliferación de sitios fortificados (castros propiamente dicho).

El panteón religioso indígena era numeroso, como revelan las inscripciones en las estelas votivas de época galaico-romana y donde podemos apreciar el proceso de celtización que experimentó la cultura castreña, y donde se complementaban con cultos o ritos relacionados con fuerzas, elementos o manifestaciones de la Naturaleza. Se desconocen los ritos funerarios, ya que no se han encontrado ni enterramientos ni incineraciones.

Cultura de Hallstatt

La cultura de Hallstatt es una cultura arqueológica perteneciente al Bronce final y la I Edad del Hierro. Fue Paul Reinecke quien primero asimiló el yacimiento de Hallstatt con los campos de urnas, creando una periodización que actualizó posteriormente Müller-Karpe. Así, Hallstatt formó parte de los campos de urnas y, a su vez, fue heredera de estos, manteniendo una clara continuidad, sin rupturas.​ Sin embargo, también recibió influencias diferenciadoras gracias a sus contactos con el norte de Italia (Golasecca), con colonos mediterráneos a través del Adriático y también de los pueblos de las estepas de la Europa Oriental.

Fue una cultura de transición entre la Edad del Bronce y la del Hierro, extendiéndose principalmente por la Europa Central, Francia y los Balcanes. Se suelen distinguir dos grandes etapas (de un total de cuatro):

Hallstatt A y B (1200-750 a. C.), correspondiente al Bronce Final de los campos de urnas.​

Hallstatt C y D (750-450 a. C.), consolidada como la Primera Edad del Hierro, aunque la C sigue perteneciendo a los campos de urnas.​Esta última fase (Fase D) enlaza con el periodo de La Tène (480-50 a. C.) o Segunda Edad del Hierro.

El nombre de esta cultura es debido a la Necrópolis de Hallstatt, situada en la localidad de Hallstatt, en Austria, cerca de Salzburgo, donde se han encontrado cerca de 2000 tumbas y más de 6000 objetos. El primero en darle esta nomenclatura fue Hans Hildebrand, y sus siguientes divisiones fueron establecidas primero por Otto Tischler y posteriormente, la que se utiliza en la actualidad, por Reinecke.

El uso del hierro al principio es minoritario. Sin embargo, a partir del VII a. C. se generaliza su uso poco a poco, al igual que su comercialización.

Muchos de sus asentamientos estaban fortificados y dominados por una clase social de guerreros que formaban una especie de aristocracia. Gracias al uso del hierro en vez del bronce obtenían un armamento superior.

Hay cerámicas excisas, pintadas y grafitadas, a veces con incrustaciones, mientras que, en las espadas, hay pomos incrustados en hueso, marfil o ámbar.

Esta cultura mantiene contactos con el Mediterráneo y con las estepas del este europeo. Persiste el comercio del ámbar y del estaño en los intercambios con el mundo mediterráneo.

Con respecto al rito funerario, en los períodos iniciales se impuso la incineración y deposición en una urna, pero a partir de Hallstatt C se produjo un aumento de las inhumaciones, que ya en Hallstatt D fueron predominantes. Hay claras diferencias en las tumbas, por su ajuar y por su estructuras. Los ricos preferían ser depositados en cámaras de madera, bajo túmulo.

En España, una de las muestras del paso de esta cultura se encuentra en Carrascosa del Campo, en la Necrópolis Celtibérica de Las Madrigueras, importante ya que fueron los primeros vestigios encontrados de esta cultura en la península ibérica. Se encontraron diversos tipos de urnas funerarias, lo que demuestra que población de esta cultura habitó en el centro peninsular.Muchos arqueólogos consideran que tanto por el período histórico como por la coincidencia en el espacio con los primeros pueblos documentados, muy posiblemente la mayor parte de los pueblos que compartían la cultura de Hallstatt habrían hablado una lengua cercana al idioma protocelta.

Cultura de los campos de urnas

La cultura de los campos de urnas es un extenso horizonte arqueológico que se difundió durante el final de la Edad del Bronce y el principio de la Edad del Hierro por buena parte de Europa, llegando en su momento de apogeo a abarcar desde el Danubio y el Báltico hasta el mar del Norte y el nordeste de la península ibérica. Se caracterizó por un nuevo rito funerario: la incineración del cadáver y la deposición de sus cenizas en urnas de cerámica, las cuales se enterraban en un hoyo practicado en la tierra, formando extensas necrópolis. Al principio se levantaban pequeños túmulos sobre las fosas, luego quizás alguna estela o nada que las indicara. La expansión de este modelo se produjo entre los siglos XIII y VIII a. C.​

Cultura del valle del Indo

La cultura del valle del Indo fue una civilización de la Edad del Bronce, que se desarrolló desde alrededor del 3300 a. C. hasta 1300 a. C. a lo largo del valle del río Indo, en Afganistán, Pakistán y el noroeste de la India. Abarcaba cerca de un centenar de asentamientos y dos ciudades importantes: Harappa y Mohenjo-Daro, ambos sitios en Pakistán. En conjunto comprendía el área más extensa de todas las civilizaciones antiguas, más de un millón de kilómetros cuadrados, y atravesó varios periodos, siendo su máximo esplendor entre el 2600 y el 1900 a. C.

Al igual que las civilizaciones de Mesopotamia y Egipto, dependía de su río. Como el Nilo, el Indo se desbordaba todos los años, inundando extensas zonas y depositando sedimentos fértiles. Este inmenso potencial agrícola fue la base sobre la cual se desarrolló el urbanismo en torno al río Indo.

Con las culturas prehistóricas del valle del Indo se prepara el primer capítulo de la historia de la India. Se trata de un largo periodo prehistórico, probado por testimonios líticos. Por otra parte, se pueden encontrar vestigios prehistóricos hasta el I milenio a. C., es decir, hasta un tiempo en que la península ya había entrado en la historia. En sentido estricto, las culturas del Indo pertenecen a la prehistoria ya que solamente han dejado restos arqueológicos sin documentos literarios, pero para apreciar la historia india hace falta tomar en consideración estas culturas urbanas prearias.

Cultura del vaso campaniforme

Vaso campaniforme es la denominación de una cultura arqueológica prehistórica asociada al Calcolítico y al período inicial de la Edad del Bronce en Europa Occidental. Su cronología e interpretación son controvertidas, habiendo generado al respecto abundante literatura. Gracias a la revisión sistemática de los datos proporcionados por el radiocarbono en vasos campaniformes de toda Europa, se ha podido establecer que los más antiguos serían los encontrados en el área del bajo Tajo (Portugal), con una cronología que iría del 2900 al 2500 a. C.​ Según otros autores, su aparición se situaría, en cambio, sobre el 2400 a. C., desapareciendo hacia el 1800 a. C.​

Su nombre es la consecuencia de las especiales características de estas vasijas (en arqueología denominadas vasos) con forma de campana invertida y profusamente decoradas que se han encontrado, generalmente en contextos funerarios, en buena parte de Europa: por casi toda la península ibérica, en islas del Mediterráneo occidental, en la Francia mediterránea y atlántica, Gran Bretaña e Irlanda, los Países Bajos y parte de Europa Central.

Su presencia está relacionada con la difusión de la metalurgia del cobre por Europa occidental, hasta el punto de haberse convertido en fósil director de esta expansión.​

Daga

La daga (del latín vulgar daca) es un arma blanca de lámina aplanada y remate agudo. Es más larga que un puñal y más corta que una espada. Suele poseer doble filo y guarda para proteger el puño. Se la utilizaba como arma secundaria, complementando a la espada. También solían llevarlas las mujeres como protección.

Las dagas más tempranas aparecen en el III milenio a. C., en la Edad del Bronce. Los materiales con los que se hacían eran huesos, marfil y sílex.

En todos los casos, las dagas y los cuchillos son considerados armas secundarias o terciarias.

Las dagas suelen estar relacionadas con la ambigüedad. El caso más famoso de un asesinato con una daga fue el de Julio César, dictador romano que sufrió 23 puñaladas, una por cada uno de los miembros del Senado. Pero, irónicamente, las dagas son relacionadas asimismo con la determinación y el coraje.

Edad de Bronce nórdica

La Edad de Bronce nórdica es el nombre dado por Oscar Montelius a un subperíodo cronocultural de la Edad del Bronce en la historia de Escandinavia. Se desarrolló en los territorios de Escandinavia, incluyendo lugares tan al este como Estonia, entre 1800 a. C. - 500 a. C. Se singulariza como heredera de la cultura del hacha de guerra y suele ser considerada como el origen de la cultura protogermánica (Jastorf) de la Edad del Hierro

Aunque los escandinavos comenzaron a utilizar el bronce bastante tarde y a través del comercio, los sitios escandinavos presentan ricos y bien conservados objetos hechos de lana, madera y bronce importado de Europa Central y de oro. La Grecia Micénica, la cultura de Villanova, Fenicia y hasta el antiguo Egipto han sido identificadas como posibles fuentes de influencia para el arte escandinavo de este periodo. La influencia extranjera se cree que ha sido debido al comercio ámbar. Muchos petroglifos representan buques, y las grandes formaciones de piedra conocida como naves de piedra sugieren que los buques de transporte marítimo desempeñaban un papel importante. Varios petroglifos representan buques que han sido identificados como posiblemente mediterráneos.

Edad del Hierro

La Edad del Hierro es el período en el cual se descubre y populariza el uso del hierro como material para fabricar armas y herramientas. En algunas sociedades antiguas, las tecnologías metalúrgicas necesarias para poder trabajar el hierro aparecieron en forma simultánea con otros cambios tecnológicos y culturales, incluyendo muchas veces cambios en la agricultura, las creencias religiosas y los estilos artísticos, aunque este no ha sido siempre el caso.

La Edad del Hierro es el último de los tres principales períodos en el sistema de las tres edades, utilizado para clasificar las sociedades prehistóricas, y está precedido por la Edad del Bronce. La fecha de su aparición, duración y contexto varía según la región estudiada. La primera aparición conocida de sociedades con el nivel cultural y tecnológico correspondiente a la Edad de Hierro se da en el siglo XII a. C. en varios lugares:

en el antiguo Oriente Próximo,

en la antigua India (con la civilización védica, en la época previa a la composición del Rig-veda) y

en Europa, durante la Edad Oscura griega.En otras regiones europeas, el inicio de la Edad de Hierro fue muy posterior; no se desarrolló en Europa central hasta el siglo VIII a. C., y hasta el siglo VI a. C. en el norte de Europa. En África el primer exponente conocido del uso del hierro mediante fundición y forja se da en la cultura Nok, en la actual Nigeria, hacia el siglo XI a. C.​​

La Edad del Hierro también acabó en periodos distintos dependiendo de la región:

en la zona del mar Mediterráneo, con el inicio de la tradición histórica durante el periodo helenístico y el Imperio romano

en la India, con la llegada del budismo y el jainismo (siglo VII a. C)

en China, con el inicio del confucianismo

en el norte de Europa se mantuvo hasta la Alta Edad Media.Se considera comúnmente que la Edad del Hierro en Europa finaliza con la aparición de la escritura

La Edad de Hierro se dio aproximadamente cuando su producción se constituyó en la forma más sofisticada de la metalurgia. Si bien requiere una alta temperatura de fusión, su dureza y la abundancia de fuentes de mineral de hierro lo convirtieron en un material mucho más deseable y fácil de obtener que el bronce, lo que contribuyó de forma decisiva a su adopción como el metal más usado.

Nunca hubo una Edad de Hierro propiamente dicha en América y Australasia, ya que en estas regiones las tecnologías para trabajarlo fueron introducidas por la colonización europea.

Espada

La espada es un arma blanca de dos filos que consiste básicamente en una hoja recta cortante, punzante —o con ambas características—, con empuñadura, y de cierta envergadura o marca (marca: aproximadamente a partir de medio metro). Según la definición estricta no serían espadas los sables, las katanas (sable japonés), etc.

Tienen su hoja metálica afilada en uno o los dos filos si es de tajo, o sin filos y con puntas agudas y duras si es de punzar, o con ambas características. La empuñadura se hacía de muchos y diversos materiales, sobre todo si eran espadas para "ceñir" o de "parada" aristocráticas, pero se solía emplear la madera o cuerno recubiertos —o no— de cuero o cordelería.

Siendo su aparición muy temprana (IV milenio a. C.), su hoja se hizo inicialmente de cobre (muy débil), posteriormente de bronce, hierro y finalmente acero templado. La factura y el manejo de la espada permanecen constantes a lo largo de los siglos, pero las técnicas varían entre culturas y periodos como resultado de las diferencias en el diseño y propósito de la hoja. Los nombres dados a muchas espadas en la mitología, literatura e historia reflejan el alto prestigio del arma (ver listado de espadas).

Según la ley de seguridad nacional europea, poseer una arma blanca (espadas) sin licencia de ella puede costar una multa de 3000€ dependiendo del afiler y la longitud de la espada y también de 2 a 7 años de prisión. Curiosamente ya no se puede conseguir esa específica licencia pero la ley aún se mantiene.

Jabalina

Una jabalina es una lanza diseñada para ser arrojada. Fue utilizada por los cazadores prehistóricos y por los guerreros en combate. En muchas sepulturas de guerreros celtíberos se han hallado jabalinas de hierro y en el tapiz de Bayeux se representa una batalla con jabalinas lanzadas al aire contra el ejército enemigo. Para darles mayor fuerza de impulso y recobrarlas después de haberlas arrojado, se ataban algunas en el medio con una correa al soldado, que se conoce con el nombre de amiento, del latín amentum.

En la actualidad se utiliza en competencias atléticas.

Antiguos tipos de jabalina:

Arpón: jabalina prehistórica cuya punta se separaba del asta cuando impactaba en la presa. Actualmente el término se refiere a un asta de hierro con punta dentada, usado para capturar grandes peces y ballenas.

Chuzo: lanza corta de fuerte moharra que se disparaba con el brazo.

Dardo: lanza más ligera que un venablo que desde la Edad del Bronce se empleaba como jabalina.

Frámea: jabalina cuya longitud no sobrepasaba la estatura de un hombre.

Pilum: lanza usada por los antiguos soldados romanos, cuya punta de hierro se separaba al impactar al enemigo y se le incrustaba parcialmente en el cuerpo.

Venablo: lanza corta; era el distintivo de alférez español, en el siglo XVI.

Megalitismo

El término megalitismo procede de las palabras griegas mega (μεγας) grande y lithos (λιθος), piedra. Aunque en sentido literal podemos encontrar construcciones megalíticas en todo el mundo, desde el Japón a los gigantes de la Isla de Pascua, en sentido estricto muchos autores únicamente denominan megalitismo al fenómeno cultural cuyo foco se localiza en el Mediterráneo occidental y la Europa atlántica, que se inicia a partir de finales del Neolítico y dura hasta la Edad del Bronce y que está caracterizado por la realización de diversas construcciones arquitectónicas hechas con grandes bloques de piedra escasamente desbastados y denominados megalitos. Así, según estos investigadores, cuando hablamos de megalitismo no deberíamos incluir las construcciones ciclópeas correspondientes a otras dinámicas culturales como las del Bronce egeo, las baleáricas o las sardas, ni mucho menos las de Egipto o Polinesia.​

Grandes monumentos megalíticos se hallan diseminados por buena parte de Europa occidental, pero los focos más importantes se encuentran en Bretaña, sur de Inglaterra e Irlanda, y sur de España y Portugal.

Este fenómeno se identifica esencialmente con la construcción de tumbas monumentales del tipo dolmen (en bretón mesa de piedra), en cuyo interior se fueron enterrando sucesivamente a los fallecidos de un grupo humano, apartándose cuidadosamente los huesos de los anteriores difuntos (enterramientos colectivos). Los dólmenes pueden ser simples o de corredor, en galería, o cistas, y la mayoría estuvieron inicialmente cubiertos por un túmulo de tierra o piedras, que actualmente suele haber desaparecido en su mayor parte. Además de los dólmenes, dentro del contexto megalítico podemos encontrar otra tipología constructiva no funeraria denominada menhir, monolito hincado en el suelo que puede aparecer aislado o formando alineaciones (en Carnac) o círculos (henges, como en Stonehenge). También abundan los crómlech, círculos de piedras más o menos grandes que rodeaban el túmulo de un dolmen, los tholoi, los falsos dólmenes y las cuevas artificiales.

Mileto

Mileto (en cario: Anactoria; en hitita: Milawata, en licio: Millawanda; en griego antiguo: Μίλητος Mílētos; en turco: Milet) fue una antigua ciudad griega de la costa occidental de Anatolia (en la actual provincia de Aydın en Turquía), cerca de la desembocadura del río Menderes en la antigua Caria. Sus ruinas están situadas cerca del moderno pueblo de Balat.

Antes de la invasión persa a mediados del siglo VI a.C., Mileto era considerada la más grande y rica de las ciudades griegas.​​

La evidencia del primer asentamiento en el lugar se ha hecho inaccesible, debido al aumento del nivel del mar y la deposición de sedimentos del río Menderes. La primera evidencia disponible es del Neolítico.

A principios y mediados de la Edad del Bronce, quedó bajo la influencia minoica. La leyenda cuenta que se produjo una gran afluencia de la actual ciudad de Mílatos en Creta, mencionada por Homero en el Catálogo de las naves de la Ilíada, lo que llevó a un desplazamiento de los indígenas léleges.

A finales de la Edad del Bronce, en el siglo XIII a.C., llegaron los hablantes de la lengua luvita procedentes de la zona centro-sur de Anatolia, que se hacían llamar los carios. Más tarde en ese siglo llegaron otros griegos. La ciudad en ese momento se rebeló contra el Imperio Hatti. Después de la caída de ese imperio la ciudad fue destruida en el siglo XII a.C. y a partir del año 1000 a.C. fue reasentada extensamente por los griegos jónicos. La leyenda propone un acontecimiento de creación jónica bajo el auspicio de su creador, Neleo del Peloponeso.

La Edad Oscura griega fue una época de asentamiento jónico y consolidación en una alianza llamada la Liga Jónica. La época arcaica de Grecia comenzó con un repentino y brillante destello de arte y filosofía en la costa de Anatolia. En el siglo VI a.C., Mileto fue el lugar de origen de la tradición filosófica (y científica) griega, cuando Tales, seguido por Anaximandro y Anaxímenes (conocidos colectivamente por los eruditos modernos, como la Escuela de Mileto) comenzaron a especular sobre la constitución material del mundo, y a proponer explicaciones naturalistas especulativas (en oposición a las tradicionales y sobrenaturales) para diversos fenómenos naturales.

Mileto es el lugar de nacimiento de Isidoro, el arquitecto de Santa Sofía (e inventor del arbotante) y Tales, un filósofo griego pre-socrático (y uno de los Siete Sabios de Grecia) en el año 624 a.C.

Politeísmo

El politeísmo es una concepción religiosa o filosófica basado en la existencia de varios seres divinos o dioses. En la mayoría de las religiones que aceptan el politeísmo, los diferentes dioses y diosas son representaciones de fuerzas de la naturaleza o principios ancestrales, y pueden verse como autónomas o como aspectos o emanaciones de una deidad creadora o principio absoluto trascendental ( teologías monistas), que se manifiesta de manera inmanente en la naturaleza ( teologías panteístas y panenteístas)​. Muchas deidades politeístas, a excepción de las deidades egipcias​ o hindúes, son concebidas en un plano corpóreo más que etéreo.

El politeísmo es un tipo de teísmo. Dentro del teísmo, contrasta con el monoteísmo, la creencia en un Dios singular, en la mayoría de los casos trascendente. Los politeístas no siempre adoran a todos los dioses por igual, ya que pueden ser henoteístas, que se especializan en la adoración de una deidad en particular. Otros politeístas pueden ser katenoteístas, adorando a diferentes deidades en diferentes momentos.

A decir de David Hume, el politeísmo «fue la primera religión de los seres humanos»​. En verdad fue una forma típica de religión durante la Edad del Bronce y la Edad del Hierro hasta la Era Axial​ y el desarrollo de las religiones abrahámicas, la última de las cuales propugnaba el monoteísmo. Está bien documentado en las religiones históricas de la antigüedad clásica, especialmente la antigua religión griega y la antigua religión romana, y después de la decadencia del politeísmo grecorromano en religiones tribales como el paganismo germánico, eslavo y báltico.

Otros ejemplos históricos son las antiguas religiones egipcia, griega, romana, celta o nórdica, en la zona europea y norteafricana, como tampoco hay que olvidar las religiones amerindias como inca, maya o azteca, por mencionar algunas precolombinas.

Pero no debe considerarse tanto una creencia del pasado sino de total presente y actualidad: las religiones politeístas más importantes existentes hoy en día son la religión tradicional china, el hinduismo, el sintoísmo japonés, la santería y varias religiones neopaganas.

Tebas (Grecia)

Tebas (Θῆβαι -orig.: Θήβη/Thèbai; dórico: Θήβα-/Thìva) es una ciudad de Grecia, situada al norte de la cordillera de Citerón, que separa Beocia de Ática, y en el borde sur de la planicie de Beocia. Está situada a 48 km al noroeste de Atenas. En tiempos antiguos fue la ciudad más grande de esa región.​ Jugó un papel importante en la mitología griega, como lugar de las historias de Cadmo, Edipo, Dioniso y otros personajes míticos.

El emplazamiento de la antigua ciudadela, Cadmea, se encuentra ocupado por la actual ciudad de Thíva (Θήβα) que fue reconstruida después del terremoto de 1894. En 2011, el municipio de Tebas tenía una población de 36 477 habitantes y la ciudad tenía 22 883.​ El gentilicio correspondiente es tebano.

Las vías principales conducían a Platea, Leuctra, Tanagra, Calcis, Tespias y Acrefias.

Tumba de cámara

Una tumba de cámara es una tumba utilizada en diferentes culturas construida en piedra o, a veces, en madera. La cámara funeraria de este tipo de tumbas servía como lugar para el almacenamiento de los muertos de un grupo familiar o social y se utilizaron a menudo para enterramientos múltiples durante largos períodos. En el caso de enterramientos individuales, significaba que el muerto tenía un mayor estatus que el que se encontraba en una tumba más simple.

Existen numerosas formas, dependiendo del período de su construcción y de la localización geográfica. La mayoría fueron construidas a base de grandes piedras o megalitos y cubiertas por piedras apiladas que las señalizaban (cairns), o con la misma tierra, túmulos. Pero también se aplica a las tumbas excavadas directamente en la roca o a tumbas con cámaras en madera cubiertas por gran cantidad de tierra, por ejemplo kurgánes.

Se dan sobre todo en las civilizaciones que creían en la vida después de la muerte, por lo que una característica común a esta clase de enterramientos son los ajuares funerarios.

Durante el Neolítico y la Edad del Bronce en Europa, las tumbas construidas en piedra son conocidas genéricamente como tumbas megalíticas.

Ya en el Antiguo Egipto, en la cultura de Naqada, a partir de 3500 a. C., los muertos no sólo son enterrados en el suelo sino que también ya se producen enterramientos en cámara.

Un tipo importante de tumbas de cámara son las tumbas de tolos micénicas que se desarrollaron c. 1500 a. C. y 1220 a. C.. Se construyeron para personajes importantes, como los reyes, y se diferenciaban de otras en que estaban excavadas en la roca. Se accedía a través de un corredor o dromos y tenía la cámara en falsa bóveda. La mayor de todas es el llamado Tesoro de Atreo, que tenía una altura de 14 m.

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