Edad de los Metales

La Edad de los Metales es una de las dos grandes etapas tecnológicas en las que tradicionalmente se ha subdividido la Prehistoria euroasiática. Por definición, es el período que siguió a la Edad de Piedra y durante el cual el ser humano empezó a fabricar objetos de metal[1]​ fundido. La existencia de procesos metalúrgicos es indispensable para establecer la adscripción de una cultura arqueológica a esta etapa, ya que los metales nativos eran trabajados por martilleado desde las fases iniciales del Neolítico.[2]​ Siguiendo este criterio, la Edad de los Metales comenzaría con las primeras evidencias de fundición del cobre, que son del VI milenio a. C. (en Anatolia y los montes Zagros) y acabaría con la progresiva entrada en la Historia de cada región (en Europa esto se produjo durante el I milenio a. C.). En Mesopotamia y Egipto coincide ya con el desarrollo de la escritura y por tanto la metalurgia allí es plenamente histórica.[3][4]

Or de Varna - Nécropole
Sepultura 43 de la Necrópolis de Varna, el primer oro trabajado del mundo.[5]

Los primeros indicios de metalurgia en Europa proceden del área de los Balcanes, a mediados del V milenio a. C. y son de origen autóctono. Para el resto del continente las evidencias aparecen durante la segunda mitad del IV milenio a. C., aunque su generalización y el consecuente abandono de la piedra como elemento básico para la fabricación de artefactos solo se materializó con la llegada del hierro. Debido a la escasez de materia prima, en el Egipto faraónico esta sustitución nunca se llegó a producir.[2]

Dado que no existen rupturas en el desarrollo de las tecnología metalúrgicas entre la prehistoria, la protohistoria y la historia, en este artículo se incluyen procesos que se dieron en periodos claramente históricos.

Europa, Oriente Medio y Asia

Esta etapa en Eurasia se ha subdividido tradicionalmente en Edad del Cobre o Calcolítico, Edad del Bronce y Edad del Hierro. De manera simplificada, el Calcolítico coincide en la mayor parte de Europa con la segunda mitad del IV milenio a. C. y casi todo el III milenio; el Bronce correspondería al II milenio a. C.; y el Hierro con el I milenio a. C., época en la que el continente entró en la Historia.[6]

El cobre

El cobre, junto con el oro y la plata, es de los primeros metales utilizados en la Prehistoria,[7]​ tal vez porque, a veces, aparece en forma de pepitas de metal nativo. El objeto de cobre más antiguo conocido hasta el momento es un colgante oval procedente de Shanidar (Irán), que ha sido datado en niveles correspondientes al 9500 a. C., o sea, a principio del Neolítico[8]​ Sin embargo, esta pieza es un caso aislado, ya que no es hasta 3000 años más tarde cuando las piezas de cobre martilleado en frío comienzan a ser habituales. En efecto, a partir del año 6500 a. C., en varios yacimientos se han encontrado piezas ornamentales y alfileres de cobre manufacturado a partir del martilleado en frío del metal nativo, tanto en los Montes Zagros (Ali Kosh en Irán), como en la meseta de Anatolia (Çatal Hüyük, Çayönü o Hacilar, en Turquía).

Varios siglos después se descubrió que el cobre podía ser extraído de diversos minerales (malaquita, calcopirita, etc.), por medio de la fundición en hornos especiales, en los que se insuflaba oxígeno (soplando por largos tubos o con fuelles) para superar los 1000 °C de temperatura. El objeto de cobre fundido más antiguo que se conoce procede de los Montes Zagros, concretamente de Tal-i-Blis (Irán), y se data en el 4100 a. C., junto a él se hallaron hornos de fundición, crisoles e incluso moldes.

Egyptian metal workers
Fundición de cobre en murales funerarios egipcios.

La técnica de fundición del cobre es relativamente sencilla, siempre que los minerales utilizados sean carbonatos de cobre extraídos de algún yacimiento metalífero; la clave está en que el horno alcance la temperatura adecuada, lo cual se conseguía inyectando aire soplando o con fuelles a través de largas toberas. Este sistema se denomina «reducción del metal». Se mezclaba el mineral triturado, por ejemplo, malaquita (carbonato de cobre), con carbón de leña. Con el calor las impurezas van liberándose en forma de monóxido y dióxido de carbono, reduciendo el mineral a un cobre relativamente puro; al alcanzar los 1000 °C, el metal se licúa depositándose en la zona inferior del horno. Un orificio en el fondo del horno permite que el líquido candente fluya hacia el exterior, donde se recoge en moldes; parte de la escoria queda en el horno y las impurezas del mineral flotan en el metal fundido, por lo que es fácil eliminarlas con un utensilio llamado escariador.

Como el cobre podía volver a fundirse muchas veces, este solía convertirse en lingotes, a veces con una forma peculiar (como los del Mediterráneo oriental, que recuerdan al pellejo de un animal), para luego fabricar diversos objetos por fusión y colado en moldes. El cobre es muy maleable y dúctil, podía martillarse en frío o en caliente, con lo que se duplicaba su consistencia y dureza. En cualquier caso, resultaba imposible eliminar todas la impurezas del cobre, pero, mientras que algunas eran perjudiciales, como el bismuto, que lo hace quebradizo, otras eran beneficiosas, como el arsénico, que reduce la formación de burbujas en su fundición, pues impide la absorción de gases a través de los poros del molde, asegurando un producto de mejor calidad. El cobre con alto contenido natural en plomo es más blando, lo cual puede ser una ventaja para fabricar recipientes por medio del martilleo de una plancha en forma de disco, curvándola en forma cóncava, para elaborar calderos o cuencos; incluso podía ser repujado. Algunos metalurgistas consideran que estos cobres con impurezas beneficiosas son, en realidad, «bronces naturales».

Native copper

Pepita de cobre nativo.

Minoan copper ingot from Zakros, Crete

Lingote de cobre del Egeo.

Puñal de cobre

Puñalito de cobre.

Daga de cobre.

La técnica del cobre no tardó en difundirse por todo el Próximo Oriente, coincidiendo con el nacimiento de las primeras civilizaciones históricas de la zona, principalmente Sumeria y el Antiguo Egipto; pero muchos estudiosos consideran que pudo inventarse en fechas muy parecidas en otras partes del Viejo Mundo. Concretamente en Europa hay un avanzado núcleo calcolítico en los Balcanes que incluye ocasionalmente objetos de cobre fundido entre sus hallazgos del IV milenio a. C. (cultura Gulmenita) y todo parece apuntar hacia una invención local. Durante el siguiente milenio y también con carácter autóctono, se detectan procesos metalúrgicos en poblados fortificados del sur de la península Ibérica, como Los Millares o Vila Nova de Sao Pedro.[9][10]​ Estos primeros metales se difundieron por la Europa central y mediterránea durante el III milenio a. C., asociados al vaso campaniforme y a la cerámica cordada.

En Asia central u oriental no puede hablarse de una Edad del Cobre con entidad suficiente, dada su corta duración, ya que el desarrollo de la metalurgia en lugares como la India o China comenzó realmente con el bronce.

El bronce

El bronce es el resultado de la aleación de cobre y estaño en una proporción variable (en la actualidad se le añaden otros metales como el zinc o el plomo, creando los llamados bronces complejos). La cantidad de estaño podía variar desde un 3% en los llamados «bronces blandos», hasta un 25% en los llamados «bronces campaniles» (a mayor cantidad de estaño, más tenacidad, pero también menos maleabilidad): en la Prehistoria la cantidad media suele rondar el 10% de estaño. Se supone que fueron los egipcios los primeros en añadir estaño al cobre, al observar que este le daba mejores cualidades, como la dureza, un punto más bajo de fusión y la perdurabilidad (ya que el estaño no se oxida fácilmente con el aire y es resistente a la corrosión). Además el bronce es reciclable, pudiéndose fundir varias veces para obtener nuevos objetos de otros ya desechados. La técnica de trabajo del bronce es virtualmente idéntica a la del cobre, por lo que no vamos a incidir en ello (la única dificultad reside en exceder la temperatura adecuada, lo que podría provocar que el mineral se echase a perder por oxidación). A título de comparación se pueden confrontar el cobre puro, el cobre arsenical y el bronce (con un 10% de estaño) en la tabla de correspondencia que muestra la dureza relativa de los metales:

El empleo del bronce se inició en Mesopotamia.[12]​ Coincidiendo con la transición del III milenio a. C. al II en el Próximo Oriente se implantó la aleación de bronce y se establecieron las bases de las primeras sociedades estatales complejas, que comenzaron a generar una gran demanda de estaño.[4]​ Los metalúrgicos de estas áreas, para satisfacer esta y la de otros metales preciosos, debieron de convertirse también en exploradores (a la búsqueda de minas) y comerciantes (que ofrecían sus productos a cambio de las preciadas materias primas).[12]​ Los sumerios (y sus sucesores), por ejemplo, carecían por completo de minerales metálicos y se sospecha que los importaban de los montes Zagros (donde se había desarrollado el imperio Elamita, con capital en Susa) y del Cáucaso (donde abundan la malaquita y la casiterita).

Vase Entemena Louvre AO2674

Vaso de plata y bronce procedente de la región de Lagash III milenio a. C..

Bull head Telloh Louvre AO2676

Cabeza de toro en cobre, con los ojos de nácar y lapislázuli III milenio a. C..

Punta de jabalina de bronce grabado. Misma procedencia que las piezas anteriores.

Worshipper Larsa Louvre AO15704

Estatuilla de orante en bronce y oro procedente de Larsa
II milenio a. C..

Los antiguos egipcios obtenían la mayor parte del cobre de las minas de Timna, en Aravá, junto al desierto del Néguev, aunque sus relaciones comerciales se extendieron por algunas regiones africanas y por todo el Egeo, penetrando en Europa (piezas de procedencia egipcia aparecen por todo este continente evidenciando algún tipo de intercambio).

Los habitantes de Siria, Palestina, Anatolia y el Egeo dirigieron sus expediciones hacia Europa, remontando el Danubio en busca del estaño de Bohemia y Hungría; o bordeando el Mediterráneo hasta el sur de la península Ibérica, donde obtuvieron el cobre argárico. Es posible que siguieran por el Atlántico hasta alcanzar las islas Británicas, en busca del cobre y el estaño de Cornualles y el oro de Irlanda. Así, en el segundo milenio antes de nuestra era, casi toda Europa entró en la Edad del Bronce. El bronce europeo se caracteriza, en un principio, por una gran variedad de culturas, algunas de las cuales comparten denominadores comunes, como la construcción de túmulos funerarios. Sería muy tedioso citarlas todas, pero cabría destacar, en Europa central, los complejos tecnológicos de Unetice, de los Túmulos y de los Campos de Urnas, que, a pesar de sus evidentes diferencias, parecen compartir cierta continuidad cultural. También habría que mencionar la ibérica de El Argar y todas aquellas que se desarrollaron en la cornisa atlántica, cuya idiosincrasia pervivió hasta épocas históricas.

Lunule
Lúnula pectoral de oro (Irlanda).
Sword bronze age (2nd version)
Hoja de espada corta de bronce (Francia).
El Argar (craneo con diadema)
Cráneo con diadema de plata argárica (España).

Por lo que respecta a Asia central, se ignora si la metalurgia del bronce fue inventada allí independientemente o fue una importación desde Mesopotamia. En Pakistán, la Edad del Bronce se inició con la cultura del valle del Indo (desde mediados de III milenio hasta mediados del II milenio a. C.), que carecía por completo de fuentes de abastecimiento mineral. De hecho, se sospecha —por la escasez de objetos de bronce y cobre hallados en yacimientos como Harappa o Mohenjo-Daro, y por el retraso en las fechas respecto a otros pueblos del oeste— que —a pesar de su alto grado de desarrollo— dependían de sus contactos con los elamitas del oeste y, a través de ellos, con los mesopotámicos. Así parecen demostrarlo algunos objetos procedentes del Indo encontrados en la región de Diyala, en el valle del Tigris, y varias tablillas escritas de Larsa (datadas en el 1950 a. C.[13]​). No es seguro, pero parece ser que de ellos tomaron técnicas tan desarrolladas como la utilización de moldes bivalvos, los remaches y las soldaduras para fabricar piezas complejas e incluso el moldeo a la cera perdida, antes del 2000 a. C.

Gefujia Yan Steamer
Caldero trípode ceremonial de bronce chino, del tipo «Li-ting».

El proceso peor conocido es el de China: se sabe que desde fines del IV milenio a. C. fundían cobre arsenical, aunque las piezas eran extremadamente raras (de hecho, no se considera una Edad del Cobre en China, sino que se pasaría directamente del Neolítico al Bronce). Aunque la metalurgia llegó con varios milenios de retraso al extremo Oriente se sospecha que pudo ser inventada independientemente de la del Próximo Oriente, por la originalidad de las técnicas, a veces muy diferentes a las de los pueblos del oeste. La primera cultura de la Edad del Bronce es la que se denomina Erlitou, del II milenio a. C., relacionada con la mítica dinastía Xia (si bien, esto es muy discutible): las antiguas leyendas chinas relatan que el primer rey de esta legendaria dinastía, Yu el Grande (III milenio a. C.), fue un gran fundidor de calderos trípodes ceremoniales de bronce, y agradaban tanto a los dioses que le otorgaron la victoria sobre sus enemigos. Fuere o no cierto, aunque Erlitou sea una cultura sin escritura, supone la transición a Historia de este país y, entre sus creaciones, ya aparecen los prototipos de vasijas ceremoniales de bronce utilizados durante toda la antigüedad por los chinos (sobre todo los calderos circulares de tres patas o cuadrados de cuatro patas llamados li-ting que servían para la carne y una innumerable variedad de vasijas para bebidas, por ejemplo las grandes copas llamadas ku o los calderos yeou...).[14]

A Erlitou le sucede la época Shang (1600 a. C. - 1046 a. C.) durante la cual, en un proceso asombroso, los chinos se pusieron a la altura de cualquier otra región en la metalurgia del bronce.[15]​ Las excavaciones de una de las capitales del reino, la ciudad de Anyang, han puesto al descubierto dos grandes talleres de fundición con hornos capaces de alcanzar temperaturas muy superiores a las necesarias, pero también con sistemas para controlar la intensidad del calor. Así elaboraron vasijas rituales, hachas, puñales, cascos, armas y armaduras de gran maestría. Muchas de estas piezas estaban destinadas a las tumbas reales de sus alrededores, ya que estas han deparado numerosos objetos ceremoniales de bronce de depurada factura. Los calderos li-ting y las vasijas de bebida con formas zoomorfas son las obras metalúrgicas más originales de la antigüedad china, alcanzando su apogeo al final de la época Shang, desde el 1300 a. C. Sus sucesores los Zhou continuaron la tradición de los vasos rituales que, durante mucho tiempo, se pensó que estaban fabricados por medio de la «cera perdida». Sin embargo, recientes investigaciones han demostrado que los chinos desconocían esa técnica, y que para sus obras maestras utilizaban complicados moldes de arcilla formados por varias partes tan bien ensambladas que no dejaban marcas en las junturas (algunos de más de diez piezas). No hay dos obras iguales porque los moldes se rompían para extraer los bronces.[16]

Gu wine vessel from the Shang Dynasty (2nd version)
Copa de bronce del tipo llamado «Ku».
AltechinesischeMuenzen
Monedas de bronce de épocas Zhou y Xin con forma de azada.
Zhou ritual food vessel p1070295
Caldero trípode tipo «Li-ting» de la época Zhou.
Brozen Sword
Espada recta de doble filo o «jian», época Zhou (siglo IX).

Sin embargo, según parece, los objetos de bronce chinos estaban reservados a las élites, pues se han encontrado muy pocas herramientas y muchísimas armas y objetos de culto. Esta situación perduró hasta la generalización del hierro.

El hierro

Gibeon
Hierro meteórico o sideral.

El hierro es el cuarto elemento más abundante en la corteza terrestre,[17]​ sin embargo, su utilización práctica comenzó 7000 años más tarde que el cobre y 2500 años después del bronce. Este retraso no se debe al desconocimiento de este metal, puesto que los antiguos conocían el hierro y lo consideraban más valioso que cualquier otra joya, pero se trataba de «hierro meteórico», es decir, procedente de meteoritos. El hierro meteórico era conocido tanto en Eurasia como en América (descrito más adelante).

Aunque durante milenios no hubo tecnología para trabajar minerales ferrosos, en el III milenio a. C. parece que algunos lo consiguieron: en las ruinas arqueológicas de Alaça Hüyük (Anatolia) aparecieron varias piezas de hierro artificial, entre ellas un alfiler, una especie de cuchilla y una espléndida daga con la empuñadura de oro. En el segundo milenio destacan un hacha de combate descubierta en Ugarit y, de nuevo, una daga con la hoja de hierro y una exquisita empuñadura de oro, que formaba parte del ajuar funerario de la tumba de Tutankamón. Las materias primas de estos primeros herreros debieron ser minerales como el hematites, limonita o magnetita, casi todos óxidos de hierro que ya eran utilizados para otros fines en la Prehistoria, por ejemplo para ayudar a eliminar impurezas de la fundición del cobre o como colorantes. De hecho se sospecha que en los hornos de fundición de cobre y bronce pudieron generarse pequeños residuos de hierro casi puro, a partir de los cuales comenzaría el conocimiento de la verdadera siderurgia. Hay antiguos hallazgos de hierro fundido por el hombre desde Siria a Azerbaiyán. Pero ninguno revela cómo fueron obtenidos ni las técnicas usadas. No se conservan ruinas de talleres, ni herrerías, por lo que se ignora de dónde proceden estos objetos, o dónde «se inventaron».

Gallen Kallela The Forging of the Sampo
Recreación pictórica de una antigua fragua de hierro.

Por textos escritos en tablillas cuneiformes se sabe que los Hititas fueron los primeros en controlar e, incluso, monopolizar los productos de hierro fabricados a mediados del 2º milenio. Enviaban sus objetos a los egipcios, sirios, asirios, fenicios... Pero su producción nunca fue abundante. De hecho, muchos de los envíos eran regalos con finalidad diplomática, pues el hierro era diez veces más valioso que el oro y cuarenta veces más costoso que la plata.[18]​ Cuando el Imperio Hitita fue destruido por los Pueblos del mar, hacia el 1200 a. C., los herreros se dispersaron por Oriente Medio, difundiendo su tecnología: de este modo comienza la Edad del Hierro en el Próximo Oriente.

Fabricar hierro seguía un procedimiento muy distinto al del cobre y el bronce (para empezar el metal no se licuaba), primero porque había que conseguir hornos con gran capacidad calórica: el mineral machacado debía estar totalmente rodeado de carbón de leña (que se consumía en enormes cantidades) y numerosos fuelles que, a través de toberas, insuflaban oxígeno continuamente. El mineral debía ser precalentado en un horno y por medio de golpes se eliminaban algunas impurezas; luego se llevaba al estado incandescente, en un segundo horno, hasta obtener una masa denominada hierro esponjoso, altamente impuro, por lo que volvía a ser golpeado en caliente para refinarlo. Después de un largo y repetitivo proceso de martilleo y calentamiento, evitando que el hierro se enfriase, se obtenía una barra forjada, bastante pura, resistente y maleable. Para las armas y ciertas herramientas, el hierro se templaba enfriándolo bruscamente en agua, lo que provocaba cambios de la estructura molecular y una mejor absorción de carbono. Los testimonios más antiguos del proceso de templado del hierro candente se han hallado en Chipre y datan de 1100 a. C.[19]​ Evidentemente, las instalaciones y herramientas de los herreros eran muy diferentes a las de los broncistas. El bronce siguió siendo un metal esencial para las antiguas culturas, sirviendo en campos diferentes en los que no se podía o no se sabía aplicar la tecnología del hierro.

FeldschmiedeFeuer
Recreación de una antigua forja.

El hierro es más abundante que el cobre y, por supuesto, que el estaño y, una vez dominada la técnica, más barato que el bronce. Cuando los hititas desaparecieron y sus artesanos se dispersaron, la producción de este metal aumentó considerablemente en todo el Próximo Oriente y los centros siderúrgicos se extendieron hasta el Egeo, Egipto e incluso Italia por el oeste; hacia Siria y Mesopotamia por el sur, hacia Armenia y el Cáucaso por el norte, y hacia las grandes civilizaciones asiáticas por el este.

  • Europa: la Edad del Hierro europea comienza poco antes del año 800 a. C. y está protagonizada por pueblos, en su mayoría belicosos, que habitaban poblados fuertemente protegidos por murallas y otros sistemas defensivos. Aunque el hierro fue profusamente empleado para herramientas agrícolas y artesanales, aumentando la productividad y el nivel cultural del continente. Los artesanos de la edad del Hierro europea conocían el hierro carburado: las placas de metal se trabajaban al rojo vivo, pero sin licuar, calentándolas entre carbón de leña para que absorbiese el carbono desprendido en la combustión. También desarrollaron el laminado, alternando láminas superpuestas de hierro con más carbono, y que eran más duras, con otras que tenían menos, y eran más maleables, hasta formar un haz que era forjado a unos 200 ℃, cuando el metal adquiría un color amarillo claro. El calentamiento y martilleo continuo iba eliminando las impurezas y mejorando la calidad del metal hasta que acababa por crear una hoja compacta y muy resistente, al estar compuesto de láminas virtualmente soldadas, microscópicas y de cualidades físicas complementarias. Los europeos también supieron adornar ricamente sus joyas metálicas y sus armas, aprendiendo a engarzar empuñaduras de madera, hueso, marfil y, mejor aun, la técnica del nielado, incrustando barnices o finos hilos de plata formando complicadas filigranas.
Cogotas-II (empuñadura de espada)-Segunda Edad del Hierro
Empuñadura decorada, La Osera, Chamartín de la Sierra, Ávila, España
Torques ceti
Torques de bronce, Arguedas, Navarra, España
Espada de hierro laminado, Almedinilla, Córdoba , España
Cogotas II (Nielado) Edad del Hierro
Nielado de plata, Padilla de Duero, Valladolid, España
QtubIronPillar
Pilar de Hierro de Delhi.
  • India: la Edad del Hierro comienza en la India en la etapa neovédica (o «vedismo tardío»), a comienzos del primer milenio antes de nuestra era, fase en la que se completa la expansión aria por el subcontinente. A pesar de las convulsiones, resulta paradójico que la metalurgia del hierro se manifestase como un catalizador de la agricultura, que adquiere toda su relevancia a partir del año 800 a. C. gracias a la aparición de la reja de arado y el hacha de hierro, que permitió ganar a la selva nuevos campos de cultivo y la expansión del arroz y la caña de azúcar (citada en el Átharva-veda). La plenitud de la edad del Hierro coincide con los majayanapadas (dieciséis reinos en las que se consolida el sistema de castas, 700 a. C.-300 a. C.), periodo en el que es posible que inventasen la soldadura autógena por forja y una apreciadísima variante del acero llamada wootz de la India. El wootz es un acero muy rico en carbono y sin apenas impurezas ni oxidantes. Los indios comerciaban con lingotes de este material desde el siglo V a. C., ya que poseía cualidades portentosas, por lo que fue solicitadísimo en todo el Índico.[20]​ Además, existe en Delhi un testimonio asombroso de la habilidad metalúrgica de los indios: el «Pilar de Hierro», el único resto de un templo erigido durante el Imperio gupta, columna hecha de un hierro prácticamente puro, al 98% (casi podría decirse que es «hierro dulce»), que ha resistido el deterioro del tiempo gracias a una fina capa de óxido que la protege.
  • China:[21]​ La transición entre la edad del Bronce y la Edad del hierro es muy larga en China, en parte debido a la inigualable pericia de los broncistas chinos, y en parte debido a la situación social del país. Lo cierto es que los chinos conocían el hierro desde la dinastía Zhou. En 1949 se descubrieron varias espadas zhou del principios del I milenio a. C. en las que se habían utilizado láminas de hierro meteórico. Poco después comenzó a emplearse también hierro mineral. Sin embargo, los metalúrgicos chinos usaban el hierro para mezclarlo con el bronce por el sistema del laminado y la soldadura autógena por forja para fabricar espadas (a menudo llamadas «bimetálicas» por esa magistral combinación de bronce y hierro). Además, los herreros chinos descubrieron que una pátina de óxido de cromo protegía el metal de la corrosión.
Jian Dinastía Reinos Combatientes (horizontal)
Espada bimetálica Jian de la época de los Reinos Combatientes (siglo IV a. C.).
Las armas más apreciadas eran las espadas, que eran forjadas y laminadas con aleaciones más duras para el filo y más maleables para la vena central. Las espadas de hoja recta y doble filo eran llamadas jian (propias de la nobleza guerrera, pues eran muy caras y difíciles de manejar), y las de hoja curva y filo simple se denominaban dao (más baratas y versátiles, se popularizaron entre los guerreros menos pudientes). La efectividad de la aleación otorgó a las «espadas Jian» un enorme prestigio, en tanto que los «sables dao» eran muy populares, por lo que tardaron en ser desbancados por las armas de hierro.
A pesar de que los chinos tardaron en adaptarse a la mecánica de la fabricación del hierro, cuando la aceptaron lograron avances impensables. Por ejemplo, se ha podido constatar que en el siglo V a. C., no solo comienzan a ser habituales las armas de hierro (como la espada jian descubierta en Ch'ang Sha), sino que uno de los muchos estados que se inscribe en el periodo de las Primaveras y Otoños, llamado Wu (a orillas del Yangzi) descubrió la fundición del hierro: los artesanos de Wu construyeron hornos que superaban los 1350 °C (es decir, auténticos altos hornos), en los que el hierro se fundía hasta licuarse. No obstante, el producto obtenido, llamado arrabio, tenía tal cantidad de carbono (cerca del 5%, a veces, incluso más), que resultaba demasiado quebradizo para ser útil, por lo que después era necesario descarburizarlo, para ello era sometido a altas temperaturas en hornos abiertos que liberaban los gases en forma de óxidos de carbono: así se obtenía un hierro fundido maleable y funcional. A partir del siglo III a. C. la técnica se difundió hacia el norte de modo que en la etapa siguiente, la de los Reinos Combatientes, los objetos de hierro son comunes, y no solo se conocen minas datadas en esa fase, sino que en Hebei aparecieron numerosas tumbas de guerreros con armas de hierro, unas forjado y otras fundido, junto a piezas ornamentales de bronce (lo cierto es que el bronce siguió siendo preferido por la élite, especialmente para objetos ceremoniales como calderos o campanas rituales).
Yu You
Caldero ritual de bronce tipo yeou, para vino.
Puto-Xilin-bronze bell
Campana ritual de bronce de los Reinos del Sur.
Iron Cha
Cuchilla de hierro de la dinastía Qin (siglo III a. C.).
Scene de forge edo (2nd-version)
Escena de forja japonesa.
Las armas y herramientas de hierro se generalizan a gran escala en el Primer Imperio Han (202 a. C.9 d. C.), de hecho, el soberano se apropió del monopolio del hierro fundido, construyendo numerosos hornos en la provincia de Henan. Los avances siguieron, hasta se llegó a descubrir el pudelado, que los chinos llamaron chao (un sistema que permite refinar el arrabio en un horno especialmente diseñado, para que la oxidación elimine el exceso de carbono). Los chinos también aprendieron a mezclar hierro fundido con hierro forjado para obtener acero auténtico. De hecho, existía la leyenda de que Liu Bang, el primer emperador de la dinastía Han, poseía una espada de acero, de cualidades asombrosas, fabricada por este sistema.[22]
  • Japón:[23]​ Con la llegada de invasores coreanos y chinos, la cultura neolítica del Japón, llamada Jomon, desapareció dando lugar a la llamada cultura Yayoi. Esto ocurrió en torno al 300 a. C., y vino acompañado de numerosos adelantos traídos del continente, entre ellos los metales: el hierro llegó a Japón al mismo tiempo que el bronce. De hecho en Japón la fase Yayoi es también llamada «Edad del Bronce-Hierro». La creación más original de la metalurgia yayoi son las campanas rituales de bronce (llamadas «Dôkaku»), profusamente decoradas con motivos abstractos e incluso figurativos.

África

En África[24]​ no puede decirse que existieran ni el Calcolítico ni la Edad del Bronce en sentido estricto, a excepción de Egipto y, por influencia de este, la costa mediterránea, que pudo conocer el bronce en el II milenio a. C.. Se sospecha que la cultura ibérica de El Argar pudo haber influido en la llegada de la metalurgia del bronce a la cordillera del Atlas. Sin embargo, más allá del Sáhara estas influencias desaparecen. Así, el África negra conoció un desarrollo muy particular, accediendo a la metalurgia del hierro de manera autóctona hacia el 1800 a.C. en lo que actualmente es el desierto de Níger, según unos,[25]​ o hacia el 600 a.C., según otros, pero siempre sin pasar por las supuestas fases previas.[6]

Wall of Meroe Pyramid chapel Amanitenmomide Dez2005
Relieve funerario de Meroe, Kush.

Además de dominar periódicamente las regiones asiáticas de Canaán y el Sinaí, los faraones egipcios controlaban los territorios nubios, situados al sur de la primera catarata del Nilo (Elefantina). Este dominio tuvo especial relevancia al comenzar el primer milenio, ya que indujo el nacimiento de un estado independiente, el país de Kush. Este reino, gobernado por gentes de origen autóctono, fue desplazándose hacia el sur, a medida que la presión de las potencias mediterráneas aumentaba, así, pasó de tener la capital en Kerma (3ª catarata del Nilo), a Napata (4ª catarata), desde la que, durante un tiempo pudo dominar Egipto (dinastía XXV, siglos VIII y VII a. C.), brevemente, pues los asirios conquistaron el delta; por último la capital se trasladó a Meroe (entre la 5ª y la 6º catarata). A diferencia del Egipto farónico (que siempre careció de materias primas o combustible suficiente), Meroe gozó de una importante industria metalúrgica del hierro, desde antes del 500 a. C., pues poseía productivos yacimientos metalíferos al norte y abundante madera al sur, de hecho se conservan montañas de escorias de aquella época. Meroe sufrió un continuo aislamiento que le obligó a una economía casi autárquica, hasta que la ciudad fue destruida por los nuba en el 350 d. C.

Cartago, también se asocia a la expansión del hierro por el norte de África; y, aunque tenía relaciones comerciales que se adentraban hacia el corazón del continente, su interés nunca fue el dominio territorial, solo la adquisición de ciertas materias primas y esclavos. Tampoco los romanos, tras la conquista se propusieron adentrarse en el desierto, por lo que el resto de África se caracterizaría por un desarrollo cultural singular debido al aislamiento.

A lancer of Tigre colour
Guerrero abisinio.
Dominik illustration, 1911
Guerreros cameruneses.
Benin bronze Louvre A97-14-1
Bronce de Benín, S. XV.
Benin kingdom Louvre A97-4-1
Bronce de Benín, S. XVI.

El hierro apareció en el África subsahariana por primera vez en la civilización de Nok, entre el 600 a. C. y el 200 d. C., y, desde allí se difundió hacia el sur junto con la expansión bantú. Entonces no solo se desarrolló la metalurgia funcional del hierro, sino también la del bronce. La metalurgia supuso un importante avance productivo que favoreció el género de vida agrícola y el aumento de la población. Aunque en toda la mitad meridional de África convivieron agricultores, ganaderos y cazadores-recolectores. El aumento de población es el causante principal de la expansión bantú hacia el sur, lentamente, hasta que en el primer siglo de nuestra era todo el continente ya conocía los metales. El bronce no solo no se abandonó sino que, a menudo, se empleó con fines artísticos (como ocurre por ejemplo con los bronces de Benín).

América

En América, se desarrolló la metalurgia del oro, la plata, el cobre y el bronce; pero, en ningún caso, esta tecnología incidió decisivamente en las economías precolombinas. Las pepitas de cobre nativo se conocían desde antiguo en varias regiones de América, por ejemplo en la región de los Grandes Lagos, donde abundaban los yacimientos de cobre nativo, desde el 4000 a. C. los pueblos locales acostumbraban a golpearlas hasta darles forma de punta de flecha, aunque nunca llegaron a descubrir la fusión.

Las primeras pruebas encontradas hasta ahora de la metalurgia del cobre corresponden a los inicios del I milenio a. C., en los altiplanos boliviano y peruano. También se efectuaron aleaciones de este metal con plata y oro a partir del 500 a.C. en las actuales Colombia y Perú. Solo a partir de la fase Chimú se comenzó a usar el cobre arsenicado. El metal casi siempre sirvió para fabricar objetos rituales o de prestigio, siendo pocos los artefactos utilitarios encontrados.[8]

En los Andes, el punto de partida de este desarrollo tecnológico son las láminas de oro nativo asociadas a martillos y yunques de piedra pulimentada descubiertos en el departamento de Apurímac, concretamente en Huayhuaca, datados en el 1800 a. C. Sin embargo, la primera gran cultura metalúrgica del continente fue la de Chavín de Huantar, que, desde, al menos el 800 a. C. elaboraba objetos de oro en forma de placas martilleadas y repujadas. Incluso llegó a unir varias placas para formar estatuillas de chapa de oro.

Más tarde, en torno al siglo IV a. C. la cultura Moche incorporó la plata y el cobre ya refinado a partir de la malaquita y otros carbonatos cupríferos; la metalurgia se enriqueció notablemente con nuevas técnicas, como el repujado en caliente, la incrustación de gemas y, en especial el baño de plata y el baño de oro: el baño de plata consistía en sumergir un objeto de cobre en una solución de plata pulverizada y sales corrosivas, el cobre reaccionaba ionizándose y absorbiendo parte de la plata, posteriormente se calentaba el objeto para mejorar la adherencia y se bruñía para darle brillo. El baño de oro consistía en calentar un objeto de cobre con polvo de oro hasta su oxidación, esta implicaba la absorción del polvo de oro, pero después era necesario retirar la capa externa, oxidada, por medio de ácido, para que el oro saliese a la superficie, después se bruñía, también. Un excelente ejemplo de las capacidades metalúrgicas mochicas son las más de 400 joyas halladas en la tumba del Señor de Sipán. Hay noticias, asimismo, de que los mochicas usaban, a menudo, para utensilios prácticos, un cobre con un fuerte contenido en arsénico.

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Colgante Tairona de oro a la cera perdida. S. X-XV, Colombia.

No se conoce con seguridad cuándo y dónde apareció el bronce auténtico (aleación de cobre y estaño): unos investigadores creen que su uso se inició en los Andes centrales, en el valle del Lurín en torno al año 850, mientras que otros aseguran que en la cultura Tiahuanaco ya se usaba ampliamente. Se supone que se difundió rápidamente, de modo que antes del año 1000 ya se había desarrollado su tecnología en toda la cordillera, desde Chile hasta Colombia. Para la época Inca el uso del bronce ya se había generalizado.[8]

La llamada Zona Intermedia (entre Ecuador y Colombia) también tiene una antigua tradición en el trabajo de los metales, casi tanto como la de los Andes. De hecho, allí se ubican los mayores expertos en aleaciones metálicas de la América precolombina: los muiscas. Estos amerindios mezclaban plata, oro y cobre en diversas proporciones, pero la aleación más exitosa fue llamada tumbaga (de cobre y oro, que añadía resistencia a las joyas, sin perder su apariencia áurea: los muiscas, habitantes de Colombia y Ecuador son también los inventores del moldeo a la cera perdida, en el primer siglo de nuestra era.

Platero-Codice Mendoza (folio 70)
Fundidor avivando el fuego mientras retira impurezas con un escoriador
(Códice de Medoza)
.

De entre todas las culturas precolombinas de la Baja Mesoamérica,[26]​ destacan los mixtecos, cuyo origen es tan antiguo que se sospecha que ya existían en el período preclásico mesoamericano. Los mixtecos, además de conocedores de las técnicas antes citadas, fueron inventores de otras como la soldadura, la filigrana, el damasquinado, el chapado en oro..., en fin que su orfebrería era equiparable a la del Viejo Mundo.[27]​ Los mixtecos también eran expertos en la fundición de cobre y conocían el bronce. Numerosos códices ilustran las técnicas de fundición y reducción de estos metales.

Sin embargo, la metalurgia no alcanzó la importancia económica y social del Viejo Mundo; aunque se elaboraron hachas, azadas, mazas, lanzas y otros objetos de bronce, eran más bien raros y no mejoraron sensiblemente la productividad de la mayoría de la sociedad ni la efectividad bélica de sus ejércitos. Incluso las mazas de guerra, que se fabricaban tanto en piedra como en bronce eran, a menudo, de prestigio. Los cuchillos también solían ser ceremoniales. La tecnología usada para fabricar estas joyas solo estaba al alcance de las élites.

Los americanos conocieron otros metales; por ejemplo, el platino y el hierro.

  • El platino lo usaron mezclado con el oro: aunque nunca consiguieron una auténtica aleación de estos metales dado el alto punto de fusión del platino. El compuesto (oro blanco) se obtenía martilleando el oro con polvos de platino (a menudo en caliente), hasta conseguir una pasta uniforme a la que se podía dar la forma y ornamentación deseada (esta técnica sigue usándose a escala industrial con aleaciones que requieren elevadísimas temperaturas de fusión, como el tungsteno o el titanio y recibe el nombre de pulvimetalurgia).
  • El hierro solo era conocido a través de meteoritos y era utilizado en forma de esquirlas, como si fuesen lascas, por parte de los indígenas de América del Norte. Aunque el ejemplo más interesante es la explotación del meteorito mexicano llamado «Descubridora» (en Charcas, San Luis Potosí), que aún conserva un trozo de cincel precolombino de cobre clavado. Otro uso común del hierro precolombino es como colorante de cerámica, una vez pulverizado y añadido antes de la cocción.

La conquista española de América se explica en buena medida (aunque no única, ni siquiera principalmente) por la diferencia tecnológica que sitúa a la mayor parte de los pueblos precolombinos en estadios iniciales de la edad de los metales: pocos dominaban la metalurgia del bronce y ninguno la del hierro. A efectos materiales su utillaje se mantenía en la Edad de Piedra,[28]​ pero, como es sabido, desde el punto de vista cultural sociedades como la inca, maya o mexica habían desarrollado estructuras sociales y políticas muy complejas, tenían un carácter totalmente urbano y mantenían sistemas de registro (escritos o de otro tipo), por lo que no deberían ser estudiadas como prehistóricas.

Contextualizando la Edad de los Metales

Aunque la metalurgia haya sido ampliamente definida como un gran avance en el proceso civilizador del ser humano, lo cierto es que en sus primeros momentos, durante el Calcolítico, no fue más que una innovación tecnológica relativa. esta se inscribiría en un conjunto de procesos de cambio que se produjeron a partir del V milenio a. C. en el Mediterráneo oriental y que, todos juntos, provocaron la denominada emergencia de las primeras sociedades complejas. Entre ellos estarían, además de la metalurgia, la intensificación de la producción, nuevos modelos de ocupación del territorio, la especialización artesanal, el incremento de los intercambios y la estratificación social. [9]

Para Renfrew y Chapman la complejidad social fue el resultado del incremento y diversificación de la producción y los intercambios. Gracias a estos se generalizó el uso de la rueda y del carro por Europa central y occidental. La metalurgia del cobre se extendió a la par que el vaso campaniforme. Así, la uniformidad y extensión de los fenómenos campaniforme, cordado y globular suele ser interpretada como resultado del comercio a larga distancia.[29]​ Todos estos cambios provocaron el paso del modo de producción doméstico neolítico (autárquico) a una serie de economías integradas (interdependientes), dirigidas por jefes estables, que ejercían la coerción para apropiarse de los excedentes de las comunidades, que en el área mediterránea llegaron a alcanzar niveles considerados como proto-urbanos. A estas sociedades se les ha dado el calificativo de pre-estatales.[30][31]​ Asimismo, el carácter transformador de la metalurgia probablemente debió incidir en las mitologías calcolíticas generando divinidades demiúrgicas y la estratificación social se debió reflejar también en unos panteones más jerarquizados, regidos por deidades masculinas y guerreras, que desplazaron a las diosas madre neolíticas.[31]

La mayoría de los investigadores admite que la metalurgia pudo haber sido inventada en varios puntos del planeta diferentes y en periodos distintos. La necesidad de materias primas estimuló la exploración del mundo e incrementó el intercambio de mercancías e ideas entre gentes de lugares remotos.

Pero esto se produjo a partir de la implantación del bronce, cuando la presión comercial provocó una mayor complejidad y extensión de las redes de intercambio, que incluían el estaño atlántico, el ámbar báltico y la sal centroeuropea. La generalización de comunidades con estructuras altamente jerarquizadas es simultánea a la aparición de armas, elementos específicamente creados para la guerra. A la vez desaparecieron progresivamente el vaso campaniforme y el megalitismo, así como los usos funerarios correspondientes.[4]

Véase también

Referencias

  1. Real Academia Española (ed.). «Edad».
  2. a b Fullola, Josep Mª; Nadal, Jordi (2005). «Introducción a la prehistoria. La evolución de la cultura humana». Barcelona (primera edición) (Ed. UOC). p. 172. ISBN 84-9788-153-2.
  3. Heliodoro Núñez y Antonio Paniagua (2001). «La Edad de los Metales: cronología y periodos». Instituto de Tecnologías Educativas. Consultado el 19 de septiembre de 2010.
  4. a b c Fullola, Josep Mª; Nadal, Jordi. Introducción a la prehistoria. La evolución de la cultura humana. pp. 184-185.
  5. «La Caixa saca de un largo olvido al enigmático pueblo tracio». Terra. Archivado desde el original el 28 de junio de 2012. Consultado el 9 de mayo de 2010.
  6. a b Fullola, Josep Mª; Nadal, Jordi. Introducción a la prehistoria. La evolución de la cultura humana. p. 173.
  7. «Expresiones plásticas y manifestaciones culturales de las épocas prehistóricas e indígenas». RENa Ministerio del Poder Popular para Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias. 2008. Archivado desde el original el 23 de mayo de 2012. Consultado el 19 de septiembre de 2010.
  8. a b c Eiroa, Jorge Juan (1996). «La Prehistoria. La Edad de los Metales». Madrid (primera edición) (Ediciones Akal). p. 12. ISBN 84-7600-981-X.
  9. a b Delibes, Germán; Fernández-Miranda, Manuel (1993). «Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en el Viejo Mundo». Madrid (primera edición) (Editorial Síntesis). pp. 7-15. ISBN 84-7738-181-X.
  10. El cobre ibérico era rico en arsénico, por lo que fue muy apreciado en todo el Mediterráneo antiguo.
  11. No hemos puesto ejemplos de la dureza del hierro en la tabla porque, a diferencia del cobre o del bronce, es muy sensible a la corrosión, siendo virtualmente imposible hacer estudios adecuados, ya que la mayoría de los objetos prehistóricos de hierro están muy deteriorados; como mucho hay que conformarse con experimentos de arqueometalurgia o extrapolar datos de objetos más recientes. Por ejemplo, el hierro fundido, pero sin forjar (arrabio) es muy quebradizo y oscila entre 80 HB y 120 HB, está por tanto, por debajo del bronce. Sin embargo, un hierro bien forjado, con la cantidad adecuada de carbono, y bien laminado, puede alcanzar los 300 HB (de hecho las famosas espadas medievales de Damasco tenían una dureza que iba de los 250 HB a los 325 HB, según diferentes estudios). Los metales de hoy día tienen una dureza controlada: pueden obtenerse desde aceros ligeros de 120 HB, hasta los que suelen usarse para las herramientas profesionales, de 650 HB y los famosos cuchillos fabricados actualmente en Solingen (Alemania) superan los 450 HB. «Historical Background of Damascus blades» de Dr. John Verhoeven, metallurgist emeritus professor, Iowa State University
  12. a b Heliodoro Núñez y Antonio Paniagua (2001). «La aparición de la metalurgia y la minería». Instituto de Tecnologías Educativas. Consultado el 19 de septiembre de 2010.
  13. Montenegro, Ángel y Solana, José María (1986). «La formación política de la India y sus grandes movimientos religiosos». Gran Historia Universal. Ángel Montenegro, coord. (Volumen V: China e India. Antiguos imperios orientales). ISBN 84-7461-659-X. Páginas 222-223.
  14. Montenegro, Ángel y Solana, José María (1986). «La configuración de la sociedad argícola china». Gran Historia Universal. Ángel Montenegro, coord. (Volumen V: China e India. Antiguos imperios orientales). ISBN 84-7461-659-X. Página 165
  15. Cotterell Arthur (1984). «La China de los Shang». Historia de las Civilizaciones Antiguas. Volumen II: Europa, América, China, India. Editorial Crítica, Barcelona. ISBN 84-7423-252-X.
  16. Knauth, op. cit., 1975, páginas 114-117
  17. Jesús Peñas Cano (2001). «Hierro: Abundancia». EducaMadrid, Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. Consultado el 19 de septiembre de 2010.
  18. Hicks, Jim (1974). Los Hititas. Time-Life International, Brepols Fabrieken, N. V., Holanda. Páginas 93-94.; una tablilla de barro con una inscripción cuneiforme del siglo XIII a. C. dirigida por un soberano hitita a su homónimo asirio dice los siguiente:
    En cuanto al hierro de buena calidad acerca del cual me escribiste, no está disponible en mi casa de sellos de Kizzuwatna. El momento actual no es propicio para producir el hierro del que te he escrito; se producirá, pero todavía no han terminado con su trabajo; cuando lo terminen te lo remitiré; de momento te envío la hoja de un puñal, como obsequio para ti.

    Lo cierto es que los hititas no tenían capacidad para producir más que una pequeña cantidad de objetos de hierro, la mayoría de los cuales se usaban como símbolos de prestigio, ofrendas o regalos, y no para herramientas o armas en cantidad suficiente como para marcar diferencias respecto al bronce.

  19. El metal templado es elástico y resistente a la deformación, pero no se puede doblar, por tanto, sometido a demasiada tensión se quiebra; por el contrario, si el hierro se deja enfriar lentamente es más flexible y menos frágil, pudiendo deformarse y abollarse, sin partirse. Los herreros decidían, según la función del objeto a fabricar, si necesitaba ser templado, o era más útil sin templar.
  20. El wootz de la India se convertiría años más tarde en la materia prima de las «espadas de Damasco», aunque su calidad no residía solo en su composición, sino en el modo de trabajarlo: a diferencia de los europeos, los asiáticos forjaban entre 650 y 800 °C; de hacerlo a temperatura más baja el metal se rompería, pero entre esas cifras, cuando el hierro está rojo púrpura, el wootz se vuelve extraordinariamente dúctil; una vez forjada la espada, volvía a calentarse a tan altas temperaturas y se templaba sumergiéndola súbitamente en agua helada mezclada con aceite, y de este modo obteniendo un acero todavía superior, resistente a la deformación, flexible, pero más quebradizo: II. Espadas de Damasco
  21. Ho Peng Yoke (1984). «El desarrollo científico y tecnológico en la antigua China». Historia de las Civilizaciones Antiguas. Volumen II: Europa, América, China, India. Barcelona: Crítica. ISBN 84-7423-252-X.
  22. Como es notorio, los avances en la siderurgia china se adelantan en muchos siglos a los de la europea.
  23. Gutbrod, Karl (1987). «X. Las antiguas culturas del este asiático: Japón». Historia de las antiguas culturas del Mundo. Arqueología. Ediciones del Serbal, Barcelona. ISBN 84-7628-038-6.
  24. Gómez-Tabanera, José Manuel (1988). «África en los inicios del metal». Las culturas africanas. Historia 16, Intervisa, Madrid. ISBN 84-7679-101-1.
  25. Iniesta, Ferran (1998). «Kuma. Historia del África negra.». Barcelona (primera edición) (Edicions Bellaterra 2000). pp. 74-78. ISBN 84-7290-101-7.
  26. de Grinberg, Dora M. K. (Marzo de 2004). «¿Qué sabían de fundición los antiguos habitantes de Mesoamérica?» (Revista Ingenierías edición). Nuevo León, México: Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica de la Universidad Autónoma de Nuevo León. ISSN 1405-0676. Archivado desde el original el 23 de octubre de 2006. Consultado el Acceso a la página desde el 8 de noviembre de 2006.
  27. Vitale, Luis (1991). Historia de nuestra América. Los pueblos originarios. Centro de Estudios Latinoamericanos, Santiago de Chile: Ediciones CELA. ISBN [[Special:BookSources/9567172012 - Versión en PDF|9567172012 - [http://mazinger.sisib.uchile.cl/repositorio/lb/filosofia_y_humanidades/vitale/obras/sys/epo/g.pdf Versión en PDF]]] |isbn= incorrecto (ayuda). Páginas 17-18.
    El cronista y religioso español Bernardino de Sahagún, reconoció que «los mixtecas no solo fueron los mejores orfebres de América sino que ningún otro pueblo los superó en el mundo». Otro religioso español, Toribio de Benavente "Motolinía", explicaba asombrado que los artesanos mixtecas que trabajaban para los aztecas eran capaces de «fundir un pájaro con cabeza, lengua, patas y alas móviles y colocar cualquier bagatela en las alas, de modo que parecía danzar» (Knauth, Percy, op. cit., 1975, página 139)
  28. Se han hecho comparaciones entre el armamento de los conquistadores españoles y los indígenas americanos, algunos con interesantes resultados. Aunque sea un caso muy específico, es interesante la lectura del artículo sobre las mazas precolombinas de la región de los Andes por lo completo de sus datos y por lo esclarecedor de ciertos aspectos: Ponce, Ernesto (2002). «Mazas prehispánicas de metal: sur del Perú y extremo norte de Chile» (Chungará, Revista de Antropología Chilena, Volumen 34, n.º 2, julio de 2002. Páginas 215-223 edición). Arica, Chile: SciElo. ISSN 0717-7356. Consultado el Acceso a la página desde el 11 de noviembre de 2006.
  29. Delibes, Germán; Fernández-Miranda, Manuel. Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en el Viejo Mundo. pp. 8-9,14,20.
  30. Delibes, Germán; Fernández-Miranda, Manuel. Los orígenes de la civilización. El Calcolítico en el Viejo Mundo. pp. 16-19.
  31. a b Fullola, Josep Mª; Nadal, Jordi. Introducción a la prehistoria. La evolución de la cultura humana. pp. 174-177.

Enlaces externos

Prehistoria del Viejo Mundo
Edad de Piedra Edad de los Metales
Paleolítico Mesolítico
Epipa-
leolítico
Neolítico Edad del Cobre
(excepto África subsahariana)
Edad del Bronce
(excepto África subsahariana)
Edad del Hierro
Paleolítico inferior Paleolítico medio Paleolítico superior
Animal de tiro

Animal de tiro o bestia de tiro es la expresión con que se designa a los animales domésticos utilizados para la tracción animal o como animales de transporte. Esa actividad se consigue mediante el tiro de distintos tipos de carruajes destinados al transporte de personas o mercancías; para la tracción de aperos agrícolas, especialmente del arado, o como motor animal de molinos y norias (se denominan molinos de sangre). También se utilizan para su exhibición (enganches ecuestres).

Los animales de tiro se vienen utilizando desde hace milenios, tras la revolución neolítica que permitió la ganadería, especialmente cuando, más adelante, la Edad de los Metales posibilitó la tecnología de la rueda, aunque dependiendo de los medios, las culturas y otras circunstancias, se emplean otras técnicas de tiro como el trineo.

Otras formas similares de utilización productiva de animales (animal de trabajo) son como animal de carga (carga dispuesta directamente encima de los animales o con elementos fijos a él, como las alforjas) y como animal de monta (véase equitación, silla de montar). Su utilización ganadera puede denominarse animal de carne (véase carne), animal de leche (véase leche), animal de huevos (véase huevo), animal de piel (peletería), etc.

Los principales animales de tiro son los équidos (caballos, burros y mulas) y los bóvidos (bueyes). Los perros tienen una utilización mucho más versátil, incluso limitándose al contexto de su uso productivo en entornos rurales (caza, pastoreo, etc.), además de ser también animales de tiro y de compañía. Los camélidos suelen utilizarse como animales de carga tanto los del viejo mundo (camellos y dromedarios) como los del nuevo mundo (llamas, vicuñas, alpacas); mientras que los renos suelen utilizarse como tiro de trineos. Los elefantes se utilizan también para tareas pesadas (desbrozar o arrastrar troncos).

Arte mueble

Dentro de nuestro campo de estudio del arte prehistórico, las locuciones arte mueble y arte mobiliar se emplean indistintamente para designar cualquier obra de arte (en sentido amplio) realizada sobre un objeto de dimensiones limitadas y manejables, es decir, que pueden ser transportados por el ser humano. Ejemplos de ellos pueden ser las plaquetas, cofres, muebles, etc.

El concepto de arte mobiliar se compagina, pues, con el de arte parietal que no se puede trasladar porque está realizado sobre los muros o las rocas (arte rupestre). Tampoco debe considerarse arte mueble a las piezas de grandes proporciones como las estelas o las estatuas-menhir del Neolítico y la Edad de los metales.

En el mueble son utilizados la piedra, hueso o marfil.

Consecuentemente, el arte mueble es muy diverso ya que no sólo comprende creaciones exclusivamente artísticas (como estatuillas u ornamentos), sino también objetos funcionales, herramientas y útiles decorados. Así, podemos encontrar el arte mueble paleolítico que incluye plaquetas grabadas, venus paleolíticas, adornos, arpones, azagayas, bastones perforados o propulsores decorados, por ejemplo. En epipaleolítico europeo son muy característicos también los cantos pintados azilienses.

En el Neolítico aparecen, además, objetos de barro cocido (es decir, vasijas decoradas, figurillas de cerámica...), idolillos, tejidos, esteras con motivos geométricos o figurativos, etc.

En la Edad de los Metales, a todos estos elementos se añaden objetos metálicos, piezas suntuarias y rituales, broches y armas; todo elaborado con técnicas decorativas enormemente sofisticadas como el nielado en plata, las filigranas, el repujado, el damasquinado el moldeo a la cera perdida, y, así, hasta nunca acabar.

Bellos

Los bellos (Belos, Belii o Belaiscos) eran un pueblo celtíbero afincado en la Hispania Citerior. Son citados en textos asociados con el rey de Iliria, así que se pensaba que eran de origen ilirio. Tienen una gran relación con los titos y los lusones, compartiendo la mayoría de las características. Una ciudad importante es Nertóbriga que emite moneda de bronce en el siglo III a. C. en las que aparece un jinete lancero. La más destacada, sin embargo, es Sekaisa (Segeda), que acuña moneda en torno al siglo II a. C. En el 154 a. C. amplía su territorio provocando las guerras celtibéricas.​

Bursau

El conjunto arqueológico de Bursau (en escritura íbera ) ocupa los cabezos de "El Castillo", "La Corona", "La Cueva Esquilar" y zonas aledañas del casco urbano, en el actual término municipal de Borja (Aragón, España).​​

Las diferentes excavaciones en los referidos cabezos han puesto de manifiesto restos de estructuras arquitectónicas correspondientes a diferentes épocas. Se trata de una ciudad que tendría su origen en el cerro de "La Cueva Esquilar", con un asentamiento de tipo Campos de Urnas de la Edad del Hierro. La llegada del mundo celtibérico supondría la ampliación del primitivo asentamiento, extendiéndose incluso por los vecinos cabezos de "La Corona" y, a partir del siglo II-I a. C., por las zonas denominadas como "Torre del Pedernal" y "Polígono de la Romería", en los aledaños.

Son muy interesantes los resultados obtenidos en la llamada "Torre del Pedernal", ya que en esta zona se han encontrado unos restos urbanos con una adscripción cultural celtibérico-romana, correspondiendo a diferentes casas con sus hortus, entre las que sobresale una domus romana con paredes de mampostería, sillería y tapial. En una de sus habitaciones se conserva un mosaico y, además, un rico conjunto de pinturas murales, conservadas tanto in situ como caídas. Igualmente se han obtenido abundantes restos de cerámicas ibéricas, hallazgos metálicos en bronce y hierro, y, de época romana, un nutrido conjunto de cerámicas de terra sigillata hispánica y cerámica norteafricana.

Todas las excavaciones arqueológicas practicadas hasta la fecha en este yacimiento vienen a confirmar la importancia histórica de esta ciudad, con una secuencia estratigráfica muy importante, que aporta materiales y restos monumentales que sacan a la luz un gran conjunto arqueológico.

Domingo Pérez de Granada

Domingo Pérez de Granada (llamado oficialmente Domingo Pérez hasta marzo de 2015) es una localidad y municipio​ español situado en la parte centro-norte de la comarca de Los Montes, en la provincia de Granada, comunidad autónoma de Andalucía. Limita con los municipios de Dehesas Viejas, Campotéjar, Montejícar, Guadahortuna, Píñar e Iznalloz.

El municipio pereño, que comprende los núcleos de población de Domingo Pérez de Granada, Cotílfar y Cañatabla, fue creado el 17 de marzo de 2015 por segregación del término municipal de Iznalloz,​ convirtiéndose así en el número 172 de la provincia de Granada.​ Desde el año 2003 ya gozaba de cierta autonomía al concederle el régimen de entidad local autónoma (o ELA).

Era (cronología)

En cronología, una era es la fecha de un acontecimiento tomada como referencia o hito por una civilización para el cómputo del tiempo debido a su importancia.

También se denomina era al periodo histórico prolongado que se caracterizó por el dominio de un personaje, un hecho o un proceso. Es similar pero no equivalente al concepto de edad histórica o de período cuando estas se nombran como Edad de Piedra o Edad de los metales. No deben confundirse las eras con las edades de la historia en que se divide el tiempo histórico (Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna y Edad Contemporánea).

Escultura prehistórica

Las observaciones de los arqueólogos demuestran que el arte escultórico precedió a la arquitectura propiamente dicha y que se encuentra en la mayoría de las tribus antiguas europeas.

Historia

La historia es la ciencia que tiene como objetivo el estudio de sucesos del pasado, tradicionalmente de la humanidad​, y como método, el propio de las ciencias sociales/humanas, así como el de las ciencias naturales en un marco de interdisciplinariedad.​ Se trata de la disciplina que estudia y narra cronológicamente los acontecimientos pasados. Se denomina también «historia» al periodo que transcurre desde la aparición de la escritura hasta la actualidad, aunque es un convencionalismo ampliamente superado, y se considera a la prehistoria también como parte intrínseca de la historia.

Más allá de las acepciones propias de la ciencia histórica, ciencia de la historia, ciencias históricas o ciencias de la historia, «historia», en el lenguaje usual, es la narración de cualquier suceso, incluso de sucesos imaginarios y de mentiras;​​ sea su propósito el engaño, el placer estético o cualquier otro (ficción histórica). Por el contrario, el propósito de la ciencia histórica es averiguar los hechos y procesos que ocurrieron y se desarrollaron en el pasado e interpretarlos ateniéndose a criterios de la mayor objetividad posible; aunque la posibilidad de cumplimiento de tales propósitos y el grado en que sean posibles son en sí mismos objetos de estudio de la historiología o teoría de la historia, como epistemología o conocimiento científico de la historia.A su vez, se llama «historia» al pasado mismo, e incluso puede hablarse de una «historia natural» en que la humanidad no estaba presente (término clásico ya en desuso, que se utilizaba en oposición a la historia social, para referirse no solo a la geología y la paleontología, sino también a muchas otras ciencias naturales —las fronteras entre el campo al que se refiere tradicionalmente este término y el de la prehistoria y la arqueología son imprecisas, a través de la paleoantropología—, y que se pretende complementar con la historia ambiental o ecohistoria​, y actualizarse con la denominada «Gran Historia»: campo académico interdisciplinar que se define como "el intento de comprender de manera unificada, la historia del Cosmos o Universo, la Tierra, la vida y la humanidad", cubriendo los acontecimientos ocurridos desde el Big Bang hasta la historia del mundo actual​​​).

Ese uso del término «historia» lo hace equivalente a «cambio en el tiempo».​ En ese sentido, se contrapone al concepto de filosófico equivalente a esencia o permanencia (lo que permite hablar de una filosofía natural en textos clásicos y en la actualidad, sobre todo en medios académicos anglosajones, como equivalente a la física). Para cualquier campo del conocimiento, se puede tener una perspectiva histórica —el cambio— o bien filosófica —su esencia—. De hecho, puede hacerse eso para la historia misma (véase tiempo histórico​) y para el tiempo mismo (véase Historia del tiempo, de Stephen Hawking, libro de divulgación sobre cosmología). En este sentido, todo pasado en relación con el presente hace alusión al tiempo y a su cronología, y por lo tanto tener historia.En las ciencias de la salud, se utiliza el concepto de historia clínica para el registro de datos sanitarios significativos de un paciente, que se remontan hasta su nacimiento o incluso hacer lo propio con respecto a su herencia genética.Se denomina historiador o historiadora a la persona encargada del estudio de la historia. Al historiador profesional se le concibe como el especialista en la disciplina académica de la historia, y al historiador no profesional se le suele denominar cronista.​

Ilergetes

Los ilergetes o iltirgeskios 'habitantes de Iltirta' (gen. iltirgesken) en lengua indígena,​ eran uno de los pueblos que ocupaban parte de la península ibérica antes de la llegada de los romanos. Formado a partir del sustrato étnico indígena, incorporaron múltiples influencias provenientes de la Edad del Bronce y de algunas de las tribus indoeuropeas que inmigraron a la península en el primer milenio adC (ya en la Edad del Hierro).

Estaban ubicados en parte de lo que sería conocido posteriormente como la Tarraconense, desde el Bajo Urgel hasta el río Ebro, ocupando lo que en la actualidad son las provincias de Huesca y de Lérida, ocupando las ricas cuencas del río Segre, el Noguera Pallaresa, el Noguera Ribagorzana, el Cinca y el Alcanadre, aunque es impropio tratar de establecer fronteras definidas en aquella época. Se hallan señales de su presencia durante largos periodos en la actual provincia de Zaragoza y el norte de Castellón, donde presionaban a los edetanos.

Su sociedad política estaba fundamentada en la existencia de un Rey (régulos en las crónicas romanas, "reyes pequeños"), muy jerarquizada con oligarcas que mantenían la estructura social y un fuerte componente militar.​ Se sostiene la tesis de que era una sociedad muy avanzada a la llegada de los romanos y que eran buenos comerciantes. Algunas ciudades grandes parecían disponer de una cierta autonomía con órganos de gobierno a modo de curias a partir del siglo I a. C., aunque bien podrían estar influidas por el proceso de romanización acentuada a partir del 195 a. C.

Su capital era Atanagrum, cuya ubicación exacta se desconoce. Otra ciudad importante era Ilerda, también denominada Iltirta o Iltirda, (la actual Lérida), y que en determinados momentos fue también capital, llegando a considerarse en algunos periodos como la ciudad más grande en la península al norte de Sagunto.

Su economía estaba basada en la ganadería y el cultivo de grano. Se han encontrado molinos manuales giratorios. Fue muy importante el desarrollo de la metalurgia, la orfebrería y la industria textil. La cerámica tenía componentes fenicios y griegos, con motivos ornamentales geométricos. Usaban la moneda, de bronce (ases) y de plata (dracmas), al menos desde el siglo III a. C., lo que favoreció el comercio y la captación de impuestos.

Su figura más notable fue el rey Indíbil (h. 258 a. C. - 205 a. C.) que primero como aliado de Cártago, sostuvo diversos enfrentamientos con los romanos, durante la segunda guerra púnica. La ubicación estratégica del territorio de los ilergetes favoreció sus alianzas con Roma o Cártago (casi siempre con esta última), aunque se afirma en la actualidad de manera unánime que el auténtico interés de los ilergetes y sus caudillos era favorecer sus propios intereses, defender su pueblo y extenderse más allá de sus fronteras conquistando a los pueblos vecinos al margen de las dos grandes potencias del Mediterráneo occidental del momento.

Además de las batallas donde Indíbil y Mandonio, lugarteniente de aquél, intervinieron, los ilergetes todavía se sublevaron en el 195 a. C. contra Roma y debieron ser sometidos por Catón. A partir de este momento comienza la decadencia de este pueblo que en el 192 a. C. debe pedir a Roma ayuda para defenderse de sus vecinos, sometidos ya a vasallaje romano sus reyes y eliminadas las defensas de las ciudades.

El yacimiento arqueológico de un asentamiento ilergete que más información ha ofrecido sobre la historia de este pueblo, además de las obras de los autores antiguos romanos, es el de La Pedrera de Vallfogona.

Lanza

La lanza es un arma de asta compuesta por distintos materiales como madera o metal, en una de cuyas extremidades tiene una hoja afilada o puntiaguda de distintos materiales, según el uso y época, o incluso del mismo que el propio mástil. Es un arma primigenia creada por el hombre en la más remota prehistoria como principal herramienta para cazar; es una de las pocas armas prehistóricas que han perdurado y durante milenios acompañó a guerreros de todas las culturas en innumerables guerras o a los cazadores en sus batidas.

Estudios recientes han concluido la posibilidad de que puntas encontradas en África, con una antigüedad de 500 000 años, fueran usadas como puntas de lanza.​ La prueba directa más antigua de una lanza en Europa es de hace unos 400 000 años; es un conjunto de ocho lanzas encontradas en una turbera en Alemania, probablemente usadas por Homo heidelbergensis. Están formadas por un largo palo aguzado de madera. Posteriormente, todavía en el Paleolítico, se les añadió una piedra bifaz (tallada por las dos caras) en la punta, o por una punta pulida en el Neolítico. Fue sustituida, ya en el Calcolítico, y en general en la Edad de los Metales, por una hoja de metal y un mástil tallado. La han usado varios tipos de guerreros como los de la falange macedonia, los romanos y los bárbaros. Durante la Edad Media desempeñó un importante papel.

Era conocida como «arma reina de las batallas» por su bajo coste de fabricación; facilidad de uso a pie o a caballo; alcance, ya que se usaban como arma arrojadiza; y la potencia de punzada o golpe, debido al brazo de palanca por su longitud.

Molino de mano

El molino de mano (denominado también como molino portátil) es un instrumento de piedra diseñado para moler una pequeña cantidad de granos de cereal y convertirlos en sémola (o harina).​ Suelen ser de pequeño peso, y constan al menos de dos piezas. Una encima de la otra, estando la inferior fija. Su pequeño tamaño permite que pueda operarse a mano. Su uso fue descubierto en el periodo final del neolítico, comienzo de la Edad de los Metales.

Neolítico

El Neolítico (del griego νεο- neo- 'nuevo' y λιθικός lithikós 'de piedra') es el último de los periodos en que se considera dividida la Edad de Piedra (herramientas de piedra). El término, que quiere decir «de piedra nueva», se refiere a las elaboradas herramientas de piedra pulida que caracterizan ese período y lo diferencian de la «antigua» Edad de Piedra, o Paleolítico, con herramientas de piedra tallada, más toscas. En la periodización americana, el Neolítico coincide aproximadamente con el Periodo Arcaico.​

Es el período de la historia humana en el que apareció y se generalizó la agricultura y el pastoreo de animales (ganado), dando origen a las sociedades agrarias. Normalmente, pero no necesariamente, va acompañado por el trabajo de alfarería. En el Neolítico aparecen los primeros poblados y asentamientos sedentarios humanos. El período Neolítico fue seguido, según las regiones, por la Edad de los Metales o directamente por la Edad Antigua, en la que surgieron la escritura y las civilizaciones.

La revolución neolítica se produjo de manera independiente a partir de al menos seis regiones del planeta, sin contacto entre sí, conocidas como las cunas de la civilización: Asia occidental, China oriental, Nueva Guinea, Mesoamérica, Cordillera de los Andes, Norteamérica oriental, y posiblemente también África subsahariana y Amazonia.​

El término fue acuñado por John Lubbock en su obra Prehistoric Times (1865), debido a los hallazgos de herramientas de piedra pulimentada, en vez de tallada.​ que parecían acompañar al desarrollo y expansión de la agricultura.

Uno de los principales renovadores en el estudio del Neolítico ha sido el arqueólogo francés Jean Guilaine para quien «la verdadera ruptura , no es la escritura, como se ha dicho siempre, sino la agricultura. A partir del momento en que se introduce, se queman los bosques, se transforma el paisaje, se depende del clima para las cosechas. Es la aldea, después la ciudad. Son las enfermedades al contacto con las animales que se han domesticado. En fin es nuestro mundo. Somos los hijos del Neolítico».​

Paleolítico

El Paleolítico (del griego παλαιός, palaiós: ‘antiguo’, y λίθος, lithos: ‘piedra’) significa etimológicamente piedra antigua, término creado por el arqueólogo John Lubbock en 1865 en contraposición al de Neolítico (piedra nueva). Es el período más largo de la existencia del ser humano (de hecho abarca un 99 % de la misma) y se extiende desde hace unos 2,59 millones de años (en África)​ hasta hace unos 12 000 años. Constituye, junto con el Mesolítico/Epipaleolítico (fases de transición) y el Neolítico, la llamada Edad de Piedra, denominada así porque la elaboración de utensilios líticos ha servido a los arqueólogos para caracterizarla (en oposición a la posterior Edad de los Metales).

Aunque esta etapa se identifica con el uso de útiles de piedra tallada, también se utilizaron otras materias primas orgánicas para construir diversos artefactos: hueso, asta, madera, cuero, fibras vegetales, etc. Durante la mayor parte del Paleolítico inferior las herramientas líticas eran gruesas, pesadas, toscas y difíciles de manejar, pero a lo largo del tiempo fueron haciéndose cada vez más ligeras, pequeñas y eficientes. El hombre del Paleolítico era nómada, es decir, su vida estaba caracterizada por un desplazamiento continuo o periódico (estacional).

Prehistoria

La prehistoria (del latín præ-, «antes de», y de historia, «historia, investigación, noticia», este último un préstamo del griego ιστορία) es, según la definición clásica, el período de tiempo transcurrido desde la aparición de los primeros homininos, antecesores del Homo sapiens, hasta que tenemos constancia de la existencia de documentos escritos,​ algo que ocurrió en primer lugar en el Oriente Próximo hacia el 3300 a. C., y posteriormente en el resto del planeta.​

Según otros autores, la prehistoria terminaría en algunas regiones del mundo antes, con la aparición de las sociedades complejas que dieron lugar a los primeros estados y civilizaciones.

Según las nuevas interpretaciones de la ciencia histórica, la prehistoria es un término carente de significado real en el sentido que fue entendido durante generaciones. Si se considera a la Historia, tomando la definición de Marc Bloch, como el «acontecer humano en el tiempo», todo es Historia existiendo el ser humano, y la prehistoria podría, forzadamente, solo entenderse como el estudio de la vida antes de la aparición del primer homínido en la tierra. Desde el punto de vista cronológico, sus límites están lejos de ser claros, pues ni la llegada del ser humano ni la invención de la escritura tienen lugar al mismo tiempo en todas las zonas del planeta.

Por otra parte, hay quienes defienden una definición de esta fase o, al menos, su separación de la Historia Antigua, en virtud de criterios económicos y sociales en lugar de cronológicos, pues estos son más particularizadores (es decir, más ideográficos) y aquellos, más generalizadores y por tanto, más susceptibles de proporcionar una visión científica.

En ese sentido, el fin de la prehistoria y el inicio de la historia lo marcaría una estructuración creciente de la sociedad que provocaría una modificación sustancial del hábitat, su aglomeración en ciudades, una socialización avanzada, su jerarquización, la aparición de estructuras administrativas, de la moneda y el incremento de los intercambios comerciales de larga distancia. Así, no sería muy correcto estudiar dentro del ámbito de la prehistoria sociedades de carácter totalmente urbano como los incas y mexicas en América, el Imperio de Ghana y el Gran Zimbabue en África o los jeméres en el sudeste asiático, que solamente son identificados con este período por la ausencia de textos escritos que de ellos tenemos​ (los mayas han entrado hace muy poco plenamente en la Historia al haberse descifrado sus glifos, que tienen valor fonético, por lo que forman un sistema completo de escritura).​

Se considera un campo académico o especialidad muy ligada a la Arqueología y la Paleontología.

Prehistoria de Europa

La Prehistoria de Europa se refiere al estudio del periodo prehistórico en el continente europeo, es decir desde el Paleolítico inferior hasta la adopción de la escritura,​ algo que no se produjo simultáneamente en las distintas regiones del continente. Según los últimos hallazgos abarcaría un intervalo temporal de más de un millón de años, ocupados en su mayor parte por la Edad de Piedra, durante la cual se sucedieron cuatro especies de homininos distintas. Entre los complejos tecnológico/estilísticos de la Edad de Piedra encontramos desde grupos de homininos con artefactos primitivos que habitaban en cuevas, a sociedades agrícolas que poseían sofisticadas herramientas líticas y construían asentamientos fortificados.

A partir del comienzo de la Edad de los Metales, con el Calcolítico, en Europa se distinguirán claramente dos áreas culturales diferenciadas: por un lado, en el sureste y sudoeste se desarrollaron civilizaciones comparables a las históricas de Egipto y el Oriente Próximo; por otro, buena parte de Europa central y nórdica continuó una trayectoria más lenta, de modo que en las áreas escandinavas la Prehistoria duró prácticamente hasta el inicio de la Edad Media.​

Prehistoria en la península ibérica

La prehistoria en la península ibérica se refiere al periodo de tiempo transcurrido desde la llegada de los primeros miembros del género Homo a la península ibérica (hace más de un millón de años), hasta la aparición de textos escritos como consecuencia de la presencia de colonizadores fenicios, griegos y romanos (a partir del 1100 a. C. los primeros) en las costas del Levante y sur peninsular. En la península encontramos los restos más antiguos de homininos en Europa, el Homo sp. y el Homo antecessor, la colección de fósiles más amplia de Homo heidelbergensis, unos pocos de Homo neanderthalensis y, por supuesto, de Homo sapiens. Este último nos ha legado algunas de las mejores representaciones de arte parietal del mundo.

Los abundantes monumentos megalíticos repartidos por la geografía peninsular, así como las culturas calcolíticas de Los Millares y Vila Nova y la del bronce de El Argar, son claros exponentes de la evolución cultural ibérica durante el Neolítico y la Edad de los metales. Proceso que culminó con la entrada en la Protohistoria (según su definición clásica) de los tartesios y los íberos gracias a los testimonios que nos han dejado los pueblos colonizadores y que han servido para reconstruir parte de la historia de los pueblos ágrafos peninsulares.

Protohistoria

El término protohistoria ("primera historia") se refiere a una fase no muy bien definida que se situaría entre el final de la prehistoria y el principio de la historia antigua. El promotor del término ha sido el arqueólogo francés Jean Guilaine.​ Sus límites temporales son algo difusos y se suelen encontrar varias interpretaciones:

Según la clásica, la protohistoria estudiaría a aquellos grupos humanos ágrafos de los que se tienen noticias escritas gracias a fuentes indirectas contemporáneas: de los iberos o La Tène, por ejemplo, nos dieron cuenta los escritores griegos y romanos. Esta definición limita la protohistoria a la Segunda Edad del Hierro.

Para la escuela francesa, las sociedades protohistóricas europeas serían aquellas que se desarrollaron a la vez de las que ya utilizaban la escritura en Oriente Próximo. Se trataría así de una prehistoria reciente que abarcaría desde el Calcolítico a la Edad del Hierro.​

Por último, según una interpretación más moderna y amplia, estudiaría a aquellas sociedades que se encontraban en la transición hacia la cultura escrita y, a su vez, en proceso de formación del estado. En Europa, igualmente, haría referencia a la Edad de los Metales, pero para el resto del mundo tendría unas connotaciones más dilatadas.Dentro de este período en Europa se desarrollaron numerosas entidades políticas semicentralizadas, que coincidieron con el inicio de la escritura y de la metalurgia. Esas sociedades produjeron inicialmente documentos epigráficos breves y, posteriormente, crónicas extensas, considerándose a partir de ese punto que entraron en la historia antigua.

Sedetanos

Los sedetanos o sedesquios 'habitantes de Sedeis' (gen. seteskien) en lengua indígena,​ fueron un pueblo íbero del siglo III a. C. situado en el valle medio del Ebro, en España.

El nombre del pueblo proviene de su capital que se llamaba Sedeis o Sedeisken, que se conoce por inscripciones monetales. Fue la primera en acuñar moneda, y la emitió en gran abundancia. Todavía no ha sido localizada aunque se ha especulado sobre si es Azaila. De hecho, no es seguro que el yacimiento del Cabezo de Alcalá, cercano a Azaila, perteneciera a los sedetanos, porque se desconoce su nombre íbero, pero es bastante probable. Otras ciudades importantes fueron Kelse (Gelsa, que emitió denarios de plata, por lo que se supone que fue temporalmente la ciudad más importante), Salduie (Zaragoza), Ildukoite (posiblemente Oliete), Bernaba (Azuara), Ebora, Arsi o Damaniu (de localización desconocida, aunque Ptolomeo la sitúa hacia los Monegros). En general, los sedetanos se mantuvieron al sur del Ebro entre los ríos Guadalope y Martín y tenían como vecinos a los suessetanos e ilergetes al norte, los ilercavones al sudeste y los celtíberos al suroeste. Algunos autores consideran a los sedetanos erróneamente como parte de los edetanos, a los que les unían el comercio y la cultura, como lo demuestra la decoración de la cerámica.

Talla lítica

La talla lítica se refiere a troceado intencional de la piedra, por medio de la percusión (directa o indirecta) o de la presión, a diferencia de la técnica, posterior en el tiempo, del pulimentado. La materia prima se esculpe y se le da forma, aprovechando la fractura concoidea, con el objeto de fabricar útiles nucleares, o para extraer lascas. Estas podían ser usadas en bruto, o servir de soporte para herramientas, retocándolas después de su extracción. El término talla no tiene implicaciones ni connotativas ni denotativas acerca de su finalidad, lo único que indica es que es intencional y que busca la elaboración de un artefacto lítico. Dentro de la talla, sin embargo, podemos usar términos más restrictivos (la hechura, el lascado y el retoque) que se explican más adelante.

La talla lítica es el proceso de fabricación de manufacturas más conocido de la Edad de piedra, pero siguió siendo muy importante durante la Edad de los Metales, e incluso sigue practicándose en tiempos históricos. Los objetos de piedra tallada intencionalmente por los humanos se diferencian de las roturas naturales o accidentales, gracias a que son localizados en contextos arqueológicos bien definidos, y a que los golpes de la talla dejan negativos de lascado que siguen cierta tendencia, cierto orden imposible de atribuir a la naturaleza. El repertorio de gestos de talla organizada se va conociendo cada vez mejor y permite establecer diagnósticos cada vez más seguros, así como un repertorio de pautas morfológicas, técnicas y funcionales que son las que permiten establecer la tipología lítica, es decir, la clasificación, análisis y comparación de los artefactos de piedra tallada.

La talla lítica no es, en cualquier caso, más que una de las fases de la vida de un artefacto lítico o, por expresarlo en términos científicos más precisos, solo es una porción relativamente corta de la cadena operativa. Ésta nace con la necesidad o la idea que estimula al ser humano a iniciar su actividad productiva, sigue con la búsqueda de la materia prima pétrea, su transformación mediante la talla, hasta conseguir el, o los útiles necesarios. Después está su utilización, incluyendo varias fases de mantenimiento de la funcionalidad por medio de reafilados y, cuando la herramienta es ya inservible, su abandono. A veces, la pieza es reciclada y vuelve a entrar, por un tiempo, en la cadena operativa, pero indefectiblemente será desahuciada y olvidada hasta que, tal vez, con mucha suerte, algún arqueólogo la recoja para su estudio.

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