Dinastía

Una dinastía es una serie de gobernantes de uno o distintos Estados, emparentados entre sí, o provenientes todos de una misma familia; especialmente en las monarquías. Aunque lo más habitual es que la sucesión hereditaria dentro de una dinastía se produzca por filiación (de padre a hijo), en ocasiones se produce por adopción (incluso entre adultos), notablemente en el caso del Imperio romano.

Por extensión se aplica el término "dinastía" a cualquier sucesión genealógica, y no sólo a la genealogía de la monarquía hereditaria o de las casas nobles (que procuraron tradicionalmente establecer rígidos vínculos sucesorios, como el mayorazgo); sino a cualquier sucesión hereditaria de determinados cargos o funciones sociales dentro de la misma familia, en cuyos individuos más destacados, durante varias generaciones, se perpetúa el poder o la influencia política, económica, cultural o de otra índole (poder fáctico, poder blando, etc.)[1]​ Así suele hablarse de dinastías financieras o dinastías empresariales desde el siglo XVI (los Fugger, banqueros de Carlos V), pero sobre todo desde el XIX: en Europa los Rotschild o los Pereire, en Estados Unidos los Morgan, los Rockefeller o los Hearst; e incluso de dinastías literarias y dinastías artísticas (los Dumas, los Madrazo).

Freres pereire

Familia Pereire.

Rockefellers

Familia Rockefeller.

En algunas repúblicas sometidas a regímenes dictatoriales se han producido transferencias dinásticas del poder de padres a hijos, estableciendo prácticas muy similares a las de las monarquías, que se suelen denominar dictaduras familiares.[2]​ Ejemplos de ello han sido el Haití de los Duvalier, la Nicaragua de los Somoza o la Siria de los Assad.

Incluso se ha dado el caso de la perpetuación en el poder de dinastías comunistas en los países del denominado socialismo realmente existente (eminentemente en el caso de Corea del Norte).[3]

Assad family

Familia Assad.

1963haiti duvalier

Francois Duvalier (Papá Doc) fue sucedido en la presidencia de Haití por su hijo Jean-Claude Duvalier (Baby Doc).

CeausescuKim1971

Kim Il-sung con Ceaucescu. El norcoreano consiguió ser sucedido por su hijo (Kim Jong-il —que a su vez fue reemplazado tras su muerte por Kim Jong-un, uno de sus hijos—). El rumano lo intentó, pero la caída del bloque del este llevó a su derrocamiento por la revolución rumana de 1989.[4]

En países democráticos, el establecimiento de dinastías políticas en miembros de la misma familia se ha producido con alguna frecuencia.[5]​ El caso más evidente es el de los Estados Unidos, primero con la dinastía o familia Kennedy (en la que únicamente John Kennedy alcanzó la presidencia) y luego con la dinastía o familia Bush (en la que George Bush padre e hijo llegaron a la presidencia -y dos de sus hermanos al puesto de gobernador de distintos estados-). Incluso se ha destacado la candidatura a la presidencia de los Estados Unidos de Hillary Clinton (esposa del expresidente Bill Clinton). Es muy habitual su comparación con la realeza, especialmente de la familia Kennedy.[6]

JFK and family in Hyannis Port, 04 August 1962

Familia Kennedy.

GeorgeWBush1947

Familia Bush.

Hillary Clinton Bill Chelsea on parade

Familia Clinton.

La familia de Felipe V (Van Loo)
La familia de Felipe V, de Michel Van Loo (1743). Aparecen varios retratos de la dinastía de Borbón.
King of Siam in Russia 1897
Visita del rey de Siam a Rusia en 1897. Aparecen miembros de la dinastía Romanov, junto a miembros de la dinastía Chakri.

Notas

  1. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2014). «Dinastía». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Madrid: Espasa. ISBN 978-84-670-4189-7.
  2. Alain Rouquié (1989) América Latina: Introducción al extremo Occidente Siglo XXI, ISBN 968-23-1522-0. Sergio RamírezCuentas pendientes, La Insignia, 4 de septiembre de 2007.
  3. y la Dinastia ya mencionada de los hermanos Castro en Cuba.adUso de la expresión "dinastía comunista", "dinastía comunista de Corea del Norte" y "dinastía comunista de Cuba".
  4. El clan de los Ceaucescu, El País, 28/12/1989.
  5. Uso bibliográfico del término "dinastía política", de "dynastye politique" (en francés) y de "political dynasty" (en inglés)
  6. Uso bibliográfico de la expresión "american royalty"

Enlaces externos

Califato Omeya

Califato Omeya o Califato de los omeyas (en lengua árabe: بنو أمية banū umayya o الأمويون al-umawiyyūn; en persa: امویان omaviyân; en turco: emevi) fue un linaje árabe que ejerció el poder de califa, primero en Oriente, con capital en Damasco, y luego en al-Ándalus, con capital en Córdoba. El término omeya proviene de un antepasado de la familia, Umayya. Estrictamente hablando, la dinastía comienza con Mu‘awiya I, y termina con Marwán II, con la Revolución abasí en el 750.

Casa de Borbón

La Casa de Borbón (en francés: Bourbon, en italiano Borbone) es una casa real de origen francés (aunque la primera corona a la que accedió fue la del Reino de Navarra), actual casa reinante en España y en el Gran Ducado de Luxemburgo. El apellido Bourbon o, en España, Borbón procede de un topónimo: el castillo de Bourbon-l’Archambault, situado en el departamento francés de Auvernia (distrito de Moulins), por ser esta la casa matriz de todos los nobles de esa estirpe que, según cuentan los genealogistas, descienden de una rama secundaria de los Capetos, dinastía que gobernó Francia entre los años 987 y 1328. Gobernaron primero en Navarra y Francia, pero para el siglo XVIII los miembros de la Casa de Borbón llegaron a los tronos de España y sur de Italia, destacando el Reino de las Dos Sicilias, además de varios pequeños ducados y condados.

Dinastía Han

La dinastía Han (chino tradicional: 漢, chino simplificado: 汉, Wade-Giles: Han4, pinyin: Hàn) siguió a la dinastía Qin y precedió al periodo de los Tres Reinos en China desde el 206 a. C. hasta el 220 d. C..

Durante la dinastía, sus reyes adoptaron las enseñanzas de los grandes filósofos de la antigüedad, Lao-Tse y Confucio. El gobierno se desarrolló bien logrando expansión territorial. Se fomentó la educación y la escritura en el recién inventado papel de arroz. Se propició gran intercambio de mercancías por la Ruta de la Seda, que va del Océano Pacífico hasta Persia e India. China se convirtió oficialmente en un Estado confuciano y prosperó en el ámbito interno: la agricultura, los productos hechos a mano y el comercio florecieron, y la población llegó a los 50 millones. Mientras tanto, el imperio extendió su influencia cultural y política sobre los actuales Vietnam, Asia central, Mongolia y Corea antes de derrumbarse bajo una combinación de presiones internas y externas. El primero de los dos periodos de la dinastía, llamado Dinastía Han Anterior (前漢朝, qián hàn cháo) o Dinastía Han Occidental (西漢朝, xī hàn cháo) que duró hasta el año 9 tuvo su capital en Chang'an (actual Xi'an, provincia de Shaanxi). La Dinastía Han Posterior (後漢朝, hòu hàn cháo) o Dinastía Han Oriental (東漢朝, dōng hàn cháo ), que duró del 25 al 220 tuvo su capital en Luoyang. La convención de denominarlas occidental y oriental se usa hoy en día para evitar la confusión con la dinastía Han del período de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos, aunque la nomenclatura de anterior/posterior se usaba en los textos históricos, incluyendo en Zizhi Tongjian de Sima Guang. La dinastía fue fundada por la familia Liú (劉).

Los logros intelectuales, artísticos y literarios revivieron y florecieron durante la dinastía Han. El periodo Han produjo el historiador más famoso de China, Sima Qian (145 a.C. - 87a.C.?), cuyas Memorias históricas proveen una crónica detallada desde los tiempos de la legendaria dinastía Xia a aquellos del emperador Wu (141a.C. - 87 a. C.). Los avances tecnológicos también marcaron este periodo. Uno de los grandes inventos chinos, el papel, data de la época Han.

Sería correcto afirmar que los imperios contemporáneos de los Han y los romanos eran los mayores que existían en ese momento en el mundo conocido. Pese a que no había una relación directa entre los dos, ambos eran conscientes de la existencia del otro, y existía un vínculo comercial a través de los otros imperios que existían en Asia Central y que actuaban como intermediarios, como Partia. Era un intercambio bastante desigual; China exportaba especias, telas, y, principalmente, seda. El imperio romano únicamente podía ofrecer oro y plata a cambio, puesto que no poseían otras manufacturas de interés para los chinos. Uno de los pocos contactos directos registrados entre ambos imperios aparecen en el Hou Hanshu donde se cuenta que un convoy romano representando a Antonino Pío alcanzó la capital Luoyang y fue recibido por el emperador Huan.

La dinastía Han, que ha dado nombre al principal grupo étnico de China, "los Han", fue notable también por su poderío militar. El imperio se expandió hacia el oeste hasta llegar a la depresión de Tarim (en la actual Región Autónoma Uigur de Xinjiang. Los ejércitos chinos también invadieron y se anexionaron partes del norte de Vietnam y Corea hacia el final del siglo II a. C. Pero el control por parte de los Han de las regiones periféricas era generalmente escaso. Para asegurar la paz con los poderes locales fuera de China la Corte Han desarrolló un "sistema tributario" mutuamente beneficioso. A los estados no chinos se les permitía autonomía a cambio de la aceptación simbólica de la dominación Han. Los lazos tributarios se confirmaron y reforzaron a través de enlaces matrimoniales entre clases altas y los intercambios periódicos de regalos y bienes.

Dinastía Hohenzollern

La casa dinástica de los Hohenzollern es una familia de gobernantes alemanes que tuvo su origen en una familia de condes de Suabia, en el siglo XI o XII, y desde 1918 no ocupan ningún trono, en Alemania.

Herederos de los margraves y los caballeros teutónicos, su nombre deriva de Zollern, un castillo del siglo XIII que la familia poseía cerca de Stuttgart. El terreno común con el castillo Hohenzollern se halla a unos 30 kilómetros al sur de Tubinga en Hechingen, Baden-Wurtemberg.

Aunque su origen se remonta al siglo XII, la dinastía Hohenzollern no es una de las más antiguas dinastías soberanas de la esfera germánica. Históricamente documentados, los Hohenzollern fueron mencionados por vez primera en la crónica de un monje en el año 1061.

Esta dinastía formaba parte de los electores del Sacro Imperio Romano Germánico a partir del siglo XV. Desde 1700, había construido un conjunto de palacios en Berlín y sus alrededores, tras alcanzar su consolidación, encarnada en el poderío de Prusia.

Con Federico II el Grande empezó Prusia a aumentar su poderío dentro de los Estados alemanes, que se vio consolidado por la figura de Guillermo I de Alemania, que fue artífice de la creación del Segundo Reich tras la victoria en la Guerra franco-prusiana.

Con el fin de la Primera Guerra Mundial termina también el poder de la dinastía al abdicar Guillermo II.

Actualmente Jorge Federico, príncipe real de Prusia, príncipe imperial de Alemania, es el Jefe de la Casa Real e Imperial de Prusia y de Alemania desde 1994, si bien no ocupa ningún trono.

Dinastía Ming

La dinastía Ming (chino: 大明, Wade-Giles: Ta4 Ming2, pinyin: Dà Míng) fue la penúltima dinastía de China, que gobernó entre los años 1368 y 1644, tras la caída de la dinastía mongol Yuan.

Algunos historiadores describen a los Ming como “una de las mayores eras de gobierno disciplinado y estabilidad social de la historia humana”.​ Fue la última dinastía en China gobernada por la etnia han. Aunque Pekín, la capital Ming, cayó en 1644 en una rebelión liderada por Li Zicheng (quien estableció la dinastía Shun, que fue rápidamente sustituida por la dinastía Qing, de origen manchú), sobrevivieron hasta 1662 algunos regímenes leales al trono Ming, conocidos comúnmente como dinastía de los Ming del Sur.

Bajo el gobierno de los Ming se construyó una vasta flota y un extenso ejército permanente de un millón de efectivos.​ Aunque ya se habían llevado a cabo expediciones comerciales y diplomáticas desde China en periodos anteriores, la flota tributaria del almirante eunuco musulmán Zheng He durante el siglo XV superó a todas las demás en tamaño. Se realizaron numerosos proyectos de construcción, incluyendo el Gran Canal, la Gran Muralla y la fundación de la Ciudad Prohibida en Pekín durante el primer cuarto del siglo XV. Se estima que la población a finales del reinado de los Ming era de entre 160 y 200 millones de personas.​

El emperador Hongwu, que reinó entre 1368 y 1398, intentó crear una sociedad de comunidades rurales autosuficientes en un sistema rígido e inmóvil que no necesitasen involucrarse en la vida comercial de los centros urbanos. Su reconstrucción de la base agrícola china y la mejora de las vías de comunicación a través de un sistema de caminos militarizados tuvo el efecto inesperado de generar un gran excedente agrícola que pudo ser vendido en florecientes mercados cercanos a las vías de comunicación. La cultura rural y comercial recibió la influencia de las modas urbanas. Los escalones más altos de la sociedad, equiparados a la baja nobleza, se vieron igualmente afectados por esta nueva cultura centrada en la consumición. Alejándose de las tradiciones, las familias comerciantes comenzaron a integrarse en el seno de la administración y de la burocracia y adoptaron los rasgos culturales y las prácticas de la nobleza. Paralelo a esta evolución de la sociedad y del comercio, hubo cambios en el pensamiento filosófico, las instituciones gubernamentales y en las artes y la literatura.

Hacia el siglo XVI, la economía Ming se estimuló por el comercio con los portugueses, los somalíes, los españoles y los holandeses. China se vio envuelta en un incipiente comercio global de materiales, plantas, animales, comida y grano conocido como comercio colombino. El comercio con las potencias europeas y Japón trajo enormes cantidades de plata, lo que sustituyó al cobre y al papel moneda como el medio común de intercambio en China. Durante las últimas décadas de los Ming, el flujo de plata en China disminuyó en gran medida, minando las arcas estatales. Este daño a la economía Ming tuvo varios factores: los efectos en la agricultura de la Pequeña Edad de Hielo, desastres naturales y epidemias. El consiguiente desgaste de las autoridades y la escasez de sustento permitieron a los líderes rebeldes como Li Zicheng desafiar la autoridad de los Ming.

Dinastía Qing

La dinastía Qing, oficialmente Imperio del gran Qing (chino: 清朝; Wade-Giles: Ch'ing Ch'ao, pinyin: Qīng Cháo, en idioma manchú: ᡩᠠᡳᠴᡳᠩ ᡤᡠᡵᡠᠨ, Transliteración: Daicing Gurun), también llamado el Imperio Qing por sí mismo o la dinastía manchú por los extranjeros, fue la última dinastía imperial de China, establecida en 1636 y gobernó sobre China entre 1644 y 1912. Fue precedida por la dinastía Ming y sucedida por la República de China. El imperio multicultural Qing duró casi tres siglos y formó la base territorial para el estado chino moderno.

La dinastía fue fundada por el clan Yurchen de Aisin-Gioro en Manchuria. A finales del siglo XVI, Nurhaci, originalmente un vasallo de la dinastía Ming, comenzó a organizar las "Ocho banderas", unidades militares y sociales que incluían elementos de Yurchen, Han chino y mongol. Nurhaci formó los clanes Yurchen en una entidad unificada, que renombró como manchúes. En 1636, su hijo Hung Taiji comenzó a expulsar a las fuerzas Ming de Liaodong y declaró una nueva dinastía, los Qing. En 1644, los rebeldes campesinos liderados por Li Zicheng conquistaron la capital Ming, Beijing. En lugar de servirles, el general Ming Wu Sangui hizo una alianza con los manchúes y abrió el Paso Shanhai a los Ejércitos de Ocho banderas dirigidos por el príncipe regente Dorgon, quien derrotó a los rebeldes y se apoderó de la capital. La resistencia del Ming meridional y la rebelión de los tres feudatarios dirigidos por Wu Sangui extendió la conquista de China propiamente tal durante casi cuatro décadas y no se completó hasta 1683 bajo el emperador Kangxi (1661-1722). Las Diez Grandes Campañas del emperador Qianlong desde la década de 1750 hasta la década de 1790 extendieron el control Qing a Asia Central. Los primeros gobernantes mantuvieron sus costumbres manchúes, y aunque su título era emperador, usaron khan de los mongoles y fueron patrocinadores del budismo tibetano. Gobernaron usando estilos confucianos e instituciones del gobierno burocrático y retuvieron los exámenes imperiales para reclutar a chinos Han para trabajar bajo o en paralelo con manchúes. También adaptaron los ideales del sistema tributario al tratar con los territorios vecinos.

Durante el reinado del emperador Qianlong (1735-1796) la dinastía alcanzó su apogeo, pero luego comenzó su declive inicial en la prosperidad y el control imperial. La población aumentó a unos 400 millones, pero los impuestos y los ingresos del gobierno se fijaron a un ritmo bajo, lo que prácticamente garantiza una eventual crisis fiscal. Se inició la corrupción, los rebeldes pusieron a prueba la legitimidad del gobierno y las elites gobernantes no lograron cambiar su forma de pensar frente a los cambios en el sistema mundial. Después de la guerra del Opio, las potencias europeas impusieron tratados desiguales, libre comercio, extraterritorialidad y puertos bajo control extranjero. La rebelión Taiping (1850-1864) y la revuelta de Dungan (1862-1877) en Asia Central provocaron la muerte de unos 20 millones de personas, la mayoría de ellas debido a hambrunas causadas por la guerra. A pesar de estos desastres, en la Restauración Tongzhi de la década de 1860, las élites Han se unieron en defensa de la orden confuciana y los gobernantes Qing. Las ganancias iniciales en el Movimiento de Fortalecimiento Propio fueron destruidas en la primera guerra sino-japonesa de 1895, en la cual los Qing perdieron su influencia sobre Corea y la posesión de Taiwán. Los nuevos ejércitos se organizaron, pero la ambiciosa Reforma de los Cien Días de 1898 fue rechazada en un golpe de estado por la emperatriz viuda Cixi, una líder conservadora. Cuando la lucha por concesiones por parte de potencias extranjeras desencadenó el Levantamiento de los bóxers, las potencias extranjeras invadieron China, Cixi les declaró la guerra, lo que llevó a la derrota y al vuelo de la corte imperial hacia Xi'an.

Luego de acordar firmar el Protocolo Bóxer, el gobierno inició reformas fiscales y administrativas sin precedentes, que incluyeron elecciones, un nuevo código legal y la abolición del sistema de exámenes. Sun Yat-sen y otros revolucionarios compitieron con los monárquicos reformistas como Kang Youwei y Liang Qichao para transformar el Imperio Qing en una nación moderna. Después de la muerte de Cixi y del emperador Guangxu en 1908, la corte manchú de línea dura alejó tanto a los reformadores como a las elites locales al obstruir la reforma social. El levantamiento de Wuchang el 11 de octubre de 1911 condujo a la Revolución de Xinhai. El general Yuan Shikai negoció la abdicación del emperador Xuantong, el 12 de febrero de 1912. El imperio fue restaurado durante la Restauración Manchú del 1 de julio de 1917, antes de que fuera derrocado nuevamente 11 días después.

Dinastía Song

La dinastía Song (chino: 宋朝; Wade-Giles: Sung4 Ch'ao2; pinyin: Sòng Cháo) fue una dinastía gobernante en China entre los años 960 y 1279; que sucedió al periodo de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos y fue sucedida por la dinastía Yuan.

Fue el primer gobierno en la historia mundial que usó papel moneda, y el primer gobierno chino en establecer una armada permanente. Esta dinastía también vio el primer uso conocido de la pólvora, así como el primer discernimiento del Norte verdadero usando la brújula. La dinastía Song del Sur reforzó considerablemente su fuerza naval, con objeto de defender sus aguas y fronteras y llevar a cabo misiones marítimas en el extranjero.

El periodo de la dinastía Song se divide en dos etapas distintas: la de los Song del Norte y la de los Song del Sur.

Durante en la primera (chino: 北宋, 960-1127), la capital Song estuvo en la ciudad del norte Bianjing (actualmente Kaifeng) y la dinastía controlaba la mayor parte del interior de China.

La segunda, (chino: 南宋, 1127-1279) hace referencia al periodo que siguió a la pérdida del norte de China, que la dinastía Jin arrebató a los Song. En este periodo, la corte Song se retiró al sur del río Yangtsé y estableció su capital en Lin'an (actualmente Hangzhou). Aunque la dinastía había perdido la tradicional cuna de la civilización china en la cuenca del río Amarillo, la economía no cayó en bancarrota, puesto que el Imperio Song del Sur controlaba el sesenta por ciento de la población de China y la mayoría de las tierras agrícolas más productivas.​

Para repeler a los Jin, y posteriormente a los mongoles, los Song desarrollaron una nueva y revolucionaria tecnología militar, propulsada por el uso de la pólvora. En 1234, los territorios de la dinastía Jin fueron conquistados por los mongoles, que se apoderaron del norte de China, manteniendo precarias relaciones con los Song del Sur. Möngke Kan, el cuarto gran kan del Imperio mongol, murió en 1259 mientras sitiaba una ciudad en Chongqing. Su hermano menor, Kublai Kan, fue proclamado gran kan, aunque su nombramiento fue reconocido únicamente de manera parcial por los mongoles en el este. En 1271, Kublai Kan fue proclamado emperador de China.​ Tras dos décadas de enfrentamientos esporádicos, los ejércitos de Kublai Kan vencieron a la dinastía Song en 1279 y China fue de nuevo unificada bajo la dinastía mongol Yuan (1271-1368).​

La población de China duplicó su número durante los siglos X y XI. Este crecimiento se produjo por la expansión del cultivo del arroz en el centro y sur de la región, por el uso del arroz de maduración temprana proveniente del sureste y el sur de Asia, y por la producción de abundantes excedentes alimentarios.​​ El censo de los Song del Norte registró una población de aproximadamente cincuenta millones de habitantes, igual al de los tiempos de las dinastías Han y Tang. Estos datos se encuentran en las Veinticuatro Historias. Sin embargo, se calcula que los Song del Norte regían en realidad a una población de aproximadamente cien millones de personas, y que se alcanzaron los doscientos millones en la época de la dinastía Ming.​ Este espectacular crecimiento de la población propició una revolución económica en la China premoderna. La expansión de la población fue en parte la causa de la gradual retirada del gobierno central de una excesiva regulación de la economía de mercado. Una mayor población también incrementó la importancia del papel de la baja nobleza en la administración de las bases y en los asuntos locales. Los funcionarios designados en los centros de condados y provincias dependían de la alta burguesía intelectual para los servicios, el patrocinio y la supervisión local.

La vida social durante la dinastía Song fue vibrante; las élites sociales se congregaban para contemplar y comerciar con preciosas obras de arte, la población se entremezclaba en las fiestas públicas y sociedades privadas, y las ciudades tenían animados barrios de espectáculos. La difusión de la literatura y el conocimiento se reforzó por la temprana invención de la impresión xilográfica y por la posterior invención en el siglo XI de la imprenta móvil. La tecnología premoderna, ciencia, filosofía, matemáticas, ingeniería, y otras actividades intelectuales florecieron a lo largo del reinado de los Song. Filósofos como Cheng Yi y Zhu Xi infundieron un nuevo vigor al confucianismo, con nuevos aportes, impregnados de ideales budistas, e incidieron en una nueva organización de los textos clásicos, que dieron lugar a las bases doctrinales del neoconfucionismo. Aunque la institución de los exámenes a la administración pública existía desde la dinastía Sui, ganó importancia durante el periodo Song. Esto llegó a ser un factor importante en la transición de una élite aristocrática a una burocrática.

Dinastía Tang

La dinastía Tang (en chino simplificado y tradicional, 唐朝; pinyin, Táng Cháo; Wade-Giles, T'ang2 Ch'ao2; tʰɑ̌ŋ tʂʰɑ̌ʊ̯ ) (618-907) fue la sucesora de la dinastía Sui y predecesora del período de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos en China. La dinastía fue interrumpida por la segunda dinastía Zhou (690-705), cuando la emperatriz Wu Zetian usurpó el trono y fundó su propia dinastía. La dinastía Tang, con su capital en Chang'an (actual Xi'an), la ciudad más poblada del mundo en ese entonces, está considerada por los historiadores como un momento de esplendor de la civilización china, igual —o incluso superior— al del período Han.

Dinastía aqueménida

La dinastía aqueménida (en persa antiguo: Haxāmanišiya) fue una dinastía que gobernó el Imperio persa, fundada por Ciro II el Grande, tras vencer a Astiages, el último rey de los medos (550 a. C.) y extender su dominio por la meseta central de Irán y gran parte de Mesopotamia.

Sus sucesores Cambises II y Darío I el Grande continuaron su obra, y este último reorganizó el imperio en satrapías, alcanzando el cenit de su poder; sin embargo, los sucesivos fracasos al intentar someter a las ciudades griegas (guerras médicas) en la primera mitad del siglo V a. C., debilitaron el imperio, y aún lo harían más las tendencias secesionistas de algunas provincias, hasta que la conquista de Alejandro Magno (331 a. C.) puso fin al imperio aqueménida.

Dinastía carolingia

La dinastía carolingia o dinastía carlovingia se refiere al linaje de reyes francos que gobernaron Europa Occidental entre los siglos VIII y X. Su nombre deriva de su fundador, el mayordomo de palacio y vencedor de la batalla de Poitiers, Carlos Martel.​

Dinastía osmanlí

La dinastía osmanlí, también llamada la Casa de Osmán (en turco otomano, خاندان آل عثمان‎, Ḫānedān-ı Āl-ı ʿOsmān; en turco moderno, Osmanlı Hanedanı), fue la familia gobernante del Imperio otomano desde su fundación en 1299 hasta su disolución en 1922. De esta forma, fue una de las dinastías más poderosas durante la Edad Media y la Edad Moderna.

De acuerdo a la tradición otomana, la dinastía osmanlí se remonta a una familia de la tribu Kayı de los turcos Oğuz. La dinastía se originó en los bey (líder) de la tribu Kayı, destacando Ertuğrul, quien fue asignado por el Sultanato de Rum con el dominio de Söğüt y sus alrededores, en el noroeste de Anatolia (actual provincia de Bilecik, Turquía), cerca de la zona fronteriza con el Imperio bizantino. Su hijo, Osmán u Othman, declaró su independencia de los selyúcidas de Rum en 1299, lo que daría inicio formalmente al Imperio otomano. Tanto la dinastía como el imperio que originó toman su denominación en su honor.

Durante los siglos siguientes, el pequeño dominio de Osmán se convirtió en un sultanato que cubrió tres continentes. En 1383, el tercer monarca de la dinastía, Murad I, se declaró sultán (padişah), título que mantendrían los gobernantes hasta la disolución del imperio. El sultán otomano fue el único regente del imperio, al menos oficialmente. Otros títulos que ostentó el gobernante otomano fue el de Soberano de la Casa de Osmán, sultán de sultanes, jan de janes. Aunque Murad I fue el primero en reclamar el título de califa de los musulmanes, la conquista de las ciudades sagradas de Medina y La Meca por Selim I en 1517 confirmó el título del sultán otomano como «comandante de los creyentes» y «sucesor del Profeta (Mahoma) del Señor del Universo». El imperio otomano se convirtió en sinónimo del califato, el «Estado Islámico» por excelencia, por lo cual el sultán quedaba investido de facultades políticas pero también religiosas como «defensor de los creyentes»; semejante título implicaba una rivalidad con otros grandes monarcas islámicos (como los sah de Persia).

El sultanato fue abolido el 1 de noviembre de 1922 por el gobierno nacionalista que surgió triunfante de la Guerra de Independencia Turca, forzando al sultán Mehmed VI a partir al exilio, y estableciendo una república en Turquía sobre los restos del Imperio otomano tras su disolución. Aunque el establecimiento de la república acabó con el poder político de la dinastía otomana, esta mantuvo por algunos meses el poder religioso bajo la figura de Abdul Mejid II, quien se mantuvo como califa hasta 1924, fecha en que el gobierno secularizador de Mustafa Kemal Atatürk abolió formalmente el califato.

Los miembros de la dinastía osmanlí fueron declarados persona non grata, inicialmente. Con el paso de los años, algunos miembros de la dinastía han podido regresar a Turquía, aunque como ciudadanos comunes. De forma civil, los descendentes de la dinastía osmanlí han adoptado el apellido Osmanoğlu.

Dinastía ptolemaica

La dinastía ptolemaica fue fundada por Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno. Esta dinastía gobernó en el Antiguo Egipto durante el período helenístico desde la muerte de Alejandro hasta el año 30 a. C., en que se convirtió en provincia romana. También se le conoce con el nombre de dinastía lágida, pues Lagos se llamaba el padre (o presunto padre) de Ptolomeo I.

Ptolomeo I estableció la capital de este reino en Alejandría, un pequeño pueblo en aquella época que se transformó en el principal centro comercial e intelectual de la antigüedad.

Esta dinastía adoptó desde el principio las costumbres egipcias y fue una constante enemiga de la dinastía macedonia seléucida. Durante el reinado de uno de sus monarcas (Ptolomeo V) fue cuando se publicó (en el 197 a. C.) un decreto en tres tipos de escritura sobre una piedra negra que se conoce hoy en día como Piedra de Rosetta.

En algunos momentos de su historia, la dinastía dominó Cirenaica (al noreste de la actual Libia), así como el sur de Canaán y Chipre.

Su último gobernante fue Cleopatra VII. Tras su muerte y la de su hijo, Cesarión (Ptolomeo XV), la dinastía concluyó y Egipto fue anexionado por Augusto al Imperio romano.

Dinastía selyúcida

Los selyúcidas, selchucos o selyuquíes fueron una dinastía turca oğuz que reinó en los actuales Irán e Irak, así como en Asia menor, entre mediados del siglo XI y finales del siglo XIII. Llegaron a Anatolia procedentes del Asia Central a finales del siglo X, causando estragos en los pueblos bizantinos y árabes, que acabaron con el Califato abasí y debilitaron considerablemente al Imperio bizantino con su empuje religioso hacia Occidente.​

Los turcos selyúcidas son considerados como los antepasados directos de los turcos sudoccidentales, los habitantes actuales de Turquía, Gagauzia, Azerbaiyán y Turkmenistán. Los selyúcidas desempeñaron un papel fundamental en la historia medieval, creando una barrera para Europa contra los invasores mongoles del este, defendiendo el mundo islámico contra las cruzadas de Europa y conquistando grandes extensiones del Imperio bizantino, que prácticamente desmantelaron, siendo sus sucesores, los turcos osmanlíes, quienes asestaron el golpe de gracia.

Historia de China

La historia de China, una de las civilizaciones más antiguas del mundo con continuidad hasta la actualidad, tiene sus orígenes en la cuenca del río Amarillo donde surgieron las primeras dinastías Xia, Shang y Zhou. La existencia de documentos escritos hace cerca de 3500 años ha permitido el desarrollo en China de una tradición historiográfica muy precisa, que ofrece una narración continua desde las primeras dinastías hasta la edad contemporánea. La cultura china, según el mito, se inaugura con los tres emperadores originarios: Fuxi, Shennong y finalmente el Emperador Amarillo Huang, este último considerado como el verdadero creador de la cultura. Sin embargo, no existen registros históricos que demuestren la existencia real de estas personalidades, las que de acuerdo con la transmisión oral de generación en generación, habrían vivido hace unos 5000 a 6000 años.

La enorme extensión geográfica del estado actual de la República Popular China hace que inevitablemente la historia de todo este territorio abarque, en sentido amplio, a un gran número de pueblos y civilizaciones. Sin embargo, el hilo conductor de la narración tradicional de la historia china se centra, en un sentido más restringido, en el grupo étnico de los chinos, y está íntimamente asociada a la evolución de la lengua china y su sistema de escritura basado en los ideogramas. Esta continuidad cultural y lingüística es la que permite establecer una línea expositiva de la historia de la civilización china, que, tanto desde los textos más antiguos del I milenio a. C., como desde los clásicos confucianos, pasando por las grandes historias dinásticas promovidas por los emperadores, ha continuado hasta el presente. Los descubrimientos arqueológicos del siglo XX, muy en especial los de los huesos oraculares, que recogen las primeras manifestaciones escritas en lengua china, han contribuido en las últimas décadas a un conocimiento mucho más detallado de los orígenes de la civilización china.

La narración tradicional china de la historia se basa en el llamado ciclo dinástico, mediante el cual los acontecimientos históricos se explican como el resultado de sucesivas dinastías de reyes y emperadores que pasan por etapas alternas de auge y declive. Este modelo del ciclo dinástico ha sido criticado por muchos autores​ por dos razones fundamentales: En primer lugar, por su simplismo, ya que el modelo adopta un patrón recurrente según el cual los primeros emperadores son heroicos y virtuosos, mientras que los últimos son débiles y corruptos. Esta visión está sin duda influida por la interpretación de las propias dinastías reinantes, las cuales encontraban en la degradación de la dinastía precedente una legitimación de su propio ascenso al poder. En segundo lugar, el modelo dinástico ha sido también criticado por presentar una visión nacionalista artificial, pues lo que en una interpretación alternativa podría verse como una sucesión de diferentes estados y civilizaciones en un mismo territorio, aparece como una mera alternancia de regímenes de gobierno en el marco imperturbable de una entidad nacional única.

A pesar de estas críticas el modelo del ciclo dinástico permite ver los acontecimientos históricos que han llevado a la formación de la China actual como una estructura lineal de fácil comprensión, lo cual ha mantenido su vigencia entre los historiadores hasta la actualidad. Otra razón principal por la que el estudio de las dinastías y sus emperadores ha sido fundamental entre los chinos en el análisis de su propia historia es el sistema tradicional de datación de fechas, según el cual cada emperador establecía sus periodos de reinado como marco para contabilizar los años. Así, el año cristiano de 1700 se corresponde según el sistema tradicional chino con el año 38 de la era Kangxi, mientras que el año 1750 sería el año 15 de la era Qianlong. Incluso hoy en día, en Taiwán el año 2017 se designa en contextos formales como año 106 de la República. Este uso de las dinastías y sus emperadores para la propia datación de los años ha hecho imprescindible el dominio de la cronología dinástica en la tradición cultural china para adentrarse en el estudio de la historia.

Imperio romano

El Imperio romano (en latín: Imperium Romanum, Senatus Populusque Romanus o Res publica populi romani)​ fue el tercer periodo de civilización romana en la Antigüedad clásica, posterior a la República romana y caracterizado por una forma de gobierno autocrática. El nacimiento del Imperio viene precedido por la expansión de su capital, Roma, que extendió su control en torno al mar Mediterráneo. Bajo la etapa imperial los dominios de Roma siguieron aumentando hasta llegar a su máxima extensión durante el reinado de Trajano, momento en que abarcaba desde el océano Atlántico al oeste hasta las orillas del mar Caspio, el mar Rojo y el golfo Pérsico al este, y desde el desierto del Sahara al sur hasta las tierras boscosas a orillas de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia al norte. Su superficie máxima estimada sería de unos 6,5 millones de km².

El término es la traducción de la expresión latina «Imperium Romanum», que significa literalmente «El dominio de los romanos». Polibio fue uno de los primeros hombres en documentar la expansión de Roma aún como República.

Durante los casi tres siglos anteriores al gobierno del primer emperador, César Augusto, Roma había adquirido mediante numerosos conflictos bélicos grandes extensiones de territorio que fueron divididas en provincias gobernadas directamente por propretores y procónsules, elegidos anualmente por sorteo entre los senadores que habían sido pretores o cónsules el año anterior.

Durante la etapa republicana de Roma su principal competidora fue la ciudad púnica de Cartago, cuya expansión por la cuenca sur y oeste del Mediterráneo occidental rivalizaba con la de Roma y que tras las tres guerras púnicas se convirtió en la primera gran víctima de la República. Las guerras púnicas llevaron a Roma a salir de sus fronteras naturales en la península itálica y a adquirir poco a poco nuevos dominios que debía administrar, como Sicilia, Cerdeña, Córcega, Hispania, Iliria, etc.

Los dominios de Roma se hicieron tan extensos que pronto fueron difícilmente gobernables por un Senado incapaz de moverse de la capital ni de tomar decisiones con rapidez. Asimismo, un ejército creciente reveló la importancia que tenía poseer la autoridad sobre las tropas para obtener réditos políticos. Así fue como surgieron personajes ambiciosos cuyo objetivo principal era el poder. Este fue el caso de Julio César, quien no solo amplió los dominios de Roma conquistando la Galia, sino que desafió la autoridad del Senado romano.

El Imperio romano como sistema político surgió tras las guerras civiles que siguieron a la muerte de Julio César, en los momentos finales de la República romana. Tras la guerra civil que lo enfrentó a Pompeyo y al Senado, César se había erigido en mandatario absoluto de Roma y se había hecho nombrar Dictator perpetuus (dictador vitalicio). Tal osadía no agradó a los miembros más conservadores del Senado romano, que conspiraron contra él y lo asesinaron durante los Idus de marzo dentro del propio Senado, lo que suponía el restablecimiento de la República, cuyo retorno, sin embargo, sería efímero. El precedente no pasó desapercibido para el joven hijo adoptivo de César, Octavio, quien se convirtió años más tarde en el primer emperador de Roma, tras derrotar en el campo de batalla, primero a los asesinos de César, y más tarde a su antiguo aliado, Marco Antonio, unido a la reina Cleopatra VII de Egipto en una ambiciosa alianza para conquistar Roma.

A su regreso triunfal de Egipto, convertido desde ese momento en provincia romana, la implantación del sistema político imperial sobre los dominios de Roma deviene imparable, aún manteniendo las formas republicanas. Augusto aseguró el poder imperial con importantes reformas y una unidad política y cultural (civilización grecorromana) centrada en los países mediterráneos, que mantendrían su vigencia hasta la llegada de Diocleciano, quien trató de salvar un Imperio que caía hacia el abismo. Fue este último quien, por primera vez, dividió el vasto Imperio para facilitar su gestión. El Imperio se volvió a unir y a separar en diversas ocasiones siguiendo el ritmo de guerras civiles, usurpadores y repartos entre herederos al trono hasta que, a la muerte de Teodosio I el Grande en el año 395, quedó definitivamente dividido.

En el inmenso territorio del Imperio Romano se fundaron muchas de las grandes e importantes ciudades de la actual Europa Occidental, el norte de África, Anatolia, el Levante. Ejemplos son: París (Lutecia), Estambul (Constantinopla), Vienna (Vindobona), Barcelona (Barcino), Zaragoza (Caesaraugusta), Mérida (Augusta Emerita), Milán (Mediolanum), Londres, (Londinium), Colchester (Camulodunum) o Lyon (Lugdunum) entre otros.

Finalmente en 476 el hérulo Odoacro depuso al último emperador de Occidente, Rómulo Augústulo. El Senado envió las insignias imperiales a Constantinopla, la capital de Oriente, formalizándose así la capitulación del Imperio de Occidente. El Imperio romano oriental proseguiría casi un milenio en pie como el Imperio romano (aunque usualmente se use el moderno nombre historiográfico de Imperio bizantino), hasta que en 1453 Constantinopla cayó bajo el poder del Imperio otomano.

El legado de Roma fue inmenso; tanto es así que varios fueron los intentos de restauración del Imperio, al menos en su denominación. Destaca el intento de recuperar occidente de Justiniano I, por medio de sus generales Narsés y Belisario, el de Carlomagno con el Imperio Carolingio o el del Sacro Imperio Romano Germánico, sucesor de este último, pero ninguno llegó jamás a reunificar todos los territorios del Mediterráneo como una vez lograra la Roma de tiempos clásicos.

Con el colapso del Imperio romano de Occidente finaliza oficialmente la Edad Antigua dando inicio la Edad Media.

Imperio seléucida

El Imperio seléucida (312-63 a. C.) fue un imperio helenístico, es decir, un estado sucesor del Imperio de Alejandro Magno. El Imperio seléucida se centraba en Oriente Próximo, y en el apogeo de su poder incluía Anatolia central, el Levante, Mesopotamia, Persia, la actual Turkmenistán, Pamir y algunas zonas de Pakistán. Fue un centro de cultura helenística donde se mantenía la preeminencia de las costumbres griegas y donde una élite macedonia grecoparlante dominaba las áreas urbanas.​​​ La población griega de las ciudades que formaba la élite dominante fue reforzada por la inmigración desde Grecia.​

Reino de Portugal

El Reino de Portugal tuvo su inicio en 1139, cuando Alfonso I se autoproclamó rey de Portugal y finalizó en 1910 con la proclamación de la Primera República Portuguesa; casi novecientos años de monarquía.

Siglo XII

El siglo XII a. C. (siglo duodécimo después de Cristo) o siglo XII EC (siglo decimosegundo de la era común) comenzó el 1 de enero de 1101 y terminó el 31 de diciembre de 1200. Es llamado el «Siglo del Feudalismo».

Siglo XIV

El siglo xiv d. C. (siglo decimocuarto después de Cristo) o siglo xiv EC (siglo decimocuarto de la era común) comenzó el 1 de enero de 1301 y terminó el 31 de diciembre de 1400.

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