Despotismo

El despotismo fue una forma de gobierno que tenían algunas monarquías europeas del siglo XVIII, en las que los reyes que seguían teniendo poder absoluto, trataron de aplicar medidas ilustradas, es decir, trataron de educar al pueblo. La frase que sintetiza al despotismo ilustrado es «todo por el pueblo, pero sin el pueblo».

El despotismo ilustrado

El despotismo ilustrado pretendía responder a través de sus actos al modelo de “hombre honesto” del siglo XVIII: intelectual, racionalista cultivado, amante de las artes y mecenas de los artistas, e innovador en materia política. Por ello se rodeaba de auténticos filósofos, como Voltaire o Denis Diderot. En este sentido fueron significativos los reinados de Carlos III de España y de José I de Portugal.

Despotismo ilustrado en Europa

Durante este período numerosos soberanos de Europa, motivados por el modelo del rey-filósofo del que hablaban Voltaire, Rousseau y otros pensadores, defendieron esta forma de gobierno. Entre los déspotas ilustrados más importantes del periodo están Carlos III, José I “El Reformador” de Portugal, Federico II “El Grande” de Prusia y Catalina II “La Grande” de Rusia. Todos ellos intentaron desarrollar algún tipo de reformas en distintas áreas (educación, justicia, agricultura, libertad de prensa o tolerancia religiosa relacionada)

Reformas ilustradas

Aunque las medidas tomadas por los monarcas significaron un avance, sus gobiernos continuaron siendo en cierto modo absolutistas, y el descontento del pueblo era evidente, por lo que se amotinaron en más de una ocasión en contra de su rey, como le ocurrió a Carlos III.

Véase también

Absolutismo

Absolutismo es la denominación de un régimen político, una parte de un periodo histórico, una ideología y un sistema político (el 'estado absoluto'), propios del llamado Antiguo Régimen, y caracterizados por la pretensión teórica (con distintos grados de realización en la práctica) de que el poder político del gobernante no estuviera sujeto a ninguna limitación institucional, fuera de la ley divina.​ Es un poder único desde el punto de vista formal, indivisible, inalienable, intrascendente y liberal.

Los actos positivos del ejercicio de los poderes (legislación, administración y jurisdicción) se apoyaron en la última instancia de decisión, la monarquía. Del monarca emanaban todos los poderes del estado, no estando por encima sino por debajo del mismo;​ lo que implica la identificación de la persona del rey absoluto con el propio Estado:

No debe confundirse con el totalitarismo, concepto propio de la Edad Contemporánea. En el régimen del totalitarismo el poder se concentra en el Estado como organización, siendo que a su vez dicho Estado es dominado y manejado en todos sus aspectos por un partido político; este a su vez impone a la comunidad una ideología muy definida que penetra en todas las actividades sociales (el arte, las ciencias, la economía, los hábitos de conducta). En el absolutismo no hay un «Estado» propiamente dicho (y menos aún un partido político) sino que el Estado se identifica con un individuo que ejerce autoridad sin necesidad de ideología alguna; de hecho al absolutismo no le interesa imponer su control e influencia sobre todos los aspectos de la vida social sino que le basta fijar una autoridad omnímoda a quien los gobernados sólo deben obedecer y jamás cuestionar.

El oscuro origen etimológico del término «absolutismo» incluye (además de su relación con el verbo absolver)​ la expresión latina princeps legibus solutus est (‘el príncipe no está sujeto por la ley’), original de Ulpiano, que aparece en el Digesto, y que fue utilizado por los juristas al servicio de Felipe IV de Francia «el Hermoso» para fortalecer el poder real en el contexto de la recepción del derecho romano durante la Baja Edad Media. Algo más tarde, el jurisconsulto Balde (Baldo degli Ubaldi, discípulo de Bártolo), usa la expresión poder supremo y absoluto del príncipe en contraposición al poder ordinario de los nobles.​ La utilización del término se generalizó en todas las monarquías, independientemente de su poder efectivo, como ocurría en la débil monarquía castellana de Enrique IV «el Impotente», cuya cancillería emitía documentos redactados de forma tan pretenciosos como ésta: E yo de mi propio motu é ciencia cierta é poderío real absoluto...​

Según Bobbio, en términos kantianos, el poder absoluto consiste en que «el soberano del Estado tiene con respecto a sus súbditos solamente derechos y ningún deber (coactivo); el soberano no puede ser sometido a juicio por la violación de una ley que él mismo haya elaborado, ya que está desligado del respeto a la ley popular (populum legis)». Esta definición sería común a todos los iusnaturalistas, como Rousseau o Hobbes.​

A pesar de que la autoridad del rey está sujeta a la razón, y justificada en último extremo por el bien común, explícitamente se niega la existencia de ningún límite externo ni ningún tipo de cuestión a sus decisiones; de modo similar a como la patria potestad se ejerce por el pater familias (el rey como «padre» de sus «súbditos» —paternalismo—). Tales justificaciones imponen de hecho el carácter ilimitado del ejercicio del poder por el rey: cualquier abuso puede entenderse como una necesidad impuesta por razón de Estado.

El absolutismo se caracteriza por la concentración de poderes; no hay ninguna división de poderes como la que definirá la monarquía limitada propia de las revoluciones liberales. El poder legislativo, el poder judicial y el poder ejecutivo son ejercidos por la misma autoridad: el rey como supremo magistrado en todos los ámbitos. Rex, lex (o, en francés le Roi, c'est la loi, a veces expresado como ‘la palabra del rey es la ley’); sus decisiones son sentencias inapelables, y al rey la hacienda y la vida se ha de dar.​

El poder tiene un carácter divino, tanto en su origen como en su ejercicio por el propio rey, que queda sacralizado. La teoría del derecho divino del poder real (monarquía de derecho divino o absolutismo teológico) nació en el último cuarto del siglo XVI, en el ambiente de las guerras de religión de Francia. Aunque en Europa la divinización del monarca nunca llegó tan lejos como en el despotismo oriental (que identificaba al rey con el mismo Dios), el rey siempre tuvo cierto poder sobre las iglesias nacionales; no sólo en las surgidas de la Reforma protestante, sino en las monarquías católicas, que supeditan en gran medida a la propia Iglesia católica a través del regalismo, aunque las relaciones ente Iglesia y Estado son altamente complejas.

Temporalmente, la época del absolutismo es la del Antiguo Régimen, aunque no puedan identificarse totalmente como monarquías absolutas las de finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, para las que la historiografía utiliza el concepto de monarquía autoritaria. El modelo más acabado de absolutismo regio fue el definido en torno a Luis XIV, rey de Francia a finales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII. La Ilustración del siglo XVIII convivió con un absolutismo que fue definido como despotismo ilustrado. El absolutismo sobrevivió a las revoluciones burguesas o revoluciones liberales de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, hasta que la revolución de 1848 acabó con la Santa Alianza que desde el Congreso de Viena (1814) había impuesto la continuidad de los reyes «legítimos» restaurándolos en sus tronos incluso contra la voluntad de sus propios pueblos («Restauración» del absolutismo). El Imperio ruso mantuvo la autocracia zarista hasta la Revolución de febrero de 1917.

Absolutismo español

Absolutismo español es una etiqueta de la historiografía y de la ciencia política que se aplica a diferentes contextos históricos y políticos.

Antiautoritarismo

El antiautoritarismo es la oposición al autoritarismo, el cual es definido como "la doctrina política que aboga por el principio del gobierno absoluto: absolutismo, autocracia, despotismo, dictadura, totalitarismo."​ Los antiautoritarios usualmente creen en la igualdad ante la ley y las libertades civiles.

En ocasiones el término es usado como intercambiable con el de anarquismo,​ una ideología que rechaza al Estado. Aunque en otras ocasiones se usa para referirse a otras filosofías u organizaciones antiestatistas incluyendo a ciertos elementos que rechazan la organización partidista. Algunas veces estos grupos pueden estar muy cercanos filosóficamente al anarquismo, pero en otras ocasiones pueden albergar valores opuestos.

Autoritarismo

Autoritarismo, en las relaciones sociales, es una modalidad del ejercicio de la autoridad que impone la voluntad de quien ejerce el poder en ausencia de un consenso construido de forma participativa, originando un orden social opresivo y carente de libertad y autonomía. La sociedad preindustrial está marcada por la imposición de una fuerte autoridad y jerarquía en todos los órdenes (religioso, político, económico, etc.), con una indiscutida autoridad paternalista dentro de la familia (patriarcado, matriarcado), frente a los grados cada vez mayores de libertad y autonomía propios de la sociedad industrial y la sociedad postindustrial. En el contexto psicológico individual, pero también social, se define la personalidad autoritaria.​ En educación, se define la pedagogía autoritaria, heterónoma o tradicional, frente a la pedagogía progresista.​

En ciencia política y sociología el concepto de "autoritarismo" no tiene una definición unívoca, lo que permite identificar como autoritarias muchas y muy diferentes ideologías, movimientos y regímenes políticos. Algunas definiciones lexicográficas son simplificadoras: "sistema fundado primariamente en el principio de autoridad" -es decir, que no admite crítica-;​ "se acuñó por el fascismo como término apreciativo, para pasar a ser utilizado ... para denotar la “autoridad malvada” ... el abuso y el exceso de la autoridad que aplasta la libertad ... más que representar lo opuesto de democracia ... significa lo contrario de libertad".​ Otras se hacen por acumulación de términos que, si bien pueden entenderse como relacionados, no son estrictamente sinónimos ("la doctrina política que aboga por el principio del gobierno absoluto: absolutismo, autocracia, despotismo, dictadura, totalitarismo").​ Las que pretenden precisar rasgos se centran en cuestiones como "la concentración de poder en manos de un líder o una pequeña élite que no es constitucionalmente responsable ante el cuerpo del pueblo", el "ejercicio arbitrario del poder sin consideración de otros cuerpos" que puedan limitarles (separación de poderes), y la inexistencia de mecanismos que permitan una efectiva alternancia en el poder, como las elecciones libres multipartidistas.​

Carlos III de España

Carlos III de España, llamado «el Político»​ o «el Mejor Alcalde de Madrid» (Madrid, 20 de enero de 1716-ibídem, 14 de diciembre de 1788), fue duque de Parma y Plasencia —como Carlos I— entre 1731 y 1735, rey de Nápoles —como Carlos VII— y rey de Sicilia —como Carlos V— de 1734 a 1759 y de España desde 1759 hasta su muerte en 1788.

Carlos era el tercer hijo varón de Felipe V que llegó a la vida adulta y el primero que tuvo con su segunda mujer, Isabel Farnesio, por lo que fueron sus medio hermanos Luis I y Fernando VI quienes sucedieron a su padre en un primer momento. La muerte sin descendencia de estos llevaría a Carlos a ocupar el trono español.

Carlos sirvió a la política familiar como una pieza en la lucha por recuperar la influencia española en Italia: heredó inicialmente de su madre los ducados de Parma y Plasencia en 1731; pero más tarde, al reconquistar Felipe V el Reino de Nápoles y Sicilia en el curso de la Guerra de Sucesión de Polonia (1733-1738), pasó a ser rey de aquellos territorios con el nombre de Carlos VII. Contrajo matrimonio en 1738 con María Amalia de Sajonia, hija de Federico Augusto II, duque de Sajonia y de Lituania y rey de Polonia.

Cesaropapismo

Cesaropapismo es un término referido a las relaciones entre Iglesia y Estado, que identifica o supone la unificación en una sola persona, normalmente el emperador,​​ del poder político y poder religioso.

Civilization

Sid Meier's Civilization o Civilization I es un videojuego de estrategia por turnos creado por Sid Meier y publicado por MicroProse en 1991 para las plataformas MS-DOS, Microsoft Windows, Apple Macintosh, Commodore Amiga, Atari ST y Super NES.​

Se trata de la primera entrega de la serie Civilization. En 1992 fue galardonado con el premio Origins al mejor videojuego de estrategia del año.​

El objetivo del juego es dirigir esta civilización desde su inicio hasta llegar al espacio o conquistar todo el planeta (que puede ser la Tierra o un planeta creado al azar). Permite ir decidiendo el camino que toman las investigaciones científicas, desde el manejo del hierro hasta la carrera espacial, pasando por inventar el alfabeto, la medicina, la máquina de vapor, o descubrir la electricidad, etc. Es posible fundar ciudades, construir, comandar y dirigir ejércitos, y desde el punto de vista político, elegir la forma de gobierno (anarquía, despotismo, monarquía, república, comunismo o democracia), según se van inventando. A medida que se sube el nivel si bien los ciudadanos son más productivos, tienden a ser más exigentes y pueden hacer revoluciones si no se les complace en sus peticiones. El sistema de diplomacia permite relacionarte con otros pueblos (intercambiar descubrimientos tecnológicos, declarar la guerra, pedir la paz o exigirles tributo).

Corrupción política

La corrupción política se refiere a los actos delitos cometidos por funcionarios y autoridades públicas que abusan de su poder e influencia al hacer un mal uso intencional de los recursos financieros y humanos a los que tienen acceso, anticipando sus intereses personales y/o los de sus allegados,​ para conseguir una ventaja ilegítima generalmente de forma secreta y privada. El término opuesto a corrupción política es transparencia. Según Hernández Gómez (2018), la corrupción se define como "toda violación y/o acto desviado, de cualquier naturaleza, con fines económicos o no, ocasionada por la acción u omisión de los deberes institucionales, de quien debía procurar la realización de los fines de la administración pública y que en su lugar los impide, retarda o dificulta"​. Por esta razón se puede hablar del nivel de corrupción o de transparencia de un Estado legítimo.​

Las formas de corrupción varían, pero las más comunes son el uso ilegítimo de información privilegiada y el patrocinio; además de los sobornos, el tráfico de influencias, la evasión fiscal, las extorsiones, los fraudes, la malversación, la prevaricación, el caciquismo, el compadrazgo, la cooptación, el nepotismo, la impunidad y el despotismo.​ La corrupción facilita a menudo otro tipo de hechos criminales como el narcotráfico, el lavado de dinero, y la prostitución ilegal, aunque por cierto, no se restringe a estos crímenes organizados, y no siempre apoya o protege otros crímenes.

Despotado de Morea

El Despotado de Morea (en griego: Δεσποτᾶτον τοῦ Μορέως) o Despotado de Mistrá (en griego: Δεσποτᾶτον τοῦ Μυστρᾶ) fue una provincia del Imperio bizantino que existió entre mediados del siglo XIV y mediados de XV. Su territorio varío en tamaño durante sus 100 años de existencia, pero con el tiempo llegó a tomar prácticamente toda la península sur de Grecia, el Peloponeso, que fue llamada Morea en la Edad Media. Fue gobernada generalmente por un pariente cercano al emperador bizantino, que recibió el título de déspota (en este contexto no debe confundirse con despotismo). Su capital era la ciudad fortificada de Mistrá, cerca de la antigua Esparta, que se convirtió en un importante centro de la cultura y el poder bizantino.

Despotismo hidráulico

El despotismo hidráulico es un término para un despotismo mantenido a través del control de un recurso único y necesario. Fue creado por el teórico alemán Karl A. Wittfogel en su obra Despotismo oriental en 1957. En su forma original, controlaba literalmente el agua. En el antiguo Egipto y en Babilonia, y por extensión Wittfogel agregaba la Unión Soviética y la República Popular China, el gobierno controlaba los canales de irrigación. Las personas leales reciben una abundante cantidad de agua para sus cultivos, mientras que los menos leales reciben muy poca o ninguna y, por lo tanto, sus cultivos mueren.

En la actualidad se discuten las posibles aplicaciones del concepto, para las formas monopólicas y casi monopólicas que caracterizan la circulación de diversas mercancías bienes o servicios como el caso del petróleo, las tecnologías, o la búsqueda de una reedición de sistemas despóticos en casos como la privatización del agua potable, la circulación de la energía, la información, la educación, la biotecnología , etc.

Despotismo ilustrado

El despotismo ilustrado es un concepto político que surge en la Europa de la segunda mitad del siglo XVIII. Se enmarca dentro de las monarquías absolutas y pertenece a los sistemas de gobierno del Antiguo Régimen europeo, pero incluyendo las ideas filosóficas de la Ilustración, según las cuales, las decisiones humanas son guiadas por la razón.

Aunque el término fue acuñado por historiadores alemanes​ en el siglo XIX,​​ actualmente se prefiere el término absolutismo ilustrado para así contrastarlo con el absolutismo clásico.​

Los monarcas de esta doctrina, como Carlos III de España,​​ Catalina II de Rusia,​ Gustavo III de Suecia,​ José I de Portugal, María Teresa I de Austria​ y su hijo José II de Austria,​ Federico II de Prusia​​ y Luis XIV de Francia, contribuyeron al enriquecimiento de la cultura de sus países y adoptaron un discurso paternalista. En algunos casos, fueron inspirados por y delegaron en personajes omnipotentes de su confianza,​ como en el caso del marqués de Pombal, en Portugal,​ Gaspar Melchor de Jovellanos en el caso de España o en el Reino de las Dos Sicilias, Bernardo Tanucci y Guillaume Du Tillot en el ducado de Parma.​

Economía de África

La Economía de África se basa en el comercio, la industria, y los recursos naturales. Aproximadamente 1.111 millones de personas habitan en 54 países diferentes.​

África es uno de los continentes más ricos pero peor gestionado. Aunque algunas partes han mejorado en los últimos años, de los 175 países estudiados en el Human Development Report de Naciones Unidas en 2003, 25 países africanos se encuentran en el ranking de los más empobrecidos del mundo en cuanto a desarrollo humano.

Esto es en parte debido a su turbulenta historia: La esclavitud, la colonización y posterior descolonización de África fomentó mucho la inestabilidad política, agravada por la guerra fría. Desde mediados del siglo XX, la guerra fría, el incremento de la corrupción política y el despotismo, han contribuido a la economía tan pobre que existe en África.

El mayor contraste en términos de desarrollo ha sido entre África y la economía de Europa. El African Economic Outlook destaca el hecho de que el comercio entre África y China se ha multiplicado por 10 desde 2001, con un montante de 7.000 millones de euros (alrededor de 10.000 millones de dólares) en 2008. Las economías de China e India han crecido rápidamente, mientras latinoamérica ha experimentado un crecimiento moderado, obteniendo millones por encima de la mera supervivencia. En contraste, en la mayor parte de África la economía se ha estancado e incluso decrementado en términos de comercio exterior, inversiones, renta per cápita y otros valores de crecimiento económico.​

La pobreza ha repercutido sobre casi todos los demás campos, lo que incluye la disminución de la esperanza de vida, el incremento de la violencia y el aumento de la inestabilidad, que perpetúan los problemas de crecimiento del continente.

Año tras año, ha habido muchos intentos infructuosos de mejorar economías a escala nacional en diferentes países, de hecho, los datos más recientes sugieren mejoras en algunas partes del continente que experimentan un crecimiento por encima de la media. Según el banco mundial, los países subsaharianos han crecido a tasas parecidas a la media mundial.​​

Las economías que más deprisa han crecido han sido las de Mauritania con un crecimiento del 19,8%, Angola con un 17,6%, Sudán con un 9,6%, Mozambique con un 7,9% y Malaui con un 7,8%.​ Muchas agencias internacionales están confirmando su interés en estas nuevas y emergentes economías,​ especialmente en un momento de crisis financiera mundial como la actual crisis financiera.​

El espíritu de las leyes

"El espiritu de las leyes" o

en francés: De l'esprit des loix, 1748) es una obra del filósofo y ensayista ilustrado Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu, donde éste recrea en el modelo político inglés –tomado, a su vez, de los germanos– el sistema de separación de poderes y monarquía constitucional, que considera el mejor en su especie como garantía contra el despotismo.

Según el autor francés, los poderes ejecutivo, legislativo y judicial no deben concentrarse en las mismas manos. Se trata de una teoría de contrapesos, donde cada poder contrarresta y equilibra a los otros. Hay quien quiere ver en esta teoría una relación entre ideas políticas e ideas sociales: su imagen de la sociedad sería la de tres fuerzas sociales –rey, pueblo y aristocracia–, a la que les corresponden tres fuerzas políticas. El modelo es tomado del sistema político de Reino Unido, donde hay monarquía (el Rey es la cabeza del Poder ejecutivo), hay aristocracia (en la Cámara de los Lores, que es legislativa) y hay representación popular (en la Cámara de los Comunes, que también es legislativa). Si bien es un paradigma de representación, no lo es de separación de poderes ya que, en ocasiones, la Cámara de los Lores funciona como Tribunal Supremo.

Según él, en la monarquía, los poderes intermedios –nobleza, clero, parlamentos– actúan como equilibradores natos que impiden excesos del poder del monarca como también del poder del pueblo. A su vez, esos poderes intermedios se equilibran entre sí. Es notable el modo en que la idea de combinación equilibrada se relaciona con la imagen del universo de Newton, donde los elementos se atraen sin perder su identidad

Federico II el Grande

Federico II de Prusia, también conocido como Federico II el Grande (en alemán: Friedrich der Große; Berlín, 24 de enero de 1712 - Potsdam, 17 de agosto de 1786), fue el tercer rey de Prusia​ (1740-1786). Perteneciente a la Casa de Hohenzollern, hijo de Federico Guillermo I y Sofía Dorotea de Hannover, fue uno de los máximos representantes del despotismo ilustrado del siglo XVIII. Se le conoce por sus victorias militares y por su reorganización del ejército prusiano, sus tácticas y maniobras innovadoras, y por el éxito que obtiene en la Guerra de los Siete Años, pese a su situación casi desesperada, por lo que se le conoce ya en su época como Federico el Grande.

En su juventud, Federico está más interesado en la música y en la filosofía que en el arte de la guerra, lo que le enfrenta con su propio padre, Federico Guillermo I, al que se le conoce por su carácter autoritario, por lo que intenta escapar junto con su amigo, muy cercano, Hans Hermann von Katte. A ambos se les captura y juzga por el rey bajo la acusación de deserción, con tal resultado que Federico es obligado a presenciar la ejecución de su apreciado amigo Hans. Tras acceder al trono prusiano, Federico ataca Austria y se anexiona Silesia en las llamadas Guerras de Silesia. Al final de su reinado, Federico logra interconectar físicamente la totalidad de su reino, que anteriormente se hallaba dividido, mediante la conquista de territorios del Reino de Polonia, después de la primera partición de Polonia.

Como exponente del despotismo ilustrado, a Federico se le conoce por modernizar la burocracia y la administración pública prusiana, y por llevar a cabo diversas políticas de carácter religioso, que abarcan desde la tolerancia hasta la opresión, en función de las circunstancias.​ Reforma el sistema judicial y hace posible que los hombres de origen no aristocrático puedan llegar a la judicatura o a los principales puestos burocráticos. Algunos críticos, sin embargo, recalcan que sus medidas son opresivas contra sus súbditos polacos conquistados.​​ Apoya las artes y la filosofía, aunque al mismo tiempo emite diversas leyes de censura a la prensa.

Federico II muere sin descendencia y le sucede en el trono su sobrino Federico Guillermo II, hijo de su hermano menor. Es enterrado en su residencia favorita, el Palacio de Sanssouci, en Potsdam.

Federico II es conocido por varios apodos, tales como el rey filósofo , el rey músico (pues fue un compositor y flautista nato), el rey masón o el viejo Fritz (en alemán: der Alte Fritz), siendo la última palabra el acortamiento de su propio nombre. Fue llamado El Grande tras sus grandes hazañas militares (sobre todo durante la Guerra de los siete años de 1756 a 1763); conflicto que convierte a Prusia en una máquina de guerra, con lo que se duplican los territorios del reino.

Casi todos los historiadores alemanes del siglo XIX consideran a Federico el Grande como el modelo romántico de guerrero al que se le debe dar gloria, ya que se le alaba su liderazgo, su eficiencia administrativa, su devoción al deber de gobierno y su éxito en construir una Prusia capaz de asumir un papel principal en Europa.​ Se mantiene como una figura admirada e histórica después de la derrota del Imperio alemán en la Primera Guerra Mundial; así, el nazismo le glorifica como el líder alemán que precede a la figura de Hitler. Sin embargo, su reputación se vuelve mucho más desfavorable tras la caída del régimen nazi, tanto en la Alemania Oriental como en la Occidental.​

Gobierno zarista

El Gobierno zarista también llamado régimen zarista o autocracia zarista (en ruso: царское самодержавие, transcr. tsárskoye samoderzháviye) es una forma de gobierno relativamente absolutista (más tarde monarquía absoluta) específica del Gran Ducado de Moscú, que más tarde se convirtió en el Zarismo de Rusia y el Imperio ruso con el Emperador de toda Rusia. En él, todo el poder y la riqueza están controlados (y distribuidos) por el Zar. Tenían más poder que los monarcas constitucionales, que generalmente están investidos por la ley y compensados ​​por una autoridad legislativa; incluso tenían más ímpetu en cuestiones religiosas en comparación con los monarcas occidentales. En Rusia, se originó durante la época de Iván III (1440-1505) y fue abolida después de la Revolución rusa del año 1917.

Iluminados de Baviera

La Orden de los Iluminados

(Illuminatenorden en el original alemán, compuesto derivado del latín illuminati, ‘iluminados’, y orden) es el nombre dado a varios grupos. Históricamente se refiere a la organización Illuminati de Baviera, una sociedad secreta de la época de la Ilustración, fundada el 1 de mayo de 1776, la cual manifestaba oponerse a la influencia religiosa y los abusos de poder del estado. Con el apoyo de la Iglesia católica, el gobierno de Baviera prohibió la organización de los Illuminati (junto con otras sociedades secretas), y esta se disolvió en 1785. En los años siguientes, el grupo fue vilipendiado por críticos, que afirman que los miembros de los Illuminati de Baviera se reagruparon y fueron los responsables de la Revolución Francesa.

Peyorativo

Peyorativo o despectivo es el uso del lenguaje con una finalidad negativa para lo que se designa.

Es un recurso muy utilizado el etiquetar negativamente al rival o enemigo con un término despectivo, como primera forma de lucha contra él. Así, durante la Revolución francesa, se aplicaba el término Antiguo Régimen. En la misma época y de la misma manera peyorativa se "reinventó" el concepto de feudalismo, despotismo, tiranía (de mayor tradición), etc. Muchos otros conceptos políticos tienen ese origen, por ejemplo, en la España de comienzos del siglo XIX, se llamaba serviles a los absolutistas por los liberales. La tradición parlamentaria inglesa nombra al partido liberal y conservador con los originariamente peyorativos whig y tory, incluso al propio parlamento inglés se le aplicó durante un periodo el nombre Parlamento Rabadilla (parlamento trasero). En España se llama culiparlantes a los diputados que no intervienen más que para votar (lo que antiguamente se hacía poniéndose de pie y sentándose).

La Guerra Civil Española de 1936-1939 tuvo su parte de lucha terminológica: mientras cada bando se denominaba a sí mismo bando nacional o bando republicano, llamaba al otro fascista o rojo. La Guerra Civil Estadounidense había hecho lo propio entre federales y confederados (yanquis y rebeldes). A veces puede partir de los propios correligionarios, como con el término camisa nueva, opuesto al de camisa vieja en la Falange Española convertida en Movimiento Nacional en 1936. Más oscuro parece el origen en otros casos, como el término nacionalcatolicismo (que puede deberse tanto a la oposición al franquismo como a las familias rivales dentro de este).

El uso de términos peyorativos es abundante en la Historia del Arte: por ejemplo, Vasari designó el arte de la Edad Media como "gótico", o sea, propio de godos, bárbaros (por cierto, el mismo término "bárbaro" es de origen peyorativo: se aplicaba por los griegos a quienes no hablaban griego, burlándose de su manera de hablar y equiparándola a un balbuceo "bar-bar").

A veces, el enemigo o rival así descrito, en vez de rechazar el uso del término peyorativo termina reconociéndose en él e identificándose con él, de forma que pasa a ser propio. Así ocurrió por ejemplo con algunos estilos de las vanguardias artísticas: el término impresionismo (en origen, utilizado por un crítico de arte que quería burlarse del título Impresión: el sol naciente de un cuadro Monet); o con el fovismo (de forma similar, por un crítico que comparó ese estilo con el que tendrían fieras pintando).

Revoluciones burguesas

Las revoluciones burguesas son un concepto historiográfico originado por la escuela del materialismo histórico o marxismo que se utiliza para manifestar que el componente social dominante en un movimiento revolucionario corresponde a la burguesía.

Aunque pueden remontarse al mismo nacimiento de la clase burguesa en las ciudades europeas medievales, el concepto suele restringirse a los ciclos revolucionarios del año 1800que sucedieron desde finales del siglo XVIII y que en su definición política se conocen como Revolución Liberal. Su principal ejemplo fue la Revolución francesa (1789), seguido en distintos momentos por los demás países europeos (revolución de 1820, revolución de 1830, revolución de 1848) o americanos (Independencia de la América Hispana), pues la Independencia de Estados Unidos es anterior, de 1776) hasta la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que acaba definitivamente con los últimos recuerdos del Antiguo Régimen; notablemente en Prusia con la Revolución de febrero de 1917, que sólo precede en pocos meses a la Revolución de Octubre, que se clasifica ya como revolución socialista y proletaria.

Según esa concepción materialista de la historia (muy matizada desde mediados del siglo XX incluso por la propia historiografía materialista), los intereses de la burguesía se manifestaron en la superestructura político-ideológica por las ideas de la Ilustración, que hablaban de libertad y derechos en oposición al absolutismo y la sociedad estamental; y de libre mercado frente a las restricciones del modo de producción feudal. La ideología burguesa no se restringe a esa clase, sino que se extiende por el cuerpo social, tanto en el conjunto de la población dominada (mucho más numerosa por incluir a todos los privilegiados), así como a elementos individuales de los estamentos privilegiados (nobleza y clero), e incluso en algunos casos al aparato mismo del poder de la monarquía absoluta, que se veía a sí misma como despotismo ilustrado.

Símbolo de la alternativa social y política, la Toma de la Bastilla (con mayor repercusión que la anterior Declaración de Independencia de los Estados Unidos) había demostrado la posibilidad de una emancipación

vista con temor por toda la aristocracia europea, al tiempo que con esperanza por los partidarios de los cambios revolucionarios que iban a acabar con los obstáculos que impedían a la burguesía el libre desarrollo de la fuerza productiva de su capital, le negaban el ascenso social y le imposibilitaban el ejercicio del poder político.

Tras el prolongado proceso histórico de la revolución burguesa, esta clase reemplazó como clase dominante a los señores feudales, fusionándose de hecho en una nueva élite social, de la que formarán parte tanto la alta nobleza como la alta burguesía. Las revoluciones burguesas incluyeron y se simultanearon con el proceso de industrialización y la transformación de la sociedad preindustrial en sociedad industrial, un cambio verdaderamente revolucionario que ha merecido el nombre de Revolución industrial. Ambas revoluciones, política y económica, son inseparables de la revolución social que es el proceso de dominación burguesa.

Universidad Carolina

La Universidad Carolina (en checo Univerzita Karlova y en latín Universitas Carolina) fundada en 1348 en Praga (Bohemia), actualmente en la República Checa, es la universidad más antigua y una de las universidades más prestigiosas en la Europa Central y del Este.

Fundada a finales de los años de 1340, se cuenta entre las universidades más antiguas de Europa y es la primera universidad en la Europa Central. Su sello muestra a Carlos IV, Emperador (con sus escudos de armas como Santo Emperador Romano Germánico y Rey de Bohemia) arrodillándose delante de San Wenceslao (al lado del bohemio), rodeado por la inscripción Sigillum Universitatis Scolarium Studii Pragensis (en castellano: Sello de la academia de Praga, en checo: Pečeť studentské obce pražského učení).

La sede histórica y el recinto ceremonial es el Carolinum, un palacio ocupado por la universidad desde 1383, que antes perteneció al banquero aristócrata Johlin Rotlev.

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