Cultura de los campos de urnas

La cultura de los campos de urnas es un extenso horizonte arqueológico que se difundió durante el final de la Edad del Bronce y el principio de la Edad del Hierro por buena parte de Europa, llegando en su momento de apogeo a abarcar desde el Danubio y el Báltico hasta el mar del Norte y el nordeste de la península ibérica. Se caracterizó por un nuevo rito funerario: la incineración del cadáver y la deposición de sus cenizas en urnas de cerámica, las cuales se enterraban en un hoyo practicado en la tierra, formando extensas necrópolis. Al principio se levantaban pequeños túmulos sobre las fosas, luego quizás alguna estela o nada que las indicara. La expansión de este modelo se produjo entre los siglos XIII y VIII a. C.[1]

Cultura de los campos de urnas
Cultures, 1200 BC
Localización geográfica aproximada.
Datos
Cronología: 1250-750 a. C.
Localización: Los colores naranja y rojo corresponden respectivamente al área norte y central de los campos de urnas; otras regiones fuertemente influenciadas fueron la de Lausacia (púrpura), Knoviz (azul central) y el Danubio (marrón).

Problemas de interpretación

A lo largo del tiempo, distintos investigadores han sostenido teorías diversas sobre esta cultura arqueológica, ligadas casi todas ellas a una visión difusionista de la prehistoria. Así, se la ha relacionado con pueblos de conquistadores indoeuropeos, a los que algunos arqueólogos incluso les han adjudicado la autoría de las convulsiones que se produjeron por la misma época en el Mediterráneo oriental —caída de Micenas, del Imperio hitita, ataques de los llamados pueblos del mar a Egipto, destrucción de Ugarit, etc.—. Actualmente casi nadie sostiene que los grupos de los campos de urnas fueran un ente cultural homogéneo; la opinión generalizada es que se trató simplemente de una moda que se expandió por Europa debido a préstamos culturales o, en ciertos casos, a movimientos de pueblos diferenciados entre sí. De hecho, en algunas regiones el cambio en el comportamiento funerario fue el único cambio que se produjo, apareciendo una clara continuidad con las estrategias económicas y sociales anteriores.[1]

En las áreas en que se fue imponiendo la incineración se desarrollaron diferentes modelos de asentamientos, tradiciones funerarias distintas y se fabricaron artefactos con tipologías propias; la única estandarización clara detectada fue la de los objetos de prestigio realizados en bronce. Esto fue debido a un incremento de los intercambios comerciales, que no sólo se produjeron desde Centroeuropa hacia su periferia, como tradicionalmente se ha defendido, sino también desde las áreas atlántica y oriental hacia el centro. Por otro lado y en contradicción con las antiguas tesis migratorias, se ha comprobado que la costumbre de incinerar los cadáveres ya se practicaba en Europa con anterioridad, siendo durante el Bronce final cuando empezó a generalizarse en aquellas zonas donde se había desarrollado la precedente cultura de los túmulos, con la cual no se produjo una ruptura, ya que se mantuvieron ritos y, en muchos casos, incluso los asentamientos.[2]

La incineración aparece documentada en el grupo húngaro de Baden y el rumano de Cotofeni en el III milenio a. C. Posteriormente, se convirtió en el ritual predominante o alternaba con las inhumaciones entre grupos establecidos en la cuenca danubiana, en Hungría, Rumanía o Eslovaquia desde el 1950 a. C. También en Centroeuropa, Italia y el área atlántica aparecen incineraciones registradas junto a inhumaciones antes del 1200 a. C.[3]

HMB Mondhörner Mörigen Bronzezeit 900 BC
Crecientes lunares, iconos animales y sonajero procedentes de Mörigen, lago Biel, Suiza (900-800 a. C.).

Existen muchas dudas sobre el parentesco filogenético y lingüístico de los pueblos que formaban parte de los pueblos que compartía la cultura de los campos de urnas. Actualmente la mayor parte de autores consideran que la cultura de Hallstatt muy probablemente estaba formada por pueblos que hablaban una lengua cercana al protocelta. Para los campos de Urnas es más difícil hacer identificaciones concretas, aunque no puede descartarse alguna conexión con los celtas y otros pueblos indoeuropeos.

Cronología

En Europa Central los campos de urnas comenzaron a aparecer a partir del 1250 a. C. (Bronce D), extendiéndose hasta el 700-600 a. C. (Hallstatt C), ya en la I Edad del Hierro. Para otras regiones la cronología difiere, apareciendo las primeras evidencias en el nordeste de la península ibérica hacia 1150-950 a. C. con una única necrópolis en estos momentos iniciales peninsulares, la de Can Missert (Tarrasa, Barcelona).[4]

El cambio en el modelo funerario no se produjo de repente ni fue uniforme ni siquiera en Europa Central, sino que fue algo paulatino. Los primeros indicios de una transición entre inhumación e incineración se produjeron entre 1250-1200 a. C. en Alta Baviera (Alemania), donde los grandes túmulos comenzaron a cobijar incineraciones, cambiando también las tipologías de algunos elementos del ajuar, tales como las espadas. Durante un tiempo hubo necrópolis de incineración junto a otras de inhumación, e incluso, necrópolis con ambos rituales coexistiendo juntos. Entre 1200-1100 a. C. se produjo la generalización del ritual de incineración y su expansión, con un claro empobrecimiento de los ajuares funerarios en comparación con épocas anteriores, aunque con marcadas divergencias regionales. En Polonia, por ejemplo, se siguieron realizando inhumaciones, las cuales representan un diez por ciento del total de los enterramientos.[5]

A partir del 750 a. C. (Hallstatt C), el ritual funerario volvió a incluir abundantes inhumaciones junto a las cremaciones y los ajuares se enriquecieron espectacularmente. Se volvieron a levantar túmulos y se abandonaron muchos de los asentamientos anteriores, sobre todo los fortificados, aunque posteriormente se volvieron a reocupar muchos, evidenciando una jerarquización del territorio y de la sociedad que fue acusándose cada vez más a lo largo de la II Edad del Hierro.[6]

Hábitat

El número de asentamientos se incrementó notablemente en comparación con los momentos precedentes, aunque pocos han sido excavados adecuadamente. Podían ser núcleos fortificados, a menudo situados en lo alto de colinas o en recodos de ríos, o, también, caseríos en llanura sin defensas, aunque pocos han sido excavados hasta ahora. Estos últimos solían estar formados por tres o cuatro grandes casas aisladas, construidas con postes de madera y paredes formadas habitualmente por armaduras de ramas y barro. Se conocen también fosos en las viviendas que debieron servir como bodegas para conservar el grano. En los lagos del sur de Alemania y Suiza, las viviendas fueron construidas sobre pilares de madera, consistiendo en una simple habitación hecha con ramas y barro o de madera.

Burgstallkogel Sulm valley
Yacimiento de Burgstallkogel en una colina fortificada (cultura de los campos de urnas, Austria).

Los poblados en colinas fortificadas se volvieron muy comunes durante el Bronce final para luego hacerse raros en los inicios de la Edad del Hierro. A veces se utilizaba un escarpado espolón rocoso, para evitar así la fortificación de todo el perímetro del asentamiento; otras una colina de altura moderada, un meandro de río o una zona pantanosa. En función de las materias primas locales los muros se construían de piedra seca o bien se levantaban los denominados pfostenschlitzmauer, parrillas de troncos rellenas con tierra o cascotes. Estas fortificaciones han sido consideradas verdaderas obras de ingeniería, que precisaban de una mano de obra ingente, como en Biskupin (Polonia), donde se ha calculado que se necesitaron entre 50 000 y 80 000 horas de trabajo para levantar el poblado. Su forma era circular u oval, y su extensión muy variable, entre 1,8 y 10 hectáreas, aunque algunos llegaban a las 35. En su interior se levantaban viviendas, almacenes y cercados para el ganado.[7]​ Un caso excepcional es el del fuerte de Hořovice (Bohemia, República Checa) que llegó a ocupar 50 hectáreas.

Uno de los más conocidos yacimientos es el del lago Federsee (Wurtemberg, Alemania), localizado en 1920 en la turbera de una isla, en unas condiciones excelentes de conservación. No solamente se sacaron a la luz sus murallas, sino que además se recuperaron numerosos útiles de bronce tales como hachas, cuchillos o brazaletes, y restos que determinaban el carácter fundamentalmente agrícola del asentamiento.[8]

El trabajo del metal se concentraba en estos fuertes, como lo atestiguan los 25 moldes de piedra encontrados en Runde Berg (sur de Alemania). Son interpretados como lugares centrales de un territorio y algunos investigadores creen que su aumento es una evidencia del incremento de los conflictos. Por lo que se conoce hasta ahora, no había viviendas especiales para posibles clases dirigentes, pero pocos yacimientos han sido excavados en toda su extensión.

Urnenfelder panoply
Armas de bronce típicas de los campos de urnas de Centroeuropa, en el Bronce Final.

Cultura material

Recipientes

Normalmente, la cerámica encontrada es de buena factura, con una superficie lisa y suave, y un perfil bien marcado, siendo especialmente características las ollas bicónicas, con cuellos cilíndricos, y singulares los ejemplos de cerámica negra. Las decoraciones suelen ser acanaladas, incisas o excisas, aunque una gran parte de la superficie se dejaba lisa. Los motivos ornamentales incluyen bandas de líneas paralelas —horizontales, verticales u oblicuas—, círculos concéntricos y aves, posiblemente acuáticas.[9]​ La cerámica encontrada en las viviendas suizas sobre pilares muestra una decoración incisa incrustada en ocasiones con laminillas de estaño. Los hornos alfareros ya eran conocidos, como lo indica la homogénea superficie de la cerámica producida.

Se han hallado abundantes recipientes de metal, entre los cuales se incluyen copas, sítulas, y grandes calderos, hechos con láminas de bronce batido, con asas remachadas. Pueden ser lisos o con adornos, geométricos o de aves asociadas a discos, los llamados pájaros-soles. La ornamentación se conseguía mediante la técnica del repujado.[9]​ Los recipientes de madera solo se han preservado en contextos anegados por el agua, pero debieron de estar bastante extendidos.

Herramientas y armas

Las típicas herramientas de bronce fueron las hachas (de talón, de cubo, etc.), aunque también se utilizaron azuelas, hoces, gubias, cinceles, martillos o navajas de afeitar. Las espadas más comunes, de bronce, tenían forma de hoja, con empuñadura de bronce también, aunque había otras que tenían forma de espiga, con empuñaduras de madera, hueso o asta. Las espadas con reborde en la empuñadura presentaban incrustaciones en esta y aunque eran todavía del tipo denominado de lengüeta, hacia el final del período se comenzaron a fabricar las empuñaduras de antenas que se generalizaron en la Edad del Hierro. Por esta época, los elementos de protección como escudos, corazas, grebas y cascos presentaban ricas decoraciones de carácter geométrico o pájaros-soles.[9]​ El armamento defensivo era bastante raro y pocas veces se lo encuentra en los enterramientos, a pesar de lo cual se conocen algunos escudos de bronce que, se supone, imitan modelos de madera y, en Irlanda, escudos de piel. También hay algunas corazas de bronce y discos del mismo material que debían ir cosidos a corazas de cuero, así como grebas ricamente decoradas con láminas de bronce.

Kesselwagen von Acholshausen — Exponat in der Archäologischen Staatssammlung München
Miniatura de bronce: carro con caldero funerario.

Carros

Alrededor de una docena de enterramientos en carros de cuatro ruedas con herrajes de bronce son conocidos, sobre todo, del período final de los campos de urnas, durante la Primera Edad del Hierro. En Hart an der Alz (Baja Baviera, Alemania) un carro había sido quemado en la pira funeraria, encontrándose fragmentos de hueso pegados al metal parcialmente fundido de los ejes; se halló un rico ajuar que incluía ocho vasijas cerámicas, vajilla y armas de bronce, y joyas de oro.[10]​ Los radios de las ruedas se hacían en madera solo o en madera y bronce. Los bocados de bronce aparecieron también por esta época. En Milavče (Bohemia) se halló una miniatura hecha en bronce de un carro de cuatro ruedas que soportaba un gran caldero de 30 cm de diámetro, el cual contenía una cremación. Este excepcional y rico entierro había sido posteriormente cubierto por un túmulo. En Brandenburgo (Alemania) se halló un carro con tres ruedas en un único eje, sobre el cual estaba encaramada un ave acuática. Tales carros eran conocidos ya en el área escandinava y miniaturas realizadas en arcilla, a veces con aves acuáticas, se habían encontrado en contextos del Bronce medio de los Balcanes.

Berliner Goldhut
El Sombrero de oro de Berlín, posiblemente una insignia sacerdotal relacionada con el culto al sol.

Depósitos

La deposición de tesoros fue algo muy común en esta época en las áreas periféricas atlánticas, desde Holanda y Gran Bretaña hasta el noroeste de la península ibérica, siendo una costumbre que desapareció hacia el final de la Edad del Bronce. A menudo fueron depositados en ríos y otros lugares húmedos como pantanos, sitios que solían ser prácticamente inaccesibles, lo cual ha sido interpretado como ofrendas a los dioses. Pero también fueron enterrados en escondrijos alijos que contenían objetos de bronce rotos o mal fundidos y que, probablemente, debían de estar destinados a ser reutilizados por los herreros.

Hierro

Un anillo de hierro procedente de Alemania y datado en el siglo XV a. C. es la más antigua evidencia férrea hallada en Centroeuropa. A finales de la Edad del Bronce el hierro fue usado para decorar las empuñaduras de espadas y puñales, y la cabezas de alfileres e imperdibles para sujetar la ropa. Solamente se comenzó a utilizar el hierro para fabricar armas y utensilios domésticos en la siguiente, y directa sucesora, cultura arqueológica de Hallstatt. Su generalización se produjo durante la Edad del Hierro tardía, con la cultura de La Tène.

Economía

Bóvidos, cerdos, ovejas, cabras, caballos, perros y, posiblemente, gansos, eran criados por el hombre para su sustento o para labores auxiliares. Tanto bóvidos como caballos eran más pequeños que los actuales, alcanzando los primeros una altura de 1,20 m hasta la cruz y los segundos 1,25 de media.

Se cultivaba trigo y cebada, junto a distintos tipos de legumbres y opio, cuyas semillas se utilizaban para elaborar aceite o como droga. Mijo, avena, centeno y lino se cultivaron de manera menos generalizada. Hay constancia del uso de arados tirados por bueyes y abundancia de molinos de piedra, azuelas de bronce y hoces; también está comprobada la existencia de graneros.

Los bosques fueron intensivamente aclarados, creando, tal y como muestran los análisis polínicos, prados abiertos para uso, probablemente, del ganado. Esto condujo al incremento de la erosión y, consecuentemente, de la carga de sedimentos transportada por los ríos.

Al parecer, comenzaron a diversificarse los oficios, dando lugar a una cierta especialización artesanal. Gracias a la mejora de los caminos, «pavimentados» en ciertas zonas con troncos, y de los medios de transporte, con el uso del carro y del caballo como animal de tiro, se intensificaron las relaciones comerciales, que muestran un auge del comercio de la sal. Se inició la producción de vidrio, mientras la cerámica y la orfebrería experimentaron un gran impulso, multiplicándose también los centros metalúrgicos.

Urnfield burial
Tumba típica de los campos de urnas, Centroeuropa, Bronce final.

Enterramientos

Lo común en Centroeuropa fue la incineración, aunque las variantes rituales que se observan en las necrópolis a lo largo del tiempo y entre distintas regiones son muy numerosas. Así, se pueden encontrar tumbas formadas por:

  • Un hoyo excavado en la tierra, en el que se deposita la urna cubierta por un plato o piedra.
  • Sin urna, directamente en el hoyo.
  • Urnas cubiertas por estructuras de madera, círculos de piedras, cistas, etc.
  • Túmulos no muy grandes señalando la urna.
  • Inhumaciones con o sin túmulo, con estructuras de madera, etc.

La deposición y orientación de los cuerpos inhumados es también muy variada. Los ajuares eran muy sobrios y homogéneos en comparación con las épocas anteriores y posteriores, consistiendo en cerámicas o metales, que, como mucho, alcanzaban las seis unidades. A veces, una o varias urnas estaban delimitadas por fosos, creando unos recintos de planta circular o cuadrangular que se suponen rituales.[11]

Rituales

Los rituales de esta época debieron estar relacionados con el culto a las fuerzas de la naturaleza, abarcando un amplio espectro que iría desde ritos propiciatorios de la fecundidad de la tierra, a otros dedicados al sol, los astros, el agua o a divinidades animales, lo que confirma su continuidad con tradiciones que emanan del Neolítico. Se han descubierto carros hechos en bronce o de cerámica cuyos animales de tiro son caballos, ciervos o patos, que acarrean un disco solar (Trundholm, Dinamarca), una mujer con un plato de ofrendas (Strettweg, Austria) o una divinidad (Dupljaja, Serbia). También se consideran relacionados con el culto al Sol o, quizás, al fuego, los conos de oro decorados con anillos, discos y otros símbolos solares, de los que conocemos cuatro, tres hallados en Alemania y el cuarto en Francia. En Europa central se cree que había santuarios ubicados en las mismas viviendas, ya que se han encontrado cornamentas y crecientes de arcilla cerca de los hogares o de sitios destacados que podrían ser altares. En los recintos rituales de las necrópolis se han hallado ofrendas consistentes en cerámicas especiales, crecientes o platos con ocre, así como evidencias de fuegos intencionados.[12]

Véase también

Referencias

  1. a b Fullola y Nadal, 2005, pp. 200-201.
  2. Blasco, 1993, pp. 23-27.
  3. González Marcén, Lull y Risch, 1992, pp. 53, 117 y 188.
  4. Blasco, 1993, pp. 24-25, 139-140.
  5. Blasco, 1993, pp. 28-29,67-69.
  6. Belén Deamos y Chapa Brunet, 1997, pp. 27-32.
  7. Blasco, 1993, pp. 59-60.
  8. Fullola y Nadal, 2005, p. 87.
  9. a b c Blasco, 1993, pp. 30-32.
  10. Blasco, 1993, p. 66.
  11. Blasco, 1993, pp. 65-71, 79-81.
  12. Blasco, 1993, pp. 75-86.

Bibliografía

  • Belén Deamos, María; Chapa Brunet, Teresa (1997). La Edad del Hierro (primera edición). Madrid: Editorial Síntesis. ISBN 84-7738-447-9.
  • Blasco, Mª Concepción (1993). El Bronce final (primera edición). Madrid: Editorial Síntesis. ISBN 84-7738-195-X.
  • Fullola, Josep Mª; Nadal, Jordi (2005). Introducción a la prehistoria. La evolución de la cultura humana (primera edición). Barcelona: UOC. ISBN 84-9788-153-2.
  • González Marcén, Paloma; Lull, Vicente; Risch, Robert (1992). Arqueología de Europa, 2250-1200 A.C. Una introducción a la "Edad del Bronce" (primera edición). Madrid: Editorial Síntesis. ISBN 84-7738-128-3.
Predecesor:
Cultura de los túmulos
Culturas de Europa Central
Edad del Bronce
1250 a. C.-700 a. C.
Sucesores:
Hallstatt D

Cultura de Villanova- Cultura de La Tène

Enlaces externos

Burrén y Burrena

Burrén y Burrena, llamadas popularmente Las Dos Teticas, son cerros gemelos en Aragón, España. Se encuentran en el término municipal de Fréscano, cerca la carretera entre esta localidad y Mallén.

Burrén tiene una elevación de 413 metros sobre el nivel del mar mientras que Burrena se encuentra a 397 msnm. Bajo los cerros se encuentran dos yacimientos arqueológicos de la Edad de Hierro pertenecientes a la cultura de los campos de urnas.​ Estos sitios han sido declarados Bien de Interés Cultural en el registro de patrimonio del Ministerio de cultura español.

Estos montes son cerros aislados visibles en el paisaje plano del norte de la comarca del Campo de Borja.

Can Missert

Can Missert es un yacimiento arqueológico, localizado en el municipio español de Tarrasa (Barcelona), que corresponde a una necrópolis de la Edad del Bronce, de la cultura de los campos de urnas. Fue descubierta a principios del siglo XX por el propietario de los terrenos donde se encuentra, cuando se construía la carretera entre Tarrasa y Olesa de Montserrat.​

El yacimiento se estructura en cuatro niveles que abarcarían entre 1000 y 800 a. C., donde el más antiguo, Can Missert I, es el que correspondería a la necrópolis de la cultura de los campos de urnas y acabarían con el Bronce Final.​

Los huesos depositados en las urnas de cerámica provenían de la incineración previa realizada sobre una losa de piedra de grandes dimensiones, también localizada en la necrópolis.

Celta

Celta es el término utilizado por lingüistas e historiadores para referirse, en un sentido amplio, al pueblo o conjunto de pueblos de la Edad de Hierro que hablaban lenguas celtas, una de las ramas de las lenguas indoeuropeas.​ En este sentido, el término no es por lo tanto étnico ni arqueológico, pues muchos de los pueblos que hablaron lenguas célticas, caso de los Goidelos de Irlanda, nunca llegaron a participar de las corrientes culturales materiales de Hallstatt o La Tène.​

Existe sin embargo un concepto más restringido del término, referido en este caso a los llamados celtas históricos, entendidos estos tradicionalmente como el grupo de sociedades tribales de Europa, que compartieron una cultura material iniciada en la primera Edad de Hierro (1200-400 a. C.) en torno a los Alpes (periodo Hallstatt) y más tarde en el hierro tardío (periodo La Tène), y que fueron así llamados por los geógrafos griegos y latinos. En este grupo se adscriben los celtas continentales de la Galia, norte de Italia, Alemania y Bohemia, los celtíberos de Iberia, los gálatas de Anatolia, este y centro de Rumanía y, ya con mayores reticencias por parte de los historiadores británicos e irlandeses, los celtas insulares.

En tiempos antiguos los celtas que llegaron a lo largo del primer milenio, hacia el 1200 a. C. a Europa y según el punto de vista tradicional, hacia el 900 a. C. en la península ibérica, eran un cierto número de pueblos interrelacionados entre ellos que habitaban en Europa Central; todos estos pueblos hablaban lenguas indoeuropeas, indicativo de un origen común. Hoy, el término "celta" se utiliza a menudo para describir a la gente, las culturas y lenguas de muchos grupos étnicos de las islas británicas, Francia, en la región de Bretaña; España, en Galicia, Asturias y Cantabria; y Portugal, en la región de Minho. Sin embargo, tribus o naciones, como los atrébates, Menapii, y Parisii, desde regiones celtas de tierra firme, incluyendo la Galia y Bélgica, se sabe que se movieron hacia Gran Bretaña e Irlanda y contribuyeron al crecimiento de aquellas poblaciones. El uso del término celta para referirse a gente de Irlanda y Gran Bretaña surge en el siglo XVIII. Vivían en pueblos amurallados llamados castros.

Los griegos los llamaron keltoi o gente oculta, que proviene del griego Hecateo de Mileto del 517 a. C.

No se puede hablar de un Estado propiamente celta, ya que cada zona tenía su líder, y siendo los celtas un pueblo guerrero como eran, siempre había rivalidades entre ellos.

Cimerios

Los cimerios o gómeres​​ eran antiguos nómadas ecuestres que, según el historiador griego Heródoto (siglo V a. C.), habitaban originariamente en la región norte del Cáucaso y el mar Negro, en la actual Rusia y Ucrania, entre el siglo VIII a. C. y el VII a. C.

Registros asirios además los ubican en la región de Azerbaiyán en el 714 a. C.

Cinco

El cinco (5) es el número natural que sigue al cuatro y precede al seis.

Pronunciación de cinco, versión España.

Pronunciación de cinco, versión América Latina.

El número cinco en código morse.

Cultura de Hallstatt

La cultura de Hallstatt es una cultura arqueológica perteneciente al Bronce final y la I Edad del Hierro. Fue Paul Reinecke quien primero asimiló el yacimiento de Hallstatt con los campos de urnas, creando una periodización que actualizó posteriormente Müller-Karpe. Así, Hallstatt formó parte de los campos de urnas y, a su vez, fue heredera de estos, manteniendo una clara continuidad, sin rupturas.​ Sin embargo, también recibió influencias diferenciadoras gracias a sus contactos con el norte de Italia (Golasecca), con colonos mediterráneos a través del Adriático y también de los pueblos de las estepas de la Europa Oriental.

Fue una cultura de transición entre la Edad del Bronce y la del Hierro, extendiéndose principalmente por la Europa Central, Francia y los Balcanes. Se suelen distinguir dos grandes etapas (de un total de cuatro):

Hallstatt A y B (1200-750 a. C.), correspondiente al Bronce Final de los campos de urnas.​

Hallstatt C y D (750-450 a. C.), consolidada como la Primera Edad del Hierro, aunque la C sigue perteneciendo a los campos de urnas.​Esta última fase (Fase D) enlaza con el periodo de La Tène (480-50 a. C.) o Segunda Edad del Hierro.

El nombre de esta cultura es debido a la Necrópolis de Hallstatt, situada en la localidad de Hallstatt, en Austria, cerca de Salzburgo, donde se han encontrado cerca de 2000 tumbas y más de 6000 objetos. El primero en darle esta nomenclatura fue Hans Hildebrand, y sus siguientes divisiones fueron establecidas primero por Otto Tischler y posteriormente, la que se utiliza en la actualidad, por Reinecke.

El uso del hierro al principio es minoritario. Sin embargo, a partir del VII a. C. se generaliza su uso poco a poco, al igual que su comercialización.

Muchos de sus asentamientos estaban fortificados y dominados por una clase social de guerreros que formaban una especie de aristocracia. Gracias al uso del hierro en vez del bronce obtenían un armamento superior.

Hay cerámicas excisas, pintadas y grafitadas, a veces con incrustaciones, mientras que, en las espadas, hay pomos incrustados en hueso, marfil o ámbar.

Esta cultura mantiene contactos con el Mediterráneo y con las estepas del este europeo. Persiste el comercio del ámbar y del estaño en los intercambios con el mundo mediterráneo.

Con respecto al rito funerario, en los períodos iniciales se impuso la incineración y deposición en una urna, pero a partir de Hallstatt C se produjo un aumento de las inhumaciones, que ya en Hallstatt D fueron predominantes. Hay claras diferencias en las tumbas, por su ajuar y por su estructuras. Los ricos preferían ser depositados en cámaras de madera, bajo túmulo.

En España, una de las muestras del paso de esta cultura se encuentra en Carrascosa del Campo, en la Necrópolis Celtibérica de Las Madrigueras, importante ya que fueron los primeros vestigios encontrados de esta cultura en la península ibérica. Se encontraron diversos tipos de urnas funerarias, lo que demuestra que población de esta cultura habitó en el centro peninsular.Muchos arqueólogos consideran que tanto por el período histórico como por la coincidencia en el espacio con los primeros pueblos documentados, muy posiblemente la mayor parte de los pueblos que compartían la cultura de Hallstatt habrían hablado una lengua cercana al idioma protocelta.

Cultura de Jastorf

La cultura de Jastorf es una cultura prehistórica, también conocida por ser la Edad del Hierro prerromana en el norte de Europa, concretamente en Escandinavia, Países Bajos y la zona del valle del Rin en el norte de Alemania. Éste es el primero de los tres periodos en el sistema cronológico de Oscar Montelius.

Cronológicamente se sitúa entre los siglos IV y I a.C.

Este tipo de cultura es protogermánica, colindando en el sur con la cultura de La Tène, los cuales tuvieron avances en la tecnología del trabajo del hierro, consiguiendo con ello una considerable influencia, sobre todo cuando a partir del 600 a. C. la gente del norte comenzó a extraer hierro, gracias a una tecnología que consiguieron de sus vecinos de la Europa central. No obstante, al principio el hierro se usó únicamente como decoración, posteriormente se utilizó para forjar herramientas y espadas. También sobrevivió el uso del bronce durante este periodo completo, pero como un uso decorativo.

Sus tradiciones fueron una continuación de la Edad del Bronce nórdica, pero con influencias fuertes de la cultura de Hallstatt en Europa Central.

Las prácticas funerarias, no obstante, continuaron la tradición de incinerar los cadáveres para luego poner sus restos en urnas, algo característico de la cultura de los campos de urnas.

Cultura de Villanova

La cultura de Villanova es una civilización de la Edad del Hierro en el norte de Italia, en la región que enseguida fue la sede de la cultura etrusca.

El nombre procede del yacimiento tipo, Villanova di Castenaso (cerca de Bolonia).

Cultura de los castros sorianos

La cultura de los castros sorianos se desarrolló entre los siglos VI y IV a. C. en la meseta española, en un espacio geográfico aproximado al que ocupa en la actualidad (2008) el norte de la provincia de Soria.

Cultura lusaciana

La cultura lusaciana pertenece a la Edad del Bronce tardía y principios de la Edad del Hierro (1300-500 a. C.). Se extiende por el este de Alemania, la mayor parte de Polonia, partes de la República Checa, Eslovaquia y partes de Ucrania. Abarca los períodos Montelius III (cultura lusaciana temprana) al V de la cronología norte europea.

La cultura lusaciana es heredera de la cultura Trzciniec junto con algunas influencias de la cultura de los túmulos de la Edad del Bronce. Es contemporánea con la cultura de los campos de urnas y con la Edad del Bronce nórdica.​ En el este la sucede la cultura Billendorf a principios de la Edad de Hierro. En Polonia permanece durante parte de la Edad de Hierro y la sucede la cultura pomerania en el norte alrededor de la desembocadurá del río Vístula.

Estuvo en contacto con las culturas de la Edad del Bronce nórdica. La influencia escandinava en el norte de Polonia y Pomerania durante este período es considerable, por este motivo se incluye en ocasiones en la Edad del Bronce nórdica.

El rito funerario más común es la cremación, las inhumaciones son escasas. La urna se encuentra acompañada de numerosas vasijas, hasta 40. Son escasas las tumbas con objetos de metal, pero se han encontrado tumbas con grandes tesoros de bronce y oro como en Kopaniewo (Pomerania) o Eberswalde (Brandeburgo). Se han encontrado tumbas como la de Bataune en Sajonia con moldes que atestiguan la producción herramientas y armas de bronce en el poblado.

La tumba 'real' de Seddin (Brandeburgo), cubierta por un gran túmulo contiene numerosas vasijas de bronce y cuentas de cristal importadas del Mediterráneo. Los cementerios pueden ser bastante grandes y tener miles de tumbas.

Biskupin en Polonia y Buch en las cercanías de Berlín son famosos poblados pertenecientes a esta cultura. Ambos son poblados fortificados construidos en cimas o en zonas pantanosas. Los muros están fabricados con cajas de madera rellenas de tierra o piedras.

La economía esta principalmente basada en la agricultura, como lo atestiguan los numerosos fosos encontrados. El trigo y la cebada son los cultivos principales, además se cultiva mijo, centeno, avena, guisantes, alubias, lentejas y Camelina sativa. También se han encontrado restos de lino, manzanas cultivadas, peras y ciruelas. Los animales domésticos más importantes lo forman el ganado vacuno y porcino, seguidos de las ovejas, gansos, caballos y perros. Dibujos encontrados en urnas de Silesia pertenecientes de la Edad del Hierro indican la monta de caballos, también eran usados para tirar de carros.

Practican la caza, pero esta no aporta una gran cantidad de la carne consumida. Se encuentran huesos de ciervo, jabalí, bisonte, alce, liebre, zorro y lobo. En Biskupin el consumo de ancas de rana puede haber sido habitual, pues se han hallado grandes cantidades de huesos de rana.

Algunos arqueológos consideran que los tesoros encontrados en algunas zonas pantanosas son ofrendas a los dioses. Se han encontrado huesos humanos en fosos de 5 m de profundidad en Lossow (Brandeburgo), puede indicar la existencia de sacrificios humanos y posible canibalismo.

Ilirios

Los ilirios fueron un pueblo indoeuropeo procedente de los Balcanes.

Navia (mitología)

Navia es un diosa precéltica de origen indoeuropeo. Se discute su origen y pertenencia a algún grupo étnico (cultura campaniforme, cultura de los campos de urnas o cultura de La Tène). De género femenino, se la suele considerar una diosa de la fecundidad. Se han encontrado ofrendas de espadas en su honor en los cauces de los ríos europeos. Se desconocen más datos de su figura, procedencia, a qué grupo de dioses pertenecía, tipo de rituales o ciclo de mitos asociado a ella.

Su nombre se encuentra por todo el noroeste de la península ibérica con el nombre de Nauia (al norte del Miño) o su variante Nabia (en el sur) con una veintena de epígrafes documentando su culto en un área que incluye a Galaicos, Lusitanos y Astures. Los dedicantes son sobre todo indígenas, como refleja su antroponimia y como sucede en el resto de las divinidades de la zona.

La interpretación mayoritaria defiende un carácter acuático para Navia (así Blázquez, Coelho, Ferreira da Silva y otros). Leite de Vasconcelos ya relacionó a esta diosa con los santuarios acuáticos y con el sánscrito navya, “curso de agua”. Apoyaría esta interpretación la existencia de hidrónimos modernos como Navia, Naviegu, Navelgas, Navidiellu, y Nalón (antiguo *Nauilo) repartidos entre Galicia y Asturias, Navea (afluente del Sil en Orense), o los antiguos Nabalia (Eck afluente del Rhin), Nauaeus (Río Naver, Escocia) Nauesbia (actual Naseby, Northants) o Nabarcos (Neber, Gran Bretaña).

Blanca García ha explicado la vinculación de Nabia con los ríos a partir de la concepción céltica del agua como elemento característico del acceso al más allá: desde esta perspectiva, Nabia sería una divinidad soberana facilitadora del acceso al allende a través del agua.

Otros (así Prosper​) defienden una relación con el moderno nava 'valle', teniendo en cuenta la ausencia de corrientes acuáticas en algunos lugares de culto, consideran a Nauia diosa indígena de los valles (*

En realidad ambas percepciones son compatibles, pudiendo traducirse Navia como "la barquera", que al habitar necesariamente en cursos fluviales les habría dado nombre. El mito aparece en los arcaicos pasajes del segundo ciclo de la epopeya heroica irlandesa en los que se describe a una bella mujer que en el mito céltico desempeña el papel de mensajera de la Muerte y psicopompa conductora de las almas de los jóvenes a la morada de los difuntos, cual moura o lavandeira de ciertas leyendas. Cúchulainn, sin saberlo, hiere mortalmente a su propio hijo Connla o Conlaoch. Aparece entonces un hada que se dirige a Connla para decirle: ”Los inmortales te invitan. Serás uno de los héroes del pueblo de Tethra. Día tras día se te verá en las asambleas de tus abuelos, en medio de aquellos que te conocen y te aman.". Cúchulainn ve cómo su hijo se lanza a la barca de vidrio que usa la hechicera, y le ve alejarse hasta desaparecer. El mito se repite en el viaje de Arturo hacia su destino final en Avalon, y aún sobrevive en el norte, en advocaciones a la Virgen de la Barca (Muxía) o Virgen de Covadonga (Canges d'Onís) ambas festividades del 8 de septiembre. También, en la Villa Asturiana de Navia, celebran sus fiestas por La Virgen de la Barca el 15 de Agosto.

Numeración de la cultura de los campos de urnas

Durante el comienzo de la cultura de los campos de urnas, hacia el 1200 a. C., aparecen en Centroeuropa una serie de hoces de bronce votivas con marcas que se han interpretado como un sistema de numeración.

Poblado íbero de la Torre dels Encantats

El poblado íbero de la Torre dels Encantats es un yacimiento arqueológico íbero situado entre los municipios de Arenys de Mar (provincia de Barcelona). El término al que pertenece y por proximidad el de Caldetas, enclavado en lan la colina de Puig Castellar, fue habitado por la tribu íbera de los layetanos.

Su descubrimiento tuvo lugar en 1881 por el historiador Joaquim Salarich i Verdaguer, quien en un principio creyó que se trataba de los restos de una ciudad romana, encontrando en sus excavaciones cinco silos alrededor de la «Torre dels Encantats», una fortaleza datada del siglo XIII.​

Fue a partir de 1930 cuando en las siguientes excavaciones realizadas bajo la dirección de Josep Maria Pons i Guri, se decantaron por la existencia de un poblado íbero. Durante la Guerra Civil Española de 1936, parte de las piedras que formaban el poblado fueron utilizadas para la construcción de baterías costeras.

En diferentes campañas arqueológicas a partir de 1950, efectuadas en diversos sectores de la zona, se encontraron: silos (uno de ellos de tres metros de diámetro), habitaciones, una fundición de hierro,​ así como una gran cantidad de materiales, que han permitido datar el poblado del siglo V a. C. a mediados del siglo I a. C. Las piezas de cerámica se componen de vasijas hechas a mano y en torno de la tipología de la cultura de los Campos de Urnas. También se han encontrado más de una cuarentena de pondus o pesos de cerámica de forma cuadrangular para su uso en telares verticales y conseguir la tensión de los hilos del tejido, así como diversas fusayolas también de barro.

Pueblos antiguos de Italia

Los pueblos antiguos de Italia, llamados genéricamente ítalos, son los diferentes pueblos, tribus y etnias que habitaron la prehistoria de la península itálica. Estos pueblos eran en su mayoría de origen indoeuropeo que arribaron a Italia en el siglo XIII a. C., en el contexto de la cultura de los campos de urnas, aunque también los había de origen no-indoeuropeo, habitantes nativos anteriores a las invasiones de estos.

Uno

El uno (1) es el primer número natural, también es el número entero que sigue al cero (0) y precede al dos (2).

Urna cerámica

Una urna cerámica es un vaso hecho de arcilla o barro cocido, y usado para guardar los restos o cenizas de un difunto tras su incineración.​ Se describe como vasija de boca ancha, cuello corto, vientre amplio y tapa (en ocasiones un simple patillo). A lo largo del tiempo se han fabricado urnas de muy diversas formas,​ ya desde los primeros enterramientos ceremoniales, llegando a dar nombre a culturas prehistóricas como la llamada cultura de los campos de urnas, datada al final de la Edad del Bronce y en el inicio de la Edad del Hierro en Europa.​

Vaso prehistórico de Fabara

El vaso prehistórico de Fabara, es una vasija de arcilla que data del 1000 a. C., que fue elaborada por pobladores centroeuropeos pertenecientes a la denominada cultura de los campos de urnas que se instalaron en pequeños grupos al norte de la península ibérica, durante la Edad del Bronce Final.

Esta vasija se halló en el yacimiento arqueológico conocido como el Roquizal del Rullo, situado en Fabara, una localidad y municipio ubicado en la comarca del Bajo Aragón-Caspe (Aragón), considerado el yacimiento más importante de la Edad del Hierro en la comunidad autónoma de Aragón, durante una excavaciones lideradas por Don Lorenzo Pérez Temprado.​

Yacimiento arqueológico de Roquizal del Rullo

El yacimiento arqueológico de Roquizal del Rullo es un sitio arqueológico donde se pueden encontrar vestigios de la cultura de Hallstatt, cultura arqueológica perteneciente a la Bronce final y la I Edad del Hierro que está emparentada con la cultura de los campos de urnas.​

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