Cultura argárica

La cultura argárica es una manifestación y expresión de los poblados del sudeste de la península ibérica en la Edad del Bronce, que formaron una de las sociedades de mayor relevancia en la Europa del III y II milenios a. C. y de las mejor estudiadas gracias al excelente estado de conservación de los restos arqueológicos. Este complejo cronocultural es considerado indicativo de los procesos de jerarquización sociales que se extendieron por Andalucía oriental y el Levante español. Debe su nombre al yacimiento epónimo de El Argar, en el municipio de Antas, Almería.

Esta cultura arqueológica fue descubierta y definida a finales del siglo XIX por los hermanos Siret. Se caracteriza por la existencia de poblados situados en áreas de difícil acceso y/o fortificados, casas de planta cuadrada construidas con piedra y adobe, enterramientos en cistas, tinajas o covachas bajo el suelo de las propias viviendas, una clara uniformidad material, la abundancia de armamento militar y una progresiva estratificación social. Se extiende por el sudeste peninsular, ocupando las provincias de Almería y Murcia, así como parte de Granada, Jaén o Alicante.

Su pervivencia fue de unos 800-900 años, entre mediados del III y mediados del II milenios a. C., distinguiéndose al menos dos fases, durante las cuales se produjo una continua jerarquización social interna y una expansión externa sobre las regiones colindantes. Hacia 1500 a. C. la sociedad argárica desapareció bruscamente.

Copa argárica de arcilla (M.A.N. 1990-133-12) 01
Copa argárica de arcilla (M.A.N., Madrid)
Cultura Argárica
Iberia Bronze-es
Zona de extensión de la cultura argárica en el sudeste de la península ibérica.
Datos
Cronología: 1800-1300 a. C.
Localización: Sudeste de la península ibérica

Introducción

La cultura argárica comenzó a ser objeto de estudio por parte de arqueólogos y otros investigadores a raíz de las excavaciones de los hermanos belgas Enrique y Luis Siret, ingenieros de minas en la Sierra Almagrera,[1]​ que en el asentamiento de El Argar estudiaron más de un millar de enterramientos durante la última década del siglo XIX.[2]​ Además del poblado epónimo, los Siret descubrieron otros como El Oficio, Fuente Álamo, Gatas o Ifre, todos ellos situados en Almería y Murcia. En sus excavaciones encontraron abundantes inhumaciones efectuadas en las mismas casas argáricas, cuyos ajuares depararon espadas, alabardas, puñales y adornos metálicos, así como artefactos de piedra pulida y de hueso, cerámicas, prendas textiles y plantas domesticadas.[3]​ Posteriormente han sido descubiertos y excavados muchos más asentamientos con características similares, situados en lugares elevados y bien protegidos, por lo que inicialmente se pensó que los núcleos argáricos eran todos así, pero han comenzado a aparecer más poblados, de menor tamaño, ubicados en el llano.[4]

Las diferencias cualitativas y cuantitativas presentes en los ajuares funerarios han llevado a la mayoría de los autores a considerar que la sociedad argárica estaría formada por varios estratos jerarquizados. Según unos, se trataría de una sociedad dominada por jefes, caudillos y/o príncipes; según otros, sería ya un estado o, al menos, un proto-estado.[5]

Orígenes y extensión

Iberia Bronze-es
Mapa de la península ibérica durante la Edad del Bronce. Se muestran las principales minas de estaño y los grupos culturales conocidos hacia 1500 a. C.

Durante mucho tiempo se creyó que poco después de la mitad del III milenio a. C., a la vez que se extendía el fenómeno campaniforme, tenía lugar en el sureste peninsular un nuevo impacto colonizador de gentes procedentes del ámbito greco-micénico que seguían los pasos de navegantes más antiguos, instalándose en los importantes focos mineros de Almería y sus zonas limítrofes. En la actualidad se ha verificado que la cultura material argárica se corresponde con una evolución de la que había en el sustrato previo, por lo que se descarta esta colonización.[cita requerida]

Durante más de un siglo se vincularon los orígenes de estos grupos al territorio almeriense, pero esta relación ha sido cuestionada por algunos autores, que consideran más probable el origen de la cultura argárica en la franja territorial existente entre los ríos Vera (provincia de Almería) y Guadalentín (Murcia)[6]​ o entre las cuencas del Almanzora (Almería) y Segura (Murcia). Para los investigadores Salvador Fontenla, Juan Antonio Gómez y Miguel Miras la ubicación de la actual ciudad de Totana (Murcia) y su entorno, serían la probable zona de asentamiento primigenia de la cultura argárica.[7]

Más allá de la determinación del origen específico del grupo argárico, en la actualidad existe un cierto consenso al delimitar la zona de influencia argárica en el sureste peninsular: la región nuclear estaría formada por las provincias de Almería y Murcia, desde donde se iría expandiendo a las comarcas limítrofes, abarcando en sus momentos finales y de plenitud el territorio que ocupan actualmente dichas provincias, el centro y el este de Granada, así como algunas zonas de Jaén, Alicante y Ciudad Real.[8]​ Tal expansión sería consecuencia directa del militarismo argárico, dirigiéndose hacia zonas estratégicas que permitieran el control sobre las vías de comunicación o de sus recursos agropecuarios y/o mineros.[6]

Cronología

También su cronología está sujeta a controversia, pero se suele aceptar el intervalo calibrado entre 2300 y 1500 a. C.[8]​ o 2250-1600 a. C.,[9]​ aunque otros autores rebajen su antigüedad al 2000-1100 a. C.[10]​ Las primeras cifras señalan una cierta convivencia con los grupos calcolíticos hasta 2250, en unos momentos marcados por la inestabilidad, con una decadencia demográfica y material, así como niveles de destrucción en algunos asentamientos.[8]​ Aunque algunas aldeas calcolíticas pervivieron durante la Edad del Bronce (casos de Gatas o Fuente Álamo), éstas fueron reconstruidas siguiendo un patrón totalmente diferente. La mayoría de los asentamientos argáricos eran de nueva fundación y presentaban características singulares en comparación con los de la época previa, lo que ha sido interpretado como una gran transformación social, sincrónica con otras que se produjeron en Europa y el Mediterráneo oriental.[11]

El Argar (ajuar funerario)
Ajuar funerario argárico, según los hermanos Siret

Basándose en las ofrendas funerarias se han distinguido dos periodos:

  • Aproximadamente desde 2300 al 1800 a. C. la sociedad argárica habría estado dominada por una élite masculina que se enterraba en covachas o cistas con alabardas y puñales, junto a mujeres asociadas a puñales y punzones.
  • Desde 1800 al 1500 a. C. en las tumbas de la élite dominante aparecen espadas largas para los hombres y diademas para las mujeres; luego se detecta otro estrato asociado a los binomios hacha/puñal masculino y puñal/punzón femenino; por debajo de éstos se encontrarían otros niveles sociales con ajuares inferiores. Una peculiaridad de este momento es que se generalizaron las tumbas infantiles con ajuares significativos.[12]

Desde el 1650 a. C. el mundo argárico comenzó a entrar en decadencia para colapsar hacia el 1500 a. C.[13]​ Es posible que la intensificación agropecuaria y manufacturera hubieran provocado la deforestación y degradación medioambiental a gran escala del sudeste peninsular, ya de por sí relativamente árido. Cuando el excedente productivo dejó de ser suficiente para mantener la producción secundaria y el clientelismo asociado a los sectores dominantes, el equilibrio del sistema sociopolítico argárico se hundió.[14][15]

Paleoecología

La reconstrucción del medio ambiente argárico ha sido objeto de disputas y hay diferentes opiniones. Basándose en la interpretación ecológica de los restos de fauna encontrados en diversos yacimientos (Cerro de la Encina, Cuesta del Negro o Cabezo Redondo entre otros) V. Lull considera que el paleoambiente del sureste peninsular durante la Edad del Bronce era muy distinto del actual, con un mayor caudal hídrico, amplias extensiones forestales y abundancia de fauna.[16]

Yacimientos

La mayoría de los poblados argáricos conocidos se encuentran situados en alto y bien defendidos, aunque se conocen algunos asentamientos de menor entidad situados en llano. Los primeros estaban constituidos por edificios de planta rectangular o trapezoidal construidos mediante piedra, tapial o adobe en las laderas aterrazadas artificialmente de los cerros. Hay construcciones de carácter doméstico, con hogares, utillaje y recipientes de almacenamiento, y otras, mayores, dedicadas a talleres, actividades productivas y almacenes centralizados. Ciertos poblados presentan estructuras defensivas como murallas y torres, pero la mayoría no las necesitaban debido a su estratégico emplazamiento en altura.[4]​ Su tamaño era bastante modesto, habiéndose estimado que en núcleos de cierta entidad como Gatas IV y Fuente Álamo III-IV vivirían entre 300 y 500 personas,[17]​ en el mismo El Argar unas 500 y en La Bastida de Totana 600 habitantes.[18]

La Bastida 6-4-13-2
Muralla del yacimiento arqueológico La Bastida de Totana.

El urbanismo consiste en casas compuestas por varios recintos de muros rectos y de forma irregular que se agrupan en núcleos compactos, distribuidos en relación con espacios libres y tortuosos, que podemos interpretar como calles y que se adaptan a la configuración del terreno mediante la construcción de terrazas escalonadas contenidas por grandes muros longitudinales. El espacio habitable aparece delimitado por paredes medianeras perpendiculares al muro. En la cima se halla el núcleo del asentamiento que hace las veces de fortificación. Así, los antiguos poblados de casas circulares calcolíticos fueron sustituidos por otros de traza más regular, con calles bien definidas y viviendas rectangulares.

En general, presentan una serie de servicios comunitarios que incluyen canalizaciones de desagüe, cisternas el para suministro de agua, rampas y escaleras entre unos niveles y otros del poblado, graneros de almacenamiento, corrales para el ganado y hornos cerámicos y metalúrgicos.[19]

La situación de los asentamientos suele estar cerca de fuentes de agua potable y, algunos, de los yacimientos de cobre y plata. Los "grandes" poblados se encuentran emplazados a la salida de un valle, en una meseta o en una pendiente bien resguardada, mientras que los de menor tamaño están en pequeñas cimas aisladas denominadas cabezos. A un poblado de carácter central suelen corresponderle otros más pequeños a modo de puestos avanzados que, por regla general, tenían un camino directo y una situación de visibilidad que los ponía en contacto con el poblado principal.

La organización territorial responde a unas pautas geoestratégicas definidas por el dominio de:

  • lugares en alto fácilmente defendibles;
  • las zonas más adecuadas para la producción agropecuaria;
  • los yacimientos mineros;
  • las rutas naturales de comunicación.[6]

Enterramientos

Enterramiento argárico en tinaja
Enterramiento en tinaja o pithos típico de la segunda fase de la cultura argárica

Si algo caracteriza al grupo argárico son los enterramientos, que se realizaban casi siempre en el interior de los espacios habitacionales. Las inhumaciones se realizaban en el interior de fosas, covachas, cistas o grandes tinajas cerámicas denominadas pithoi, predominando en el litoral éstas últimas y en el interior las fosas. Las ofrendas funerarias presentan grandes diferencias entre ellas y su análisis ha permitido plantear la hipótesis de jerarquización social.[9]

Estos enterramientos suelen ser individuales, pero, en ocasiones, incluyen a dos o incluso tres personas de una misma familia en una cista. Ocasionalmente se han hallado cenotafios conteniendo objetos personales, pero sin ningún cadáver, lo que parece indicar que por alguna razón no pudo ser recuperado el cuerpo del difunto para su inhumación. Los espacios funerarios se sellaban con una gran piedra, cubierta a su vez por arena para dar uniformidad al suelo de la vivienda y señalada por otra piedra de reducido tamaño que se colocaba sobre la tumba. También podían estar cubiertos por lajas de piedra que formaban bancos de trabajo domésticos. Todos estos aspectos llevan a pensar que las comunidades argáricas poseían creencias ultraterrenas, pero, a la vez, representan un claro indicio del cambio en las ideas y en la estructura social respecto al Calcolítico.

Economía

La economía subsistencial argárica estaba basada en la agricultura y la ganadería, con una escasa representación de productos obtenidos de la caza, recolección o el marisqueo. La cebada predominaba claramente frente al trigo, las leguminosas o el lino, que se cultivarían en los suelos más fértiles.[20]​ En el litoral se alternaban los cereales y las leguminosas en régimen de secano, mientras que en el interior la agricultura seguiría rotaciones de barbecho y estaría complementada por una importante cabaña ganadera. Las principales especies animales domesticados eran las ovejas, cabras, cerdos, bueyes y caballos.[13]​ El almacenamiento y la molienda de los cereales se efectuaba de manera centralizada en los poblados grandes, en los que se han hallado molinos de mano y contenedores de almacenamiento para cubrir unas necesidades muy superiores a las de la población que los habitaba. Hasta el 50 % de los molinos se almacenaba de manera centralizada: en Fuente Álamo se encontraron veintidós molinos en un mismo espacio y en Ifre diez.[20]

Vaso carenado argárico (M.A.N. 1976-37-3) 01
Vaso carenado argárico; mide 35 cm de altura y 20 cm de diámetro

La cerámica se fabricaba manualmente, era de buena calidad y con tipologías estandarizadas, entre las que destacan las copas, vasos, cuencos y ollas. Las herramientas se elaboraban en piedra tallada o pulimentada, en hueso o de aleaciones metálicas como el cobre arsenical o el bronce.[21]​ Las industrias minera y metalúrgica tuvieron gran importancia, como lo atestiguan los abundantes hallazgos de artefactos y residuos relacionados con la producción, así como de artículos metálicos. Casi todo la zona argárica es rica en filones metalíferos y éstos serían explotados por núcleos especializados en tales actividades.[13]​ A pesar de esto, la manufactura textil fue la principal industria y utilizaba, por lo que sabemos hasta el momento, exclusivamente el lino, ya que no se conocen tejidos derivados de productos animales.[22]

Es muy probable que existiera un artesanado especializado ya que se han excavado talleres y se producían artículos altamente normalizados. También los poblados estaban diferenciados según sus actividades principales fueran mineras, agropecuarias o agropecuarias y metalúrgicas, por lo que debía de haber una continua circulación de materias primas y manufacturas entre éstos y hacia los centros de poder. Todo ello precisaría la existencia de un sistema de comunicaciones desarrollado e instituciones que controlaran todo el proceso.[23]

A nivel general, el conjunto de la economía argárica experimentó un aumento de la productividad y de la producción, así como una concentración de esta última en talleres multifuncionales donde se fabricaban herramientas y tejidos y se procesaban los cereales.[22]​ Las manufacturas metálicas y, sobre todo, las armas, tendrían una indudable vertiente práctica (como instrumentos de coacción éstas últimas) pero también simbólica, como objetos de prestigio y poder individuales de los guerreros dominantes.[24]

Sociedad

La sociedad argárica estaba estructurada en unidades domésticas de pequeño tamaño.[23]​ El estudio de los ajuares funerarios ha conducido a la diferenciación de hasta cinco estratos sociales jerarquizados, piramidales y de carácter hereditario:

  • Dirigentes masculinos con alabardas y espadas, joyas de oro y plata, así como copas.
  • Mujeres y niños pertenecientes a la élite.
  • Hombres y mujeres de pleno derecho con hachas, puñales y punzones; entre ellos estarían los guerreros que apoyarían a los líderes.
  • Individuos de rango inferior con ofrendas sencillas conteniendo algún elemento metálico o cerámico; serían personas libres dedicadas a labores productivas como la artesanía o la agricultura.
  • Personas desprovistas de ofrendas, que podrían ser siervos o esclavos.[25][9]
El Argar (craneo con diadema)
Cráneo de la sepultura 62 de El Argar, con diadema de plata, pendientes de oreja de cobre y plata y collar hecho en hueso y serpentina

La existencia de siervos domésticos se infiere de la presencia de tumbas ricas y pobres en las mismas estructuras poblacionales en asentamientos como Peñalosa, la Bastida de Totana o Fuente Álamo. La explotación intensiva de su trabajo beneficiaría principalmente a los dirigentes. Los estratos intermedios tendrían también un carácter subordinado respecto a éstos, siendo explotados en menor grado, de manera colectiva e indirecta.[26]

La reducida élite masculina que poseía el monopolio del armamento ofensivo disfrutaba de un acceso preferente a algunos productos de consumo y una esperanza de vida mayor. La situación de la mujer argárica es controvertida: en algunos enterramientos femeninos aparecen ofrendas del máximo nivel, como diademas de oro, pero en ningún caso armas como alabardas o espadas, sino puñales y punzones, más asociados a los procesos económicos. Tal restricción ha sido interpretada como subordinación del género femenino al masculino en cada uno de los correspondientes niveles sociales, valorándose más su papel productivo que el reproductivo.[27]

Interpretaciones

Para González Marcén, Lull y Risch la sociedad argárica era de carácter estatal.[13]​ Según los dos últimos, el sistema argárico estaba basado en el control de los campos de cereales, cuya producción podía ser transportada a los poblados centrales, donde se acumulaba y era gestionada por el grupo dominante. Mediante la coerción generada por el monopolio de las armas se restringía el acceso del resto de la población a los productos de consumo básicos. La centralización en estos asentamientos de las producciones metalúrgica y cerámica permitió a los dirigentes estandarizar las manufacturas en todo el espacio argárico. Dentro de éste los intercambios aparecen reducidos a las élites y no debían de existir con los territorios circundantes, ya que no han aparecido elementos materiales ajenos. Así, los autores consideran que la institucionalización de la explotación económica basada en la fuerza, la delimitación territorial y su expansión a lo largo del tiempo, así como la uniformidad material son características de sociedades estatales, lo que los lleva a considerarla como tal.[28]

Vaso trípode argárico (M.A.N. 1983-57-339) 01
Vaso trípode argárico hallado por Siret en Cuevas del Almanzora (M.A.N., Madrid)

La tesis de que el grupo argárico se podría definir como un estado es compartida, además de los anteriores, por O. Arteaga, F. Nocete y F. Contreras, mientras que es rechazada por A. Gilman, R. Chapman y Ramos, que opinan que es una sociedad demasiado rural y básica, falta de coherencia.[29]

Jorge J. Eiroa cree que la interdependencia detectada en la organización territorial de grupos de asentamientos argáricos sería el resultado de una organización política de carácter complejo que podría formar parte de los procesos que dieron origen al estado.[18]​ Según él, de las tres premisas básicas para la definición del estado, dos estarían claramente representadas (un ámbito geográfico y un pueblo), pero la tercera no (su gobierno). Así, él mismo califica la sociedad argárica de jefatura altamente estratificada, similar a muchos otros grupos culturales de la Edad del Bronce.[30]

Principales yacimientos

Se enumeran algunos de los yacimientos clasificados por provincias:

Alicante
Almería
Granada
Jaén
Murcia

Véase también

Referencias

  1. Gilman Guillén, Antonio (1999). «Veinte años de Prehistoria funcionalista en el sureste de España». Boletín del seminario de estudios de Arte y Arqueología (BSAA) (65): 74-76.
  2. González Marcén, Paloma; Lull, Vicente; Risch, Robert (1992). «Arqueología de Europa, 2250-1200 a. C. Una introducción a la "Edad del Bronce"». Madrid (1 ª edición) (Editorial Síntesis). p. 130. ISBN 84-7738-128-3.
  3. Castro, Pedro V. et alii: «La sociedad argárica», en Marisa Ruiz-Gálvez Priego (ed.): La Edad del Bronce ¿Primera Edad de Oro de España? Sociedad, economía e ideología Ed. Crítica, Barcelona (pág. 181), 2001, ISBN 84-8432-299-8
  4. a b González Marcén, Paloma; Lull, Vicente; Risch, Robert. Arqueología de Europa, 2250-1200 a. C. Una introducción a la "Edad del Bronce". pp. 155-156.
  5. Castro, Pedro V. et alii. La sociedad argárica. p. 182.
  6. a b c Eiroa García, Jorge Juan (2010). «Prehistoria del mundo». Barcelona (primera edición) (Sello Editorial SL). pp. 822-823. ISBN 978-84-937381-5-0.
  7. VV. AA. (2004). Amigos del museo arqueológico de Lorca, ed. «Lorca, poblado más extenso y primigenio de la cultura del Argar». Consultado el 21 de junio de 2013.
  8. a b c Castro, Pedro V. et alii. La sociedad argárica. p. 189.
  9. a b c González Marcén, Paloma; Lull, Vicente; Risch, Robert. Arqueología de Europa, 2250-1200 a. C. Una introducción a la "Edad del Bronce". pp. 129-130.
  10. Eiroa García, Jorge Juan. Prehistoria del mundo. p. 814.
  11. Castro, Pedro V. et alii. La sociedad argárica. p. 190.
  12. Castro, Pedro V. et alii. La sociedad argárica. p. 191.
  13. a b c d González Marcén, Paloma; Lull, Vicente; Risch, Robert. Arqueología de Europa, 2250-1200 a. C. Una introducción a la "Edad del Bronce". pp. 182-183.
  14. Castro, Pedro V. et alii. La sociedad argárica. pp. 209-210.
  15. Eiroa García, Jorge Juan. Prehistoria del mundo. p. 840.
  16. Lull, Vicente (1983). La cultura del Argar. Un modelo para el estudio de las formaciones económico-sociales prehistóricas. Madrid. p. 46. Archivado desde el original el 1 de octubre de 2018. Consultado el 11 de julio de 2013.
  17. Castro, Pedro V. et alii. La sociedad argárica. p. 197.
  18. a b Eiroa García, Jorge Juan. Prehistoria del mundo. p. 831.
  19. Eiroa García, Jorge Juan. Prehistoria del mundo. p. 832.
  20. a b Castro, Pedro V. et alii. La sociedad argárica. pp. 194-197,201.
  21. Eiroa García, Jorge Juan. Prehistoria del mundo. p. 816.
  22. a b Castro, Pedro V. et alii. La sociedad argárica. p. 200.
  23. a b González Marcén, Paloma; Lull, Vicente; Risch, Robert. Arqueología de Europa, 2250-1200 a. C. Una introducción a la "Edad del Bronce". p. 156.
  24. Eiroa García, Jorge Juan. Prehistoria del mundo. pp. 828-829.
  25. Eiroa García, Jorge Juan. Prehistoria del mundo. pp. 821-822,835.
  26. Contreras Cortés, Francisco; Cámara Serrano, Juan Antonio: «Arqueología interna de los asentamientos. El caso de Peñalosa», en Marisa Ruiz-Gálvez Priego (ed.): La Edad del Bronce ¿Primera Edad de Oro de España? Sociedad, economía e ideología Ed. Crítica, Barcelona (pp. 249-250), 2001, ISBN 84-8432-299-8
  27. Castro, Pedro V. et alii. La sociedad argárica. pp. 203-207.
  28. Castro, Pedro V. et alii. La sociedad argárica. pp. 206-209.
  29. Eiroa García, Jorge Juan. Prehistoria del mundo. pp. 840-841.
  30. Eiroa García, Jorge Juan. Prehistoria del mundo. p. 834,837,841.

Bibliografía

  • Castro Martínez, Pedro V. (1999). «et al». Junta de Andalucía, Consejería de Cultura, ed. Proyecto Gatas 2: la dinámica arqueoecológica de la ocupación prehistórica. Arqueología (Junta de Andalucía) Monografías, 4. Sevilla. p. 426. ISBN 9788482661070. OCLC 806429415.
  • Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Departamento de Prehistoria. Trabajos de Prehistoria. Volúmenes 26 a 51. CSIC. ISSN 1988-3218. OCLC 733133362.
  • Fontenla, Salvador; Gómez, Juan Antonio; y Miras, Miguel (2004). Amigos del museo arqueológico de Lorca.
  • Jover Zamora, José María y Menéndez Pidal, Ramón (dirigen la obra) (1989). «La España Primitiva y la Prehistoria». Vol. 1, La Prehistoria / por Eduardo Hernández-Pacheco Esteban, Francisco Hernández-Pacheco de la Cuesta, Luis de Hoyos Sainz (et al.). Historia de España I (Madrid: Espasa-Calpe). OCLC 467931762.
  • Moure Romanillo, Alfonso y otros. «Manual de Historia de España». Prehistoria e Historia Antigua (Historia16). ISBN 9788476791936. OCLC 733754748.
  • Universidad de Granada (1976 1992). «Revista». Universidad de Granada, ed. Cuadernos de prehistoria de la Universidad de Granada. Departamento de Prehistoria de la Facultad de Filosofía y Letras. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Granada. ISBN 0211-3228 |isbn= incorrecto (ayuda). OCLC 802634721.

Enlaces externos

Botijo

Un botijo (también boteja en Hispanoamérica y búcaro en gran parte de la España meridional) es un recipiente de barro cocido poroso, diseñado para beber y conservar fresca el agua. En alfarería se define como vasija de cuerpo esferoide, un asa en su parte superior, y con dos o más orificios.​ Por lo general se llama boca al más ancho —por el que se llena—, y pitón o pitorro al otro, que produce un fino chorrillo ideal para beber sin demasiado desperdicio.

El botijo es un objeto típico de la cultura española, habitual en Castilla, Aragón y el tercio sur de la Península (Extremadura, La Mancha, Levante y Andalucía), como en las zonas más húmedas del norte o el territorio insular.

El ejemplar más antiguo aparecido en la península ibérica pertenece a la cultura argárica y fue hallado en la necrópolis de Puntarrón Chico (Beniaján), cercana a la capital de la región murciana, en cuyo museo arqueológico se conserva; pieza importante en la historiografía de la cerámica por tratarse de una 'obra cerrada', con un solo orificio de 2 cm y el asa colocada en la parte superior; la medida del botijo es de 11 x 9,5 cm.​

Cabezo Redondo

El Cabezo Redondo es un yacimiento arqueológico de la Edad del Bronce que se encuentra en un cabezo a 2 km de Villena (Alicante). No se trata de una aldea, sino de un verdadero centro comarcal que estuvo habitado entre los años 1500 y 1100 a. C. y perteneció probablemente a la cultura argárica. Se especula que las primeras investigaciones las llevó a cabo Juan Vilanova i Piera hacia 1870, aunque fue el arqueólogo José María Soler quien empezó a estudiarlo sistemáticamente en 1959 después del descubrimiento de varias piezas de metal (oro, plata, cobre, etc.), llegando en 1963 el hallazgo del Tesorillo del Cabezo Redondo, que se conserva en el Museo Arqueológico de Villena.​ Ya entonces, gran parte del yacimiento se había perdido debido a las canteras de yeso existentes en la zona, aunque desde ese año se ha protegido y estudiado el área restante. En los últimos años, la Universidad de Alicante, junto con la de Valencia y Granada, lleva a cabo unas jornadas anuales dirigidas por Mauro S. Hernández Pérez y ayudado por Gabriel García Atiénzar y Virginia Barciela para seguir excavando y estudiando el yacimiento. Fue incluido en el Conjunto Histórico-Artístico de Villena y declarado terreno de utilidad pública en 1968.​ En el año 2010 comenzó su rehabilitación integral tras una subvención del Ministerio de Cultura.

Cerro de Las Viñas

El Cerro de las Viñas también conocido como Cabezo de las Viñas, es un yacimiento arqueológico argárico (Edad del Bronce) situado en la pedanía de Coy, municipio de Lorca, en Murcia, España.

Cerro del Nacimiento

El Cerro del Nacimiento​ es un yacimiento arqueológico argárico situado en el término municipal de Macael (Almería, España), en las estribaciones septentrionales de la Sierra de los Filabres. Constituye uno de los pocos asentamientos conocidos en el valle medio del río Almanzora y está relacionado con la expansión de la cultura argárica fuera de su área nuclear.

Copa

Una copa es un vaso destinado a contener líquido para beber que posee un pie como base. Por extensión también se llama copa a la cantidad de líquido que cabe en ella (por ejemplo una "copa" de vino).​

Cuesta del Negro

Cuesta del Negro es un yacimiento arqueológico argárico situado en el municipio de Purullena, en la provincia de Granada, España. Se levanta sobre diversas colinas y laderas entre los 900 y 1000 msnm, entre un altiplano al NE y el río Fardes al SE. Está siendo excavado sistemáticamente y, gracias a ello, se han podido identificar entre dos y cuatro fases de ocupación relacionadas con la cultura argárica: según los autores, serían la I y II o bien la I, II, III y IV.​

En Cuesta del Negro las viviendas se levantaron mediante tapiales sustentados gracias a postes de madera​ insertados en pequeños zócalos de piedra. La zona más elevada del poblado es asimismo la más fortificada, siendo donde aparecen los enterramientos más ricos y algunos restos faunísticos exclusivos, como sucede también en Peñalosa y el Cerro de la Encina. Se ha comprobado que algunos elementos cerámicos funerarios se fabricaron especialmente para cumplir con tal función, sobre todo en el caso de la élite. Entre los ajuares excavados se han hallado restos animales. Se han documentado sepulturas infantiles con ricas ofrendas, lo cual denota una posición social hereditaria. También se han encontrado enterramientos pobres en las mismas viviendas que otros ricos, lo cual ha sido interpretado como consecuencia de la existencia de siervos domésticos que eran explotados por la clase dirigente, pero no todos los autores están de acuerdo al respecto.​

Han sido excavadas 36 sepulturas, de las que 34 eran fosas y dos urnas cerámicas correspondientes a niños. La mayoría de las fosas son individuales pero también las hay dobles y triples. Entre los artefactos encontrados destacan un brazal de arquero, un cuchillo de cuatro remaches, diversos tipos de cuchillos-puñales, brazaletes de cobre, un collar de cuentas y un molde de hacha superpuesto que permitía la fabricación de dos hachas simultáneamente, aunque no se ha encontrado ninguna. Las manufacturas presentan evidentes paralelismos con el Cerro de la Encina, otro yacimiento cercano.​

La fauna del momento estaría representada por el ciervo, el corzo, el jabalí, el oso, el lince, el lobo, la liebre y el sisón, lo cual indicaría la presencia de un bosque mixto con algunos espacios abiertos en las zonas más secas.​ El hecho de que se hayan encontrado restos de castor ha sido interpretado por algunos investigadores como un indicador de que el clima en época argárica era más húmedo que el actual.​ La fauna salvaje hallada solo supone un volumen del 5% total, estando bien representadas especies domésticas como el buey, el caballo, la cabra, la oveja y el cerdo. Se ha destacado la existencia de restos de águilas en dos tumbas, lo cual ha sugerido interpretaciones con sentido místico.​

En Cuesta del Negro se ha encontrado bien definida la fase posterior al mundo argárico, el Bronce final, apreciándose una clara continuidad, aunque decadente, entre ambos episodios culturales.​

Diadema de Caravaca de la Cruz

La diadema de Caravaca de la Cruz es una diadema de oro perteneciente a la cultura argárica (Bronce Medio), datada entre el 1500 y 1300 a. C. Esta pieza de orfebrería se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de España con el inventario número 33114 desde el año 1925. Fue hallada en la localidad de Caravaca de la Cruz (Región de Murcia).​

El Argar

El Argar es un yacimiento arqueológico situado en el municipio de Antas, Almería, España. Se encuentra sobre una meseta con abruptas pendientes en su lado occidental, 35 m sobre el río Antas y laderas más suaves en el resto, extendiéndose por parte de estas últimas también.​ Forma parte de la zona arqueológica de El Argar y La Gerundia, constituyendo un poblado prehistórico de la Edad del Bronce del sudeste ibérico que da nombre a la cultura argárica.

Fue excavado inicialmente por los hermanos Enrique y Luis Siret que publicaron sus resultados en castellano bajo el título de Las primeras edades del metal en el sudeste de España en 1890. Los materiales recogidos en este y otros yacimientos similares constituyeron el corpus básico para singularizar este grupo cultural, siendo estudiados una y otra vez por investigadores como B. Blance o H. Schubart.​

El espectacular desarrollo de esta cultura hizo pensar a sus excavadores que no mantenía ninguna relación con las fases anteriores, buscando su origen en influencias mediterráneas. Pero ahora se sabe que hay una clara continuidad con la época previa de Los Millares (Edad del Cobre).

El Castellón Alto

El Enclave Arqueológico de Castellón Alto es un yacimiento arqueológico argárico situado en el municipio de Galera, en la provincia de Granada, España. Este enclave se enmarca dentro de la Cultura Argárica, en un momento avanzado del Bronce Pleno. Su cronología se sitúa entre el 1900 y el 1600 cal a.n.e. Se trata de un poblado agrícola de mediano tamaño.

El Morrón de Bolvax

El Morrón de Bolvax es un yacimiento enclavado a tres kilómetros del sur de Cieza (Región de Murcia, España). Se asienta sobre una colina próxima al valle del río Segura. Las primeras excavaciones que se realizaron en el mismo revelaron que el origen de su ocupación se remonta a los últimos años de la Edad de Bronce, llegando hasta época romana.

Los hallazgos encontrados se localizan sobre un cerro escarpado de difícil acceso debido a las pendientes naturales que le rodean.

La Almoloya

La Almoloya es un yacimiento arqueológico perteneciente a la Cultura argárica, situado en el municipio de Pliego, en la Región de Murcia, España, cuya cronología se desarrolla entre el III y II milenio a.C. Asentado en el cerro epónimo, su ocupación se desarrolló a lo largo de 600 años. Se considera uno de los asentamientos más importantes de dicha cultura. El yacimiento fue dado a conocer en 1944 por Emeterio Cuadrado y Juan de la Cierva. En el año 2013 empezaron los nuevos estudios sobre el lugar, en el marco del proyecto de investigación arqueológica de La Bastida de Totana.

Monachil

Monachil es una localidad y municipio español perteneciente a la provincia de Granada, en la comunidad autónoma de Andalucía. Está situado en la parte centro-sur de la comarca de la Vega de Granada, a unos 8 km de la capital provincial. Limita con los municipios de Huétor Vega, Cenes de la Vega, Pinos Genil, Güéjar Sierra, Dílar, La Zubia y Cájar. Pertenece a la Mancomunidad del río Monachil.

El municipio monachileño está formado por los núcleos de Monachil, Barrio de la Vega y Sierra Nevada (Pradollano).

Su nombre procede del árabe, Monastir, término de origen latino que significa "monasterio".​

En su término municipal existe un yacimiento arqueológico correspondiente a la cultura argárica: el Cerro de la Encina.

El pueblo de Monachil cuenta con una de las rutas más reconocidas entre senderistas y escaladores: la ruta de Los Cahorros, la cual discurre bordeando el Río Monachil y cuyo símbolo más característico es su largo puente, parada obligatoria para hacerse una fotografía antes de iniciar la ruta.

En Monachil se encuentra la Estación de Esquí de Sierra Nevada, en la que se celebró el Campeonato Mundial de Esquí Alpino de 1996 y el Campeonato Mundial de Esquí Acrobático de 2017. Pese a ser término municipal de Monachil, varias pistas pertenecen en propiedad al Ayuntamiento de Granada.

Su amplio territorio, 90,13 km², está atravesado de este a oeste por el río Monachil, y presenta una morfología alargada con desniveles que van desde los 3.394 m . del pico Veleta hasta los 740 m . en que se encuentra el punto más bajo de su vega.

Parque Arqueológico Los Cipreses

El Parque Arqueológico de Los Cipreseses un yacimiento arqueológico argárico situado en el municipio de Lorca, provincia de Murcia, España. Se trata de un pequeño asentamiento de carácter rural dependiente del gran poblado argárico documentado bajo el casco urbano de la ciudad de Lorca. Al tratarse de uno de los pocos ejemplos de yacimiento argárico en llanura, su carácter excepcional motivó su declaración como Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Murcia en 2005.​

Pote

El pote es un recipiente tradicional en la cocina del Norte de España, indicado para cocer alimentos durante periodos de tiempo prolongados, generalmente estofados o guisos.​ Da nombre a platos como el pote gallego o el pote asturiano.​

Sierra de Almagro

Sierra Almagro es un sistema montañoso perteneciente a las Cordilleras Béticas, que se encuentra situada en el levante de la provincia de Almería (España), con una altitud máxima de 711 m sobre el nivel del mar (El Cucharón). Se expande principalmente en el término municipal de Cuevas de Almanzora al Sur y de Huércal-Overa al Norte, haciendo de frontera natural entre ambos municipios.

La sierra Almagro es rica de un pasado histórico que atestigua de la presencia de varias olas de pobladores desde el paleolítico hasta la edad del bronce meditéraneo hacia -2000 a.C. aproximadamente y posteriormente por los fenicios, los íberos, romanos…

El yacimiento arqueológico de Fuente Álamo (Cuevas del Almanzora), entre otros, es el mejor conservado y estudiado de la cultura argárica, representativa de la Edad del Bronce en el sudeste peninsular (1900-1300 a.C.). Estos asentamientos darán origen a un desarrollo importante del comercio del mediterráneo.

Yacimiento argárico de Los Cipreses

El yacimiento argárico de Los Cipreses se encuentra en el paraje de Oñate, perteneciente a la Diputación lorquina de La Torrecilla (Región de Murcia, España). Se sitúa en el piedemonte de la ladera de la montaña, con una suave pendiente de norte a sur. Esta ladera aparece delimitada por dos ramblizos procedentes de la vertiente meridional de la Sierra del Pino, que convergen más abajo formando una rambla que desagua en el valle del Guadalentín. En la actualidad casi toda la superficie conservada del yacimiento está englobada dentro del recinto general del Parque y Polideportivo Municipal de Lorca. Un pequeño sector se localiza entre éste y la Autovía, pero se trata de una zona que ha sido alterada en el pasado en varias ocasiones. El acceso al yacimiento y Parque Arqueológico debe realizarse a través de los caminos y área ajardinada del Polideportivo.

El yacimiento está articulado por varias cabañas diseminadas en una pequeña extensión de las que cinco han sido excavadas por completo y acondicionadas para su visita y exposición didáctica. Junto a las cabañas también se conservan indicios de otras actividades relacionadas con la vida cotidiana del asentamiento y una variada muestra de enterramientos en cista o en urna que, según la costumbre que caracteriza la cultura argárica, se localizan junto a las viviendas. Dichas actividades y enterramientos también han sido objeto de trabajos de conservación y adecuación didáctica para su visita. Junto a este espacio musealizado se conserva un sector del yacimiento que se mantiene en reserva arqueológica cuya finalidad es preservar un área destinado a futuras investigaciones siguiendo algunas recomendaciones dictadas al respecto por organismos internacionales.

Las cabañas se encuentran semiexcavadas en el terreno, con una planta alargada de perímetro oval, con un lado corto de forma absidial. Tienen forma de herradura y la mayoría están orientadas hacia el sur, aunque en un caso se orienta de este a oeste. Se levantan con zócalos de piedras gruesas trabadas con barro y el alzado con piedras de menores dimensiones con abundancia de ripios, posiblemente enlucidos en su interior. En el interior de alguna de las cabañas se aprecia la compartimentación del espacio y se identifican determinadas actividades domésticas y de trabajo: hogar, telar, molinos, tinajas para el almacenamiento de comida y agua, y una importante serie de objetos que permiten reconstruir la vida cotidiana del asentamiento.

Yacimiento arqueológico de Fuente Álamo (Cuevas del Almanzora)

El yacimiento arqueológico de Fuente Álamo pertenece a la cultura argárica y está situado en el municipio de Cuevas del Almanzora, Almería, España,Latitud 37.343493317702 - Longitud -1.860643005371 en las estribaciones de la sierra de Almagro. Rodeado por montañas, este antiguo asentamiento está estratégicamente situado para controlar el acceso a la ruta de la sierra, desde el Valle del Almanzora, donde se ha podido constatar la existencia de un paisaje mucho más productivo de lo que es actualmente. Los datos que puede ofrecer Fuente Álamo para aumentar el conocimiento sobre el desarrollo de las comunidades argáricas y la continuación del poblamiento en épocas posteriores, hacen necesaria su protección a través de la declaración de Bien de Interés Cultural como Zona Arqueológica.

Yacimiento arqueológico de La Ribera de la Algaida

El yacimiento arqueológico de la Ribera de la Algaida o Ribera de Turaniana es un conjunto de restos arqueológicos descubierto en 1859 que cronológicamente abarcan desde el final de la Edad del Bronce, pasando por la Cultura argárica, fundamental durante la época romana, hasta la etapa musulmana, y que se encuentran junto a la costa en la localidad de Aguadulce, municipio de Roquetas de Mar (provincia de Almería, España). Ocupa una superficie de entre 12 y 13 hectáreas, aproximadamente.

La Ribera de la Algaida fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Zona arqueológica mediante Decreto 174/1991 el 17 de septiembre de 1991, código 40790004, inscrito como ‘’Zona arqueológica’’ (BOE número 249, página 33777, de 17 de octubre).​​

Yacimiento de Los Saladares

Los Saladares es un yacimiento arqueológico, declarado Bien de Interés Cultural (B.I.C.), situado en un cerro de tres colinas en la falda de la Sierra de Hurchillo, casi en el límite de la partida rural de Los Desamparados con el de Arneva, ambas pedanías de Orihuela, ciudad del sur de la Provincia de Alicante, en la Comunidad Valenciana, España.

Abarca una amplia cronología, entre los siglos IX y IV a. C. En él se encontraron restos de pobladores desde la Cultura argárica hasta la ibérica, suponiendo uno de los primeros poblados del municipio de Orihuela junto con el Poblado ibérico de San Antón y el Poblado ibérico del Seminario.

Este yacimiento arqueológico fue encontrado en el año 1968, a finales del mes de mayo: por casualidad unos "chiquillos" al venir de jugar un partido de fútbol.​

Las primeras excavaciones de Los Saladares se llevaron a cabo en la primavera de 1972 por Don Oswaldo Arteaga y María R. Serna, tomando parte en las labores de campo. D. Vicente López Rayos, el joven descubridor y vecino de Desamparados y Doña Carmen Espinoza, que actuaron como asistentes en el lavado, numeración, dibujo y catalogación de los hallazgos. Para ello se construyó un pequeño almacén en el mismo terreno. Rafael Lledó tuvo a su cargo la parte fotográfica, mientras que Manuel Soler colaboró en varios aspectos de la topografía y planimetría de los cortes y catas efectuados.

Durante las excavaciones visitaron los trabajos el entonces alcalde de Orihuela D. Pedro Cartagena Bueno, además de varios directores de museos arqueológicos provinciales y comarcales de la zona.

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