Cuestión romana

La cuestión romana fue una disputa política entre el gobierno italiano y el papado desde 1861 hasta 1929.

La cuestión romana comenzó con el intento por parte de Italia de anexionarse Roma y la consiguiente extinción del poder temporal de la Santa Sede Apostólica, y terminó con los pactos de Letrán firmados en 1929 por el gobierno de Benito Mussolini y el Papa Pío XI. Durante este periodo los papas se consideraban a sí mismos (según las palabras de Pío IX) "Prisioneros en el Vaticano".

Después de que los Pactos de Letrán fueran firmados en 1929, los papas comenzaron a visitar regularmente otros sitios de Roma fuera del territorio vaticano, particularmente la Basílica de San Juan de Letrán. También comenzaron a ir a su residencia de verano de Castel Gandolfo, que tiene privilegios extraterritoriales, como una embajada, pero sin formar parte de Ciudad del Vaticano.

Origen

Breccia di Porta Pia
Brecha en la muralla de Roma, en Porta Pia, por donde entraron las tropas del Reino de Italia

En marzo de 1861, cuando el primer parlamento italiano se reunió en Turín, declaró a Roma la capital del recién creado Reino de Italia, pero esta ciudad seguía siendo la capital de los Estados Pontificios gobernados por el papa Pío IX. Además, Roma estuvo protegida por una guarnición de tropas francesas, enviadas por Napoleón III para sostener al Papado, ante un posible ataque italiano. En 1865 la sede del gobierno del Reino de Italia se trasladó de Turín a Florencia.

En julio de 1870 comenzó la guerra franco-prusiana. A principios de agosto Napoleón III, urgido de tropas para la contienda, retiró rápidamente a la guarnición francesa de los Estados Pontificios. Ante esta situación hubo numerosas manifestaciones públicas en Florencia, Turín, y Milán, demandando que el gobierno italiano tomara Roma, aprovechando la retirada de los franceses, pues en esas circunstancias una acción militar del Reino de Italia no significaba combatir contra tropas de un gobierno extranjero, lo cual evitaba que el proyectado ataque a Roma degenerase en una crisis política internacional.

Pese a que la retirada de los franceses facilitaba los planes, el gabinete presidido por Giovanni Lanza dispuso no iniciar acciones bélicas, posición compartida por el rey Víctor Manuel II. Al conocerse en Italia el derrumbe del Segundo Imperio Francés tras la derrota francesa en la batalla de Sedán y la rendición de Napoleón III ante Prusia, el 1 de septiembre de 1870, el rey Víctor Manuel II envió una carta a Pío IX, pidiendo al Papa "guardar las apariencias" permitiendo entrar pacíficamente al ejército italiano en Roma, a cambio de ofrecer protección al Papado. Pío IX rechazó por completo tal oferta.

Al conocerse la negativa del Papado, batallones del Regio Esercito italiano, dirigidos por el general Raffaele Cadorna, cruzaron la frontera de los Estados Pontificios el 11 de septiembre y avanzaron lentamente hacia Roma, esperando que la entrada pacífica pudiera ser negociada, sin hallar resistencia apreciable a lo largo del camino. Los soldados italianos alcanzaron la Muralla aureliana el 19 de septiembre y sitiaron Roma, al mantenerse la negativa del Papado a una solución pacífica.

Pío IX siguió siendo intransigente y ordenó a sus "zuavos papales" oponer resistencia armada. Antes del mediodía del 20 de septiembre después de 3 horas de bombardeos y tiroteos, el ejército italiano consiguió abrir una brecha en las Murallas aurelianas, en las cercanías de la Porta Pia, así llamada por conectar con la avenida del mismo nombre. Tras romper un sector de la muralla, los Bersaglieri italianos marcharon por la Vía Pía, después llamada "Vía del XX de septiembre" y ocuparon de inmediato la totalidad de Roma.

Al final de la jornada 49 soldados italianos y 19 zuavos habían muerto en combate, y tras un plebiscito, Roma y el Lacio se unieron a Italia.

El 20 de septiembre de 1870, consumada la ocupación de Roma y de los restos de los Estados Pontificios por el ejército italiano, el Papa Pío IX se declaró "Prisionero en el Vaticano". Su actitud fue mantenida por sus sucesores (León XIII, Pío X, Benedicto XV y Pío XI) que se negaron a salir del Vaticano y del Palacio Apostólico, hasta 1929, cuando los Pactos de Letrán crearon el estado soberano de la ciudad del Vaticano.

Ley de garantías papales

El papa Pío IX, asegurando que la Santa Sede necesitaba mantener claramente su independencia de cualquier poder político para el ejercicio de su jurisdicción espiritual, y que el Papa no debía parecer simplemente un "capellán del rey de Italia", rechazó la ley de garantías papales de 1871, en la cual el gobierno del Reino de Italia ofrecía una subvención anual al papa así como el derecho de recibir diplomáticos extranjeros.

Sin embargo esta propuesta no implicaba reconocer al Papado como "sujeto de derecho internacional" sino solamente otorgarle la "protección" del gobierno italiano. Pío IX, por el contrario, reclamaba un acuerdo en pie de igualdad con Italia y afirmó que esta propuesta plasmaba una "sujeción de la autoridad papal" al Estado Italiano, tanto por depender de una subvención anual como por cuanto las prerrogativas del Papado nacían de una concesión del Reino de Italia, quien podría retirar su "protección" en cualquier momento si así lo acordaba el parlamento italiano.

Consecuencias

Pío IX se pronunció en 1874 contra la participación de los católicos italianos en la vida política del nuevo Reino de Italia mediante su declaración de Non expedit (en latín "no conveniente"). Por su parte, desde los días de Pío IX los pontífices rechazaron apariciones públicas en Roma o salir del Palacio del Vaticano, al extremo de realizar las principales ceremonias dentro de la Capilla Sixtina y rehusar otorgar bendiciones en la Plaza de San Pedro (este evento solo se realizaba en un balcón interior del palacio).

Las proclamaciones papales de León XIII en 1878 se realizaron solamente dentro de la Basílica de San Pedro, lejos de la vista del público. Durante su largo pontificado de 24 años el mismo León XIII opinó sobre las grandes cuestiones ideológicas de su época (capitalismo, socialismo, industrialización, imperialismo, etc.) pero mantuvo la doctrina del non expedit elevándola a la categoría de "política oficial" de la Santa Sede. Alegaba León XIII que si los católicos italianos participaban en la política italiana estaban admitiendo implícitamente que el Papado perdiese su poder político, pues participar en las instituciones políticas de Italia significaba convalidar la eliminación de los Estados Pontificios y la consiguiente "subordinación" del Papado al gobierno italiano.

Tras la muerte de León XIII en 1903 su sucesor Pío X trató de mantener relaciones algo más amistosas con el Estado Italiano, permitiendo tácitamente en 1904 que los católicos apoyasen políticamente a los liberales moderados (y no a los liberales anticlericales) en contra de los socialistas y laicistas, eliminando en la práctica el non expedit. Ello reflejaba la petición del Papado para que los católicos defendieran en el terreno político los intereses de la Iglesia católica en todos los países del mundo, considerando Pío X absurdo y arriesgado que ello estuviera vedado precisamente a los católicos de Italia. Tras la muerte de Pío X en 1915, su sucesor Benedicto XV suprimió oficialmente la política del Non expedit, estimulando la participación de los católicos en la política italiana de modo activo y organizado, al punto de apoyar en 1919 la fundación del Partido Popular Italiano de ideología conservadora y clerical, partido fundado y liderado por el sacerdote Luigi Sturzo.

Pactos de Letrán

Tras la muerte de Benedicto XV en 1922 fue elegido Papa el cardenal Achille Ratti, con el nombre de Pío XI, quien desarrolló una vasta actividad diplomática, tratando de asegurar representación de la Iglesia católica ante todos los Estados donde ello fuera posible y enviando agentes diplomáticos para tal fin. Precisamente una de sus finalidades fue eliminar la "cuestión romana" mediante negociaciones bilaterales con el gobierno italiano, ahora dirigido por Benito Mussolini y su régimen fascista; de hecho, Pío XI había dado una muestra de "acercamiento" al presentarse en un balcón de la Plaza de San Pedro el día de su proclamación papal, para sorpresa de los fieles allí reunidos pues desde 1870 los sucesivos Papas habían rehusado toda aparición pública. Si bien Pío XI no dirigió palabra alguna a la multitud, dicho gesto significó romper una política estricta seguida por el Papado en los últimos 52 años.

La Italia fascista carecía de la tradición laicista que había caracterizado al liberalismo italiano que había dominado la política del país entre 1870 y 1922, pero las doctrinas fascistas tampoco favorecían el catolicismo, manteniendo por el contrario una fuerte tradición anticlerical y de "culto a la fuerza" en menosprecio de la religión. No obstante, tanto el Papado como la dictadura mussoliniana necesitaban del mutuo reconocimiento, y ambos veían como anacrónica e innecesaria la antigua cuestión romana. Es así que Pío XI se acerca a la dictadura fascista para retomar los planteamientos de "garantías papales" ya formulados por los viejos regímenes liberales de Italia, a lo cual el gobierno de Mussolini agrega el reconocimiento del Papado como sujeto de derecho internacional, dotado de las mismas prerrogativas de un Estado soberano.

Así, Pío XI obtenía una situación de igualdad con Italia mientras que Mussolini neutralizaba toda posible oposición católica a su régimen. Las negociaciones bilaterales concluyeron con los Pactos de Letrán que dieron origen a la Ciudad del Vaticano en 1929.

En literatura

Los dramas históricos tales como Fabiola (novela) o Quo Vadis? han sido interpretados como una comparación implícita de la cuestión romana con la temprana persecución de la Iglesia Católica.

Referencias

  • De Cesare, Raffaele. (1909). The Last Days of Papal Rome. London: Archibald Constable & Co.
  • Hebblethwaite, Peter. (1987). Pope John XXIII: Shepherd of the Modern World. Image Books.
  • Pollard, John F. (2005). Money and the Rise of the Modern Papacy: Financing the Vatican, 1850–1950. Cambridge University Press.

Enlaces externos

Véase también

Acción Católica

La Acción Católica es una forma de apostolado en la que los laicos se asocian para el anuncio del Evangelio a todas las personas y ambientes, de acuerdo con las necesidades de la Iglesia católica en cada tiempo y lugar. Fundada de acuerdo con las directrices del papa Pío XI y del Concilio Vaticano II, se organiza en la forma jurídica de asociación pública de fieles.

Benedicto XV

Benedicto XV (en latín: Benedictus PP XV), nacido como Giacomo della Chiesa (Génova, Reino de Piamonte-Cerdeña, (actual Italia), 21 de noviembre de 1854-Roma, 22 de enero de 1922) fue el 258.º papa de la Iglesia católica, entre el 3 de septiembre de 1914 hasta su muerte. Su pontificado fue eclipsado en gran medida por la Primera Guerra Mundial y las consecuencias de esta, tanto políticas, sociales como humanitarias.

Entre 1846 y 1903, la Iglesia católica tuvo dos administraciones de larga duración, la de Pío IX de 31 años y la de León XIII de 25 años. Para 1914, el Colegio Cardenalicio indicó su deseo de un nuevo gobierno de larga duración, eligiendo a della Chiesa, que contaba con 59 años al momento de su elección. Su elección coincidió con el estallido de la Primera Guerra Mundial, que él llamo «el suicidio de la Europa Civilizada».​​ La guerra y sus consecuencias fueron el foco principal de su pontificado. De inmediato se declaró la neutralidad de la Santa Sede, y desde allí buscó mediar la paz entre 1916 y 1917. Ambas partes rechazaron sus iniciativas: los alemanes lo llamaron un insulto y los franceses un movimiento anti-francés.​ El papa se caracterizaría por condenar y combatir el nacionalismo, el racismo, el materialismo y sobre todo, el socialismo.​

Habiendo fracasado con las iniciativas diplomáticas, Benedicto XV se centró en los esfuerzos humanitarios para disminuir los impactos de la guerra, a través de la asistencia a los prisioneros de guerra, el intercambio de soldados heridos y la entrega de alimentos a las poblaciones necesitadas en Europa. Después de la guerra, se repararon las difíciles relaciones con Francia, restableciéndose totalmente en 1921. Durante su pontificado, las relaciones con Italia mejoraron, a través del permiso que supuso darle a Luigi Sturzo la dirección católica de participación política.

En 1917, Benedicto XV promulgó el Código de Derecho Canónico, lanzado el 27 de mayo, y obra de della Chiesa junto a Pietro Gasparri y Eugenio Pacelli. El nuevo código se considera que ha estimulado la vida y las actividades religiosas en toda la Iglesia.​ Él nombró a Gasparri su secretario de Estado y a Pacelli como arzobispo. La Primera Guerra Mundial causó un gran daño a las misiones católicas en todo el mundo, por lo que Benedicto buscó revitalizarlas en su Maximum Illud, llamando a los católicos de todo el mundo a participar. Por eso, ha sido referido como el "Papa de las Misiones".

Su última preocupación fue la persecución emergente de la Iglesia católica en la Unión Soviética y la hambruna posterior a la revolución. Benedicto XV era devoto a la Santísima Virgen María y autorizó la fiesta de María, Mediadora de todas las Gracias. Fue el primer Papa en nombrar la Patrona de una ciudad, en concreto fue a la Virgen de los Remedios, Patrona de la ciudad española de Chiclana de la Frontera, el 12 de julio de 1916. También bajo su pontificado fue coronada canónicamente la Virgen del Rocío, Patrona de Almonte, en 1919. ​

Después de siete años en el cargo, el Papa Benedicto XV murió el 22 de enero de 1922 después de luchar contra una neumonía durante un mes. Fue enterrado en las grutas vaticanas. Con sus habilidades diplomáticas y su apertura a la sociedad moderna, «se ganó el respeto de sí mismo y el papado».​

Benito Mussolini

Benito Amilcare Andrea Mussolini (Predappio, 29 de julio de 1883 - Giulino, 28 de abril de 1945) fue un político, militar y periodista italiano; Presidente del Consejo de Ministros Reales de Italia desde 1922 hasta 1943 y Duce —guía— de la República Social Italiana desde 1943 hasta su ejecución. Llevó al poder al Partido Nacional Fascista y posterior Partido Fascista Republicano, y lideró un régimen totalitario durante el período conocido como fascismo italiano del Reino de Italia bajo el beneplácito de Víctor Manuel III. Además, fue quien dirigió a Italia durante la Segunda Guerra Mundial, como parte de sus planes imperialistas en Europa y África.

Afiliado al Partido Socialista Italiano, en 1914 fue expulsado de dicha organización por sostener posturas nacionalistas irredentistas contrarias al internacionalismo de los principales líderes socialistas. En 1922, ya como líder oficial del Partido Nacional Fascista organizó la Marcha sobre Roma, tras cuya victoria fue nombrado presidente del Consejo de Ministros. Mussolini obtuvo creciente apoyo popular mediante la exaltación del panitalianismo, el expansionismo y el anticomunismo, sirviéndose de su influencia militar apoyado por la eficiente propaganda fascista y las concentraciones de masas cargadas de simbolismo.

Fue nombrado presidente del Consejo de Ministros Reales en diciembre de 1922, y por la escasa oposición del rey Víctor Manuel III, logró disolver el parlamento y asumir así el mando supremo del Estado itálico. Transformó el Reino de Italia en el Segundo Imperio Colonial Italiano y gobernó con un partido único basado en el totalitarismo y la autocracia de la ideología fascista.

El objetivo de Mussolini era hacer realidad el concepto de la Gran Italia basado en la absoluta hegemonía de Roma en el mar mediterráneo.

Su política exterior e interior tenía el objetivo de dotar a Italia de un gran poder —autoidentificándose como el sucesor legítimo del Imperio Romano—, teniendo al pueblo italiano como principal beneficiado de esta y en segundo plano a otras poblaciones que viviese dentro de la península itálica y los territorios de ultramar como Albania y Libia. Promovió el desarrollo armamentístico de Italia y tras la invasión de Etiopía por las Forze armate el 2 de octubre de 1935 y la firma del Pacto de Acero junto con Alemania en 1939 al año siguiente se dio inicio a la participación italiana en la Segunda Guerra Mundial.

Dentro de las campañas italianas, las fuerzas de las nuevas Potencias del Eje —sucesor del pacto de Acero, pues en 1940 había ingresado Japón a la alianza— se encargaron de invadir la península balcánica, África del norte y el cuerno de África, así como algunas áreas de Francia. Esas conquistas territoriales decrecieron de forma paulatina después de la segunda batalla de El Alamein, hasta 1943, cuando los ejércitos aliados lograron tomar el control de toda África y el mediterráneo.

En los meses de 1943 durante la caída de la isla de Sicilia, Mussolini fue arrestado por el Gran Consejo Fascista por orden del rey Víctor Manuel III en un intento por evitar la invasión aliada de la Italia continental. Fue encarcelado en un hotel del área natural del Gran Sasso d'Italia. Adolf Hitler ordenó la operación de rescate mientras invadía el norte de Italia en donde creó la República Social Italiana en contraposición del Reino del Sur (régimen italiano que había realizado un armisticio con los Aliados). La nueva república en teoría representaba la continuación del Segundo imperio italiano aunque en la práctica funcionó como un estado títere de Alemania

Mussolini decidió escapar ante la inminente invasión aliada de la República Social Italiana, en 1945. Junto a su amante Clara Petacci y otros altos jerarcas fascistas, intentaron llegar a la frontera con Suiza haciéndose pasar como una delegación diplomática española. En el camino una patrulla de partisanos comunistas reconocieron el engaño y detuvieron a todo el camión que los llevaba. El partisano Urbano Lazzaro fue el encargado de fusilar el 28 de abril de 1945 a Mussolini. Ninguno de los acompañantes del duce sobrevivió. Luego fueron llevados a Milán, donde -bajo el beneplácito de las fuerzas de ocupación aliadas- fueron masacrados y colgados en la plaza principal.

Compañía de Jesús

La Compañía de Jesús (S. J.; en latín: Societas Iesu), cuyos miembros son comúnmente conocidos como jesuitas, es una orden religiosa de clérigos regulares de la Iglesia católica fundada en 1534 por el español Ignacio de Loyola,​​ junto con Francisco Javier, Pedro Fabro, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás de Bobadilla, Simão Rodrigues, Juan Coduri, Pascasio Broët y Claudio Jayo en la ciudad de Roma. Fue aprobada por el papa Paulo III en 1540.​

Con 16 088 miembros en 2017 (de los cuales 11 583 eran sacerdotes ordenados),​ es la mayor orden religiosa católica hoy en día. Su actividad se extiende a los campos educativo, social, intelectual, misionero y de medios de comunicación católicos, además de atender 1.509 parroquias en todo el mundo (a fecha de 2016).​

Cuestión

Cuestión (del latín quaestĭo, -ōnis) puede designar:

Pregunta, especialmente sobre un punto dudoso o controvertido y que genera debate, polémica o controversia.

Tema o asunto

ConflictoEn filosofía y ciencia, se suelen designar con el nombre de "cuestión" los asuntos que generan un debate intelectual particularmente importante:Cuestión de los universales

Cuestión homéricaEn religión, los que generan una polémica religiosa:Cuestión de los búlgaros

Cuestión del Filioque y otras cuestiones bizantinas (las que tuvieron lugar en el Imperio bizantino, algunas de las cuales se utilizaron para el Cisma de Oriente y que han pasado a designar coloquialmente a los debates desconectados de la realidad, especialmente la cuestión del sexo de los ángeles)

Cuestiones cristológicas

Cuestiones mariológicasEn relaciones internacionales, un punto controvertido:Cuestión romana

Cuestión de OrienteCuestión ArmeniaCuestión Adriática

Cuestión de Tarija

Cuestión de las Islas Malvinas

Cuestión de Pirara

Cuestión de Olivenza

La cuestión del azufre

Cuestión de Tacna y AricaEn derecho, parlamentarismo y procedimientos de asambleas:Cuestión de orden o cuestión previa, por oposición a cuestión de fondo.

Cuestión de competencia (la que pone en cuestión la competencia judicial).

Cuestión de tormento (la que justificaba el empleo de tortura).

Cuestión de confianza

Cuestión de inconstitucionalidad (España)En otros ámbitos:

Cuestión de honor

Cuestión social

Cuestión universitaria

Cuestión del Sacristán

Cuestión de España

Las diez qüestiones vulgares Wikcionario tiene definiciones y otra información sobre cuestión.

Cónclave de 1903

El cónclave papal de 1903 fue llevado a cabo luego de la muerte a los 93 años del Papa León XIII, quién en ese momento era el tercer Papa que más tiempo tuvo de papado en la historia. Esta elección concluyó en la persona de Giuseppe Melchiorre Sarto como el Papa Pío X

Gran marcha triunfal

La Gran marcha triunfal (en italiano «Gran marcia trionfale») fue el segundo himno del Papa y la Ciudad del Vaticano, en reemplazo de Noi vogliam Dio, Vergine Maria.

Fue escrita en 1857 por Viktorin Hallmayer, por aquel entonces director de la banda del 47º Regimiento de infantería de línea austríaco, el regimiento del conde Kinsky, acuartelado en los Estados Pontificios.​​

La marcha fue estrenada en la tarde del 9 de junio de 1857, para celebrar la entrada del papa Pío IX a Bolonia. Inmediatamente se popularizó y fue usada repetidamente en el viaje del papa a Florencia y otras ciudades de Italia central, y en el regreso a Roma el 5 de septiembre de 1857. También se tocó en las calles de Roma para celebrar el Tratado de Letrán entre el papado y el Reino de Italia el 11 de febrero de 1929, y el fin de la cuestión romana.

La marcha de Hallmayers, de estilo alegre y valseado corresponde a la época de su composición, pero en el Año Santo de 1950, el papa Pío XII decide reemplazarla como himno por el Inno e Marcia Pontificale , compuesto en 1869 por Charles Gounod, que presenta un estilo más compatible con el carácter religioso.​ La última interpretación oficial fue en la Nochebuena de 1949.

Jesús Pabón

Jesús Pabón y Suárez de Urbina (Sevilla, 26 de mayo de 1902​-Madrid, 27 de abril de 1976)​ fue un político, historiador y periodista español.

La Civiltà Cattolica

La Civiltà Cattolica es una revista católica italiana de la Compañía de Jesús, fundada en 1850 en Nápoles.

Napoleón III Bonaparte

Carlos Luis Napoleón Bonaparte (París, 20 de abril de 1808-Londres, 9 de enero de 1873) fue el único presidente de la Segunda República Francesa (1848-1852) y, posteriormente, emperador de los franceses entre 1852 y 1870 con el nombre de Napoleón III, siendo el último monarca de Francia.

Hijo de Luis I y de Hortensia de Beauharnais, hija de la emperatriz Josefina, nació en el seno de la Casa de Bonaparte. Debido a su parentesco con Napoleón Bonaparte, se convirtió en el heredero legítimo de los derechos dinásticos tras las muertes sucesivas de su hermano mayor y Napoleón II.

Su filosofía política era una mezcla de romanticismo, de liberalismo autoritario y de socialismo utópico, aunque en los últimos años fue insigne defensor del tradicionalismo y de la civilización católica. Quiso significar una reparación frente al anticlericalismo y el ateísmo de la Revolución francesa. Tuvo una política de expansión de la civilización clásica que, en su opinión, Francia representaba, frente al surgimiento de Alemania y Estados Unidos, potencias emergentes de tipo protestante.

Pactos de Letrán

Los Pactos de Letrán o Pactos lateranenses fueron una serie de acuerdos firmados el 11 de febrero de 1929 por el cardenal Pietro Gasparri, en nombre del papa Pío XI, y por el primer ministro de Italia, Benito Mussolini, en nombre del rey Víctor Manuel III.​ Supusieron la independencia política de la Santa Sede del Reino de Italia como Estado soberano, así como el restablecimiento pleno de las relaciones entre los representantes de Italia y de la Iglesia católica, rotas desde 1870.

Prisionero en el Vaticano

«Prisionero en el Vaticano» es como se declaró el papa Pío IX el 20 de septiembre de 1870, cuando el reino papal con capital en Roma acabó a la fuerza, los Estados Pontificios se unieron al resto de Italia, para formar el nuevo Reino de Italia unificado bajo el rey Víctor Manuel II y la ciudad se convirtió en la capital.

Los papas, en su papel secular, extendieron gradualmente su control sobre regiones vecinas, y a lo largo de los Estados Papales gobernaron una gran parte de la península itálica durante más de mil años, hasta mediados del siglo XIX, cuando la mayor parte del territorio fue tomado por el Reino de Italia.

Al principio, los papas se negaron a aceptar la pérdida de los Estados Papales y el poder secular, en el que quedó conocido como la Cuestión Romana. En una muestra de desafío, se negaron a abandonar la Ciudad del Vaticano describiéndose a sí mismos como el «prisioneros en el Vaticano».

Las disputas entre los sucesivos papas "prisioneros" (Pío IX, León XIII, Pío X, Benedicto XV y Pío XI) e Italia se resolvieron el 11 de febrero de 1929 mediante tres pactos lateranenses, que establecieron el independiente Estado de la Ciudad del Vaticano.

Pío XI

Pío XI, de nombre secular Achille Damiano Ambrogio Ratti (Desio, Reino de Lombardía-Venecia, 31 de mayo de 1857-Ciudad del Vaticano, 10 de febrero de 1939), fue el 259.º papa de la Iglesia católica, y primer soberano de la Ciudad del Vaticano entre 1922 y 1939, con lo que su pontificado abarca casi todo el período de entreguerras.

Pío XII

Pío XII (en latín, Pius PP. XII), de nombre secular Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli (Roma, Italia, 2 de marzo de 1876-Castel Gandolfo, Italia, 9 de octubre de 1958), fue elegido papa número 260, cabeza visible de la Iglesia católica, y soberano de la Ciudad del Vaticano desde el 2 de marzo de 1939 hasta su muerte en 1958. El papa Benedicto XVI lo declaró venerable el 19 de diciembre de 2009 junto a Juan Pablo II.​​

Antes de su elección al papado, Pacelli se desenvolvió como secretario de la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, nuncio papal y cardenal secretario de Estado, desde donde pudo alcanzar la conclusión de varios concordatos internacionales con estados europeos y americanos, entre los que destacó el Reichskonkordat con la Alemania nazi, firmado en 1933 y aún en parte vigente.​ Por otra parte, Pacelli tuvo un influjo decisivo en la redacción de la carta encíclica de Pío XI titulada Mit brennender Sorge a los obispos alemanes, del 14 de marzo de 1937, que significó una advertencia severa al régimen del Tercer Reich.

Su gestión como nuncio en Alemania y como cabeza de la Iglesia católica durante la Segunda Guerra Mundial sigue siendo motivo de análisis y controversia, principalmente en lo que respecta a la intensidad de su reacción frente a los crímenes del régimen nazi en Europa contra judíos y comunistas.

Reino de Italia (1861-1946)

El Reino de Italia (en italiano: «Regno d'Italia») fue el nombre asumido el 17 de marzo de 1861 por el estado surgido tras la unificación nacional italiana (1848-1870) liderada por Víctor Manuel II que se coronó Rey de Italia en 1861. La creación del Reino de Italia fue el resultado de los esfuerzos concertados de los nacionalistas italianos y monárquicos leales a la Casa de Saboya, reinante hasta ese momento en el estado predecesor al Reino de Italia, el Reino de Cerdeña, para establecer un reino unido que abarcara toda la península italiana.

Desde 1922 hasta 1943 se denomina Italia fascista, que es la época del gobierno del Partido Nacional Fascista con Benito Mussolini como jefe de gobierno. Precisamente su participación en la Segunda Guerra Mundial llevó a su desaparición tras celebrarse un referéndum en 1946 en el que el sistema republicano salió ganador con respecto al monárquico debido al descontento civil y al desprestigio de éste durante la guerra. Finalmente el 2 de junio de 1946 se proclamó la República Italiana, forma de estado de Italia hoy día.

Bajo la soberanía del Reino de Italia se constituyó un imperio colonial que comprendía amplios dominios en África oriental, en Libia y el Mediterráneo, así como Tianjin, en China (en este último caso de manera compartida con otras naciones europeas y con los Estados Unidos y Japón).

Santa Sede

La Santa Sede​ (en latín, Sancta Sedes) es la sede del obispo de Roma, el papa, que ocupa un lugar preeminente entre las demás sedes episcopales de la Iglesia católica; constituye el gobierno central de la Iglesia,​ por quien actúa y habla, y es reconocida internacionalmente como una entidad soberana.​ La Santa Sede es a su vez la expresión con la que se alude a la posición del papa como cabeza suprema de la Iglesia católica,​ cuyos orígenes se remontan a los primeros tiempos del cristianismo.

La Santa Sede se encuentra formada por el papa y los distintos organismos de la Curia Romana.​ El papa se sirve de la Curia y tramita por medio de ella los asuntos eclesiales, por lo que esta realiza su labor en nombre y bajo la autoridad del sumo pontífice, para el correcto funcionamiento de la Iglesia y el logro de sus objetivos.​ La Curia Romana está compuesta por un grupo de instituciones, denominadas genéricamente dicasterios,​ entre los que se encuentran la Secretaría de Estado, las Congregaciones, los Tribunales y los Consejos pontificios.

La Curia Romana tiene la función de ayudar al papa en su gobierno de la Iglesia universal y de las iglesias particulares; no tiene, sin embargo, una misión pastoral específica para la diócesis de Roma, por lo que para las necesidades espirituales de la diócesis existe el vicariato de Roma, frente al que se sitúa el cardenal vicario, que gobierna el territorio italiano de dicha diócesis con potestad vicaria del sumo pontífice. Para el territorio concreto de la Ciudad del Vaticano, dentro de la misma diócesis, existe otro vicariato a cuyo frente se encuentra otro vicario general.​

La personalidad jurídica de la Santa Sede le permite mantener relaciones diplomáticas con otros Estados, firmar tratados y enviar y recibir representantes diplomáticos, algo que se remonta a varios siglos atrás. Ya desde finales del siglo XV comenzó a recibir con cierta estabilidad enviados diplomáticos, y en el siglo XVI empezaron a constituirse representaciones permanentes.​ En la actualidad, además, participa en organismos internacionales como las Naciones Unidas.​

La Santa Sede posee plena propiedad y soberanía exclusiva sobre la Ciudad del Vaticano,​ un Estado establecido en 1929, tras la firma de los Pactos de Letrán, con el objeto de ser instrumento de la independencia de la Santa Sede y de la Iglesia católica respecto a cualquier otro poder externo.​ De forma abstracta, además de ser la Santa Sede el supremo gobierno y representación de la Iglesia, también lo es de la Ciudad del Vaticano.​ Otros territorios fuera de la Ciudad del Vaticano también cuentan con estatus de extraterritorialidad en favor de la Santa Sede.

Segundo Imperio francés

El Segundo Imperio francés (en francés, Second Empire français) es un término historiográfico usado para designar un periodo de la historia de Francia comprendido entre 1852 y 1870. El nombre oficial del régimen fue, sin embargo, Imperio francés (Empire français), el término "segundo" se usa para diferenciarlo del Primer Imperio francés, establecido a inicios del siglo XIX por el general, y luego emperador, Napoléon Bonaparte.

El Imperio fue proclamado el 2 de diciembre de 1852 (aniversario de la coronación de Napoléon I) cuando el primer y único presidente de la Segunda República, Luis Napoleón Bonaparte, se convirtió en Napoléon III, emperador de los franceses (Empereur des français). Aunque un año antes, el 2 de diciembre de 1851, Luis Napoleón Bonaparte ya había dado un golpe de Estado, disuelto el parlamento y se había convertido en dictador, adquiriendo el cargo de prince-président (príncipe-presidente). La proclamación del Imperio fue aprobada por el Senado (7 de noviembre), depurado de cualquier oposición republicana o monárquica, y ratificada mediante un referéndum popular (21-22 de noviembre).​

Si al principio el Imperio se caracterizó por limitar las libertades individuales y los derechos civiles, censurar la prensa, limitar el poder del parlamento y silenciar a la oposición, progresivamente fue evolucionando hacia posiciones más liberales hasta que en 1869 fue nombrado jefe de gobierno Émile Ollivier, de tendencias republicanas.​ El año siguiente, una importante reforma hizo avanzar el Imperio hacia una monarquía parlamentaria, limitando el poder del emperador y aumentando el de las cámaras.

En el plano interior, el Imperio se caracterizó por la promoción del régimen a través de fastuosas puestas en escena que sobrepasaban el mero ámbito de la corte imperial. La llamada "fête impériale" ("fiesta imperial") quedó ejemplificada por las exposiciones universales de 1855 y 1867, la construcción del Nouveau Louvre, las reformas de París o los numerosos viajes que el Emperador y la Emperatriz realizaron a través de Francia y al extranjero. Dicha puesta en escena se vio acompañada, y en parte posibilitaba, por una auténtica bonanza económica en el contexto de la Segunda Revolución Industrial. Asimismo corrió paralela al desarrollo del pomposo estilo Napoléon III, un historicismo que mezclaba influencias del Renacimiento, del Barroco, del Rococó y del style Louis XVI; su más destacado ejemplo fue la Nouvel Opéra de Paris.

Respecto a la política exterior, Napoléon III, deseoso de tranquilizar a los otros estados europeos, proclamó “l’Empire c’est la paix” (”el Imperio es la paz”),​ sin embargo, llevó a cabo una ambiciosa política internacional. Cabe destacar la intervención en la Guerra de Crimea (1854), en las Guerras italianas (1859) y la Expedición a la Conchinchina (1858-1862) como sus intervenciones más exitosas. Mientras que la Expedición de México (1862-1867) o la Crisis de Luxemburgo (1867), sellaron el declive imperial. El hundimiento del Imperio tuvo lugar como consecuencia de su clamorosa derrota durante la Guerra franco-prusiana (1870-1871): en la Batalla de Sedán, Napoléon III fue capturado y dos días después se proclamó su destitución y la instauración de la república en París.

Después de su caída, el Segundo Imperio fue ampliamente denostado por los políticos e ignorado por los historiadores, pero, desde los años 1970 vuelve a ser un periodo estudiado y reinterpretado desde una óptica más equilibrada.​​

Toma de Roma

La toma de Roma (en italiano: Presa di Roma) el 20 de septiembre de 1870 fue el evento final del largo proceso de unificación italiana conocido como el Risorgimento, marcando tanto la derrota final de los Estados Pontificios bajo el papa Pío IX como la unificación de la península italiana bajo el rey Victor Manuel II de la Casa de Saboya.

La toma de Roma puso fin al reinado aproximado de 1116 años (754 a 1870 d. C.) de los Estados Pontificios bajo la Santa Sede y hoy está ampliamente conmemorado en toda Italia con el nombre de la calle Via XX Settembre en casi todos los pueblos de cualquier tamaño.

Unificación de Italia

La Unificación de Italia fue el proceso histórico que a lo largo del siglo XIX llevó a la unión de los diversos estados en los que la península italiana estaba dividida, en su mayor parte vinculados a dinastías consideradas «no italianas» como los Habsburgo o los Borbones.

Ese proceso ha de entenderse en el contexto cultural del Romanticismo y la aplicación de la ideología nacionalista, que pretendía la identificación de nación y Estado, en un sentido centrípeto y, en el caso de Italia, también irredentista. En Italia se le conoce sobre todo como el Resurgimiento (Risorgimento en it.), e incluso como la Reunificación italiana, considerando que Italia fue unificada por Roma en el III siglo a.C. y durante setecientos años constituyó una especie de prolongación territorial de la capital del Imperio, gozando, durante largo tiempo, de un estatus privilegiado (por esa razón no fue convertida en provincia como todos los territorios conquistados).

El proceso de unificación italiana es resumido así: a comienzos del siglo XIX la península itálica estaba compuesta por varios estados (Lombardía, bajo el dominio austríaco; los Estados Pontificios; el reino de Piamonte; el reino de las Dos Sicilias, entre otros), lo que respondía más a una concepción feudal del territorio que a un proyecto de estado liberal burgués. Después de varios intentos de unificación entre 1821 y 1849, que fueron aplastados principalmente por el gobierno austríaco y sus aliados, la hábil política del Conde de Cavour, ministro del Reino de Cerdeña, logró interesar al emperador francés Napoleón III en la unificación territorial de la península, que consistía en expulsar a los austríacos del norte y crear una confederación italiana. A pesar de la derrota del imperio austríaco por el ejército francés y sardo-piamontés, el acuerdo no se cumplió integralmente por temor de Napoleón a la desaprobación de los católicos franceses. Solo la Lombardía, conquistada por los franceses y sardo-piamonteses fue anexionada al Reino de Cerdeña. Además, durante la guerra estallaron insurrecciones en los ducados del norte, que pidieron y obtuvieron la anexión a Piamonte-Cerdeña, con lo cual se cumplió la primera fase de la unificación.

En la segunda fase se logró la unión del sur cuando Garibaldi, inconforme con el tratado entre Cavour y Napoleón, se dirigió a Sicilia con las camisas rojas, conquistándola y negándose a entregarla a los piamonteses; desde allí ocupó Calabria y conquistó Nápoles. En 1860 las tropas piamontesas llegaron a la frontera napolitana. Garibaldi, que buscaba la unidad italiana, entregó los territorios conquistados a Víctor Manuel II. Mediante plebiscitos, Nápoles, Sicilia y la mayor parte de los Estados Pontificios se unieron al Reino de Cerdeña, gobernado por Víctor Manuel II, que se convirtió en 1861, con la proclamación del Reino de Italia en soberano del nuevo estado. El proceso de la unificación fue, en gran parte de la península, el producto de la voluntad de las clases dirigentes de la mayoría de las regiones y estados preunitarios, que por razones no solo ideales, sino económicas, condicionaron el voto y el éxito de los plebiscitos convocados por Cavour, favorables a la anexión a Piamonte-Cerdeña. En el Reino de las Dos Sicilias, en cambio, hubo una consistente participación popular, caracterizada por el apoyo prestado a Garibaldi y a su pequeño ejército, por un gran número de voluntarios meridionales. La figura carismática de Giuseppe Garibaldi y su promesa (no mantenida) de actuar una reforma agraria de gran envergadura en el Mezzogiorno habían en efecto engendrado grandes ilusiones no solo en las masas rurales sino también en muchos intelectuales meridionales, algunos de los cuales (como Luigi Settembrini y Francesco De Santis), habían sido perseguidos y exiliados por las autoridades borbónicas.​

El proceso es entendido, por algunos filósofos, historiadores e intelectuales de orientación marxista (Antonio Gramsci en particular) como la alianza de la aristocracia agraria del sur de Italia (Reino de las Dos Sicilias), apoyada por la burguesía local, con la aristocracia norteña y las clases burguesas mercantiles e industriales de la Italia septentrional (valle del Po). El resultado de aquella unión, según ellos, dio lugar a un proceso irreversible de empobrecimiento del proletariado, sea en el norte del país, sea, sobre todo, en el sur, tras políticas desiguales que favorecían en privilegios a las sociedades mercantiles del norte frente a las de un sur más rico y desarrollado. De esta forma el norte de Italia impidió, con la complicidad de las clases dirigentes meridionales, el desarrollo del sur, propiciando el bandolerismo, la emigración y la perpetuación de una situación económica y social injusta y vejatoria hacia las clases más pobres.

Historiadores como Benedetto Croce ven el proceso como la conclusión de la tendencia unificadora iniciada en el Renacimiento italiano, interrumpido por las invasiones francesas y españolas de la Italia del siglo XVI. Este renacimiento nacional alcanzó, en el siglo XIX, todas las regiones habitadas por gente italiana, desde Sicilia hasta los Alpes, y, hacia 1919-1920 la Italia irredenta, o sea el Trentino, Trieste, Istria y la ciudad de Zara (Zadar en cr.) en Dalmacia.

En cualquier caso, el proceso fue encauzado finalmente por la casa de Saboya, reinante en Piamonte-Cerdeña (destacadamente por el primer ministro conde de Cavour), en perjuicio de otras intervenciones «republicanas» de personajes notables (Mazzini, Garibaldi) a lo largo de complicadas vicisitudes ligadas al equilibrio europeo (intervenciones de Francia y el Imperio de Austria), que culminaron con la incorporación de Roma y del Lacio, últimos reductos de los Estados Pontificios en 1870. El nuevo Reino de Italia continuó la reivindicación de territorios fronterizos, especialmente con el Imperio austrohúngaro (Trieste/Istria/Dalmacia y el Trentino), que se solventaron parcialmente en 1919 tras la Primera Guerra Mundial (Tratado de Saint-Germain-en-Laye con la expedición de Fiume de Gabriele D'Annunzio).

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