Ajuar funerario

Un ajuar funerario, en arqueología y antropología, se refiere a los objetos colocados con el cuerpo de los muertos en su tumba, ya sea mediante inhumación o cremación.

Sugieren la creencia en alguna forma de vida después de la muerte, ya que por lo general, son bienes personales, provisiones para allanar el camino del difunto en la otra vida o bien, son ofrendas a los dioses. El ajuar funerario es un tipo de ofrenda votiva. La mayoría de los ajuares funerarios recuperados por los arqueólogos son objetos inorgánicos, tales como cerámica y utensilios de piedra y metal, pero existen pruebas de que también se colocaron objetos orgánicos que se han deteriorado desde que se colocaron en las tumbas.[1]

Aliseda diadema de tipo ibérico
Diadema del ajuar funerario del tesoro de Aliseda (Cáceres), arte tartésico (siglo VII a. C.)

Evolución

Existen evidencias de esta práctica , al menos, desde el paleolico Medio. En el Paleolítico Superior, se han encontrado ajuares funerarios consistentes en colmillos perforados de ciervo, cuentas de valvas marinas o algunos objetos líticos con ocre rojo alrededor de los huesos.

Ha sido así en lugares como las cuevas de Grimaldi (Italia), donde apareció un raro gorro parecido a un bonete con 3000 conchas y de Cavillon (Francia), donde el esqueleto estaba cubierto con más de 200 conchas perforadas y 22 dientes de animales perforados alrededor del cuello, además de dos cuchillos de pedernal y otro utensilio de asta de ciervo.

Fue muy común durante el Neolítico y en la Edad de Bronce, donde objetos como vasos de incienso, utensilios de sílex, dagas o collares se depositaban en recipientes de cerámica, que se colocaban en las tumbas.

Algunos de los más famosos y bien conservados ajuares funerarios son del Antiguo Egipto. Allí, que disponían hasta del Libro de los muertos, donde se describía el recorrido del muerto hasta la otra vida, el pensamiento de la época era muy fuerte en la creencia de que la vida en el Más Allá transcurría de manera similar a la vida en este mundo, por lo que los bienes depositados en sus tumbas podrían ser usados por el difunto en la vida futura. También pintaban imágenes que presentaba el disfrute de la vida terrenal del difunto, sus trabajos y su estancia en compañía de su familia; a veces, se incluían estatuillas de sirvientes, llamados ushebti, con la intención de que les sirvieran en su vida futura. El ajuar funerario del faraón Tutankamón es famoso porque fue una de las pocas tumbas egipcias que no había sido saqueada antes de su descubrimiento por Howard Carter.

Donde había ajuares funerarios, existía un potencial problema de saqueo de tumbas. Los etruscos marcaban la palabra śuθina, que en lenguaje etrusco significaba: "de una tumba", en los ajuares funerarios depositados con los muertos para desalentar su reutilización por los vivos.[2]

Se puede decir que en todas las épocas y zonas geográficas de la Antigüedad, con mayor o menor profusión o riqueza del ajuar, son frecuentes estas prácticas funerarias, desde la cultura mesopotámica en el Próximo Oriente, donde se descubrió un personaje enterrado en el cementerio real de Ur del III milenio a. C. no sólo con sus adornos o utensilios sino también con sus soldados armados, sacerdotes, músicos, siervos y aurigas con sus carros hasta la cultura moche del continente americano, desde la Antigua Grecia, donde los muertos eran enterrados con dos monedas para pagar al barquero que transportaría su alma, hasta las diferentes culturas de la Península Ibérica, pasando por Roma o Rusia.

Con la llegada del Cristianismo, en el período de la Alta Edad Media, declinó el uso de ajuares funerarios, aunque ocasionalmente fue utilizado por personajes importantes como los canónigos, que podían poner en sus tumbas objetos tales como insignias de peregrinaje.

Todavía, en algunas culturas, se siguen practicando ritos que dedican a los dioses la utilización de los muertos. En algunos pueblos de Asia del Este se ofrecen a los muertos lo que se suele llamar "Billetes del infierno", creyendo que si se queman estas ofrendas de dinero, el difunto lo tendrá disponible para gastarlo.

Análisis de los ajuares funerarios

La primera fase del análisis de los ajuares funerarios ayuda a determinar: país, gente, tipo de sociedad, ciudad, cementerios, etc.; básicamente, la configuración sociológica de la sociedad. Incluso los 'cementerios', o entierros y ofrendas funerarias de un pequeño suburbio de una ciudad, pueden ayudar a determinar la sociedad, el mix de personas y qué relaciones tienen con otros países o pueblos.

Los ajuares funerarios son, a menudo, un indicador fiable relativo del estatus social. Los arqueólogos han comparado la aparente mano de obra, su cantidad y los costos de los objetos encontrados en la tumba con los restos de las personas enterradas. Los indicadores forenses que pueden investigarse con los restos humanos tienden a mostrar que, aunque las tumbas de los ricos tenían una incidencia más o menos igual de enfermedades contagiosas y hereditarias a la de los individuos de estatus inferior, estas tumbas de ricos mostraban sustancialmente menos evidencia de estrés biológico en la edad adulta, con menos huesos rotos o signos de trabajos pesados.[3]

La segunda fase del estudio, ayuda a entender dónde se originaron algunos ajuares funerarios. Por ejemplo, oro, plata, joyería, adornos, herramientas, etc., todos los elementos tienen "mano de obra", tienen su procedencia y un tiempo de ejecución determinado. La procedencia de algunos ajuares sólo pueden ser conjeturados, ya que algunos de los objetos más interesantes, espectaculares y únicos sólo se han encontrado en una tumba. Un ejemplo, de principios del III milenio  a. C., es un disco plano, con un agujero en el centro de un eje y, posiblemente, con la intención de hacerlo girar como una peonza (fue encontrado con un grupo de discos, en una habitación). De esteatita, con escenas grabadas, sólo se puede adivinar su procedencia. Se encontró en la mastaba de un funcionario egipcio llamado Hemaka. Dado que el saqueo de tumbas era tan común en Egipto, pudo haber procedido de un anterior propietario de la tumba.

Véase también

Referencias

  1. Morris, Ian, Death-Ritual and Social Structure in Classical Antiquity (Rituales mortuorios y estructura social en la Antigüedad Clásica)(Cambridge, 1992; ISBN 0521376114)(en inglés)
  2. Giuliano Bonfante y Larissa Bonfante The Etruscan Language: an Introduction (El lenguaje etrusco: Una introducción), (Univ. Manchester Press, 2002. ISBN 0-7190-5540-7); Varios ejemplos
  3. John Robb 1 *, Renzo Bigazzi, Luca Lazzarini, Caterina Scarsini, Fiorenza Sonego, "Social status and biological status: A comparison of grave goods and skeletal indicators from Pontecagnano", in American Journal of Physical Anthropology, vol. 115, no. 3, pp. 213-222 (2001)

Bibliografía

Ajuar

El ajuar es el conjunto de bienes (mobiliario, ropa, etc.), que conforman un hogar.​ Tradicionalmente, era la familia de la esposa la que aportaba el ajuar al matrimonio,​ siendo responsabilidad de la madre ir preparando el ajuar de sus hijas antes de su boda y de acuerdo con su posición económica. Era preceptivo que la confección y especialmente el bordado de determinadas prendas (manteles, sábanas...) fuesen obra de la novia.​

Canon moche

El cánon mochica hace referencia a las reglas o convenciones que los artistas de la cultura moche utilizaron en la iconografía de su cerámica la cual, en su mayoría, tenía función ritual (por ejemplo: muchas piezas formaban parte del ajuar funerario).

Los protagonistas de la iconografía mochica se reconocen y se interpretan de acuerdo a su tamaño,

vestimenta, ubicación y otros elementos que lo conforman dentro del espacio compositivo

Cultura Hopewell

La cultura Hopewell designa la cultura nativa americana que se desarrolló a lo largo de los ríos de los Estados Unidos del noreste y medio oeste desde el siglo II a. C. hasta el siglo V d. C. Sucede a la cultura Adena y, como esta, se refiere a los pueblos de los Mound Builders —constructores de montículos—. En su apogeo, comprendía los territorios que van desde el oeste de Nueva York hasta el Misuri y desde Wisconsin hasta el Mississippi, incluyendo las orillas del lago Ontario.

Las tumbas son más amplias y se desarrolla una red de comunicación de larga distancia.

Los poblamientos Hopewell se encuentran en los biotopos más diversos, con recursos naturales muy variados. Calabaza y judías, recolección y cultivo siguen proporcionando una parte importante de la dieta. El maíz se encuentra presente en los últimos yacimientos de ese período, pero parece haber desempeñado solamente un papel menor. El hábitat de los Hopewell está cercano a los wigwam de las tribus vecinas.

Los yacimientos Hopewell muestran edificios de tierra, con bancales de cinco metros de altura, delimitando áreas circulares, rectangulares y octogonales, con una superficie total de hasta 40 hectáreas. El ajuar funerario, de alta calidad, indica la existencia de un ámbito social y religioso que importa materiales exóticos: conchas del golfo de México en Míchigan y Wisconsin, dientes de tiburón en Illinois, cobre cerca del lago Superior, obsidiana y dientes de oso pardo procedentes del Far West en Illinois y Ohio, mica y sílex. Los arqueólogos han encontrado también objetos tallados en hueso y cuerno, así como instrumentos musicales.

Círculo de tumbas B

El Círculo de tumbas B es una necrópolis de la Edad del Bronce que se encuentra en el yacimiento arqueológico de Micenas (Grecia). Fue hallada en 1951 por el arqueólogo griego Ioannis Papadimitriou. En su interior se encontraron restos de cadáveres y abundantes objetos pertenecientes al ajuar funerario.

La mayor parte del material hallado se expone en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas y en el Museo Arqueológico de Micenas.

Gran Túmulo de Vergina

El Gran Túmulo de Vergina es un complejo funerario del siglo IV a. C. que alberga los restos de miembros de la familia real de los argéadas.

Vergina se identifica con la antigua Egas, la primera capital del Reino de Macedonia, por lo que contiene, además del Gran Túmulo, otras importantes tumbas del periodo macedónico, donde se han hallado las evidencias de más alta calidad de la pintura pre-helenística. El yacimiento arqueológico de Egas o Aigai fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996.​

El Gran Túmulo había sido explorado desde mediados del siglo XX, pero los hallazgos de las tumbas que contenía en su interior no se produjeron hasta 1977.​

Mide 112 metros de ancho y 12 de alto​ y contiene cuatro tumbas y un heroon. La tumba II fue encontrada intacta: su arquitectura, decoración y pintura y el rico ajuar funerario dan fe de la formación temprana de un arte propiamente helenístico.

Desde su descubrimiento, realizado por Manolis Andrónikos, se consideró que en la tumba II se encontraban los restos de Filipo II de Macedonia. En junio de 2015 se dieron a conocer los resultados de un estudio osteoarqueológico profundo realizado por Theodore Antikas y Laura Wynn-Antikas que apoyaba la identificación de los huesos hallados en la tumba II de Vergina con los de Filipo II de Macedonia, aunque no se pudo confirmar mediante pruebas de ADN.​​ Por otra parte, en julio de 2015 se publicaron los resultados de otro estudio realizado por un equipo liderado por Antonis Bartsiokas y Juan Luis Arsuaga que defiende, en cambio, que los restos de Filipo II corresponden a los encontrados en la tumba I debido a la identificación de una herida muy visible en los restos óseos de la pierna que coincide con los testimonios literarios históricos sobre Filipo II.​

KV34

La Tumba KV34 del Valle de los Reyes (cerca de la actual ciudad de Luxor, en Egipto) es el lugar donde fue enterrado el Faraón Thutmose III, de la XVIII Dinastía.

Fue una de las primeras tumbas excavadas en el Valle, en lo alto de la pared de un despeñadero. Un pasillo muy empinado desciende al interior desde la entrada, a través de una antecámara con forma trapezoidal. Tras la antecámara se encuentra la cámara del sarcófago, con forma de cartucho, de la que salen cuatro pequeñas cámaras laterales. El sarcófago de piedra en el que yació Thutmose se encuentra aún en el lugar, aunque ha sido dañado por los ladrones de tumbas.

Muchas de las decoraciones en los muros son de un estilo inusual para el Valle de los Reyes, sobre un fondo amarillento (que pretende parecerse al del papiro envejecido), se encuentra la versión más antigua del Libro del Amduat, ilustrando dioses del Antiguo Egipto como simples monigotes trazados con palitos (en un estilo casi naïf), al estilo de la escritura de los papiros. También aparece en la cámara la Letanía de Ra, ejecutada de modo similar.

La tumba fue saqueada en la antigüedad, pero aun se encontraron algunos restos del ajuar funerario desechados por los ladrones. Fue descubierta y excavada en 1898 por Victor Loret.

KV43

KV43 es una tumba egipcia similar en estructura y decoración a la KV35. Perteneció al faraón Tutmosis IV.

Fue descubierta en 1903 por Howard Carter cuando trabajaba para Theodore Davies. Al estar elevada sobre el “Valle de los Reyes” no fue anegada por inundaciones como otras tumbas, pudiendo encontrarse en ella pinturas en muy buen estado de conservación, a excepción de las emplazadas en la cara Norte. Carter también halló numerosos restos del desvalijado ajuar funerario, que indican que en la misma tumba que su padre fueron enterrados el príncipe Amenemhat y la princesa Tentamun.

La momia del faraón Tutmosis IV fue hallada, en excelente estado de conservación, en el escondrijo de la KV35, la tumba de su padre y antecesor Amenofis II.​ Solo los pies estaban rotos y es el primer soberano que muestra las orejas perforadas, muestra de que se había introducido en la corte esta moda siriocananea, pues en Oriente Próximo y Medio hombres y mujeres llevaban pendientes pero en Egipto hasta el Imperio Nuevo había sido un adorno solo femenino.​

KV47

La tumba KV47, situada en el Valle de los Reyes en Egipto, fue utilizada para el faraón Siptah de la dinastía XIX, aunque la momia de Siptah se encontró en KV35. A juzgar por los objetos hallados, las riadas arrastraron hasta ella restos del ajuar funerario de la KV 32, perteneciente a la reina Tiaa. Los cartuchos del rey fueron borrados y posteriormente restaurados con pintura. Hartwig Altenmüller y Anthony Spalinger creen que las borraduras ocurrieron al final de la dinastía XIX por razones religiosas o políticas.

La tumba fue descubierta el 18 de diciembre de 1905 por Edward R. Ayrton. Theodore M. Davis, patrocinador de Ayrton, publicó el descubrimiento en 1908.

Ayrton detuvo la excavación en 1907 debido a problemas de seguridad, y Harry Burton la continuó en 1912.

KV58

La KV58 es una tumba situada en el Valle de los Reyes, en la necrópolis tebana, frente a Luxor, en la ribera occidental del Nilo. Fue descubierta en 1909 por Ernest Harold Jones, financiado por Théodore Monroe Davis, que comenzó inmediatamente las primeras excavaciones (aunque de manera errónea asignó a Edward Russell Ayrton el descubrimiento en 1907). Esta tumba también es conocida como la tumba del carro.

Algunos especialistas piensan que era el escondrijo para el ajuar funerario de Ay, penúltimo faraón de la dinastía XVIII, que fue enterrado en la tumba WV23. Como la KV54, es un pozo de embalsamamiento al que se trasladó parte del ajuar de Ay tras el saqueo de su tumba.

Consta de un pozo de entrada y de un pequeño pasillo que lleva a una cámara. La tumba no posee ninguna decoración y se extiende sobre una longitud total de siete metros. En la cámara, Jones encontró gran cantidad de botones y un adorno de oro, probablemente perteneciente al arnés de un carro, que lleva los nombres de Tutankamón y Ay.

Maniquí de Tutankamón

El Maniquí de Tutankamón es una figura elaborada en Egipto que forma parte del ajuar funerario de la tumba del faraón Tutankamón, descubierta en 1922 en el Valle de los Reyes.

Máscara funeraria de Tutankamón

La Máscara funeraria de Tutankamón o Máscara de oro de Tutankamón fue elaborada por los orfebres villapresentinos en el año 1354-1340 a. C. y se considera la pieza más conocida de todo el arte egipcio, formaba parte del ajuar funerario de la tumba del faraón Tutankamon, descubierta en 1922 en la necrópolis egipcia del Valle de los Reyes, en árabe Uadi Biban Al-Muluk (وادي الملوك).

Necrópolis de Trayamar

Trayamar es una necrópolis fenicia, datada en el S VII antes de Cristo, situada en el margen derecho del río Algarrobo, en el municipio de Algarrobo en la Provincia de Málaga (España). Es considerada uno de los yacimientos fenicios más importantes del mediterráneo occidental.​ Su importancia radica en que el estudio de los diferentes estratos de algunos de sus hipogeos permiten ver la evolución de las costumbres funerarias fenicias, de la incineración a la inhumación. Además se han encontrado importantes piezas de ajuar funerario, entre las que destaca el denominado Medallón de Trayamar. El yacimiento fue estudiado por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, que encontró cinco tumbas, aunque tres de ellas (la II, III y V) fueron destruidas por labores agrícolas mientras se tramitaban los permisos de excavación, por lo que los arqueólogos solo pudieron estudiar la tumba I y la IV.

Nefermaat (chaty de Keops)

Nefermaat –literalmente perfecta es la justicia (Maat)– fue el primero de los chatys (visires) de Jufu (Keops), faraón de la cuarta dinastía. Era hijo de la princesa Nefertkao, y por tanto nieto de Seneferu. Se desconoce el nombre de su padre.

Creó una necrópolis cerca de Guiza, construyendo una mastaba para sí, la tumba G7060, y sepulturas para sus íntimos: la G7050 para su madre, la G7070 para su hijo Seneferujaf.

Esta necrópolis familiar fue excavada por primera vez por Karl Richard Lepsius en el siglo XIX, y por George Andrew Reisner en 1926. En las mastabas se encontraron los sarcófagos del chaty y su familia así como algunas estelas. Otro de sus hijos, que ocupó su puesto como chaty de Jufu, Hemiunu, se hizo construir una gran mastaba en Guiza, la G4000.

La tumba de Nefermaat fue desvalijada en la antigüedad, y luego reutilizada por un tal Padihor. Se han encontrado relieves y restos de un ajuar funerario típico del periodo tardío compuesto esencialmente por restos de un sarcófago, un ushebti y numerosos amuletos de vidrio azul que debían proteger a una momia desaparecida.

Ogarrio

Ogarrio es una localidad del municipio de Ruesga (Cantabria, España). En el año 2008 contaba con una población de 211 habitantes (INE). La localidad se encuentra a 214 metros de altitud sobre el nivel del mar, y a 2 kilómetros de la capital municipal, Riva.

Destacan en él la iglesia de San Miguel, de estilo tardogótico, así como varios edificios de origen tardomedieval, como las casas de Arredondo, en el barrio de La Torre y el Sitio del Cerrillo.

A Real de Catorce, población minera y turística situada en corazón de la sierra de Catorce en el estado de San Luis Potosí al norte de México, se accede a través del túnel de Ogarrio, denominación que recibe en honor al pueblo de España así denominado de donde Gregorio de la Maza y Gómez de la Puente era originario, y construido por Don Roberto Yrizar.​

En la localidad de Ogarrio fueron encontradas, como ajuar funerario, tres espadas de bronce con remaches de plata, que pueden ser consideradas como restos pertenecientes a los coniscos. Estas espadas se encuentran actualmente en el Museo del Instituto Valencia de Don Juan (Madrid).

Reposacabezas (mobiliario)

Un reposacabezas, en la antigüedad, es un utensilio en el que se apoya la cabeza al estar acostado en la cama.

En determinadas partes del Oriente Próximo, como en el Antiguo Egipto, la población local utilizaba reposacabezas de madera en lugar de almohadas para dormir debido a la calidez del clima.

Porfirio, suponía sin embargo, que este tipo de reposacabezas se limitaba prácticamente a los sacerdotes. Las clases más pudientes utilizaban el alabastro y los decoraban con jeroglíficos. En otros casos, utilizaban preferentemente madera de tamarisco o sicomoro y los más baratos de piedra, cerámica o de mimbre de hojas de palmera. Tanto en el ajuar funerario de Tutanjamón como en el de la reina Heteferes I, madre de Jufu (Keops), se han encontrado camas con reposacabezas como los de las ilustraciones.

Templete canópico de Tutankamón

El templete canópico de Tutankamón es una especie de arcón con forma de templete, elaborado con madera chapada en oro, que formaba parte del ajuar funerario de la tumba del faraón Tutankamón, descubierta en 1922 en la necrópolis del Valle de los Reyes, en árabe Uadi Biban Al-Muluk (وادي الملوك).

Tesoro de Aliseda

El tesoro de Aliseda es un antiguo ajuar funerario tartésico hallado en Aliseda (Cáceres) y es posible que estuviera fabricado en oriente. Es de oro y predomina la técnica de la filigrana y cincelado. Se intentó vender las piezas de forma clandestina, pero finalmente fueron interceptadas y llevadas al Museo Arqueológico Nacional, en Madrid con el número de inventario 586 para lo que representa el conjunto de las piezas.​

Tumba de fosa

Una tumba de fosa o tumba de pozo es un tipo de enterramiento formado a partir de una fosa profunda y estrecha perforada en roca natural. Los cuerpos se colocan en el fondo. Un grupo relacionado de tumbas de cámara y tumbas de fosa incorpora también una pequeña habitación o habitaciones cortadas lateralmente en la base de la fosa para la colocación de los muertos. Estas tumbas se solían agupar, fuera de las ciudades, en pequeños cementerios limitados en forma circular por piedras hincadas en el suelo.

La práctica de excavar de tumbas de fosa fue muy amplia, pero los ejemplos más famosos son las de Micenas en Grecia, los llamados círculos de tumbas (A y B) que datan de entre 1650 a. C. y 1500 a. C., asociadas a la llegada de los Griegos al Egeo (en algunos casos, con una segunda oleada de llegada de griegos, asumiendo una migración protogriega durante los siglos XXIII y XXII a. C., al principio del horizonte Heládico Antiguo III). Estas tumbas de foso tenían alrededor de 4 m de profundidad, con los muertos colocados en cistas al fondo, junto con un rico ajuar funerario. La posición de la fosa se indicaba a veces con una estela de piedra.

Óleno (Etolia)

Óleno (en griego, Ώλενος) es el nombre de una antigua ciudad griega de Etolia, que fue mencionada por Homero en el catálogo de las naves de la Ilíada.​ También se la cita como patria del argonauta Palemón.​

En época de Estrabón solo quedaban restos de la ciudad, que sitúa al pie del monte Aracinto. El geógrafo menciona que estaba cerca de Pleurón y que fue arrasada por los eolios, tras lo cual los acarnanios reclamaron el territorio que ocupaba la ciudad.​

Se desconoce su localización exacta,​ pero se ha sugerido que podría haber estado emplazada en el mismo lugar donde se hallaba Itoria, cuyos restos están en una colina próxima al pueblo de Agios Ilias, cerca de la parte septentrional del golfo de Etolia. En esa colina y en lugares próximos a ella han sido encontrados restos del periodo helenístico, y también de la Edad del Bronce, entre los que se encuentran varios enterramientos con ajuar funerario del periodo micénico.​

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